El repunte del fenómeno migratorio en Honduras empujado por la desesperanza

 

Especialistas en temas migratorios refieren que la detonación de la migración obedece a causales ligadas a la inestabilidad política, a la crisis institucional, y a la pobreza e inseguridad

Por: Redacción CRITERIO.HN

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Tegucigalpa.-Desde su comunidad en El Suyatal, municipio de Cedros, a 66 kilómetros al norte del Distrito Central en la capital de Honduras, Luis Raudales, migrante retornado, confinado entre una realidad económica con horizonte desalentador, espera ansiosamente volver a emprender su segunda travesía migratoria que lo coloque finalmente en los Estados Unidos.

Las fuentes de trabajo son escasas en Cedros, municipio con una población donde—según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) la principal actividad laboral es la agricultura y ganadería representando un 69 %. Y en los últimos años el rubro de la agricultura, que para los pobladores de El Suyatal fue la principal fuente de supervivencia, ha ido decayendo a causa de la inestabilidad climática. Cada año, los veranos son más fuertes y los temporales de lluvia más escasos, dice Luis.

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Luis sigue firme en su propósito de migrar porque en su pueblo no hay oportunidades de sobrevivencia. Sus estudios quedaron varados hasta noveno año porque su madre, quien es la jefa de familia, no pudo sostener dicha carga económica.

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Para los campesinos de El Suyatal, la distorsión en la variabilidad climática ha hecho difícil precisar cuál es el momento idóneo para preparar el terreno para empezar a cultivar. Por si fuera poco, la población de Cedros, al igual que la mayoría de las zonas del territorio hondureño, donde se produce café, ha sido víctima de la roya, plaga que en los últimos años ha atacado los cultivos del aromático provocando pérdidas económicas a los productores, en su mayoría propietarios de pequeñas parcelas que antes les servían para la sobrevivencia de un año.

A pesar de la dificultad para encontrar una fuente de subsistencia, Luis se las ingenia para sobrevivir. Al igual que antes de emprender su primer intento por cruzar la frontera estadunidense, actualmente subsiste gracias a pequeños trabajos que realiza en parcelas de tierra prestando su fuerza laboral a productores de su comunidad en el cultivo de maíz o fríjoles.

Pero en la mayoría de los casos los ingresos se vuelven insuficientes, comenta Luis, para quien eso le afirma la idea de volver a emprender la ruta migratoria sin importar los peligros que ya sufrió en su primer intento. “Al día se gana 120 lempiras (unos $ 4.83) que al final de la semana son como 600 (unos $ 24.14)”, dice.   Luis es contratado por pequeños productores, ya que su familia no tiene el privilegio de contar con tierras.

Aunque anteriormente ha buscado otras oportunidades de ingresos tratando de encontrar un mejor empleo, no ha tenido éxito. Así, a medida que transcurre los días en la comunidad de El Suyatal, la posibilidad de encontrar una fuente de trabajo se diluye. Con todo esto, abriga el sueño de un mañana mejor, convencido de volver a retomar su segunda travesía migratoria, inmediatamente las autoridades hondureñas suspendan las restricciones de movilidad una vez controlada la crisis sanitaria. “Quiero llegar, buscar un trabajo y mandar dinero para mi familia porque aquí en Honduras no se encuentra trabajo y se pasa hambre”, afirma. Luis, quien fue deportado el pasado mes de mayo procedente de México.

Al bajar del avión en el aeropuerto de Toncontín de Tegucigalpa, fue trasladado hasta un centro de triaje en el centro deportivo de la Villa Olímpica, donde tuvo que cumplir una cuarentena de 14 días. Hasta despejar cualquier indicio de contagio fue autorizada se salida. Pero, al llegar a su pueblo también fue sometido a cumplir el mismo protocolo sanitario. Y ahora aguarda el día esperando que “todo esto de la pandemia termine” para volver a emprender el viaje hacia el norte.

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Luis vende su fuerza laboral a pequeños productores agrícolas en la comunidad de El Suyatal, Cedros, debido a que proviene de un hogar jefeado por un mujer que no tiene tierras, por ello su desesperación de migrar.

Hondureños siguen migrando pese a pandemia  

Pese a la crisis sanitaria de la Covid-19, en Honduras la llegada de emigrantes retornados procedentes de México, Estados Unidos o Guatemala no ha cesado. Durante los primeros siete meses de 2020, los flujos de emigrantes retornados, precisamente hasta julio pasado contabilizaban más de 21,058 compatriotas deportados.

