Chile: El velo de la ignorancia

El renacer de Prometeo: energías renovables y transformación

"Todo nuestro universo estaba en un estado caliente y denso

Luego, hace casi catorce mil millones de años, comenzó la expansión...

Ed Robertson: “The Big Bang Theory”

Por: Pedro Morazán

No se puede hablar de transformación social y ecológica, sin hablar de la transformación energética. La energía es parte inherente de todos los seres vivientes. Está aquí en el globo terráqueo manifestándose de formas diferentes. Como simples mortales consumidores, la mayoría de nosotros la reduce, en su imaginario, a una de sus múltiples formas de manifestación: la energía eléctrica. Sin embargo, precisamente porque es más que eso, es necesario ocuparse de ella al hablar de las profundas transformaciones que requiere nuestro planeta en la era del Antropoceno.

Como fenómeno universal la energía parece haber causado el famoso Big Bang que ha llevado a la continua expansión del universo. La energía es parte de nuestro ser, es el hálito que nos mantiene vivos. Fue quizás el fuego, la manifestación de energía que atrajo la curiosidad y el interés de los primeros homínidos en el planeta tierra. Seguramente más de algún rayo proveniente de innumerables tormentas, encendió el fuego quemando los árboles cercanos de la densa foresta. Así se puso ante los ojos del aterrado homo sapiens, el impacto casi milagroso de transformar la materia y producir calor, es decir energía.

No es casual por ello que el fuego haya tenido sus dioses en todas las mitologías, incluidas las indoamericanas, con Huehueteotl como patrono del fuego en la cultura Azteca. Hefesto, el Dios del fuego en la mitología griega se vinculaba con los herreros y artesanos que se encargaban de fabricar utensilios y armas para la guerra. Era tan hábil el amigo Hefesto que incluso forjó las cadenas que sostenían a Prometeo a la ladera de un peñasco. Figura trágica Prometeo, quien fue castigado por Zeus en persona, por el simple hecho de haberles llevado el fuego a los humanos, sin su consentimiento.

Desde esta perspectiva, resulta un tanto irónico que, en su largo camino por el mundo, el homo sapiens moderno se vea hoy obligado a combatir el fuego que amenaza con destruir todos los bosques del mundo. El planeta tierra arde ya por todas partes, desde las estepas siberianas, los bosques centroamericanos o la extensa Amazonia brasileña. La paradoja de todo esto, es que la causa de la destrucción de los bosques, está en calentamiento global. Desde que James Watt perfeccionó la máquina de vapor en 1769, desencadenando la revolución industrial, la producción de energía, basada en la combustión de portadores fósiles como el carbón o el petróleo (hidrocarburos), condujo al calentamiento global. Las estadísticas no mienten: La revolución industrial es la causa principal del efecto de invernadero.

La revolución industrial desatada por la energía térmica de la máquina de vapor, fue un salto cualitativo de enorme significado para la humanidad. Sin embargo, a pesar de sus bendiciones, nos encontramos ante un gran dilema. Junto con la nueva era industrial de la humanidad, surgió también una nueva racionalidad económica, cuyo fundamento ha sido la capacidad ilimitada de la atmosfera, para absorber el bióxido de carbono (CO2), proveniente de la combustión de los hidrocarburos. En pocas palabras, la búsqueda de un equilibrio económico basada en el uso de hidrocarburos para poner a funcionar la maquinaria industrial, la agricultura, el transporte y el consumo de los hogares, conduce a un callejón sin salida.

Por eso todos los países de la comunidad internacional se comprometieron en el “Acuerdo de París”, a reemplazar el carbón, el petróleo y el gas, como portadores fósiles de energía. La nueva revolución prometeica podría ser la generación de energía evitando la combustión. Para ello se recurre a las fuentes regenerativas como el viento, el sol o el agua. La energía eólica, la solar o la hidráulica son capaces de mover el mundo sin producir CO2 y tienen por ello, un papel importante que jugar en la transformación. A este tipo de energías se puede agregar también la naciente industria del hidrógeno verde.

