Buenos ejemplos para la mala prensa…

Por: Carlos Zelaya Herrera

«Los padres fundadores dieron a la prensa la protección necesaria para cumplir su papel de defender los valores de nuestra democracia. La prensa debe servir a los gobernados, no a los gobernantes». 

Así opinó la Corte Suprema de Justicia de los EEUU en el juicio Fiscalía vs Washington Post-The New York Times, que divulgaron secretos de guerra que por varios gobiernos ocultaron y fueron revelados por la prensa, abarcando el año 1946 a la administración de Richard Nixon, para manipular la gran pérdida de vidas humanas en los conflictos contra Corea y Vietnam, sucesivamente, y que siempre supieron iban a perder.

Días después la policía reportó un asalto a la sede del partido Demócrata en el edificio Watergate, dando pie a una pesquisa de fuente policial con fino olfato periodístico de los reporteros del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, que condujo al despacho del presidente Nixon y a su renuncia.

El manejo de su fuente de información, Garganta Profunda, cuyo nombre trascendió tras 36 años de anonimato, Mark Felt, fallecido en 2008 a los 95 años de edad, fue quien suministró pistas decisivas en la labor de periodismo de investigación a cargo de Woodward y Bernstein.

Siento pasión por la escritura, por el buen periodismo, siempre ha sido mi ideal, que a la vez extraño en el ambiente después de casi 30 años de experiencia en el más bello de los oficios, como bien escribió el gran Gabriel García Marques.

Sin embargo, el sistema pretende hacer costumbre vivir y revivir repetidos escenarios de manipulación mediática vulgar y descarada en la cobertura de las protestas contra el régimen de Juan Hernández Alvarado, el domingo 27 de enero anterior.

Es evidente que la mayor parte de medios siguen una línea temática, que manipulan la intensidad de críticas y el enfoque con los que distorsionan lo que pasa en las calles; También es lamentable la «calidad» de cuestionamientos o preguntas a los entrevistados.

La experiencia de ese domingo en cuanto a la ética y calidad profesional de los medios de comunicación fue tan chocante por la cantidad de agresiones, saña, persecución, amenazas y otras violaciones de derechos humanos a manos de militares y policías, que penosamente se empecinaron en ocultar y con lo que prácticamente revivieron el cerco mediático del 28 de junio de 2009, día del infame golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya Rosales.

Ejemplos de periodismo, de separación de poderes del Estado y de visión trascendente como pueblo, sociedad y nación, son lamentables que para hablar de Honduras tengan que remontarse al brillante ejercicio profesional de Woodward y Bernstein y la gran prensa norteamericana.

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