Y de acuerdo con estudios del observatorio de migración de la Facultad de Ciencias Sociales de Honduras (FLACSO-HONDURAS), sin importar las complicaciones de las restricciones de movilidad ordenadas por las autoridades, la población que desde antes de la crisis sanitaria tenía previsto migrar no ha desistido, porque los flujos migratorios siguen presentándose.

Justamente durante los meses de pandemia, Honduras ya registró su primera caravana migrante. El 30 de junio, un grupo de hondureños, huyendo de la angustiante crisis económica empeorada por la pérdida de fuentes de trabajo a consecuencia de la pandemia, salió en caravana con destino hacia los Estados Unidos. El grupo conformado por al menos 35 personas entre hombres, mujeres, jóvenes y menores de edad salió de la terminal de autobuses de San Pedro Sula, en el norteño departamento de Cortés.

Al igual que con las caravanas anteriores, la mayoría de sus integrantes procedía de los municipios y departamentos aledaños a la zona de Cortés. En la última década, la fuerza del fenómeno migratorio en Honduras se ha encargado de que no haya rincón del territorio nacional sin registrar la historia de un padre, hermano, prima, amiga o hijo que se fue con anhelo de conquistar “el sueño americano”. Desde 2016 hasta julio de 2020, Honduras registra casi 300 mil migrantes retornados. Las cifras oficiales del número de emigrantes retornados reflejan la llegada al país de deportados de todos los municipios y departamentos, incluso de zonas remotas de la geografía hondureña como Gracias a Dios e Islas de la Bahía.

Pero esencialmente en los últimos años, las tasas de los flujos de emigrantes retornados las concentra la zona del norte de Honduras. Además de sumar los departamentos que más hondureños escapan en busca de un mejor porvenir, la zona norte concentra la mayor cantidad de municipios con repuntes en el número de migrantes.

De acuerdo con el Sistema Integral de Atención al Migrante Retornado del Centro Nacional de Información del Sector Social (CENISS), de 2016 a julio de 2020, Honduras recibió más de 292,117 compatriotas deportados. La mayor tasa de ese flujo migratorio reside en los departamentos del norte hondureño, donde principalmente destaca Cortés y Yoro que concentran el porcentaje más alto de retornados a nivel departamental.

Durante el periodo señalado, Cortés encabeza la lista sumando un 20 %, cifra que acumula un total de 58,807 migrantes. Le sigue el departamento de Yoro registrando un porcentaje de 10.07 % que representa un total de 29,335 deportados. Luego, el departamento de Atlántida que con un porcentaje de 6.97 %, contabilizó 20,296 emigrantes retornados.

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FLACSO-Honduras: Migración se profundizará

Estudios de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Honduras), observan que a través de los años se reconocen periodos específicos que establecen que la migración ha repuntado, sobre todo, experimentando alzas en la zona norte. De acuerdo, al director de FLACSO Honduras, Rolando Sierra, entre esos periodos se identifican los meses sucedidos al 2017, año en que la sociedad hondureña vivió una intensa convulsión social. El 2017 dejó la consumación de la inconstitucional reelección presidencial del gobernante hondureño Juan Hernández, a través de un proceso electoral, denunciando por un fraude y mediante el cual la Organización de Estados Americanos (OEA) sugirió repetir las elecciones.

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Rolando Sierra, director de FLACSO-Honduras, ha estudiando el fenómeno de la migración desde varios enfoques sociológicos.

Aunque la población en un intento de frenar el proyecto continuista del jefe de Estado salió a protestar masivamente paralizando el país durante varias semanas, el Ejército y la Policía sofocaron las protestas extendidas hasta enero de 2018, fecha en que Hernández al interior del Estadio Nacional de Tegucigalpa oficializó la consumación de su segundo mandato presidencial, mientras afuera la población protestaba. En ese caso, explica el director de FLACSO-Honduras que la inestabilidad política aparece como una causal en el fenómeno migratorio. “A partir de 2017, con la crisis electoral la migración ha aumentado, sobre todo, por factores sociopolíticos”, refiere.