LA DESCARBONIZACIÓN COMO ESTRATEGIA

La descarbonización consiste en la reducción progresiva de nuestras emisiones de dióxido de carbono y otros gases. Partiendo de lo anterior la descarbonización de la producción de energía es una conditio sine qua non de la transformación energética global. Las grandes potencias industriales han iniciado ya dicho proceso, con la movilización de sumas extraordinarias de recursos financieros y tecnológicos. Este proceso tiene consecuencias estructurales muy diversas para le economía mundial y para los países del Sur Global. El objetivo estratégico es reducir a cero las emisiones de dióxido de carbono hasta el año 2050, acorde con las exigencias y los compromisos del Acuerdo de París.

Según las estadísticas de BloombergNEF, la inversión global en la transición energética baja en carbono totalizó ya más de 1.1 billones de dólares en 2022, un nuevo récord y una gran aceleración con respecto al año anterior. La energía renovable, se mantiene como el sector más grande en términos de inversión, alcanzando un nuevo récord de 495 mil millones de dólares comprometidos en 2022, un 17 % más que el año anterior.

Los datos de BNEF muestran que China fue, con mucho, el país líder en atraer inversiones para la transición energética, lo que representa 546 mil millones de dólares o casi la mitad del total mundial. Estados Unidos ocupó un distante segundo lugar con 141 mil millones de dólares, mientras que la UE habría sido la segunda si se tratara como un solo bloque, con 180 mil millones de dólares. Alemania retuvo su tercer lugar, mientras que el Reino Unido cayó un lugar al quinto y Francia subió al cuarto.

LA EFICIENCIA ENERGÉTICA TIENE MUCHOS ROSTROS

Si el consumo de energía es la causa de la emisión de gases con efecto invernadero, es evidente que a menor consumo menos gases. En este punto la transformación energética adquiere, además de relevancia económica, también relevancia moral. Esto último significa que hay que estar consiente de la responsabilidad individual para con el planeta, reduciendo el consumo diario de energías. Como bien se sabe, el ser humano solo puede hacer uso racional de los bienes, si estos tienen un costo que hay que asumir. Por ello la energía debe tener precios que reflejen los costos que implican su generación.

Desde el punto de vista económico la eficiencia energética es clave para la transformación sostenible. La eficiencia energética se define como la obtención de productos con la cantidad mínima de energía. Un aparato, proceso o instalación es energéticamente eficiente cuando consume una cantidad inferior a la media de energía para realizar una actividad. Precisamente en países pobres como Honduras, donde existe un acceso deficiente y limitado a la energía eléctrica, es importante conocer que porcentaje de energía se pierde en la cadena de generación, transmisión y consumo final. Para lograr la eficiencia energética son necesarias una serie de acciones e instrumentos entre los cuales, los más importantes son la introducción de tecnologías y productos de mayor rendimiento, procesos productivos más eficaces, mejores medidas de gestión y nuevos hábitos de uso responsable de la energía.

Uno de los caminos para promover la eficiencia energética es la digitalización. En los países desarrollados se están introduciendo sistemas inteligentes para la gestión de la energía. ¿Cuánta energía se necesita, cuándo y dónde? son solamente tres de las preguntas relevantes para promover la eficiencia energética. Para responderlas se necesitan los llamados sistemas inteligentes que dependen de la digitalización. Partiendo de lo anterior, la transformación energética está fuertemente vinculada a la transformación digital, en resumen, la llamada “Industria 4.0” que incluye el llamado “internet de las cosas” (IoT), el big data, la analítica y la inteligencia artificial.

En la crisis se esconde muchas veces la oportunidad. Uno de los impactos mayores de la guerra de agresión rusa a Ucrania, es el aumento del precio de la energía. Todo parece indicar que los grandes ganadores de esta crisis serán las empresas de automatización. El ahorro de energía solo es posible mediante una buena gestión de la misma. Esto significa que los procesos productivos deberán estar mejor conectados, para ello serán necesarios algoritmos complejos, que solo son posibles con la ayuda de la digitalización. La feria tecnológica de Hannover, que tuvo lugar en abril de 2023, ha sido una muestra fascinante de como se está construyendo ya un mundo del futuro.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA PARA CENTROAMÉRICA?

