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discurso de Gustavo Petro en la ONU

Análisis del discurso de Gustavo Petro en la ONU y preguntas

 

Por: Irma Becerra

Gustavo Petro inicia su discurso del 20 de septiembre de 2022, afirmando que viene de “un país de belleza ensangrentada” y que su “país no solo es bello, es también violento”. De hecho no existe ningún país ni pueblo violentos así que desde el inicio este discurso nos habla de una violencia por antonomasia que supuestamente caracterizaría a Colombia por la guerra intestina interna que la devora desde hace más de cincuenta años y que hace aparecer esta aseveración como naturalmente verdadera.

Seguido, el presidente Petro se pregunta: “¿Quién es el culpable de romper el encanto con el terror? ¿Quién o qué es el responsable de ahogar la vida en las decisiones rutinarias de la riqueza y del interés? ¿Quién nos lleva a la destrucción como nación y como pueblo?”. Su respuesta es que el responsable es el que persigue la destrucción de la planta amazónica de la coca, “planta sagrada de los incas”. Añade que la selva del Amazonas es destruida por los que no la quieren desde el norte, y así destruyen la selva sin darse cuenta que “el espacio de la coca y de los campesinos que la cultivan, porque no tienen nada más que cultivar, es demonizado”.

Pero, ¿por qué el presidente no nos explica la razón contundente por la que los campesinos colombianos no pueden cultivar otras plantas y abandonar para siempre el cultivo de la coca, una planta realmente diabólica que ocasiona la muerte en todas partes del mundo? ¿Cómo es que dichos campesinos no se dan cuenta del daño que ocasionan y el gobierno colombiano no prohíbe el cultivo de dicha planta si sabe perfectamente a dónde va a parar su producto refinado? ¿Obtiene acaso ganancias el gobierno colombiano también con dicho cultivo? ¿Es un producto de exportación? Creemos que Petro debe hablar no solamente de la guerra contra las drogas que viene del norte sino desde la corresponsabilidad con los gobiernos de toda América Latina para dejar de producir cocaína y plantar coca para que “los gringos se adormezcan más” con su consumo.

Encontramos su discurso escrito por un ex guerrillero del M-19 desde el odio a Estados Unidos y no desde el verdadero deseo de erradicar para siempre el problema de la adicción a las drogas en todas partes del planeta, como debe ser, desde un discurso no solo crítico sino también autocrítico que requiera un poquito de mayor inteligencia por parte de todos los involucrados.

Por eso, el presidente colombiano habla desde una posición de víctima de una opción preferencial como “nación pobre” que no puede sacudirse el yugo del norte y de Occidente: “Nosotros les servimos para excusar los vacíos y las soledades de su propia sociedad que la llevan a vivir en medio de las burbujas de las drogas. Les ocultamos sus problemas que se niegan a reformar. Mejor es declararle la guerra a la selva, a sus plantas, a sus gentes. Mientras dejan quemar las selvas, mientras hipócritas persiguen las plantas con venenos para ocultar los desastres de su propia sociedad, nos piden más y más carbón, más y más petróleo, para calmar la otra adicción: la del consumo, la del poder, la del dinero”.

Bueno, está bien la crítica a la sociedad industrial pero la sociedad latinoamericana no es precisamente mejor que su antagonista, y darle o arrogarle un fundamento social al cultivo de la coca no resuelve en nada el problema, por el contrario, legitima la intención encubierta de las élites colombianas por seguir cultivando un flagelo del espíritu por odio y venganza y porque no desean verdaderamente el bienestar de todos los pueblos del mundo, incluyendo el pueblo norteamericano. ¿Por qué el ex guerrillero no nos habla de las fuentes del narcotráfico con que la guerrilla también financia las armas de las que dispone para seguir operando en ese “pueblo violento”? ¿Por qué el presidente insiste en llamar al pueblo colombiano como violento para argumentar la existencia del cultivo de la coca?

Luego, seguido, encontramos el siguiente párrafo: “¿Qué es más venenoso para la humanidad, la cocaína, el carbón o el petróleo? El dictamen del poder ha ordenado que la cocaína es el veneno y debe ser perseguida, así ella solo cause mínimas muertes por sobredosis, y más por las mezclas que provoca su clandestinidad dictaminada, pero, en cambio, el carbón y el petróleo deben ser protegidos, así su uso pueda extinguir a toda la humanidad. Estas son las cosas del poder mundial, cosas de la injusticia, cosas de la irracionalidad, porque el poder mundial se ha vuelto irracional”.

Pero, señor presidente Petro, ¿acaso no es también una gran irracionalidad abogar por la drogadicción mundial? ¿Acaso no es igualmente irracional la guerra interna entre los colombianos que dura tantas décadas y de la que usted mismo es un resultado? Sentimos que no está hablando un amigo, verdaderamente interesado en el bienestar de la sociedad industrial, sino alguien que confronta a un enemigo: es el discurso de un enemigo no solamente de Occidente sino de toda la Humanidad porque no viene desde la humildad compartida sino desde la soberbia que ve solamente una responsabilidad unilateral en torno al problema de las drogas y el narcotráfico.

De ahí que encontremos en el discurso párrafos enteros acerca de que la sociedad industrial achaca sus problemas de soledad y tristeza al cultivo de la coca sin observar igualmente que la selva también posee sus lados oscuros e irracionales: “Ven en la exuberancia de la selva, en su vitalidad, lo lujurioso, lo pecaminoso, el origen culpable de la tristeza de sus sociedades, imbuidas en la compulsión ilimitada del tener y del consumir.

