Combate a la inflación, debates teóricos y prácticos (parte 1)

Por: Martín Barahona

Durante más de 3 décadas de divulgación y enseñanza de la Economía, me ha resultado muy útil trabajar junto a mis compañeros discentes, con el esquema de los 5 objetivos “puros o esenciales” de la política económica; dentro de los cuales está la estabilidad de precios que obviamente se refiere a la inflación. Los otros objetivos puros son pues: el crecimiento económico; el pleno empleo; el equilibrio en la balanza de pagos y; la distribución del ingreso y de la riqueza. No deben ni pueden estar desconectados entre sí.

Ninguno es más importante que el otro. De nada o, de muy poco sirve, por ejemplo, tener crecimiento económico e inflación moderada si continúa prevaleciendo alto desempleo y concentración del ingreso. La “estabilidad” macroeconómica no es solamente tener bajos índices de inflación o bajo déficit fiscal; en un sentido amplio e indisoluble, están involucradas otras variables también (al menos, pensando más allá del enfoque tecnocrático neoliberal).

En todo caso, los enfoques neoliberales tienen mucha razón en los dos indicadores mencionados, el punto está en que es necesario administrar la economía en forma integral. Por estabilidad de precios podemos entender que no se trata de controlar precios, desestimulando a los productores, pero, tampoco se trata de “liberar” precios permitiendo que aumenten sin importar si afectan el nivel de vida de la población promedio. Se trata de que los precios fluctúen racionalmente en la medida de un aceptable grado de libre competencia, sin monopolios, especulación o, “congelamientos” artificiales que provoquen escasez y recesión.

Planteadas estas consideraciones, haremos un esfuerzo de analizar la situación específica de la inflación en Honduras y algunas propuestas para atenderla más apropiadamente.

PRIMER  DEBATE

La inflación golpeó a la gran mayoría de las economías del mundo en el 2022. Entre las principales causas identificadas por los “gurús” del tema, se mencionan los desbalances en la cadena logística y productiva derivada del “shock” del covid-19, las consecuencias de la guerra en Ucrania y por supuesto las alzas en el precio del petróleo. En las economías desarrolladas (EEUU y la Unión Europea) se presentó la inflación más alta de los últimos 30 o, 40 años, muy cercana al 10 % o, incluso mayor.

En los países subdesarrollados, siempre ha sido alto el índice inflacionario pero las situaciones son muy variables en cuanto a sus antecedentes en años y décadas anteriores.  En realidad, es muy distinto el comportamiento de la inflación entre los dos grandes polos de la economía mundial (¡países desarrollados y de menor desarrollo o, simplemente subdesarrollados para no jugar con eufemismos!). Mientras en los países subdesarrollados la inflación es prácticamente una costumbre o, una situación crónica, con excepcionales momentos de respiro.

En muchos de los países desarrollados, si bien han pasado por periodos de inflación, en los años previos al inicio de la pandemia (2020), la gran preocupación –irónicamente- era el proceso contrario a la inflación (la deflación) que se explicaba por un estancamiento en la demanda coincidiendo con una gran capacidad de producir más bienes por el avance tecnológico y el inmenso afán productor de las compañías multinacionales. La deflación ocurre típicamente en las fases de contracción o estancamiento económico. Por cierto, es una característica de los países desarrollados que inicialmente parece muy favorable para los consumidores pero que, de prolongarse, se convierte en algo muy perjudicial para la sostenibilidad de los puestos de trabajo, por lo tanto, forma parte también de los objetivos de política económica en los países desarrollados.

Aterrizando en el caso de Honduras, el alza de los precios en el 2022 golpeó duramente a la gran mayoría de la población; aunque los años previos no habían sido radicalmente diferentes. Entonces, desde mediados de 2022, la situación económica se vislumbraba muy mal para el 2023. No obstante, hay que reconocer que, si bien en 2022 se registró una inflación de dos dígitos, en 2023, la inflación se ha ido conteniendo un poco y, por lo menos, no será de dos dígitos, pero, siempre será mayor a la de los años previos que no superaba el 4.5%. Es muy probable que esté alrededor del 6%. En todo caso, la población consumidora y especialistas independientes siguen cuestionando la brecha que persiste entre las cifras oficiales de inflación y la realidad diaria en los centros de venta de productos. Hay un “déficit” metodológico y basal que puede disminuir con los nuevos levantamientos de encuestas de gastos e ingresos familiares.

