Opinion

La rezagada diplomacia de las vacunas de los BRICS

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Por: Luanda Mpungose*

CIUDAD DEL CABO – Los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) colaboran en una serie de áreas y se han convertido en una voz poderosa para la reforma de la gobernanza a nivel mundial. Sin embargo, debido a su tibia cooperación en materia de vacunas contra el COVID-19, estos países han perdido una importante oportunidad de demostrar su capacidad para montar una fuerte respuesta colectiva frente a una crisis mundial.

La pandemia ha golpeado duramente a los BRICS. India ha registrado el mayor número de infecciones dentro del grupo (y el segundo más alto a nivel mundial, situándose detrás de Estados Unidos), y reportó 32,2 millones de casos al momento de redactar este artículo. Brasil reportó 20,3 millones de casos, Rusia 6,6 millones, Sudáfrica 2,6 millones y China, país donde se originó la pandemia, menos de 100.000. El total de muertes por COVID-19 en los cinco países asciende en la actualidad a 1,25 millones, y el  80% de dichas muertes ocurrieron en Brasil e India.  

Este elevado número de víctimas, y el hecho de que los países ricos del G7 hayan comprado más de un tercio del suministro mundial de vacunas contra la COVID-19, a pesar de representar a tan sólo el 13% de la población mundial, deberían haber impulsado una cooperación más enérgica entre los países BRICS. Sin embargo, como señaló recientemente Vishwas Satgar de la Universidad de Witwatersrand durante un seminario web organizado por el BRICS Policy Center: los BRICS “han mostrado divergencias, inconsistencias y falta de cooperación con respecto a la vacunación contra el COVID-19″.

Los países BRICS no son nuevos en la llamada “diplomacia de las vacunas”, ni en los esfuerzos por fortalecer los lazos a través de la cooperación con las investigaciones e innovaciones relacionadas con las vacunas. Por ejemplo, durante la presidencia de Sudáfrica del bloque en el año 2018, el gobierno de dicho país propuso establecer un Centro Conjunto de Investigación de Vacunas, una idea que se convirtió en parte de la Declaración de Johannesburgo de los BRICS.

Si bien aún no se ha materializado dicho centro, se guardaban esperanzas acerca de que los BRICS trabajaran en conjunto, colaborando estrechamente en el desarrollo y distribución de la vacuna COVID-19. Sin embargo, incluso algunas de las vacunas desarrolladas por los propios países BRICS han recibido una acogida mixta dentro del bloque.

En agosto de 2020, Rusia se convirtió en el primer país del mundo en registrar una vacuna candidata contra el COVID-19 y tres meses después, se convirtió en el primero entre los BRICS en anunciar una vacuna de alta eficacia: la Sputnik V. Según reportes, la vacuna tiene una eficacia contra el coronavirus del 92%. No obstante, los científicos han criticado la rapidez de los ensayos de la Sputnik V, así como la falta de transparencia con respecto a los datos sin procesar, y la Organización Mundial de la Salud aún no ha aprobado esta vacuna.

Entre los demás países BRICS, la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil bloqueó inicialmente a la Sputnik V en respuesta a datos que indicaban efectos secundarios adversos. En junio de 2021 revocó esta decisión y permitió la importación de 928.000 dosis. India recibió 125 millones de dosis de esta vacuna en mayo de 2021.

La Autoridad Reguladora de Productos Sanitarios de Sudáfrica (SAHPRA) no ha aprobado el uso de la Sputnik V y está a la espera de más datos del Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya de Rusia. A pesar de que la SAHPRA está bajo la creciente presión del partido de izquierda denominado Luchadores por la Libertad Económica en cuanto a aprobar las vacunas “no occidentales” contra el COVID-19, la agencia se mantiene firme en su enfoque basado en la ciencia y libre de influencias o presiones políticas.