A juicio de Sierra, la pobreza, identificada como principal factor que alienta la migración, se acentuará con las consecuencias de la pandemia. “Debido a los impactos económicos, bastante altos, especialmente con la pérdida de empleo, podemos asistir a fenómenos migratorios mucho más allá de las caravanas”.  “Hay que tomar en cuenta que Honduras es un país con más del 60 por ciento de población viviendo en pobreza y sus únicas alternativas son la migración”, añade. A estos factores también se suma una causa que sigue empujando a la población a salir del país. Y es la violencia que aparece como uno de los grandes detonantes de la migración, apunta.

Precisamente observa que, entre el relato de las poblaciones migrantes, “cuando piden refugio, las causas tienen que ver con el tema de la violencia”. Además de la inestabilidad política, la pobreza y la inseguridad, la crisis de institucionalidad es otro factor determinante en la decisión de abandonar Honduras, amplia. “La población tiene demasiada desconfianza en las instituciones; en muchas narrativas migrantes, la gente menciona que Honduras es un país corrupto y con eso no ven oportunidades ya que desconfían en la institucionalidad”, explica.

En este contexto, este especialista analiza que el fenómeno de la migración, entre otras cosas, refleja la ausencia de un proyecto de nación. Es decir, “refleja la ausencia de proyectos de desarrollo porque estamos en un país donde los modelos no han sido inclusivos. Y no tenemos políticas públicas adecuadas que generen oportunidades para todos”, concluye.

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Datos oficiales impiden registro del fenómeno migratorio

Pese a los datos oficiales de migración, FLACSO-Honduras señala que sobre esa información existe una disparidad en su recolección. Por ejemplo, CENISS en 2017 documentó 44,067 emigrantes retornados en todo el país, sin embargo, en un estudio de FLACSO-Honduras de ese mismo año, con datos oficiales del Centro de Atención al Migrante Retornado y el Observatorio Consular y Migratorio de Honduras, registró 47,832 deportados. Lo anterior, “limita la elaboración de informes con cifras actualizadas y comparables ya que se muestra una enorme disparidad en cuanto al volumen de migrantes registrados”, lamenta FLACSO-Honduras.

Cortés, epicentro del fenómeno migratorio

La zona norte del territorio hondureño también registra la mayor cantidad de municipios con las tasas de emigrantes retornados. En el caso de Cortés, los municipios próximos a la ciudad de San Pedro Sula se identifican, a lo largo de los últimos años, como un epicentro en ebullición del fenómeno migratorio.

De 2016 a julio de 2020, solo en la ciudad de San Pedro Sula, 24,212 hondureños fueron deportados. Hasta antes del golpe de Estado de 2009, San Pedro Sula era sinónimo de oportunidades laborales principalmente para la población rural del interior del país.

Con la inestabilidad política surgida a raíz del golpe de Estado de 2009 y que derivó en una crisis económica, la población ansiosa de oportunidades de la segunda ciudad más importante de Honduras ha pasado de representar una opción, a ser el punto de encuentro para huir hacia los Estados Unidos en busca de oportunidades laborales.

Desde la partida de la primera caravana migrante en octubre de 2018, la terminal de buses de San Pedro Sula es el sitio de encuentro del fenómeno de las caravanas que inicialmente se conformaba, en su mayoría, por las personas procedentes de los municipios aledaños. Después de esta ciudad, es el municipio de Choloma que contabiliza el mayor flujo de retorno al contabilizar 9,169 deportados durante el periodo antes indicado.

Le sigue Puerto Cortés con 6,022, Villa Nueva con 5,689, Santa Cruz de Yojoa con 3,473 y Omoa con 3,100 retornados. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, en municipios como Choloma, Villa Nueva, La Lima, Omoa y Puerto Cortés, una de las principales actividades es la industria manufacturera. Sin embargo, la Cámara de Comercio e Industria de Cortés, apunta que debido a la inestabilidad política y los altos costos de la energía eléctrica el rubro maquilador se ha visto afectado, lo que en muchos casos ha provocado el cierre de operaciones en las empresas.

Al igual que Cortés, en el departamento de Yoro en los últimos años los municipios han venido presentando un alza en el fenómeno migratorio. En ocho municipios de este departamento colindante con Cortés, la cantidad de emigrantes retornados excede las mil personas. Para el caso de El Progreso, cabecera departamental, el total de deportados se estableció en 10,543 hondureños. Luego, aparece el municipio de Yoro con 5,171; seguido de Olanchito con 3,733; Morazán con 3,006; El Negrito con 1,920. Después aparece Santa Rita con 1,609; Victoria con 1,175 y Sulaco con 1,122.

