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Por: Gustavo Zelaya Herrera

 El 17 de noviembre se estrenó el documental “Al Borde de las Sombras; Radiografía inédita de un país en llamas”. Por carecer de formación técnica y de criterios en el análisis cinematográfico no voy a referirme al uso de la profundidad, luz, escenas, sonido, música, formas de dirección, de actuación, etc., este escrito es algo más subjetivo como ser el impacto personal que provocan dos horas frente a una pantalla, la tragedia que se exhibe, la indignación que se desprende en cada momento. Este gran esfuerzo del cine hondureño no expone banalidades o historias particulares; más bien muestra algo peligroso y cotidiano en nuestro país.

Es que desde lo políticamente correcto es sumamente riesgoso denunciar la corrupción generada desde el poder político, la intencional deficiencia de un sistema judicial que provoca impunidad, el planificado despojo territorial a que son sometidos los pueblos ancestrales y un sistema social que lleva en sus fundamentos la violencia ejercida contra las mujeres y contra grandes sectores del pueblo. Corrupción, impunidad, despojo territorial y violencia son derivados de un sistema socioeconómico que pone su interés en el lucro desmedido, en la desigual distribución de la riqueza social, en el atropello de la dignidad de las personas y coloca en altares la obtención de la ganancia sobre la vida humana.

El documental es una apretada síntesis de la inmediata realidad y se debe al grupo artístico, agregaría político, La Cofradía; aparecen en la dirección y producción Luis Méndez, Axel Chávez Zambrano, Ramón Hernández, Ariel Martínez, Dilcia Zavala y Karla Díaz. Entre otras personas participan Suyapa Sosa y sus colegas del Instituto Cardiopulmonar, Luis Javier Santos, Miriam Miranda, Berta Zúniga Cáceres, Ismael Melo. Es de agradecer que no sean políticamente correctos.

Distintos momentos del documental muestra la secuela de corrupción en el manejo de la pandemia, la estafa de los hospitales móviles, la sobrevaloración en la compra de insumos sanitarios,  los efectos de las leyes  creadas para ocultar  contratos; el expolio a que son sometidas las poblaciones en regiones potencialmente ricas en recursos minerales o turísticos; el “natural” ejercicio de la violencia contra el pueblo; se exhibe el profundo carácter delincuencial de los gobernantes, con instrumentos jurídicos hechos a su medida que les permite accionar impunemente. Incluso, puede afirmarse que en el régimen actual se condensa la forma en que todos los que han gobernado Honduras entienden su “patriotismo” al hacer del Estado su botín particular.

El país se mantiene no sólo “Al borde de las Sombras”, al parecer, totalmente cubierto de tragedia y lúgubres sombras. Se puede creer que el golpe de Estado de 2009 es la clave de esta situación, pero la corrupción, la injusticia y profundas desigualdades se descubren desde finales del siglo XIX, se profundiza a partir de la ruptura constitucional y con la irrupción de la narcopolítica en los poderes públicos. Este es el año del bicentenario de la supuesta independencia; es el año de las 47 masacres, los más de 500 mil desempleados e incremento de la migración forzada que favorece en demasía al régimen ya que el 22% del presupuesto del Estado proviene de las remesas; es el año en donde alrededor de 310 mil niños y niñas del sistema escolar han sido afectadas en su proceso de enseñanza; es cuando los cuestionables datos oficiales registran más de 15 mil víctimas por el Covid-19; esto último por el planificado desmantelamiento del sistema de salud pública, por el dinero robado a costa de la vida de miles de personas beneficiarias del sistema de seguridad social.

 La fragilidad del sistema sanitario y la ineptitud del régimen para responder competentemente a la pandemia han sido expuestas de manera reiterada por el personal sanitario, y el documental lo expone nuevamente. Según el régimen, la administración central había aprobado el desembolso de 3800 millones de lempiras; después el congreso aprobó 2500 millones de dólares (equivalente a 60 mil millones de lempiras) para la emergencia; además, la secretaría de finanzas ha reportado la ejecución de los gastos, cantidades adquiridas, costos, pero ocultando proveedores.

De sobra sabemos lo ocurrido con la estafa de los hospitales móviles, ventiladores mecánicos inservibles, insumos dañados o vencidos; pero el gobernante se exhibió inaugurando un centro cívico gubernamental y el nuevo aeropuerto internacional. Por otro lado, la crisis sanitaria ha evidenciado la necesidad del fundamento científico y los criterios médicos para aliviar los efectos de la pandemia, también es prueba de la inutilidad de los políticos frente a este aspecto de la multicrisis del sistema social.

Debido a lo anterior, quien sea que aspire a gobernar el país tendría que elaborar un plan de gobierno que nos saque del desorden actual. Se trata de superar el descalabro, de ordenar las finanzas, de erigir un sistema social más justo, solidario, equitativo, respetuoso de los derechos humanos y de la naturaleza, en donde participen los diversos sectores de la sociedad hondureña. Pero no es una inclusión abstracta ya que, por ejemplo, no deben participar los ligados a la narco política.

“Al Borde de las Sombras” demuestra que se debe hacer énfasis en políticas públicas que garanticen la reproducción material de la existencia humana, el empleo digno, el alimento, el agua, la vivienda, servicios de salud y educación gratuitos; que considere la preservación de la naturaleza,  políticas fundamentadas en principios éticos que superen la desigual distribución de la riqueza social; definir respuestas justas frente a las exigencias sociales, cómo enfrentar la deuda pública, la distribución de la tierra, los problemas de la soberanía, la pérdida del patrimonio nacional, la violencia contra la mujer y toda forma de discriminación y exclusión social.

El documental tácitamente expone que políticas públicas para empezar a superar la crisis nacional no deben ser algo vacío de contenido ni otra simulación como las acostumbradas por el régimen actual. Además, conociendo el antecedente de 2009 y la forma de hacer política de tres gobiernos nacionalistas, no se podía esperar algo diferente frente a la pandemia y a las expresiones de la crisis; más bien se aceleró la corrupción, la incapacidad y la deshonestidad; pero se mostraron eficaces en ocultar su ineptitud, en acrecentar fortunas personales, capacidad para defender sus ofensivos salarios y provocar más muerte y dolor en el país.

La corrupción, la injusticia y la desigualdad parecen parte del sistema político hondureño; son componentes de esa tradición y se exterioriza en laicos, religiosos, militares, empresarios. Entre la corrupción, la impunidad, la ilegalidad del gobernante, el oportunismo electoral, la pandemia y las concesiones del territorio nacional, parece no existir forma de superar la crisis. Sin embargo, entre el espectáculo que cada noche muestra el gobernante con sus cadenas informativas, entre tanto bufón con mascarilla, sea político, periodista, militar, empresario o de alguna ONG gobiernista, no se puede ocultar el reclamo popular, las necesidades básicas insatisfechas, la petición de comida y salud en cada esquina, es una espontánea y silenciosa articulación que reventará en la cara de la desvergonzada pandilla gobernante.

En algún momento nos daremos cuenta de que la crisis sanitaria, la quiebra de las instituciones, la impunidad y la corrupción son expresiones de la crisis del sistema. Este es el problema. El sistema que asesina y expulsa personas, saquea los bienes y mercantiliza la existencia humana.

 

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