Por: Julio Raudales
Dice Baruch Spinoza que hay que votar por aquel que prometa menos porque será el que menos nos decepcione.
Don Tito Asfura llegó al poder sin hablar casi nada, sin mostrar ideas claras acerca de lo que debería hacerse en Honduras para revertir los graves problemas que aquejan a la sociedad, con un pasquín con pretensiones de plan de gobierno, que más parecía emanado de Chat GPT que de mentes lúcidas que conocen de algún tema y, sobre todo, de la mano de un partido experto en ganar elecciones usando todos los medios posibles y de un grupo de asesores muy especializados en el tema para el cual se les contrata: moverse en los círculos de poder y quebrar los pulgares que sea necesario para alcanzar el objetivo.
En medio de una campaña turbulenta y profusa de incertidumbres y amenazas, el nominado a la presidencia por el Partido Nacional aprovechó de forma inteligente su simpatía y don de gentes para recorrer el país de manera incansable, aunque silenciosa. En un ámbito tan corroído por las amenazas y diatribas, Asfura era el único candidato indicado para ganar. No tenía que prometer nada, ni hacer gala de una oratoria arrobadora o envolvente, al estilo Rodas Alvarado o Villeda Morales. Solo tenía que saludar con calidez creíble, gritar ¡La rachaaaa! para hacer sonreír a los jóvenes tik-tokers y llamar la atención.
Lo hizo al pie de la letra y ganó.
¡Qué importancia tiene! De todas formas, en Honduras, salvo rarísimas excepciones (Gálvez, Villeda y Callejas), no ha habido estadistas lumínicos ni políticos verdaderamente comprometidos con su carrera. Los que han tenido éxito en elecciones, son más bien personajes de poca monta, no necesariamente desprovistos de inteligencia y contactos con las élites, pero que utilizan el poder, fundamentalmente para ejercer el dictado de sus patrones y, de paso, ayudar a su familia y amigos a resolver sus problemas económicos del momento y de por vida.
Es mezquino pedirle a cualquier político, serio o chabacán, que dé resultados tangibles de su administración en 100 días. Cuesta entender el porqué de la obsesión con el guarismo. Se debe, seguramente, a la fijación casi innata que los occidentales tenemos con el sistema métrico decimal.
El caso es que ya es casi un acuerdo tácito que, al cumplir 100 rotaciones terrícolas, hay que hacer una evaluación. Hagámosla pues, dentro de lo que a estas alturas es evaluable:
Lo primero es la calidad del gabinete. Hay ahí algunos profesionales experimentados: el secretario de agricultura, por ejemplo, también el de turismo, el de Seguridad y por supuesto la canciller, una diplomática experimentada y honesta. En el Banco Central funge un joven capaz, experimentado y muy reconocido. En SEFIN hay una Subsecretaria con carrera mucho conocimiento del sector público. La Vicecanciller de Cooperación tiene vasta experiencia en la temática.
¡Y pare Usted de contar!
De ahí en adelante, el presidente se decantó por amigos sean estos correligionarios o no. No podría decirse aún, si son buenos o malos, debido a que casi nadie los conoce en sus respectivos sectores.
También rellenó su vacuo equipo de gobierno con algunas personas acordadas con la dirigencia del Partido Liberal que, al igual que sucedió en el gobierno del Dr. Ramón Ernesto Cruz, se ha decidido a hacer co-gobierno con la esperanza de “pescar” algunos puestos en la administración.
En lo referente a los apremios del país, es necesario decir que no se ve por ningún lado como van a resolver el asunto de la ENEE, de la que se sabe perfectamente el problema, pero para la que nadie ha dado una solución clara en casi 30 años.
La otra urgencia es la salud y ahí sí que la cosa es desalentadora: Una declaratoria de emergencia irreflexiva y sin marco estructural que parece destinada a un nuevo fracaso. A tres meses vista, ni siquiera se ha nombrado un titular en la cartera, hecho que pudiera llevarnos a la quizás arrebatada conclusión de que los ministros son innecesarios cuando de un problema grave se trata.
A propósito de anarquías, mejor no hablar del presupuesto, porque la política fiscal dejó de existir en la práctica desde hace mucho. Más importante es aclarar que no habrá CICIH por si alguien todavía sueña. De todos modos, el Procurador General encabeza un esfuerzo doméstico que quizás nos sorprenda gratamente.
Para ir cerrando, es menester decir que el “bono pescado” a los congresistas y la justificación que de esa acción hizo el presidente, nos deja claras muchas cosas que, de todos modos, no deberían sorprendernos ya.
La medicina moderna ha comprobado que, desde recién nacido se puede advertir si un bebé tiene ya síntomas de males congénitos. Juzgue Usted entonces, por sus acciones a este gobierno neonato. Quizás la verdadera culpa la tienen sus adláteres o áulicos que, como siempre, nunca le advierten al soberano cuando este cree que luce un lindo traje, sin advertir las risas y murmuraciones de la corte ante su desnudez.





