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Las decisiones digitales que determinan la salud de nuestros hijos

Por: Emmanuel Macron and Tedros Adhanom Ghebreyesus

PARÍS/GINEBRA— Desde las redes sociales y los videojuegos en línea hasta los sistemas de IA generativa, los entornos digitales son factores determinantes de la salud de las personas. Esto es especialmente cierto en el caso de los niños y los jóvenes. En todo el mundo, la infancia está siendo reprogramada por las tecnologías digitales, que determinan la forma en que los jóvenes aprenden, juegan y se relacionan.

Nuestra tarea no consiste en alabar ni condenar la tecnología, sino en afrontar una simple verdad: nuestro entorno digital no solo promete beneficios de gran alcance, sino que también plantea graves riesgos para la salud y el desarrollo de los niños. Nuestra responsabilidad es maximizar los primeros y prevenir los segundos. No es demasiado tarde para actuar, pero sí lo es para limitarnos a ajustes meramente incrementales.

Las herramientas digitales pueden ampliar las oportunidades al facilitar el aprendizaje, la comunicación y el acceso a los servicios sanitarios, especialmente para los niños que viven en zonas remotas o afectadas por crisis. Para muchos jóvenes, los espacios en línea también ofrecen creatividad, comunidad y sentido de pertenencia, sobre todo para aquellos que se enfrentan a la exclusión en el mundo real.

Pero estos beneficios no están garantizados; dependen en gran medida de quién tiene acceso, de cómo se diseñan las tecnologías y a los intereses de quién sirven.

Los gobiernos reconocen cada vez más que proteger a los niños en Internet es un imperativo de salud pública. Australia ha implantado la primera normativa del mundo que exige a las plataformas de redes sociales impedir que los menores de 16 años tengan cuentas, mientras que Francia está impulsando una legislación para prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 15 años. Indonesia ha prohibido el acceso a los menores de 16 años, España ha anunciado planes para hacerlo e Irlanda está colaborando con socios de la Unión Europea para desarrollar restricciones de edad y sistemas de verificación de la edad centrados en la protección de los menores de 16 años.

El Reino Unido también ha anunciado recientemente planes para prohibir que las plataformas de redes sociales ofrezcan servicios a menores de 16 años, junto con medidas de protección adicionales, como restricciones a las retransmisiones en directo y a los contactos con desconocidos. Por su parte, Canadá ha presentado una ley para restringir el acceso a las redes sociales de los menores de 16 años, al tiempo que exige a las plataformas protecciones más sólidas basadas en la «seguridad desde el diseño» y una mayor rendición de cuentas.

En conjunto, estas medidas reflejan un consenso mundial cada vez mayor en torno a la necesidad de que los entornos digitales cuenten con una gobernanza eficaz, un diseño adecuado a la edad y salvaguardias más sólidas para proteger la salud infantil. La Organización Mundial de la Salud respalda esta iniciativa reforzando la investigación necesaria para comprender mejor el impacto de las tecnologías actuales y futuras, proporcionando asesoramiento técnico a los países y promoviendo entornos de salud digital seguros y equitativos.

Se necesitan soluciones porque los entornos digitales no son neutrales. La forma en que se diseñan, gestionan y monetizan determina muchos aspectos de nuestras vidas, entre ellos nuestra salud. 

Por ejemplo, la exposición repetida a contenidos estereotipados, sexualizados, violentos o discriminatorios influye en la forma en que los niños se perciben a sí mismos y al mundo que les rodea. Los algoritmos filtran cada vez más la información sanitaria para aumentar la atención en lugar de la precisión, lo que permite que se difundan afirmaciones engañosas. La recopilación y el uso de datos personales, especialmente para la elaboración de perfiles y el marketing dirigido, suscitan preocupaciones en materia de privacidad, manipulación y bienestar.

Las pruebas actuales asocian la exposición digital excesiva con problemas como la ansiedad, la depresión, la falta de sueño, el aumento de la agresividad y, en casos más graves, las tendencias suicidas, especialmente entre los adolescentes vulnerables. El marketing digital en las plataformas puede exponer a las personas a la promoción de productos nocivos, como el tabaco, el alcohol y las plataformas de juego.

El uso de las redes sociales, los videojuegos y la IA puede agravar la soledad y desplazar las relaciones fuera de línea. El uso prolongado contribuye a un comportamiento sedentario y a la reducción del sueño, que son factores de riesgo conocidos de enfermedades no transmisibles.

La explotación y el abuso sexuales en línea también están aumentando a nivel mundial, junto con un fuerte incremento del material de abuso sexual infantil, las imágenes de abuso generadas por IA y los contenidos sexuales o de acoso mediante deepfakes. Todo ello tiene consecuencias profundas y duraderas para la salud mental, la confianza y la seguridad.

Las prácticas comerciales aumentan todos estos riesgos. Muchas plataformas están diseñadas para maximizar la participación, sin una protección adecuada frente a la exposición a contenidos nocivos ni funciones que protejan la salud física y mental de los niños.

Es esencial reducir la exposición a contenidos ilegales o extremos y explícitos. Pero el bienestar de los niños requiere algo más que la ausencia de daño. Depende de relaciones estables, límites adecuados, actividad física y oportunidades de conexión social en el mundo real. Los riesgos se multiplican cuando los entornos digitales perturban —en lugar de favorecer— el desarrollo saludable.

La IA generativa es un importante multiplicador de fuerzas, tanto en términos de riesgos como de oportunidades para el bienestar infantil. Si se utilizan de forma responsable, las herramientas de IA diseñadas específicamente para este fin pueden contribuir a la educación, la accesibilidad y la salud. Sin embargo, su impacto a largo plazo en las expectativas de los niños respecto a las relaciones, la empatía o la autorregulación no está claro. Mientras esto siga siendo así, un enfoque precautorio no es contrario a la innovación. Es a favor de los niños.

El equilibrio digital forma parte de la solución. Si bien los entornos digitales requieren regulación, transparencia, un diseño adecuado a la edad, medidas de seguridad y confianza más sólidas, y rendición de cuentas, los datos empíricos deben avanzar al mismo ritmo que la tecnología, lo que exige una investigación independiente y longitudinal en distintos niveles de ingresos y regiones.

Por encima de todo, debemos escuchar a los jóvenes de hoy. Como usuarios activos de la tecnología, pueden contribuir a que los entornos digitales evolucionen de forma responsable. Los mundos en línea y fuera de línea forman ahora un único espacio en el que las herramientas digitales pueden favorecer un desarrollo saludable… o bien obstaculizarlo. Los jóvenes deben aportar sus propias experiencias vividas para ayudar a definir las medidas de protección adecuadas. Los padres, los cuidadores, los centros educativos y las comunidades también deben formar parte de este diálogo.

Este proceso exige una colaboración sostenida entre los gobiernos, la industria, la sociedad civil y las instituciones de salud pública, basada en un compromiso compartido para maximizar los beneficios y minimizar los daños. Son esenciales una mayor transparencia, el intercambio de datos, opciones de diseño que promuevan la salud y el apoyo empresarial a normas de seguridad eficaces, especialmente para los menores. La OMS puede desempeñar su función de convocatoria e ejercer su influencia en el establecimiento de normas y estándares.

Nuestros niños y jóvenes no son sujetos de experimentación, ni un mercado cautivo, ni una mercancía. Juntos, podemos y debemos crear entornos digitales que protejan y apoyen su desarrollo saludable. Las decisiones que tomemos ahora tendrán repercusiones durante generaciones.

Emmanuel Macron es presidente de Francia. Tedros Adhanom Ghebreyesus es director general de la Organización Mundial de la Salud.

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