Simultáneamente, más allá de que algunos tecnócratas del gobierno continúen repitiendo el discurso de que hemos tenido un crecimiento económico “sólido y resiliente”, lo cierto, es que Honduras persiste en la senda de un crecimiento bajo, insuficiente, y de paso, no equilibrado, no sostenible, no sustentable y sobre todo, no incluyente. La tasa promedio en las dos décadas de este siglo, no sobrepasa el 3.5 anual. Lo más lamentable es que ocurra esto mientras el país dispone de recursos para producir potencialmente más allá de 24 mil millones de dólares o, 600 mil millones de lempiras por año. En realidad, más allá de que se pueden aplicar políticas monetarias inteligentes que promuevan alguna estabilidad en los precios, en economías como la hondureña la demanda excesiva no es el mayor problema ni tampoco lo es, un eventual exceso de masa monetaria.

El problema fundamental reside en la insuficiencia estructural de la oferta de bienes. En otras palabras, la producción insuficiente; de nuevo, el poco crecimiento económico.  Desde esta perspectiva, la manera más efectiva para combatir la inflación es alcanzar suficientes incrementos en la producción; sobre todo de granos básicos y los demás alimentos. Dada la crónica propensión a importar, la inflación interna sigue muy ligada a la variación de los precios de las importaciones y por supuesto, del tipo de cambio. Pareciera bien fácil y no hay necesidad de haber cursado las 60 o 70 clases de la licenciatura en Economía u otros grados superiores. Se requiere conocimiento vinculante y sobre todo, determinación para tomar decisiones prácticas y más proactivas que enderecen el rumbo y no quedarse en lo superficial.  

Volviendo a la inflación, también hay que combatir la especulación debidamente comprobada sin caer en controles irracionales de precios que puedan desestimular a los productores y desatar cuestionamientos políticos. Las políticas públicas se han quedado muy cortas en la creación y promoción de mercados más competitivos, menos monopólicos, oligopólicos y monopsònicos.  Igual, ha faltado muchísimo para neutralizar inteligentemente el impacto de los precios internacionales de los derivados del petróleo incluyendo los altos cobros de impuestos internos en ese rubro. Adicionalmente, desde la propia formulación presupuestaria, los funcionarios gubernamentales ligados al tema económico, persisten en dejarse llevar por la inercia presupuestaria practicada por el anterior régimen y, en no mostrar voluntad de sacrificio para mejorar calidad del gasto público. Excesivo gasto corriente y marginamiento de la inversión pública.

SEGUNDO   DEBATE

Los propios datos oficiales sobre inflación en febrero de 2023, fueron confirmando lo que muchos ya sabíamos.   Las cada vez más reducidas compras en los supermercados, mercaditos, mercados municipales, ventas callejeras y pulperías, obligaron a los consumidores a enredarse todavía más en la cruda realidad de la espiral inflacionaria. Continuó el alza en los precios de los alimentos esenciales y demás bienes básicos; a menor ritmo, pero sin detenerse en los meses siguientes. Desde enero de 2023 se observó la persistencia de la alta variación en los precios que prevaleció durante la mayor parte de 2022. En enero y febrero de 2023 la situación no cambió. Luego, en los meses subsiguientes hasta llegar a agosto, disminuyeron tanto la inflación acumulada (3.48 frente 7.49%) 5.71 frente a 10.4%), como la inflación interanual (5.71 frente a 10.4% entre agosto 2022 y agosto 2023).

En el primer debate, mencionamos que durante 2022 (primer año administración del partido LIBRE y sus fusionados) el país experimentó una inflación equivalente al doble de la que se había tenido en los años previos. Habría que aclarar también que es falso que la variación del año 2022 (9.08 promedio mensual) haya sido la mayor en la historia de Honduras; en realidad, ya se había sufrido niveles de inflación mayores al 20% en la última década del siglo XX (en los años 90`s) en el contexto de la aplicación feroz (y muy ideologizada, por cierto) de políticas de ajuste neoliberal tanto en los gobiernos de Callejas y de Reina.

