En esta comunidad del municipio de Cedros, al norte de Francisco Morazán, las remesas que envían los migrantes de Estados Unidos y España, son la tabla de salvación para construir las obras sociales ante el abandono de los gobiernos.
Los pobladores hacen recolectas para pavimentar sus calles, esperando la contribución de propios y extraños.
Tegucigalpa. –El calor sofocante de mayo, no impide que “Chico”, Wilson, Tulio y otros hombres, agarren la pala y la piocha, mientras Isis, Celina, Emely y Rosa, los atienden con refrescos y comida. ¡Manos a la obra! Aquí no hay gobierno que resuelva las necesidades básicas de la población, pero si hay coraje y deseos por transformar esta comunidad. Todo gracias al esfuerzo comunitario.
El Suyatal, es una de las 13 aldeas que integran el municipio de Cedros, en el norte de Francisco Morazán, aquí la población ya perdió las esperanzas en los gobiernos, indistintamente del color político. Ante este abandono sus hijos los que han sido desterrados de su patria son quienes, en su mayoría, sostienen la construcción de obras como la pavimentación de calles.

En esta aldea, que está a 67 kilómetros de Tegucigalpa, sobre la carretera que conduce al departamento de Olancho, las remesas se han convertido en la solución para un proyecto que surgió a inicios del año pasado y que aún sigue en marcha. Hasta el momento ya han logrado pavimentar un aproximado de dos kilómetros, según el cálculo de Wilson Raudales, uno de los dirigentes comunitarios del Barrio Arriba. En este barrio aún restan al menos 700 metros para culminar la calle principal. La meta momentánea.
Wilson desconoce cuánto se ha invertido en las obras, pero estima que es una cantidad bastante razonable y que ha incrementado en las últimas semanas con el alza en los precios de los carburantes y los materiales de construcción.
Según los cálculos de Wilson, el metro cúbico de pavimentación, previo a la crisis energética, era de mil lempiras, por lo tanto, la estimación de lo construido anda en dos millones de lempiras, sin incluir la mano de obra y cierto material como la piedra, que son aportados por los pobladores.

En el Barrio Abajo, en la entrada del pueblo, la colaboración colectiva, también es la norma. Aquí nos encontramos con Francisco Reyes. “Chico” — como cariñosamente le llaman sus vecinos y amigos— lideraba un grupo de hombres que alineaban las trochas de la calle con madera y canaletas, para proceder a la fundición.
En el Barrio Abajo, la meta es pavimentar un aproximado de 300 metros. Tanto los vecinos del Barrio Arriba como los del Barrio Abajo quieren culminar el proyecto que dejó en el abandono el anterior gobierno municipal, aduciendo falta de presupuesto y que se resumió en unos 500 metros.

El agua, la mayor necesidad
Los pobladores de El Suyatal sostienen que la pavimentación de calles surgió ante la necesidad de terminar la obra que dejó inconclusa el anterior alcalde, Marco Tulio Carrasco, y para evitar problemas de salud ocasionados por el polvo que levantan los vehículos. En el poblado se observa una fuerte cantidad de vehículos, motocicletas, y cuatrimotos, lo que ocasiona un fuerte tráfico a pesar de ser una pequeña comunidad habitada entre 6,000 a 7,000 habitantes.
Will Banegas, comentó que, ante el abandono gubernamental histórico, y viendo la necesidad de solventar un problema sanitario, emanado de las enormes capas de polvo que provocan enfermedades en las vías respiratorias, la comunidad determinó hacer un esfuerzo y realizar un proyecto comunitario.
Fue así, cuenta Banegas— un docente jubilado y nativo de El Suyatal— cómo la comunidad y la diáspora decidieron avanzar en el pequeño proyecto.
Además de concluir la obra inconclusa, los pobladores se han trazado la meta de pavimentar las calles de los barrios y que nunca han estado en los planes de la municipalidad.

Los pobladores de El Suyatal están conscientes que el principal problema que tienen es la ausencia de un proyecto de agua potable y saneamiento. El actual proyecto que conectó agua por tuberías a sus casas data de 1981, durante el gobierno militar de Policarpo Paz García. Es decir, 45 años desde su inauguración, por lo tanto, ya colapsó.

“Chico” Reyes, quien se ha desempeñado como regidor municipal de Cedros, rememoró que el proyecto de agua se construyó cuando en la comunidad había apenas 200 casas y estimó que ahora hay entre 1,200 a 1,300.
Fredy Irías dijo estar consciente de que antes de pavimentar las calles se necesita desarrollar el proyecto de agua potable y alcantarillado.

“Aquí tenemos una carencia del agua, que es lo primordial”, dijo Wilson Raudales, quien estima que en cada casa se gastan al menos 1,000 lempiras mensuales, en la compra de agua, especialmente en la temporada seca, cuando el líquido llega a cuentagotas a las viviendas.

En El Suyatal la población está consciente que es imposible desarrollar un proyecto de agua potable y saneamiento, bajo la responsabilidad comunitaria, porque se requiere de estudios de calidad del agua, suelos, factibilidad y otros asuntos técnicos que únicamente le competen al Estado. En ese sentido, recuerdan que esta comunidad hace importantes aportes a través de la producción de café y especialmente en las remesas que, en Honduras representan el 25% del Producto Interno Bruto.

Mientras maduran a quién tocar las puertas para lograr la ejecución del proyecto de agua y saneamiento, sus líderes siguen motivando a la gente para que haga sus aportes y culminar la pavimentación de sus calles.

Desde que comenzó el proyecto de pavimentación, los vecinos se han unido e incluso han utilizado las redes sociales para motivar a la población a hacer los donativos. Un ejemplo de ello es la página Rutas sin Fronteras, creada por Duglas Jeremías Ramos.
Jeremías vive en la capital, pero cada fin de semana se traslada a su lugar de origen a realizar transmisiones en vivo para recolectar los fondos que permitan hacer realidad las obras que demandan sus coterráneos.










