Toque de queda a medias y la sobrevivencia de los capitalinos

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Pese al toque de queda los capitalinos se siguen movilizando a los mercados en busca de alimentos.

Fotos y texto: Fernando Destéphen 

redaccion@criterio.hn

Tegucigalpa.-Día nueve de la cuarentena en Honduras. Las calles no son tan ruidosas, apenas el canto de los pájaros se dejó escuchar por la mañana. Afuera la vida es otra, no es un apocalipsis zombie, como la serie televisiva The Walking Dead, pero pareciera.

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El Covid-19 ha contagiado a 415,876 personas a nivel mundial, ha matado a 18,574, pero se han recuperado 107,811.

Los países más afectados son: China con 81,591 casos positivos, Italia con 69,176, Estados Unidos con 52,145, España con 39,676, Alemania con 32,781, Irán con 24,811 y Francia con 22,616.

En Honduras los contagios al cierre de esta nota eran 30, pero según las autoridades podría haber miles de casos. Las pruebas se van haciendo a cuentas gotas mientras un débil y colapsado sistema sanitario se apresta para enfrentar “lo peor”, según los presagios del propio gobierno.

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Un policía prefiere hablar por su teléfono móvil que requerir a una mejer que va por una calle en Comayagüela.

 

Policías y militares en las calles, retenes, gente comprando medicinas, pollo frito, frutas, verduras o lo que se encuentre. Honduras suma su noveno día de cuarentena y toque de queda, el que se cumple a medias porque hay movimiento.

Un grupo de conductores de buses y ayudantes protestó en la rotonda frente al mall Premier en las cercanías a la colonia La Laguna en Comayagüela.  ¿Qué piden, trabajar o que el gobierno les subsidie estos días que no han trabajado?, les preguntamos. Uno de ellos—quien prefirió el anonimato— respondió que demandaban 3 mil lempiras (unos $ 121) para poder comprar alimentos para sus familias.

Más abajo, Víctor Aguilar, dirigente de la Asociación de Taxistas de Honduras (Ataxish)—con una mascarilla quirúrgica de tela blanca de la que se escapaban sus mejillas—estaba siendo entrevistado por los periodistas. Explicaba que estaban haciendo un listado para pedir al gobierno raciones alimenticias para cubrir las necesidades de sus familias durante un mes.

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Los taxistas quieren que se les incluya en la ayuda alimentaria que ha anunciado el gobierno para 800 mil familias a nivel nacional.

Como en Honduras todo se mueve por medio de favores políticos, los taxistas han buscado la mediación de políticos del gobernante Partido Nacional y que dirigen el Instituto Hondureño de Transporte Terrestre. Los minutos pasaban y Aguilar manejaba el mismo discurso ante los medios de comunicación que lo abordaban de manera individual, tal vez cambiaba uno o dos sinónimos, dependiendo del medio y del periodista, pero siempre decía lo mismo.

El paliativo no sólo es para los conductores de taxis afiliados a la Ataxish. Aguilar explicó que es una acción incluyente para todo el rubro de taxi porque “esto no es de color político” dijo.

Más abajo, el comercio informal desalojado ayer por la policía en el marcado Zonal Belén se acomodó en la calle, siempre del lado del mercado y ofreciendo a los compradores mangos, sandias, mascarillas. El mercado no cerró, se salió a la calle, pese a la presencia de policías, militares, vallas, y supuestos bloqueos, que al final no pudieron impedir las ventas callejeras.

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Los comerciantes del mercado Zonal Belén se salieron a las calles a vender sus productos.

Los uniformados se limitaron a detener vehículos, amparados en el Estado de excepción que entró en vigor desde el 16 de marzo. Mientras los policías procedían a implementar las sanciones, la gente exponía sus razones del por qué estaban incumpliendo el toque de queda.

Unos caminaban hacia arriba, otros hacia abajo. Todos se concentraron en el bulevar Santa Fe. Algunos cargaban comida, otros llevaban en sus espaldas sacos con bultos redondos y los menos afortunados deambulaban con las manos vacías, lamentando no tener dinero para poder comprar.

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Estos indigentes buscan entre la basura algo que les sirva y encontraron un rollo de cable eléctrico.

En otro extremo estaban los indigentes, quienes, a raíz del Estado de excepción ya ni comida encuentran en los barriles y contenedores que se encuentran en el polvoriento y sucio bulevar. Así se vivía el noveno día de la cuarentena en la capital hondureña, mientras pobladores del barrio El Chile de Comayagüela y de la aldea La Cuesta, Distrito Central, sonaban sus cacerolas exigiendo alimentos al gobierno para saciar su hambre.

El gobierno anunció el lunes la entrega de alimentos a 800 mil familias a nivel nacional, para cubrir las necesidades durante un mes. La ayuda es parte del denominado “Plan Honduras solidaria para enfrentar el coronavirus”.

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