Hasta ahora, no hay señales claras de que la inflación se detenga y se frene el deterioro del nivel de vida de la mayor parte de la población. ¡Se puede y se DEBE hacer más! Inflación es sinónimo de desgaste político.

Tratando de resumir, la evolución de los precios, en lo recorrido mensual durante el año 2022 podría describirse así: de entrada, en el mes de enero la inflación fue del 6.18, en los años previos no había superado el rango entre 3.0-4.0 porciento, exceptuando en los primeros días de la administración Hernández Alvarado (enero de 2014) cuando fue del 6.0. Luego, recién iniciada la administración de la presidenta Castro Sarmiento (enero de 2022) fue 6.0; en febrero y marzo continuó creciendo al 7.0 y, disparándose en abril (8.35), en mayo siguió aumentando en más del 9.0 hasta llegar a junio cuando explotó en más del 10.0%.

En los meses del segundo semestre julio, agosto y septiembre se sostuvo en tendencia alcista en más del 10.0 y luego, en octubre y noviembre persistió ese nivel. Finalmente, en diciembre de 2022 bajó unas pocas centésimas reportándose oficialmente en 9.8 porciento, que, en realidad, no cambió sustancialmente la historia inflacionaria a lo largo del primer año de gobierno (más allá de la semántica, la inflación fue de dos dígitos). En suma, la inflación promedio mensual de Honduras fue de 9.08%, muy superior a lo registrado en los años previos cuando llegaba como máximo al 4.5%.

En todo 2022 en realidad no hubo respuestas contundentes y sistemáticas para contrarrestar suficientemente el crecimiento acelerado de los precios. (En mi caso particular, he mencionado frecuentemente 3 sugerencias concretas: a) Disminuir sustancialmente impuestos a los combustibles, revisar la fórmula de los precios internos y sustituir energía térmica; b) Inyectar fondos suficientes y extraordinarios a la producción de alimentos (a través de Banhprovi; Banadesa; SAG y organismos internacionales y; c) Combatir efectivamente la especulación debidamente comprobada). Si sabemos que más de la mitad de la inflación en Honduras es importada, la pregunta es: ¿Por qué no se ha tenido una visión y accionar concreto para contrarrestar en algo, lo más posible esa situación?

Otras cuestiones claves también son: ¿Qué pasará con la inflación importada en un contexto de mayores problemas bélicos en el medio oriente siendo zonas productoras del petróleo mundial? Consientes plenamente de que la actual administración recibió del régimen anterior, una situación desastrosa con finanzas publicas desmembradas, pero: ¿Se tiene el conocimiento y la capacidad ejecutiva para entregar a la siguiente administración 2026-2030, una situación realmente mejor o, se terminará heredando algo similar o incluso peor que lo recibido?

En un futuro debate, podemos referirnos al enfoque monetario de la inflación para el cual, en los países desarrollados (principalmente EEUU y la UE) han estado utilizando con alto grado de éxito, medidas como el incremento de la Tasa de política monetaria TPM pero que, está condicionado a que no se produzca una ralentización del PIB y un aumento en el nivel de desempleo (recesión). Siendo mis deseos contrarios a la dirección de mis pronósticos; lo realista, es que si se continua con el mismo enfoque, en Honduras nos espera otro año (2023) con inflación relativamente mayor y no tan distante a 2 dígitos y, mucha incertidumbre para 2024 por ser año preelectoral entre otros factores.

  • Martín Orlando Barahona
    Economista graduado de la UNAH, obtuvo Maestría en Economía y Política Internacional en el Centro de Investigación y Docencia Económica CIDE en México. Catedrático en varias universidades a nivel de Pre-Grado y Maestría durante 35 años. Expresidente del Colegio Hondureño de Economistas CHE y fue sub director del Instituto Hondureño de Seguridad Social 2000-2001.

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