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Las felicitaciones arrebatadas a Juan Hernández

ambición de poder

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Por Beatriz Colmenares/Soy502.com

Por segunda vez en menos de un mes, el Gobierno de Guatemala dio un paso al frente, se adelantó ligeramente al resto y le envió sus cálidas felicitaciones al político hondureño Juan Orlando Hernández por haber sido reelecto como presidente de su país.

Y por segunda vez en menos de un mes, le llovieron críticas al Gobierno de Guatemala, tanto aquí como allá.   

La congratulación del 26 de noviembre fue digna de Ripley. Cuando aún no se habían terminado de contabilizar los votos, el presidente Jimmy Morales, haciendo gala de dotes de prestidigitador, se comunicó por teléfono con Hernández. El hondureño, ni corto ni perezoso, tuiteó en su cuenta: “Mi agradecimiento por su llamada de reconocimiento de esta noche”.

Ello ocurrió horas antes de que ardiera Troya, ambos candidatos aseguraran que el ganador era él y no el otro, se perdiera la conexión con el centro de cómputo del Tribunal Supremo Electoral y se desataran disturbios por toda Honduras. 

Al día siguiente, la canciller Sandra Jovel intentó explicar la llamada de Morales. Dijo que era una comunicación para felicitar el “civismo y la tolerancia”. Y además indicó que, para ella, el proceso de Honduras había sido un “ejemplo de buenas elecciones”.

No dijo ni una sola palabra de por qué Morales sintió la imperiosa necesidad de anticiparse al primer informe oficial de resultados de la autoridad electoral hondureña. Ni por dónde resultaba ser digna de imitar la jornada electoral del día anterior, con apagón de por medio y todo.

Esta semana, el Minex volvió a las andadas. Por medio de su cuenta de tuiter envió de nuevo sus parabienes a Hernández a la vez que expresó el interés de Guatemala por “continuar profundizando las excelentes relaciones bilaterales” con Honduras.

A la cancillería no parece afectarle que la misión de observadores de la Organización de Estados Americanos haya solicitado repetir los comicios como una salida viable a la profunda crisis política desatada por unas elecciones a todas luces irregulares. O que los muertos en los disturbios de las últimas tres semanas superen las dos docenas de personas.

El gobierno, sin necesidad real y por segunda vez en tres semanas, fue de los primeros  en reconocer “el triunfo ratificado por el TSE”. Cuando no había riesgo alguno de herir susceptibilidades. O de que se generase una crisis con el vecino y amigo. No había prisa. A menos que se quisiese ganar una “carrera diplomática”. 

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