Reflexiones sobre la pandemia (12)

 Por: Rodil Rivera Rodil

La primera etapa de la reapertura de la economía solo duró una semana. Parece que no resultó tan “inteligente” como la calificó el gobierno, quien explicó que la suspensión se debió al gran aumento de los contagios. De lo cual no nos cabe duda alguna. Pero tampoco de que manipula las estadísticas de muertos y contagiados a su antojo. El sábado 20 de junio, para el caso, Sinager reportó un total acumulado de 357 muertos. Y a los dos días diario El Heraldo se encargó de desmentir la información:

Las funerarias de Honduras reportaron que hasta la noche del sábado 20 de junio habían realizado 883 entierros bajo el protocolo Covid-19, una cantidad que representa más del doble que la cifra oficial (357) de fallecidos por la enfermedad que el gobierno había comunicado hasta la misma fecha, según conoció la Unidad de Datos de El Heraldo”.

Una simple extrapolación de las cifras anteriores indicaría que la cantidad real de contaminados podría fácilmente ascender a cerca de 30.000 personas. Muy cerca de lo que los expertos habían anticipado para esta fecha. Pero el gobierno no solo nos toma el pelo con estos datos, sino también con los que se refieren a la capacidad sanitaria que realmente tenemos y al abastecimiento de los insumos que se requieren. Y en general, con todo lo que tiene que ver con la pandemia, incluyendo la descomunal corrupción que está saliendo a la luz.

De otro lado, simplemente, no entiendo cómo la famosa mesa intersectorial, o quién haya sido, pudo hacer análisis con la información de Sinager que, tal y como el gobierno mismo ha reconocido, tienen un retraso de dos o tres semanas. Lo que significa que el incremento del contagio se habría producido desde mucho antes. ¿Por qué, entonces, aprobaron la apertura si era casi seguro que muy rápidamente tendrían que suspenderla? Por lo visto, no pueden hacer nada transparente.     

Y qué decir del último escándalo con la compra de hospitales móviles. Creo que todos pensamos que, por fin, el gobernante tomaría medidas contra los que se están robando los recursos de la pandemia. Pero no ha sido así. Lo que ha hecho, más bien, es ordenar que se los defienda. Y en lugar de los más de noventa hospitales que él mismo prometió entregar en tiempo récord, lo que estamos viendo es otra piñata con casi cincuenta millones de dólares.

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Lo mismo pasa con todo lo que nos cuenta don Juan Orlando y sus funcionarios sobre lo que va ocurriendo con la pandemia, pues a continuación es refutado por los médicos, enfermeras y personal auxiliar de los centros de salud. El lunes, por ejemplo, varios militares y policías aparecieron en un noticiero de televisión culpando a la ciudadanía de la cancelación de la apertura por no haber respetado las medidas de prevención. Y a los dos minutos el mismo canal pasó vídeos de calles y avenidas sin ninguna vigilancia ni control. Lo que confirma la percepción de la población de que el país ya está cayendo en el caos.

Y si algo faltaba para confirmar la pérdida total de la credibilidad del presidente Hernández era que contrajera el coronavirus y nadie le creyera. Ni sus propios correligionarios. Ni siquiera su mentor, el expresidente Lobo, a quien debe su carrera política. Con la gran cantidad de versiones que circulan en las redes sociales sobre su hospitalización, ya hay material para varios libros.

Y por si no bastara, el mismo día de su internamiento, el canciller Rosales dio una conferencia de prensa, en la que hizo saber a los periodistas que su jefe estaba siendo bien atendido por un equipo de médicos internistas, cardiólogos, neumólogos, epidemiólogos y no recuerdo cuantos otros especialistas más. Y, a renglón seguido, con increíble ingenuidad, agregó: “Está recibiendo el tratamiento que todo hondureño se merece”.

Dudo mucho que el ministro Rosales se haya percatado de la magnitud de lo que dijo. Porque en su candoroso comentario se encierran las causas fundamentales del drama que estamos viviendo, cuales son, el desmantelamiento de la salud pública y la terrible desigualdad que nos ha dejado el modelo neoliberal que tenemos, pero que con la pandemia está alcanzado niveles nunca vistos.

En efecto, como era de esperarse y ha sucedido en todo el mundo, el coronavirus, que empezó afectando a un estrato social de ciertos recursos, ahora se está propagando masivamente entre los hondureños menos favorecidos. Es decir, entre los que viven en hacinamiento, sin recursos para observar la cuarentena y, mucho menos, para pagar medicinas. Y nunca ¡y cómo! para sufragar la atención de lujo que recibe don Juan Orlando.   

El mandatario se ha quejado de que se le critica mucho. No creo que pueda comprender a cabalidad el fracaso de su gestión y la pérdida de su autoridad moral y constitucional. Su mentalidad mesiánica, ultraconservadora y militarista no se lo permite. Y es probable que, a pesar de la lección que le está dando la epidemia, siga privatizando a diestra y siniestra, confiriendo atribuciones ilegales a las Fuerzas Armadas y endeudando al país hasta la coronilla. Más todavía, ¡Hasta para pagar a los empleados públicos! 

Por ello, don Juan Orlando, no tenemos más alternativa que perseverar en combatirlo. Usted mismo decidió asumir la principal responsabilidad al arrogarse todos los poderes del Estado. No debe, pues, quejarse. Y confiamos en que el desastre ocasionado por su pésimo manejo de la crisis contribuya a que nuestros compatriotas cobren conciencia de que es indispensable que salga del poder para emprender los cambios que exige la nación. Una buena parte de los cuales será, precisamente, para revertir casi todo lo que ha hecho, comenzando por el nuevo Código Penal, cuya aprobación es, en si misma, uno de los mayores delitos de corrupción cometido por su gobierno.

 

Tegucigalpa, 26 de junio de 2020.

Un comentario en “Reflexiones sobre la pandemia (12)

  • el junio 27, 2020 a las 5:49 pm
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    CIFRAS NO CREÍBLES Y CORRUPCIÓN PERRA.
    Increíble este señor teniendo los poderes del estado a sus pies perdió la oportunidad de hacer bellezas para el pais, en todos los aspectos.

    Respuesta

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