En tercer lugar, figura el departamento de Colón que, a pesar de presentar una menor cantidad de municipios, en ellos la particularidad en el número de deportados excede los 2,000. Para el caso, en Tocoa, cabecera departamental de Colón, el número ascendió a 5,583. Mientras que en el municipio de Trujillo sumó 3,824; Sonaguera contabilizó 2,808; Saba documentó 2,379 y Bonito Oriental registró 1,482.

Santa Bárbara, que en años anteriores presentaba bajos números en los reportes migratorios, también se ha sumado a la lista de departamentos pujantes del fenómeno migratorio. En su cabecera departamental de nombre homónimo al departamento, el número de retornados registró 2,288.

Seguidamente aparece Macuelizo con 1,713; Quimistán con 1,622; Azacualpa con 1,144 y Atima con 1,114. Y en último lugar en la zona norte, aparece el departamento de Atlántida, en donde la ciudad de La Ceiba llama la atención al concentrar un alto número de retornados, ya que registró un total de 10,032.

Mientras que Tela documentó 4,816 y por su parte La Masica contabilizó 1,379. Estudios del INE identifican en los municipios de Yoro, Colón, Santa Bárbara y Atlántida, la agricultura como principal fuente económica con un alto porcentaje de las actividades laborales de la población.

FLACSO-Honduras identifica la zona rural del interior de los departamentos del norte como uno de los principales lugares de procedencia de los grupos migrantes.

Debido a la potencialidad en recursos hídricos y minerales de esa zona del país que concentra altas tasas migratorias, los proyectos de represas hidroeléctricas y mineros han tenido una fuerte presencia sobre territorios como Atlántida, Colón, Santa Bárbara y Yoro. Lo anterior ha acarreado consecuencias a la población, entre ellas, el desplazamiento, la pobreza y la violencia producto de la convulsión social que generan las iniciativas extractivistas que las organizaciones ambientalistas denuncian como proyectos inconsultos sin ningún fundamento de socialización con las comunidades.

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Segundo polo del fenómeno migratorio hondureño

Después de los departamentos del norte, la zona central aparece como el segundo polo que concentra el mayor flujo migratorio siendo principalmente Francisco Morazán el departamento que mayor migración documenta. En Francisco Morazán sobresale el Distrito Central como la zona que presenta la mayor cantidad de retornados al sumar un total de 23,344.

Al interior de Francisco Morazán son los municipios del norte de este departamento en donde se observa una mayor concentración del fenómeno migratorio. Por lo que, entre ellos, se encuentran el municipio de El Porvenir que registra 3,080 deportados. Seguidamente, aparece el municipio de Talanga con 1,877 deportados. Luego, se identifica al municipio de Cedros, donde el número de retornados asciende a 1,913, le sigue el municipio de Guaimaca con 1,314 y Orica con 1,010.

Datos del INE también identifican en la zona norte de los municipios de Francisco Morazán, la actividad agrícola como principal fuente de ingresos de la población. Sin embargo, la rentabilidad de la productividad ha ido escaseando en los últimos años debido al acceso limitado del recurso hídrico, una problemática sentida entre los pobladores por los efectos del cambio climático.

En el área de la zona central aparece en segundo lugar el departamento de Comayagua que, a pesar de que registra una menor cantidad en el flujo de deportados, suma seis municipios donde el número de retornados asciende los mil. De esta manera se reconocen la cabecera departamental, Comayagua, con 5,900 deportados.

También los municipios de Siguatepeque con 4,542; La Libertad, con 1,916; San Jerónimo, con 1,462; Esquias, con 1,389 y El Rosario, con 1,114. En tercer lugar, aparece el departamento de Olancho, donde se identifica Juticalpa, con 5,215; Catacamas, con 4,892 y Dulce Nombre de Culmí, con 1,240.

Durante los últimos años, la zona sur de Honduras ha repuntado en alza de sus pobladores que huyen del país. Principalmente en este departamento, figura el municipio de Choluteca sumando 4,644 retornados. Y luego aparece el municipio de Marcovía 1,882.

