Reflexiones incómodas sobre el Covid-19, no aptas para ingenuos

 

7ª PARTE: ¿CAMINO A UN NUEVO ORDEN O A UN NUEVO DESORDEN MUNDIAL?

Por: Tomas Andino Mencía

JUGANDO CON PELOTA ADELANTADA ENTRE LA CRISIS Y LA PANDEMIA

De lo dicho se deduce que en esta crisis los jugadores que mejor han logrado adaptarse y aprovechar la situación han sido: las industrias farmacéuticas y tecnológicas, en representación del bando globalista; y las burguesías de China y Rusia del bando industrialista oriental ven en esta una gran oportunidad de dar un gran salto adelante. Trump golpeado políticamente, se ha quedado rezagado, cociéndose en su propio caldo con sus 100,000 muertos, junto al liderazgo industrialista conservador británico y brasileño que van por el mismo camino. No parece entender por dónde va el juego y por lo que se ve cometerá muchos errores. Con suerte, Trump tal vez sobreviva a las elecciones de noviembre de 2020.

Como vimos en la sección anterior, el bando globalista occidental tiene como fortaleza que las trasnacionales actúan más unificadamente a nivel global en defensa de sus intereses, pues no tienen que pasar por los acuerdos de gobiernos. Pero tienen una gran limitación; no tienen el gobierno en la potencia decisiva, Estados Unidos. En tal sentido, la facción globalista necesita recuperar el poder en la nación capitalista más poderosa de la tierra para intentar cohesionarse y recuperar el control de la situación mundial. Por eso es clave para esta facción burguesa destronar a Trump en el próximo proceso electoral de noviembre de 2020. Mientras no lo haga este puede neutralizar sus movimientos como ocurre por ejemplo, en la disputa por el control de la Reserva Federal y de la Corte Suprema en ese país.

A diferencia de occidente, en oriente el industrialismo tiene dos liderazgos burgueses fuertes, Xi Jing Ping y Putin, a la cabeza de dos potencias, una económica y otra militar, quienes en la actualidad tienen la iniciativa económica y política, con lazos de cooperación crecientes, incluso han logrado sacar a flote sus respectivas economías en esta situación.

China va aún más adelante. Tras recuperarse ha dado pasos muy osados como los siguientes

  • En una jugada maestra, arraso comprando la mayor parte de las acciones de las transnacionales instaladas en su territorio, las cuales fueron vendidas a precios de “gallo muerto” por el pánico de las transnacionales.
  • Ha reestructurado parte de su potencial industrial orientándolo a fabricar ventiladores mecánicos, medicamentos e insumos medicos para aprovechar la demanda mundial.
  • Se posiciono en el mundo financiero lanzando el Yuan digital como criptomoneda para evadir la utilización del dólar y aprovechar la falta de confianza del mundo en el futuro de este.
  • Apuesta también a arruinarle la fiesta a la burguesía farmacéutica norteamericana (Gates) y europea ofreciendo que pondrá la patente de la vacuna que China produzca, a disposición gratuita de todo el mundo.
  • Propone la fundación de una nuevo “FMI” con su propio radio de influencia, que no sería poco, dada la amplitud del crédito chino por todo el mundo.

Por su parte, el globalismo tiene una carta fuerte en el lobby que hacen Bill Gates y George Soros, aunque sin detentar el poder gubernamental en un pais poderoso, pero con influencia decisiva en muchos otros gobiernos, corporaciones multinacionales y organismos internacionales.

Gates se ha preparado para una situación como esta desde por lo menos 2012. Junto a George Soros vienen trabajando en esta estrategia basados en los estudios de centros de investigación de virus de primer nivel, como el Center for Health Security Johns Hopkins, el Instituto de Investigación de Enfermedades Infecciosas (Fort Detrick en Carolina del Norte), ambos en Estados Unidos; el Imperial College del Reino Unido y el Centro Louis Pasteur de Francia.

También es evidente que tuvo el olfato para ver la utilidad de las pandemias para levantar la industria farmacéutica, a través del negocio de las vacunas, y globalmente reorganizar al capitalismo sobre nuevas bases, para lo cual construye modelos predictivos de pandemias a partir de la gran crisis financiera de 2008, los que han sido sometido a ensayos en talleres internacionales Y adicionalmente ha patentado los hallazgos de sus laboratorios sobre virus potenciales. (1)

No es casual que antes de la pandemia se había posicionado como el segundo financista de la Organización Mundial de la Salud (OMS), siendo ahora el principal tras el retiro oficial del financiamiento de Estados Unidos, por cierto una torpe medida más de Trump. China le sigue los pasos desembolsando de su chequera unos cuantos millones para sostener a la OMS, pero aun está lejos de tener la misma influencia que aquel.