Cómo ocultar la soledad del corazón, su sequedad en medio de sociedades sin afectos, competitivas hasta encarcelar el alma en la soledad, sino es achacando la culpa a la planta, al hombre que la cultiva, a los secretos libertarios de la selva. Según el poder irracional del mundo la culpa no es del mercado que recorta la existencia, la culpa es de la selva y de quienes la habitan”. Son éstas, como vemos, críticas y argumentos unilaterales, ya que si vamos a hablar de lo lujurioso y lo pecaminoso, ¿por qué el ex guerrillero no nos habla del papel de las mujeres en la guerrilla? ¿Del hecho de que las mujeres son obligadas a abortar y a servir de concubinas a los guerrilleros?

Si “la culpable de la adicción a las drogas no es la selva, es la irracionalidad de su poder mundial” entonces habrá que ver y que buscar en dónde esa irracionalidad también se comparte alegremente en nuestro medio selvático: ¿Quién se alegra de esa irracionalidad sin combatirla como debe ser? Acaso no hablase ya el escritor colombiano, Gabriel García Márquez, de los “Cien años de Soledad”?

En algo tiene razón Petro: “La guerra nos sirvió de excusa para no tomar medidas necesarias” pero a todos los bandos involucrados, y no solamente a los norteamericanos. Por eso, de la misma forma en que Petro se dirige a los países industriales de la OTAN, productores de la guerra y del desastre climático, debería dirigirse a la guerrilla colombiana que tanto daño ha provocado en su país y a la que es preciso desmovilizar para siempre y cuánto antes.

Finalmente, señala que “desde las tierras de la selva y la belleza. Allí donde decidieron hacer de una planta selvática amazónica un enemigo, extraditar y encarcelar a sus cultivadores, les invito a detener la guerra, y a detener el desastre climático […] No nos presionen para alinderarnos en los campos de la guerra. Es la hora de la PAZ. Que los pueblos eslavos hablen entre sí, que lo hagan los pueblos del mundo. La guerra es solo una trampa que acerca el fin de los tiempos en la gran orgía de la irracionalidad”. ¿La orgía de quién? Toda orgía es irracional y debe eliminarse como práctica. ¿Quiénes son los verdaderamente interesados en actuar y no solo hablar dejando atrás para siempre la violencia y desde el diálogo verdaderamente relacional? ¿Cómo saber si este discurso es sincero si es solamente unilateral y desautoriza de antemano y desde el inicio toda intención de paz porque parte del “hecho” de que el pueblo colombiano es violento? ¿A dónde nos sigue conduciendo la visión desde la unilateralidad y la violencia en la política internacional?

Como dijo Marco Aurelio: “La mejor venganza es ser diferente y no asemejarse a quien causó el daño”, pero vemos que aquí no hay mayor diferencia entre el que critica con el que es criticado. Por eso, recordemos que “no vayas por el camino esparciendo espinas, no sea que te toque regresar descalzo”.

*Irma Becerra es Licenciada en Filosofía por la Universidad Humboldt de Berlín y Doctora en Filosofía por la Westfälische Wilhelms Universität de Münster, Alemania. Es escritora, catedrática universitaria y conferencista. Ha escrito numerosos libros y ensayos sobre temas de política, filosofía y sociología.

Irma Becerra Columnista_Autor
Columnista

Escritora y filósofa hondureña. Doctorada en filosofía por la Universidad de Münster, Alemania. Es directora de la Editorial Batkún, fundada por su padre, el escritor e historiador hondureño Longino Becerra. Su mas reciente libro “En defensa sublime de la mujer”

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3 comentarios

  1. Uyy este analisis esta carente de raciocinio, esperaba neutralidad pero este claramente fue escrito por la derecha, no ínsita a persuasión solo critica el discurso, ne muy chafa

  2. Muy buen analisis, a fin de cuentas, «el campesino y el gobierno», como en todos los paises, apuestan a por la ganancia no solo la simple, sino la mas lucrativa, y esto es lo que oculta el discurso de Petro.
    Oculta muchos otros problemas de Colombia (Ver la película «TRADE» https://youtu.be/efYPwG_fE1A).

    Mezclar tradiciones culturales con politica, agregando que la «cocaina» no es un producto cultural, sino solo la hoja de coca, pues como bien han analizado ya otros investigadores, para producir COCA se usa: acido sulfurico, kerosen y otros productos quimicos, que los indigenas no tienen ni idea en su version cultural, por tanto mejor no meterse en ello.

    La cuestion es la responsabilidad politica del ente gobernante en todo este asunto y la ganancia obtenida de ello, legal (impuestos) o ilegal (sobornos).

    En nuestro pais, no han llegado los gringos a fomentar la siembra de coca o mariguana. Es un negocio muy rentable, hay que correr riesgos: la demanda nacional e internacional en aumento, sea los USA o EUROPA.

    Otra cuestión muy importante es que la producción, trasiego de coca, conlleva el consumo interno.

    En nuestro paisa, sabemos quien consume y quien vende, desde las ciudades hasta los rincones mas apartados.

    En resumen demagogia populista, el discurso que destapa una olla y deja tapadas otras tantas que hieden igual o peor.

    Los militares, los paramilitares, los narcos y la injusticia a la que los grupos disidentes querían hacer frente con las armas, abrieron un ring de confrontación, una alerta nacional. La gran mayoría de población, pasivos eran espectadores o victimas de este espectáculo bochornoso.

    1. Este análisis es sesgado y no le da la oportunidad al lector de tener un análisis parcial y concreto.

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