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Lesbiandad: los relatos de mujeres lesbianas que visibilizan la realidad que viven en Honduras

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Por: Nancy García

redaccion@criterio.hn

Tegucigalpa. –El 26 de abril se conmemora el día de la Visibilidad Lésbica en diferentes partes del mundo. Honduras es uno de los países en adoptar este día y conmemorar a las mujeres lesbianas que a diario se enfrentan con estereotipos discriminatorios, normas culturales y a un sinfín de actitudes y discursos que normalizan la violencia contra las mujeres.

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La fecha se adoptó en España desde el 2008, como parte de la lucha constante de los colectivos de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgénero y a partir de esas acciones políticas varios países de América Latina han decidido conmemorar la fecha.

La doble discriminación se susurra en las calles. El ser mujer y ser lesbiana a odios y vistas de fundamentalistas religiosos es una «tortura» que pretende acabar con quienes rompen con la heteronormatividad. Una discriminación que se acreciente si eres una mujer, negra y lesbiana.

El pasado 26 de abril, no faltaron las campañas, los poemas, los abrazos para quienes están de cerca durante el confinamiento. Pero la visibilidad lésbica no es un día, no es una fecha conmemorativa que inicia cuando las campanas indican es media noche y recorren las agujas 24 horas y finaliza el día.  Todos los días las mujeres lesbianas deben salir y enfrentarse a un Estado fundamentalista que no reconoce la diversidad y aumenta las desigualdades.

En CRITERIO.HN abordamos algunas de las mujeres lesbianas de diferentes contextos del país. Su lesbiandad las he llevado a conocerse, reconocerse y posicionarse para saber que no están solas.

«Ser negra y bisexual ha sido todo un reto para mi vida»

Jennifer, es una defensora del pueblo garífuna. Es parte de la Organización Fraternal Negra Hondureña (Ofraneh). Reside en la zona norte, cerca de las playas donde la brisa le ilumina el rostro y le recuerda que la lucha es inmensa como la profundidad del mar, pero que las olas son esos avisos que le indican que no está sola.

Para Jennifer lo más difícil es darse cuenta cómo la mayoría de las mujeres están sumergidas en este sistema heteronormado y patriarcal y se rehúsan abrir los ojos y romper con todas estas barreras.

«El racismo siempre ha existido y siempre existirá. Yo por mí parte hago lo que puedo y no me dejó discriminar. Es difícil asumirlo, pero es más difícil luchar contra el clasismo”, señala.

Jennifer no ha tenido percances con su familia, de hecho, ha sido un pilar de apoyo.

Asegura que ser bisexual y negra ha sido un reto en su vida, porque en el entorno social es donde está el conflicto. “Ya sabemos, por la homofobia» nos dice.

Jennifer reconoce que la lucha por no sufrir discriminación no acabara en un abrir y cerrar de ojos y tampoco hay una poción mágica que despierte en las personas una conciencia crítica para acabar con la homofobia.

«Me asumí lesbiana en un entorno colectivo de personas disidentes LBTTQ+»

Mujeres lesbianas
Sara Tomé. Foto: Giorgio Trucchi

Sara Tomé es una abogada de la zona urbana. Desde pequeña se organizó en colectivos, cuando el huracán Mitch azotó su vida y la de su familia. A partir de ese instante despertó en ella el interés por conocer las desigualdades del mundo.

Con el pasar de los años ha participado en espacios de acciones colectivas con diversos grupos de mujeres feministas. Sara también escribe, en cada una de sus letras cuenta su situación. Cada palabra es un aliento para desbordar todo aquello que muchas veces no se puede expresar de otra manera. Las palabras son uno de sus motores que colorean su andar.

 

 

A Tomé le llevó muchos años romper con la heterosexualidad y el conflicto era permanente por no asumir políticamente una identidad lesbiana.

