Complicado panorama nacional y regional

Por: Carlos Zelaya Herrera

Foto portada: AP

Qué sucede en América Latina que cada día se agregan naciones que enfrentan dificultades internas. Hace un año Barómetro Latinoamericano, que mide la confianza en la democracia en 18 países de la región donde viven más de 680 millones de habitantes, marcó un retroceso de 10 por ciento en pérdida de confianza en la democracia, el retroceso más fuerte en 20 años.

El informe reflejó la mayor caída en apoyo a la democracia, de 44 por ciento en 2008 a 24 por ciento en 2018, tras la crisis poselectoral de 2017. 

Destaca desconfianza en liderazgos políticos e instituciones públicas y una baja aprobación presidencial, 41% en 2018 y 62% en 2015. Confirma, asimismo alta percepción de que los diputados están involucrados en actos de corrupción.

La crisis por el veredicto de culpabilidad de Juan Antonio Hernández, hermano del presidente Juan Orlando Hernández, en una corte federal de Nueva York, dio paso a una alianza de oposición para sacar al gobernante del poder integrada por Libre, Liberales y el ex presidenciable Salvador Nasralla, que han llamado al pueblo a la insurrección pacífica.

Tras el acuerdo político el presidente del Central Ejecutivo del Partido Liberal, Luis Zelaya, se reunió con el jefe de las Fuerzas Armadas a quien habría planteado un golpe de estado al presidente Hernández Alvarado, como denunció el jefe de la milicia, general René Orlando Ponce.

Sin embargo, la región vive una ola de violencia sin precedentes con edificios quemados, locales destrozados, enfrentamientos con piedras entre fuerzas de seguridad y toques de queda que desestabilizan a naciones enteras.

Chile cerró dos semanas de protestas tras la decisión del presidente Sebastián Piñera de incrementar el costo del metro que utilizan más de 7 millones de santiagueños. La crisis deja ya más de 15 muertos, millones de dólares en pérdidas y un estado de excepción.

La rebelión social en Ecuador comenzó después de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que otorgó un crédito por más de 4.200 millones de dólares y el anunció de un plan de austeridad que eliminó subsidios a los combustibles, vigentes hace 40 años, donar un día de salario y reducir el período vacacional de 30 a 15 días.

Crisis que obligó a trasladar la capital de Quito a Guayaquil, declarar medidas de excepción y destrucción de bienes públicos y privados.

En Perú los problemas duran ya un año en el cual el expresidente Allan García se suicidó de un disparo cuando la policía llegó a su puerta. La líder de la oposición permanece en la cárcel, bajo investigación y durante 24 horas tanto el presidente como la vicepresidenta afirmaron ser el líder legítimo del país.

La tierra del inca, por mucho tiempo referencia de estabilidad en América Latina, hoy luce ingobernable. Un éxito económico que ocultó un conflicto creciente entre la clase política y sentó las bases de futuros problemas.

A la lista se sumó hace unas horas Bolivia, donde la oposición, liderada por Carlos Meza, rechaza el resultado electoral para el cuarto mandato consecutivo de Evo Morales por un presunto fraude electoral. Lo mismo Haití, donde la revuelta popular lleva meses ante las medidas económicas del gobierno, del que se pide su salida, por el alza a la energía eléctrica y el combustible.  Sin embargo, esta crisis en varios países arrastra consigo el rechazo a las medidas de corte neoliberal que se aplican en estas naciones, en donde nada tiene que ver el derecho soberano de Cuba y Venezuela de optar por el modelo económico que sus pueblos y gobiernos determinen, sin ningún tipo de injerencia externa. 

Panorama que, para la Organización de Estados Americanos, OEA y su secretario general, Luis Almagro, afín a los dictados de Washington, muestra como la influencia de Venezuela y Cuba en el hemisferio.

Lo que está pasando en Perú, Chile, Ecuador, Argentina, Honduras es apenas la brisita, y viene un huracán bolivariano. Nosotros no estamos aislados en el mundo, por el contrario, Venezuela cada día está más consolidada», aseveró Diosdado Cabello, número dos del gobierno de Nicolás Maduro, en el cierre de una marcha de seguidores del Partido Socialista Unido de Venezuela.

Las actuales corrientes de desestabilización de sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivariana y cubana, que buscan reposicionarse, financiar, apoyar y promover conflicto político y social, señala un comunicado de la OEA

Las “brisas bolivarianas”, a las que alude Cabello, han traído desestabilización, violencia, narcotráfico, muerte y corrupción. El costo mayor lo ha pagado el propio pueblo venezolano, pero los países del continente hoy también están pagando un alto precio por la crisis provocada por la dictadura venezolana.

Las brisas bolivarianas no son bienvenidas en este hemisferio. Condenamos firmemente la amenaza de exportar malas prácticas y desestabilización, concluye el organismo continental.

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