Es importante que todos los actores de la sociedad hondureña sean conscientes de que la transformación energética del país es solamente posible y se piensa en su interconexión regional. En 2022 la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) ha elaborado la llamada “Hoja de ruta de energías renovables para Centroamérica”. Esa hoja de ruta es un aporte crucial que permite conocer los costos totales, comparando dos escenarios energéticos para Centroamérica para el período 2018 – 2050. Los costos de un Escenario de Descarbonización de Energía (DES) serían de 1.93 billones de dólares. Por otro lado, los costos del llamado Escenario Energético Planificado (PES) sería con 1.95 billones de dólares algo mayores. Esto significa que iniciar desde ahora la transición energética es económicamente razonable y eficiente.

Centroamérica peligra de nuevo en quedarse rezagada, si no asume los retos que plantea ahora la transformación energética. La vieja discusión entre monopolio estatal o mecanismos de mercado para la generación y transmisión de energía, amenaza por hacernos perder la perspectiva. Los cálculos con claros, solamente con la contribución del sector privado será posible movilizar el volumen gigantesco de recurso necesario para la transformación energética. En lugar de dejarse cautivar por el espejismo de reservas de petróleo, es necesario movilizar los recursos para reconocer las oportunidades que ofrece la transformación energética.

Para lograrla se necesitará por ejemplo personal capacitado, lo que conduciría a la creación de empleo local (IRENA, 2020). A medida que el resto del mundo intensifique la transformación energética los costos de los hidrocarburos aumentarán automáticamente. Con la ayuda de la tarificación del carbono, las exportaciones de productos con alto contenido en carbono serán mucho mas caras, por ejemplo. Con las energías renovables, en cambio, se reduciría el consumo de combustibles fósiles en el sector eléctrico en un 90%. El reto más grande para países con escaso nivel de infraestructura e industrialización, será la transformación energética en el sector transporte que implica la importación de vehículos eléctricos.

HAY QUE PONERLE PRECIO A LAS EMISIONES DE CARBONO

Una de las demandas que teníamos al criticar el uso del Producto Interno Bruto (PIB) como indicador de bienestar, era la externalización de los costos ambientales. La energía es un bien común y tiene por ello costos sociales e individuales. Esa es la lógica detrás de la llamada “tarificación del carbono” que no es otra cosa que aumentar los impuestos de los hidrocarburos en beneficio de las fuentes renovables de energía. Para que la transformación energética sea eficiente, es necesario ponerle precio al carbono. ¿Cómo se logra esto? El camino más directo es la introducción de un impuesto directo sobre el consumo de combustibles fósiles como el carbón, el fuelóleo y la gasolina. Esto suena muy bien, y de hecho lo es. Lamentablemente su introducción a escala mundial implica una mayor cooperación entre los países.

La tarificación del carbono es uno de los temas recurrentes más importantes en las conferencias internacionales sobre el clima, como la COP27 y estará de nuevo en el tapete de discusiones de la COP 28 a celebrarse en los Emiratos Árabes a finales de este año 2023. De hecho, no se ha avanzado lo suficiente para lograr un precio mínimo que vuelva su consumo prohibitivo. Según el FMI dicho precio debería subir a los 75 dólares por tonelada de CO2.

DESENCADENAR A UN PROMETEO RENOVABLE

Se deben crear las condiciones para que los países en desarrollo, como Honduras y sus vecinos salten los sistemas de energía centralizados y, en cambio, hagan de las soluciones fuera de la red la columna vertebral de un modelo de desarrollo económico. Para ello es de central importancia destacar la importancia de una economía política interna que sustente la transición energética.

Retomando las reflexiones mitológicas, la humanidad necesita un Prometeo desencadenado que nos haga transitar el camino de la sostenibilidad. La transición energética es una tarea impostergable y requiere el esfuerzo de todos. De hecho, es la única alternativa que tiene ahora la humanidad de lograr satisfacer las necesidades de las presentes generaciones, sin poner en peligro la vida de las generaciones futuras.

  • Pedro Morazán
    Doctor en Economía e investigador del Instituto SUEDWIND de Bonn, Alemania. especializado en desarrollo y deuda externa, y ha realizado estudios para el EDD en África y América Latina

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