«Dudaba mucho. Siempre asumí una sexualidad fluida, cuidaba el no definirme ni como lesbiana ni bisexual. Me pasé años viviendo mi sexualidad libertaria desde el feminismo, pero con miedo de asumirme claramente lesbiana. Y es que en este país es difícil asumir una identidad lesbiana por la violencia que se vive en todos los ámbitos de la vida. No obstante, lo que más me pesaba era la carga interna de la heterosexualidad», enfatiza.

«Me asumí lesbiana en un entorno colectivo de personas disidentes LBTTQ+. Me encontré con un grupo de personas potentes con la palabra, con su vida expresada a través de sus cuerpos, con sus sexualidades libres y fluidas, para mí fue un proceso muy duro pero hermoso», rememora.

Uno de los métodos para posicionar los sentires han sido los diálogos. «Nos encontramos y fuimos colocando nuestro existir-sentir desde LBTQ+. Lo que me preocupaba era el lugar desde donde quería situarme como mujer lesbiana. Soy una lesbiana con trabajo, estudios formales, y con una identidad mujer. Es decir, leída aceptablemente en esta sociedad patriarcal y clasista», nos comenta Sara.

«Como hábito una identidad lesbiana-mujer socialmente construida, la violencia que he recibido es cuando hago manifiestos mis sentimientos con otras mujeres o identidades no binarias en lo público. Las personas se ríen, y se burlan. En una ocasión dos tipos nos siguieron burlándose. De ahí las miradas de asco siempre están encima de una en todo momento», finaliza Tomé.

«Me costó asumirme como lesbiana, pero desde que tomé la decisión ha sido liberador, vivir y compartir la lesbiandad ha sido como poesía»

mujeres lesbianas
Kimberly Mora. Foto: Cattrachas

Foto: Cattrachas

Kimberly Mora, es una lesbiana de origen costarricense. Trabaja en la Red Lésbica Cattrachas en el área de Comunicación y manejo de las campañas virtuales.

Su paso en Honduras como una mujer lesbiana ha sido impactante. Kimberly nos relata que en las diferentes entrevistas de trabajo le hacen preguntas como: ¿estás casada? ¿tenés novio? Para «probar» la reacción de las personas les responde que tiene novia y comprende que por su respuesta no volverán a llamarla.  «Entonces renunciar a la heteronorma es sacrificar por así decirlo, muchos privilegios y comodidades, y orillarse a la periferia porque entonces ya no solo te discriminan por pobre si no que también por tu sexualidad»

«Bueno, a mí me costó bastante asumirme como lesbiana, pero desde que tomé la decisión ha sido liberador, vivir y compartir la lesbiandad ha sido como poesía, una sintonía tan rica donde he podido conectar con amigas lesbianas que compartimos saberes y sentires, constantes cuestionamientos de cómo salirnos de las prácticas heterosexuales, porque ya rompimos con el mandato hetero pero también tenemos prácticas heterosexuales, no es así no más; hay todo un sistema afuera perfectamente orquestado para que sigas la norma, nos codifican desde que estamos en la panza de nuestras mamás para responder a esto. Entonces, es casi, una responsabilidad/tarea diaria repensarnos fuera de la norma”, apunta Kimberly

El acoso es uno de los problemas que enfrenta Kimberly de manera constante. «Especialmente porque soy una mujer lesbiana, femenina, “entonces el acoso tiende a ir dirigido a mi aspecto físico, o me han cuestionado si de verdad soy lesbiana porque soy muy linda para serlo y no parezco lesbiana, o cuando camino al lado de mi novia varias veces nos han gritado: «uy no, tan linda mi amor, mejor véngase conmigo» o “se está desperdiciando”. En fin… “tantos comentarios molestos y bochornosos», recuerda.

¡Yo, la indefinida, la que no era, pero me enamoré! 

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Lili Rebeca Girón. Foto: Colectiva Feminista Maudalena

Foto: Colectiva Feminista Maudalena

Lili Rebeca Girón, es una mujer lesbiana. Forma parte del Colectivo Feminista Maudalenas, un espacio que visibiliza la situación de las mujeres a través del Teatro de las Oprimidas.

