Retrato en traje de luces para la fiesta oscura, de Donald Trump

 

AlianzaPor: Rodolfo Pastor Fasquelle

Muchos creen que está quemado porque su gestión ha sido calamitosa. Al igual que JOH aquí, D. Trump no es culpable de todas las muertes del virus allá. Solo de las que hubieran podido evitarse con el liderazgo nacional con que no quiso comprometerse. Este tío incapaz de nada constructivo, de emprender una gesta nacional. O aun de entender la ciencia del asesor o el mundo, no importa cuántas vueltas le dé al globo. Ya que el narcisista cree que es alrededor suyo que giran el virus y el planeta. Trump vive un mundo al revés, cree que la cloroquina previene el covid, sospecha que el voto electrónico es fraudulento.

Torpe sí. Ignorante. Falto de visión intelectual y de cualquier sentimiento noble. Cínico, al que no se puede pedir consciencia. Que cuenta con el morbo de su audiencia y tiene la ética que le permite, sin más fundamento que un rumor, acusar -en twitts– a un correligionario que lo critica, ¡de asesinar hace treinta años por razones pasionales a una señora, que, según los médicos, murió por una enfermedad! A Trump no interesa la historia, ni convencer a nadie más que a sus fieles, ni las buenas relaciones públicas. No dialoga con líderes opositores y si lo contradicen los periodistas, les da la espalda y se larga. El mago de la teoría conspiratoria. Que se indigna de que Twitter revise las falsedades que propaga. Y acusa a la prensa de «inventarle falsos». Mi amigo Charles dice -con propiedad- que Trump es unamerican, a saber, lo contrario del ideal de una persona en su país. Su exabogado personal ha declarado al Congreso que D.T. es a cheat, a liar, a con man, un sinvergüenza, un mentiroso y un impostor.

Pero imbécil no es. Hizo -como muchas lanas de su calaña y alguna honroso excepción- un posgrado en la Wharton School of Business, getto de UPenn, después de graduarse de Fordham, que no es mala escuela. Y llegó casi solo (con Rupert, pues) un outsider, a la presidencia de los EUA, en la que podría reincidir. Porque, aunque pierde hoy todas las encuestas y muchos amigos y cercanos quieren creer que ya está derrotado, sabe poner el viento de su lado. Antes, ya dio sorpresas a quien lo subestimaba, y el sabio N. Chomsky ha advertido que es el presidente más peligroso de la historia de EUA.

Sobre todo, lo demás, DT es un artista histriónico, tiene una función para cada escenario. (JOH canta sus cansonas cancioncitas cursis porque aún hay tuit que lo aplaude.) Trump payasea porque a su auditorio le encantan los payasos, entre las áreas del jingoísmo chauvinista, que canta y toca de memoria en el arpa en que pulsa las destempladas cuerdas histéricas del alma colectiva. Entiende la idiosincrasia de su hueste mejor que nadie y cuenta con una bolsa profunda -casi inagotable- de recursos para la magia deshonesta y trucos de propaganda. Anuncia que va a prohibir vuelos de América Latina, aunque fuera de Honduras, ni los peores países de la región, tienen la letalidad y mortalidad del Trumpilandia, en donde, por otro lado, se propone obligar a abrir los templos para que oren por él y lo defiendan (contra agnósticos y ateos), quienes sobrevivan luego de ofrendar mucha limosna.

Ha declarado que Biden no recuerda lo que hizo ayer, amenazando así que lo revelara. El sí recuerda. Aunque olvide mañana lo que no le convenga. Acaso incluso recuerde el día que, hace 35 años le dijo a una documentalista, que si terminaban de quebrar sus empresas se lanzaría a la búsqueda de la presidencia. Antier le comunicó a la Organización Mundial de la Salud de NNUU, que EUA se retira junto con sus aportaciones; sin cuyo aporte de conocimientos, quién sabe cómo nos hubiera ido. Porque ¡la OMS es pro china! Ahora es que -contra la mejor evidencia e indicaciones de sus médicos- está tomando la cloroquina que le recomendó el tipazo, a very nice guy de JOH. (¡Double the dose, come on!) Una vacuna podría inmerecidamente salvarle la vida. No debería, pero es difícil dejar de asumirlo en forma personal. ¡Trump hace daño en el mundo!

Antier domingo cuando ya se celebraba el Memorial Day que consagran los estadounidenses a recordar a sus difuntos defensores, Donald se dedicó a jugar Golf. No ve ninguna relación entre los cien mil muertos del coronavirus en EUA y las víctimas de sus locuras intervencionistas.

Nadie negará que sea ocurrente. Todos los días improvisa albures con que le hace cosquillas al subconsciente gringo. Mientras enfrenta a un Partido, el Demócrata que él dice que es muy poderoso y corrupto, sutilmente dividido por la tibia mediocridad de Sleepy Joe Biden, como le dice el majadero, a quien los magnates ungieron candidato, el desproporcionadamente anodino ex Vice, a quien, según mi amigo Leo un ideólogo de la raza, Obama escogió para evidenciar la irrefutable inferioridad del hombre blanco. No one ever thought he was a smart man, dice Trump nadie jamás pensó que era un tipo listo. Permítanme comprimirles un poco de información adicional que los ubique en la gradiente oculta.

Para hacerse reelegir, ya todo lo hace para ese fin, Trump le da la espalda a su émulo y alero, Bolsonaro. Renuncia al tratado de Cielos abiertos para el control de armas con Rusia, que les ahorraba a ambos miles de millones. Induce una nueva ley que podría vedarle a las empresas chinas cotizar en los mercados de valores de EUA reclasifica a Hong Kong para extorsionarlo. Consigue que El Senado elija al conservador republicano radical y fanático suyo perfectamente inexperto John Ratcliffe, como nuevo zar de Inteligencia Nacional. A las claras, Trump busca una guerra fría -las frías no se pierden nunca del todo- con China a la que, con el aplauso naif, quiere culpar de engendrar el covid, y exigir reparaciones. (Y a la que urgía detener, a como diera lugar, para preservarle lugar a la ineficiente manufactura estadounidense). Una guerra caliente contra Venezuela, a la que desestimaba tanto, que hace semanas creía que la vencería con tres docenas de mercenarios y otra contra Irán, lejos y demasiado sola para temer. Y busca hacerlo solo, burlarse de Europa, que le pinta violines. Y piensa ganarle a Biden. ¡A como de lugar!  

Haciendo lo que tenga que hacer. No será fácil. Cuando Estados Unidos ha perdido en este mes recién pasado de abril más de 11% de su producción industrial, la mayor caída en los últimos cien años y casi 14% de la producción manufacturera, la mayor caída de la historia pese a la novel protección. Y desde que inició la epidemia más de 38 millones de estadounidenses (que no tenían suficiente ahorro) han ingresado nuevas solicitudes para recibir ayuda oficial por desempleo. China pudiera resultar más dura que la nuez del coyol. Conspira contra la tiranía del dólar como moneda mundial sin respaldo. Los iraníes y los venezolanos le están haciendo una resistencia inesperada. Pero los desenlaces hipotéticos son más maleables que las realidades concretas. A la gente en tiempos malos, la asusta el cambio. En EUA, todos los gobernadores que van a la reelección, sin importar su Partido ni su política, suave o dura, están posicionados para ganar. Y ni por un segundo hay que olvidar que, aunque no es el mero mero, Trump no se ha dado por vencido. Es el guasón, el mayordomo del diablo, el artista que puede conducir las masas a desempeñarse felices en el abismo bailando la danza macabra. ¿Vivimos en plena pandemia la posverdad de la posdemocracia americana?

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