Economía y salud mental, magras expectativas a corto plazo

Por: Redacción CRITERIO.HN

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Tegucigalpa, Honduras.-Una de las secuelas siniestras que está dejando la pandemia de Covid-19 apenas empieza a recrudecer y ya ha puesto en alerta a la sociedad como a los organismos que vigilan la salud local como en el plano internacional.

El suicidio en Honduras no es un flagelo nuevo, registros del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras así lo confirma. Así como también reporta al menos 39 homicidios múltiples con 145 víctimas mortales durante la emergencia de la pandemia en el país.

Desde 2010 este Observatorio registra cerca de 3 mil 250 casos de suicidios hasta octubre 2019, mes que acumulaba más de 310 suicidios del período anual.

Peor aún, en los últimos años una ola de suicidios se ha desencadenado de forma alarmante, entre enero y junio de 2019 hubo 222 casos de suicidio a nivel nacional. Con relación al mismo período del año anterior 204 personas decidieron quitarse la vida.

Hay dos factores que influyen en el suicidio, la genética y el ambiente. Los genéticos “pasan cuando en la familia muchas personas se han suicidado porque en su cerebro hay algunas sustancias que tienen que estar equilibradas, y cuando no lo están se padecen desequilibrios emocionales, ha expresado el médico psiquiatra, Javier Emilio Uclés.

La sociología, por su parte, señala que cuando una persona forma parte de la vida familiar y tiene una comunidad de referencia, está más protegida del suicidio porque tiene lazos sociales.

Aspecto que, junto a factores identificados por Uclés, empeorarán a medida las secuelas de la pandemia recrudezcan, cuando el país vive un contexto preelectoral agresivo, represión política, violencia social, corrupción, impunidad rampantes, que motivan a las caravanas migrantes con miles de hondureños que huyen del desempleo, masacres, delito común y la corrupción institucionalizada, catalizadores del fracaso sanitario, educativo y económico agudizados en el régimen de Juan Hernández Alvarado.

Estudios recientes muestran un aumento de la angustia, la ansiedad y la depresión especialmente trabajadores de la salud, que, sumadas a la violencia, trastornos por consumo de alcohol, abuso de sustancias y de sensaciones de pérdida, son importantes factores que pueden incrementar el riesgo de que una persona decida quitarse la vida, afirmó el pasado 10 de septiembre, Renato Oliveira e Souza, jefe de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la Organización Panamericana de la Salud, (OPS)

Todavía no sabemos cómo el aumento de la depresión, la violencia doméstica o el consumo de sustancias impactará en los índices de suicidio en la región, pero es importante tomarse un minuto para hablar del tema, apoyarnos mutuamente en estos tiempos de pandemia y conocer los signos de advertencia del suicidio para ayudar a prevenirlo, precisó el funcionario.

Asimismo, este viernes la Organización de Naciones Unidas, (ONU), alertó en Ginebra, Suiza, que “lo peor está por venir” en cuanto al impacto de la pandemia de covid-19 en la pobreza.

«Lo peor está por venir en términos del impacto en los ingresos de los hogares, ya que los Estados tienen la impresión de que, a medio plazo, no pueden mantener medidas de mitigación», explica el relator de la ONU sobre la extrema pobreza, Olivier de Schutter.

«El verdadero shock sobre la pobreza ocurrirá entre los tres a seis próximos meses. Esperamos con gran miedo lo que pasará en muchos países», reconoce el experto.

Panorama que en siete meses de pandemia en Honduras se traduce en el recrudecimiento de la corrupción, impunidad institucional, represión política, más de medio millón de empleos perdidos; miles de micro, pequeñas y medianas empresas que no volverán a abrir sus puertas y una contracción histórica de la economía superior al 10 por ciento, estimó el ex presidente del Banco Central de Honduras, Hugo Noé Pino.

“Aunque todavía es muy temprano para evaluar el impacto de la crisis sanitaria producida por el COVID-19, es bastante claro que el impacto en la economía hondureña será fuerte”, señaló el economista en un artículo para Criterio.hn.

No será hasta finales de 2022 que Honduras alcance el nivel de producción existente al cierre de 2019; el país ya vivía un proceso de desaceleración de tres años anteriores, luego de reportar un crecimiento del 4.8 por ciento en 2017, 3.7 en 2018 y 2.7 el año pasado precisó Pino.

Mientras, en salud mental “estamos muy mal afectados por la depresión, odio, rabia, enojados, resentimientos, ese tipo de afectaciones lleva a la población a tener comportamientos desordenados”, destacó el psiquiatra Uclés.

“Se necesita un diálogo convocado por el presidente Juan Hernández, pero para dialogar y buscar a las personas que sepan hablar y oír”, concluyó el galeno.

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