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¿Cuál es el precio de Ormuz?

Por: Simon Johnson and Amir Kermani

HONG KONG—Podría estar a la vista una reapertura parcial del estrecho de Ormuz. Pero, ¿se ha acercado en algo un acuerdo regional duradero?

La opinión predominante es que Estados Unidos ha perdido el control de la situación en el Golfo Pérsico. Y es cierto que Irán ha adquirido una baza poderosa —la capacidad de amenazar el tráfico marítimo en el estrecho— que antes no tenía. En ese sentido, el equilibrio de poder en su relación con EE. UU. se ha inclinado a favor de Irán. Este cambio, junto con el bloqueo estadounidense de la navegación relacionada con Irán, implica cuatro posibles escenarios: China media para lograr una paz duradera; Irán se hunde en el caos; EE. UU. se retira por completo; y continúa una versión confusa del statu quo.

La buena noticia para el presidente de EE. UU., Donald Trump, es que sigue teniendo la iniciativa y probablemente pueda elegir el escenario que prefiera. Pero Trump sigue teniendo un problema importante porque tiene tres objetivos principales: desmantelar el programa nuclear iraní, reabrir el estrecho de forma permanente y no convertirse en el presidente al que se culpe de «perder» Taiwán a favor de China. La mala noticia para Trump es que, como mucho, puede alcanzar dos de estos objetivos.

Tras su reciente cumbre con el presidente chino Xi Jinping, Trump espera evidentemente que la implicación de China en el Golfo vaya más allá de su actual papel entre bastidores. Sin duda, China podría ayudar a lograr un acuerdo de paz que abordara lo que podría decirse que es la cuestión más importante para Estados Unidos —el programa nuclear de Irán— al tiempo que proporcionara lo que Irán más desea: una inversión masiva en infraestructuras (y el fin de los bombardeos).

Por desgracia, tras la cumbre entre Trump y Xi, cada vez está más claro que el precio que China pedirá por involucrarse será elevado. Aunque China importa más de 11 millones de barriles de petróleo al día —y, por lo tanto, desea precios más bajos del crudo—, cuenta con grandes reservas y parece confiada en que puede soportar precios del petróleo en torno a su nivel actual. China también compraba alrededor de una cuarta parte de su gas natural licuado a Catar, donde la producción sigue estando muy limitada por las hostilidades en curso y los extensos daños en las infraestructuras.

Pero, en general, la perspectiva de que China obtenga el control sobre Taiwán se cierne como una gran amenaza. Los líderes chinos buscarán una serie de concesiones por parte de EE. UU., al tiempo que intentarán persuadir a los taiwaneses de que estarían mejor con China. La estrategia china óptima consiste en mostrarse servicial, pero sin dejar que EE. UU. se libre de la responsabilidad demasiado pronto. La debilidad global estadounidense ayuda a proyectar la fuerza regional china.

En el segundo escenario, Trump lanza nuevos ataques, ya sean selectivos (como contra las rutas terrestres de exportación de Irán) o generalizados (como ya ha amenazado en varias ocasiones). Nadie duda de la capacidad del ejército estadounidense para matar a mucha gente y destruir puentes, carreteras y edificios. Pero, aunque esta estrategia podría hacer que Irán fuera ingobernable, no pone fin a la resistencia armada.

Recuerde que la principal amenaza para el estrecho de Ormuz proviene de drones de bajo coste y fácil manejo. Si Irán se fractura en facciones beligerantes, ¿eso reduce o aumenta la amenaza para el estrecho? Si persiste alguna versión de la amenaza de los drones, ¿estarán dispuestos los petroleros (y sus tripulaciones y aseguradoras) a transitar por el estrecho? El nivel de violencia real necesario para limitar el tráfico de petroleros es pequeño: el resultado refleja la credibilidad de la amenaza. En este escenario, el estrecho no se abre de forma constante, es muy probable que el conflicto cause daños sustanciales a los vecinos de Irán en el Golfo, y la inestabilidad regional crónica deja a casi todo el mundo en peor situación.

En el tercer escenario, que Trump también ha insinuado, Estados Unidos se lava las manos ante la situación y le dice a los países del Golfo, a la Unión Europea o a cualquier otro que asuma la responsabilidad. Esto bien podría reabrir el estrecho, pero probablemente en los términos negociados por Irán y China. Para EE. UU., este escenario implica un avance nulo en el programa nuclear iraní, lo que hace que la guerra sea peor que inútil: Irán obtiene el control efectivo del estrecho y EE. UU. se queda sin nada. Sería muy difícil para la Casa Blanca presentar esta historia como una victoria.

Esto nos lleva al escenario más probable a corto plazo: un tregua inestable que se rompe periódicamente. Cuando Estados Unidos se muestra menos beligerante, los barcos pueden atravesar el estrecho. Pero si Estados Unidos arremete, Irán puede bloquear el tráfico de forma proporcional.

Los periodos de apertura recíproca y de reducción de las tensiones podrían aliviar la presión sobre los precios mundiales del petróleo, el gas natural, los plásticos y los fertilizantes, lo que podría crear un margen para medidas limitadas de fomento de la confianza y, con el tiempo, la reanudación de las negociaciones sobre la cuestión nuclear. Pero se trata de un camino estrecho sobre un precipicio frágil, uno que podría derrumbarse en cualquier momento antes de que se alcance un acuerdo definitivo. Y aunque la Administración Trump podría argumentar que las cuestiones nucleares siguen ahora una «vía separada», Estados Unidos no habría avanzado nada en este frente.

En todo esto, Rusia será la gran ganadora y la posible aguafiestas. Con el aumento de los precios del petróleo y las sanciones estadounidenses contra la industria petrolera rusa en suspenso, el presidente Vladimir Putin dispone de la moneda fuerte que necesita para financiar su guerra con Ucrania. Putin quiere que los estadounidenses se empantanen, se vean repetidamente en apuros y sientan la necesidad de permitir el máximo de exportaciones de petróleo ruso. En todos los escenarios imaginables, cabe esperar que Rusia suministre drones y misiles a las fuerzas iraníes —un modelo de negocio muy rentable para el Kremlin—.

Tanto si Trump recurre a un Xi transaccional, se arriesga a un colapso regional más amplio o se conforma con un equilibrio inestable, la era del control implícito e indiscutible de EE. UU. sobre el Golfo Pérsico ha terminado. Lo que surgirá en su lugar será probablemente un equilibrio regional más complejo y fragmentado en el que el estrecho de Ormuz permanezca abierto solo de forma condicional, con importantes implicaciones para la estabilidad económica mundial.

Simon Johnson, premio Nobel de Economía en 2024 y ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional, es profesor de la MIT Sloan School of Management, codirector del Stone Center for Inequality y de la iniciativa Shaping the Future of Work del MIT, copresidente del CFA Institute Systemic Risk Council y embajador de IA del Reino Unido. Es coautor (junto con Daron Acemoglu) de *Power and Progress: Our Thousand-Year Struggle Over Technology and Prosperity* (PublicAffairs, 2023) y copresentador (junto con Gary Gensler) del podcast *Power and Consequences*. Amir Kermani, profesor de Finanzas e Inmobiliaria en la Haas School of Business de la Universidad de California, Berkeley, es investigador asociado de la Oficina Nacional de Investigación Económica.

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