La batalla por la justicia
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Ciudadanía, Estado y desarrollo

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

Quizás solo lo entendamos a cabalidad quienes salimos y al momento de regresar. Redescubrir la afabilidad, la tersura, la nobleza de la gente, la sombra y la profundidad del verde. La huella del ancestro, la limpieza del aire. Es hermosa Honduras. Tiene garra y gracia afincada. Bella tradición. Siendo tan pequeña, todavía tiene inmensa diversidad biológica, aun si ya en crisis. Tiene lontananza. Desde el lomo de su serranía, puedes ver un océano, voltear en 180*, y ver el otro.

Luego bajas la mirada, y ves la pobreza, caray. Que no aumenta pero no cede en forma sostenida…para la que, en vez de una tendencia, parece haber un ciclo… La indefension y la vulnerabilidad de la gente.

La debilidad del Estado. La payasada y la vulgaridad de los auto llamados políticos.

La irresponsabilidad del gobierno, la mala y pobre infraestructura, los servicios pésimos, el desorden, la inseguridad y el atraso institucional, el cinismo de tantos hombres y mujeres publicas. Que a todas luces son deleznables pero que parecieran inamovibles…irremplazables. Pueden ser condenados a media vida en prisión en un sistema judicial confiable y ajeno a nuestras pasiones, demostrar inmoralidad, incompetencia, pero aun así regresar como caudillos; y candidatos ilegales, inaudito.

Como consecuencia de un estado irresponsable. !Que no termina de integrarse, capturado por intereses creados de proveedores, gremios y partidos sin sustento ni proyecto! A la deriva, Honduras tiene -al igual que Haití y Guatemala- un modelo fragmentado de  estado y de servicios públicos y los indicadores mas bajos en esa materia. Peores en efecto que las dictaduras vecinas. No digamos otros más funcionales como Panamá y Costa Rica.

Con una brecha enorme en general entre los que brindan muy distintos en las urbes y en el campo, inservibles para abordar las necesidades básicas en salud, educación, infraestructura, seguridad, justicia.

Transporte informal y anarquico, olvidado. Clinicas y hospitales saturados, escuelas insuficientes sin calidad ni maestros comprometidos, carencias absolutas en infraestructura, en mal estado, vulnerable.

Un estado suplantado por el cacique autoritario intocable.  Colapsado por los golpes, el Estado, por las intervenciones y las presiones continuas;  capturado por la corrupcion y el poder del crimen organizado; en el cual los poderes compiten por arrebatarse funciones y atribuirse culpabilidades. Incapaz de dar calidad con acceso. Con baja inversion, mal concebida  y peor  ejecutada. ¿Cual estado? En ausencia del cual el solo gobierno concentra el poder, funda clientelas y polariza a la ciudadania.

Un estado que no asegura un mínimo de seguridad, caminos, alivio para el enfermo, alimentos para el niño, un gramo de justicia, nada. Es un escandalo,

Enoja. Pero también obliga a recapacitar. Como evolucionó esa situación? Que falta para sacar al buey de la barranca, Como podría el hondureño hacerse cargo de su cosa publica y exigir respeto, a su clase gobernante, rendimiento de cuentas y responsabilidad con compromiso, a sus gobernantes,  políticos y a los empleados públicos la burocracia y la nomenclatura.

No cumplió después. Pero Mel fue el primero que lo dijo: falta ciudadanía, falta empoderar al ciudadano. Parecería evidente: para eso necesita generar sentido de ciudadanía,

Que el estado reconozca que se legitima en la voluntad ciudadana y que el ciudadano participe tal cual, como tal,  en cada nivel de la organización social. Ejerza con responsabilidad sus propios deberes ciudadanos: de exigir información de calidad y proyecto a sus lideres, elegir y controlar al electo. De informarse críticamente, entender como funciona la esfera política. De asistir al foro.