En cambio, la OMS otorgó su aprobación a las vacunas chinas Sinopharm y Sinovac incluyéndolas en sus listas de uso de emergencia en mayo y junio de 2021, respectivamente. Brasil participó en los ensayos de Sinovac y, tras la obtención de resultados positivos, ha seguido utilizando esta vacuna. Pero, aunque el Controlador General de Medicamentos de la India anunció en junio que las vacunas COVID-19 aprobadas por la OMS ya no requerirán ensayos puente posteriores a la aprobación, ni tampoco pruebas de lotes en la India, no está aún claro si el país incluirá las vacunas Sinovac y Sinopharm en su programa de inmunización. Asimismo, Sudáfrica dio luz verde a la vacuna Sinovac para su uso en julio de 2021, pero aún no ha anunciado ningún plan de adquisición.

También se debe considerar la situación respecto a la fabricación de vacunas. India da cuenta del 50% de todos los suministros de vacunas a nivel mundial, y el Instituto de Suero de la India (el mayor productor de vacunas del mundo) ha trabajado con el Grupo de Vacunas de Oxford para producir Covishield, una versión local de la vacuna COVID-19 de AstraZeneca-Oxford. Pero, a pesar de su poderío en la producción de vacunas, India ha vacunado completamente contra COVID-19 a sólo el 8,8% de su población, mientras que el 22% ha recibido una dosis.

Asimismo, la empresa Biovac, cuya sede se encuentra en Ciudad del Cabo, comenzará a fabricar la vacuna Pfizer-BioNTech contra el COVID-19 en el año 2022 para su distribución dentro de África. En la actualidad, sólo el 6,9% de los sudafricanos están totalmente vacunados contra el COVID-19, y otro 5,6% ha recibido una dosis. Biovac se convertiría en una “instalación de llenado y acabado” antes de que las vacunas lleguen a sus destinos previstos.  

Los productores de vacunas de India y Sudáfrica han suscrito acuerdos centrados en la tecnología con sus socios occidentales, pero no poseen ninguna patente relacionada con el COVID-19. En un intento por abordar este problema, incluso antes de concluir estos acuerdos, en octubre de 2020 los gobiernos ambos países lideraron una iniciativa en la Organización Mundial del Comercio con dirección a impulsar la renuncia a los derechos de propiedad intelectual de las tecnologías y vacunas COVID-19.

Sin embargo, los ministros de Relaciones Exteriores de los BRICS no apoyaron colectivamente esta propuesta hasta junio de 2021, ocho meses después de su primera presentación. Previamente, China y Rusia habían guardado silencio sobre el tema, mientras que Brasil, como señala la experta en los BRICS Karin Costa Vázquez, fue el único miembro del grupo que se opuso abiertamente a esta idea, en alineación directa con el expresidente estadounidense Donald Trump. La posición de Brasil se tornó en más favorable recién a principios de 2021, después de que la India dijera que comenzaría a enviar vacunas COVID-19 a países socios clave, y la administración del presidente estadounidense Joe Biden anunciara su apoyo a la propuesta de exención de la propiedad intelectual.

Por el momento, el papel de la India y Sudáfrica en la fabricación de vacunas contra la COVID-19 no debe distraerlos en cuanto a proseguir su importante propuesta en la OMC. Del mismo modo, los países BRICS deberían dar prioridad al establecimiento del Centro de Investigación sobre Vacunas a fin de mejorar la cooperación en este ámbito.

Queda por ver si tendrán éxito. La pandemia de COVID-19 ha puesto a prueba la fuerza colectiva de los países BRICS, y los ha encontrado en gran medida con carencias. Por lo tanto, el bloque ha perdido la oportunidad de reforzar su apoyo a la reforma de la gobernanza internacional y ha puesto en duda su idoneidad con respecto a responder a los emergentes desafíos de importancia crítica a nivel mundial.

*Luanda Mpungose es oficial de programas en el African Governance and Diplomacy Programme del South African Institute of International Affairs.

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