Para Lili, el ser lesbiana es reencontrarme con las otras, con la vida desde un lugar mucho más esperanzador. «Es saberme acompañada, sentirme liberada. Haciendo referencia desde mi experiencia, estoy transitando por un momento en el que he pasado de ser “la indefinida” a preguntarme ¿por qué tanto miedo al asumirme lesbiana? Justamente me ha significado sostener un diálogo continuo y profundo conmigo misma que, me permita sentir y pensarme sin ataduras culturales, sociales, familiares y personales», señala.

El romper con lo heteronormado para Lili Girón ha sido desprenderse de un modelo estructurado y normado que le prohíbe amar y ser amada por otra mujer.

«Ahí es donde radicalmente hago frente al hetero patriarcado, cuando asumo, reconozco y disfruto tomar consciencia sobre mi derecho a decidir a quién amar; la internalización de los esquemas patriarcales y colonialistas me ha llevado muchas veces a moverme desde la vergüenza y el miedo. Es aquí cuando toca afrontar las emociones y realidad, pero tomar la decisión política de no conectar con la (auto) destrucción y dolor que trae el hetero patriarcado. Voy aprendiendo a soltarme del miedo a las miradas de discriminación, a la violencia y comienzo a emprender búsquedas profundas sobre mi ser mujer lesbiana… continúo sintiendo y reflexionando», nos dice con aplomo.

A Lili los prejuicios, el acoso, la discriminación le han marcado tanto, que muy pocas veces decide mostrar el amor que existe entre ella y su compañera.

Cuenta que en una ocasión un hombre les quito el derecho de fila en una pulpería. «Su argumento fue que éramos “marimachas” y que por eso “nos iban a encontrar encostaladas”, recapitula Lili.

Ese día se sintió altamente violentada por ser lesbiana. «Lloré y lloré. Pude darme cuenta del riesgo y la amenaza constante. Es urgente la necesidad de autodefensa feminista porque no tenemos por qué responder a las incomodidades que pueda sentir una persona con nuestras expresiones; debemos llamarnos a luchar por nuestro derecho a ser y sentir sin miedo y en libertad.

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Josselyn Morales

Josselyn Morales, es hija de la reconocida lideresa campesina Maudalena Morales, quien fue secretaria general de la Central Nacional de Trabajadores del Campo (CNTC) regional de El Progreso.

Su paso por la organización ha sido un vaivén de emociones. Una lucha permanente para un terreno que se cree que es apto solo para hombres.

Josselyn es una mujer lesbiana que ha peleado con los miedos y el temor al rechazo. Asimismo, a la incertidumbre sobre la reacción de su familia y en qué condiciones la aceptarán.

El mantener el legado de su madre, crear otras formas de ver el mundo han hecho que Josselyn permanezca en la organización, pese a las barreras que le han impuesto.

«En mi organización, como en todas o la mayoría, se dan estos casos de no aceptarte cómo tal, hasta el grado de que lideresas digan que no quieren que sus jóvenes mujeres se relacionen conmigo porque las voy a enamorar o les puedo pasar mi enfermedad. En ocasiones me ha tocado escuchar esas palabras, pero mi organización cómo tal me ha enseñado a defender mis derechos como mujer, joven y lesbiana», apunta Josselyn.

 

Actualmente Josselyn es la coordinadora del Frente Nacional de Juventudes Campesinas, Indígenas y Afrodescendientes (Frenajuc).

Los relatos anteriores solo son una muestra del acoso, discriminación y humillación por su identidad de género que viven cientos de mujeres en Honduras. 

Las mujeres lesbianas de Honduras demandan que el Estado quebrante el herosexismo y aplique políticas que garanticen la igualdad de derechos. Además, el respeto a la laicidad y la inclusión en los contenidos curriculares que fomenten el respeto y la dignidad de las personas. 

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