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Nueva ley electoral debe acabar con negocio y la corrupción que arrastran partidos minoritarios

Nueva ley electoral

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Por: Redacción CRITERIO.HN

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Foto portada: El Congreso nacional pagó 6 millones de lempiras a la OEA para que hiciera reformas electorales. Mauricio Oliva recibe el documento terminado

Tegucigalpa, Honduras.- Los partidos minoritarios en Honduras han servido para hacer negocio, para vender credenciales en el día de las elecciones y para confabularse con los partidos de gobierno en las juntas directivas de los diferentes Congresos Nacionales.

Salvando al Partido Innovación y Unidad Social Demócrata (Pinu-SD), que ha tenido posturas más dignas, el resto de los partidos pequeños en Honduras arrastran una historia de servilismo y corrupción que han ayudado a los enormes fraudes electorales y a perpetrar una anarquía democrática en Honduras, coinciden dos expertos que fueron consultados por Criterio.hn.

Recientemente se informó que partidos minoritarios buscan crear una alianza electoral de cara al proceso general del 2021 para consolidar una candidatura presidencial y poder competir contra las demás fuerzas políticas. Estas fuerzas políticas son la Unificación Democrática, Democracia Cristiana, Alianza Patriótica de Honduras, y un sector disidente del Partido Nacional representado por Jorge Lobo (hijo del expresidente nacionalista Porfirio Lobo Sosa (2010-2014), cuyo hijo está preso por narcotráfico en EE. UU).

A esta estructura se suman los partidos en formación Todos Somos Honduras, que dirige el diputado Enrique Yllescas y el partido Rescatemos Honduras del exministro de Educación Marlon Escoto. Ambas entidades electorales están a la espera de respuesta por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE) y de esa forma ser inscritos para las votaciones.

Existe una larga historia de los partidos pequeños de que se han convertido en correa de transmisión del partido político que está en el gobierno, porque para ellos, y historia lo avalará, los procesos electorales se convirtieron en un negocio más allá del pago por el voto que se dé a los partidos; su negocio está en la venta de credenciales y en jugar un papel de comodín en la integración y configuración de la junta directiva el Congreso Nacional, dice el sociólogo e investigador Elvin Hernández, miembro del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación de la Compañía de Jesús (ERIC-SJ).

Sin embargo, el sociólogo cree que las alianzas sí son necesarias cuando hablamos del Partido Liberal, Libertad y Refundación, y partidos minoritarios, si lo que se busca es detener el nivel de deterioro y la apropiación del grupo que conduce el país que está comprometido con la criminalidad.

“Las coaliciones, como ocurre en otros países, deben de ser para enfrentar proyectos autoritarios o para presentar alternativas a la sociedad”, dice Hernández.

Uno de los escenarios para Hernández es “una alianza de los partidos Liberal, Libertad y Refundación (Libre) y los partidos pequeños para finalmente enfrentarse a Juan Hernández, pero este escenario cada vez lo veo más lejano. Los egos, intereses, lealtades fundamentales para una alianza, no se ven. Al contrario, existe un pleito que cada vez es más evidente. El único ganador es el propio Partido Nacional y el propio Juan Hernández”.

Para el abogado y politólogo Raúl Pineda Alvarado una de las cosas más importantes que se deben hacer en Honduras es aprobar esa nueva ley electoral para que los partidos minoritarios, salvo algunas excepciones, ya no sigan haciendo negocios particulares. “La ley actual dice que tienen derecho al 15 % de la deuda política al candidato más votado, eso significa 10 millones de lempiras, a partidos que no llegan ni a 6 mil votos”, repudia Pineda Alvarado.

“Una de las cosas que deben hacer es que el partido rinda una fianza que garantice que va a sacar un mínimo de 20 mil votos, y si no los saca, el Estado recuperará los millones de lempiras que gasta en la elaboración de papeletas y otros costos del proceso electoral. Y si el partido saca los 20 mil votos pues le devuelven su fianza”, subraya.

Pero ese ese exceso de participación -cree el jurista- lo que genera es una anarquía y un desorden, y un negocio para cualquiera que hace un partido en Honduras, que al final solo son unos perfectos desconocidos. “Vamos a ir a elecciones con unos 15 partidos, eso es tremendo. No les queda más que alearse. Lo que más daña la democracia es el exceso de la democracia, no puede haber una democracia sin orden”, puntualiza.

Alvarado, quien está pendiente de la posible aprobación de reformas electorales, dice que la nueva ley electoral establece que se les va a dar el pago de la deuda política en base a los votos que saquen, no en base al que saque más votos. En consecuencia, es importante que la nueva electoral se apruebe y que no vayamos a una elección con la vieja ley.

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