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Personal médico usa pañales desechables dentro de hospital móvil por alto riesgo de contagio

Caso de estafa de hospitales móviles

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Por: Redacción CRITERIO.HN

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Tegucigalpa.- Debido a las falencias que presenta, el hospital móvil instalado en los predios del Hospital Mario Catarino Rivas representa un alto riesgo de contagio para el personal médico, que ha llegado al extremo de usar pañales desechables y evitar la ingesta de alimentos durante su turno.

Ese ha sido uno de los hallazgos de la investigación de seguimiento y verificación realizada por el Consejo Nacional Anticorrupción (CNA) en el módulo hospitalario que se encuentra en San Pedro Sula, al norte de Honduras.

médicos residentes del Mario Catarino Rivas se retiran

Hospital Mario Catarino Rivas de San Pedro Sula

El hospital de aislamiento fue adquirido en marzo de 2020 por el exdirector de Inversión Estratégica de Honduras (Invest-H) Marco Bográn Corrales, quien “de buena fe” pagó 196 millones 683 mil lempiras mediante una factura proforma que envió la empresa Elmed Medical Systems.

“El jugoso negocio” de la intermediación permitió que el señor Axel López Guzmán, en su condición de representante legal de la empresa, causara al Estado de Honduras un perjuicio por más de mil millones de lempiras.

Aunque Bográn justificó que la compra de estos hospitales representaría una solución a la necesidad sanitaria causada por la pandemia, lo cierto es que el de San Pedro Sula funciona nada más como una sala de pacientes que requieren de atención básica.

El hospital modular ha tenido que pasar por adaptaciones, modificaciones y reparaciones que han salido del presupuesto del Catarino Rivas debido a que su diseño no es apto para la atención de pacientes contagiados por el Covid-19.

Inicialmente, estaba prevista la atención para 91 pacientes, pero fue necesario reducir la capacidad a 63 para cumplir con los parámetros internacionales de salud, en lo que respecta al distanciamiento entre pacientes, movilidad del personal y espacio para los equipos médicos.

Esa reducción de casi el 70 por ciento es resultado de “la incompetencia, la falta de interés en la salud” de los hondureños “y los estudios previos por parte de las autoridades de Invest-Honduras”, según el CNA.

La falta de vestidores, un espacio de “suma importancia” para resguardar la salud del personal médico y de apoyo, representó readecuaciones por el orden de los 105 mil lempiras para garantizar un sitio hermético que no esté propenso al virus.

Las estaciones de enfermería solo fueron consideradas para la Unidad de Cuidados Intensivos pero no para los módulos de alta dependencia, por lo que también fue necesario hacer readecuaciones de espacio.

Las autoridades del hospital tuvieron que instalar un tanque de oxígeno de mayor capacidad, debido a que la pureza del oxígeno generado por el tanque que viene instalado en el hospital móvil se ve comprometida o degradada cuando hay una alta demanda de pacientes.

El hospital modular no contaba con equipo básico como el de carros de paro por lo que el centro hospitalario tuvo también que adicionarlos al inventario.

Faltaban además bombas de infusión, que sirven para administrar grandes cantidades de medicamento a los pacientes, por lo que fueron solicitadas con carácter de urgencia a Invest-H, que entregó 16 de estas, las que también resultaban insuficientes y fue preciso asignar más de otras salas del Catarino Rivas.

El CNA consigna que, a diferencia con otros equipos, estas bombas de infusión fueron compradas a un distribuidor local, lo que facilita la ejecución de garantías de calidad y adquisición de repuestos.

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Los equipos médicos fabricados en Turquía y China no cuentan con un proveedor en el país y en caso de presentar fallas o averías quedarán fuera de funcionamiento durante mucho tiempo, critica el informe.

El hospital sampedrano debió colocar también máquinas de hemodiálisis en el hospital móvil para aquellos pacientes con insuficiencia renal crónica que se contagian con Covid-19.

En su inspección, el CNA observó daños en el equipo biomédico, pese a que el hospital lleva solo unos cuatro meses de uso.

Se han tenido que hacer pequeñas reparaciones en el equipo portátil de rayos x y fue necesario tomar un equipo de ultrasonido del Catarino Rivas debido a que el del hospital móvil presentaba problemas con el encendido.

Además hubo que deshabilitar varias áreas del hospital móvil para ahorrar recursos, evitar duplicidad de personal y prevenir contagios. Entre ellas, la cocina que se ha convertido en bodega de insumos y el lavavajillas se usa para limpieza de material.

El área de lavandería fue clausurada debido a problemas de distribución que ponían en riesgo la bioseguridad del personal.

El laboratorio es utilizado para almacenar medicamentos e insumos, por lo que varios equipos como incubadora, centrífuga, analizador de química y de hematología se encuentran en desuso.

También está fuera de uso el área de esterilización de desechos médicos debido a que representa un alto riesgo de exposición debido a falencias en el diseño.

Es de mencionar que este espacio está valorado en más de dos millones de lempiras y, para el Estado, no usarla representa un derroche de más de 15 millones de lempiras, según el informe.

Las autoridades hospitalarias también han tenido que retirar una cantidad considerable de equipos para cumplir con parámetros de bioseguridad y movilidad.

En suma, han sido almacenados o reasignados: 29 mesas de noche, 28 camas hospitalarias, 26 mesas para alimentación de pacientes, 15 nebulizadores, 6 electrocardiogramas y 6 desfriladores.

Fue necesario solicitar también a Invest-H dotación de UPS (Sistemas de alimentación ininterrumpida, por sus siglas en inglés) que almacenan energía en caso de un apagón, pero a la fecha no se han instalado.

El hospital móvil ya ha registrado filtraciones de agua por el techo en varias salas, por lo que es necesario impermeabilizar la parte superior de los contenedores para prevenir oxidación, filtración de bacterias y agua, entre otros, pero tampoco se ha comenzado con la construcción de una estructura que proteja el exterior del hospital móvil.

Que el personal médico tenga que usar pañales desechables para no ir al baño y evite ingerir alimentos durante su turno es una situación que representa una “vulneración de los derechos humanos”, critica el CNA, que reprocha además la adquisición de este hospital modular.

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