Y eso tampoco sale de la nada. En EUA cuando me eduque allá en los 60s en el octavo y noveno grado tomábamos una clase, una asignatura que se titulaba en ingles, CIVICS, civismo, en español, educación para la ciudadanía para convivir en una sociedad compleja. Una sociedad democrática que necesita de cohesión interna, la cual solo se genera con solidaridad. Antes había sido disfuncional esa teoría, en tiempos del Jim Crow. Hasta incluso en los 50s, cuando alcance a ver que los negros en Nueva Orleans tenían que sentarse segregados en el autobús y los templos…beber en otra fuente, asistir a escuelas diferentes. Aun universidades

Aprendíamos en esa clase a respetar las normas consensuadas, los derechos de los demás Con todo y el procedimiento parlamentario, la organización de los debates, sustanciales sobre temas específicos, con reglas y tiempos que respetar, los cuales ganaba quien mas se preparaba, el ejercicio de elecciones respetuosas, la celebración de concursos para las posiciones publicas, las garantías para las minorías. Estudiábamos como participar responsablemente.  Todo lo cual aquí parece brillar por su ausencia, es paladinamente ignorado o pervertido.

Pero además esas clases eran una parte de  la educación. La otra con la que tuve un roce fue después, con  la participación en la manifestación publica. En lo que debía ser un ejercicio democrático en una sociedad que se reivindicaba como tal.

Esto ultimo ha sobrevivido, ahí esta en el NO KING Movement. No se si todavía se imparte aquella asignatura obligada. Me divertía. Pienso que funcionó Ese fue el referente que consiguió asegurar los derechos primero los derechos cívicos de los negros discriminados en los sesentas… y que finalmente sirvió en 1971 para obligar al gobierno de Nixon a terminar la guerra en Viet Nam… Claramente se ha perdido mucho de eso después. Hoy en vez de protestar con la pacifica desobediencia civil los seguidores de Trump organizan motines en Washington, asaltan al capitolio en manifestaciones de violencia incontinentes como las del 6 de enero… Claramente no fue suficiente.

Y ahora desde fines del siglo pasado, he visto en EUA a los políticos haciendo trampa, con las boletas electorales, con los padrones. Utilizando el poder para su beneficio personal, para acedera o incrementar su peculio y el beneficio de su familia y de sus grupos asociados. Manipulándolas instituciones para defenderse de los controles legales y para arrinconar a sus contrarios y su críticos. Eso era impensable en los sesentas tempranos. No se hacia, no se podía hacer

Pero aquí no pareciera haber nada de eso.  El ultimo proceso eleccionario de noviembre del año pasado es una vergüenza,  produjo un repudio internacional. Y no es cuestión, lo siento, de escoger entre buenos y malos. Me encantaría decir que fuimos diferentes, los de mi Partido. Todos patanes. Tramposos y abusivos. Corrientes, muertas de hambre

Y el problema es que eso tienen consecuencias claras. Este fracaso casi completo de lo publico en Honduras, esta disfuncionalidad de las instituciones políticas, de todos, este rosario de males concatenados que invisible pero indubitablemente generan miseria y muerte.

Es una consecuencia del déficit de ciudadanía. Es resultado de la cobardía con que nos dejamos arrebatar las instituciones por hampones. Y aun después los aplaudimos. Hombres y mujeres indignos, despreciables en su comportamiento publico, que usurpan posiciones y recursos de todos.

Y la raíz de esta impotencia es por un lado la ignorancia y la miseria que vuelve tan vulnerable a la gente y por otro lado la corrupción de la sociedad. No solo en la esfera política, también en la empresa en las organizaciones populares, en las organizaciones de sociedad civil, en las deportivas, iglesias y en la academia…En donde aprendemos me temo que excesivamente a buscar el acomodo, a integrarnos aunque sea solo a la mala costumbre, para salir adelante, a veces para sobrevivir.

Pero entonces no podemos reclamar derechos. No se nos permite decir nuestra palabra. No somos ciudadanos de verdad y no tenemos un país real. Lo siento General. No se moleste conmigo por decirlo, enójese con quien estorba el desarrollo cívico, incluyendo sus compas golpistas….

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