Aledaño a la zona sur, aparece también la zona oriental, donde el departamento de El Paraíso en su ciudad de mayor importancia, Danlí, registra 3,923, seguido del municipio de Trojes que contabiliza 596. En la zona sur la agricultura también aparece como el principal medio de sustento de su población.

Pero en los últimos años, la producción de la tierra en Choluteca, que se ubica en el corredor seco, ha disminuido principalmente por la dificultad de acceso al recurso hídrico. Sobre todo, la carencia de agua se ha agravado a causa de la instalación de empresas hidroeléctricas, fotovoltaicas, mineras, empresas meloneras, cañeras y camaroneras que capitalizan el acceso del recurso hídrico.

En la zona occidental es Copán que figura como el departamento que contabiliza la mayor cantidad de emigrantes retornados, siendo la cabecera departamental San Rosa de Copán la que registra la mayor tasa de retornados con 3,317. Luego le siguen cinco municipios donde la cantidad de retornados oscila entre 1,000 y 1,500: Nueva Arcadia (1,975); Florida (1,458); Copán Ruinas (1,604); Cucuyagua (1,207) y Santa Rita (1,335). Luego aparece el departamento de Ocotepque en donde se registran los municipios de Ocotepeque con 1,692 y San Marcos con 1,748.

Mientras que el resto de los departamentos del occidente, aparecen como las zonas que registran las menores cifras de retornados. En el departamento de Lempira el municipio de Gracias contabilizó 2,007 y Lepaera 1,700. Mientras que el departamento de La Paz, en su cabecera departamental de nombre homónimo, contabilizó 884, seguido del municipio de Marcala con 596.

Y por último el departamento de Intibucá, donde aparecen La Esperanza con 1,665 y Jesús de Otoro con 879. Durante el periodo comprendido entre 2016 y lo que va del 2020, la migración también se ha hecho sentir en los departamentos más remotos de la geografía hondureña. Precisamente en Gracias a Dios e Islas de la Bahía que concentraron 266 y 1,300 retornados, respectivamente.

FOSDEH-Honduras: escenarios migratorios se profundizarán

Para el economista del Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (Fosdeh), Ismael Zepeda, hay que tener en cuenta que la crisis ha constituido en un factor determinante de la migración hondureña, por tal razón, vaticina que las causas de este fenómeno detonarán en flujos migratorios.

En consecuencia “los escenarios migratorios ante lo que está sucediendo, conllevará a la profundización de esa precariedad de empleo y falta de ingresos”. Zepeda avizora que como anteriormente ha sucedido, las autoridades seguirán asumiendo la problemática migratoria respondiendo con políticas paliativas. Y es que actualmente “en el mismo Instituto Nacional de Migración, no se observa un programa real de reinserción, de atención laboral y psicológica al migrante hondureño”, apunta.

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Ismael Zepeda, economista del Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (Fosdeh).

La violencia y la migración

La defensora de los derechos de los migrantes, Yanina Romero, ha acompañado y seguido muy de cerca el fenómeno de las caravanas migrantes. Para esta defensora una de las causas que principalmente explican la concentración de los flujos migratorios en el norte del país responde a la insuficiencia de la industria maquiladora en cumplir con las expectativas de la generación de empleo.

Y esto explica, según su análisis, como en municipios como Choloma, La Lima, Villa Nueva, entre otros, se observa un repunte migratorio. “La maquila nunca generó más de 130 mil empleos”, señala. Romero también reflexiona sobre el factor de la violencia, categorizando a este como el principal factor que hace que miles de jóvenes tomen la decisión de escapar de Honduras.

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La periodista y activista por los derechos de los migrantes, Yanina Romero, acompañó la caravana de migrantes que partió de San Pedro Sula el 13 de octubre de 2018. Junto a ellos recorrió Guatemala y llegó hasta la frontera de México con Estados Unidos, en Tijuana, en enero de 2019.

En este contexto, la especialista también critica el impacto de los acuerdos migratorios que el gobierno de Honduras firmó con Estados Unidos tras el auge de las caravanas migrantes. A interpretación de Romero los acuerdos migratorios firmados por el mandatario hondureño han constituido un muro para los migrantes. “Ahora mismo hay nicaragüenses que nosotros nos hemos convertido en su muro, los guatemaltecos se han convertido en el muro de los hondureños y México se ha convertido en el muro de los centroamericanos”, concluye.

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