Pese a la pujanza de China y el poderío ruso, aun las potencias occidentales y sus instituciones internacionales, como Naciones Unidas, son más leales al lobby transnacional, es decir, al globalismo. Gates y Soros cuentan con el apoyo de la élite financiera global (Morgan, Rockefeller, Rothschild es decir, la élite del Club Blindenberg), las principales cadenas de televisión e Internet, y al interior de Estados Unidos de los gobernadores de la mayoría de los estados y del mismo comité de crisis dirigido por el Dr. Anthony Fauci.

El campo de batalla está servido.

UN “NUEVO DESORDEN” CAPITALISTA O UN NUEVO ORDEN DE LOS PUEBLOS

Ahora bien, ¿quién tiene más posibilidades de hacer imponer sus reglas del juego? Desde mi punto de vista, aun ninguno. La moneda está todavía en el aire y lo mas probable es que quede así por mucho tiempo antes de que uno de los dos logre hegemonizar al planeta. Y en ese camino la competencia promete ser feroz, aunque sea a costa del bienestar de la gente.

Ante la ofensiva oriental, las potencias de occidente se apresuran a hacer reaperturas de sus economías aunque no existan todavía las condiciones sanitarias óptimas para hacerlo, ya que las pandemias en algunos países siguen en el punto pico (como Estados Unidos, Reino Unido, Suecia, y otros) mientras que en otros la enfermedad ha logrado “aplanar la curva”, pero una reactivación mal hecha puede llevarlos de nuevo al foso de un rebrote. El problema es que les presiona la posibilidad de que la depresión económica que fue anunciada les encuentre paralizadas liando todavía con la enfermedad, y eso haga quebrar ramas enteras de sus industrias bancos y comercios frente a la feroz competencia que se ha desatado con oriente.

Lo anterior presenta un dilema ético político más que económico. ¿Qué es prioridad: la economía (entendida esta como las empresas capitalistas) o la salud de las personas?

Como lo decíamos en el ejemplo comparativo de la cooperativa y la empresa capitalista de la sección anterior, los centros de poder del capitalismo no tienen duda en definirse por la “economía”, solo que no dicen la economía de quien. La economía de la que hablan es la de los grandes bancos industrias y comercios, no la de las familias obreras o campesinas. Al hacer despidos masivos, violaciones a sus derechos laborales, etc., la burguesía demuestra que esta economía popular le importa un comino. En crisis como esta los burgueses solo le dejan dos opciones a sus trabajadores o el pueblo; morirse de hambre o de la enfermedad.

Al largo plazo, las distintas burguesías del mundo tienen claro que no podrán competir en esta feroz batalla empresarial si no reducen al mínimo posible los derechos de sus trabajadores. Por ejemplo, Trump y todas las potencias capitalistas occidentales tendrán que reducir el nivel de vida de su clase obreras en medio de la pandemia para poder competir con la industria china, la cual tiene una mano de obra baratísima. En China también estarán compelidos a hacer lo mismo para seguir manteniendo la ventaja. Países capitalistas atrasados como Honduras, para sobrevivir también se sumarán al carro de quienes querrán disminuir al máximo los derechos de la clase trabajadora, que en esta época será el sector social más agredido.

Esto augura entonces que habrá batallas de clase contra clase duras, en un contexto en el que ya había un ascenso social de masas en todo el mundo. Sumado esta lucha de clases a la competencia mencionada párrafos atrás, configura un escenario mundial en el que se producirá una encarnizada lucha por la sobrevivencia en medio de la Depresión que viene.

Dicho todo lo anterior, queda claro que ningún jugador del campo burgués está en condiciones de ganar por hoy. Aunque el globalismo recuperara el poder en Estados Unidos, eso no resolvería automáticamente la debilidad del imperio ni anula las macrotendencias que analizamos en la entrega anterior, que afectan al capitalismo en esta época de la historia.

Ni siquiera la burguesía china, el jugador que mejor juega, con toda su pujanza económica puede desplazar aun el papel predominante del imperio norteamericano, que se sustenta en la red de trasnacionales que aun dominan la producción, el comercio y las finanzas del mundo capitalista, por débil que este. Además, China aun no puede imponerse por dos razones; su prosperidad económica todavía sigue atada a la prosperidad del imperio norteamericano y de los imperialismos europeos, quienes son sus mejores clientes; y también porque le hace falta la potencia militar suficiente para desplazarlo. De hecho, en la historia un cambio de potencia hegemónica por otra nunca se ha hecho sin guerra, y como vimos, no existen aún condiciones para que esta sea posible.

Por lo dicho, no soy creyente de esa idea tan popular en las redes sociales difundida por autores conspiranoicos sobre la inminencia de un “Nuevo Orden Mundial”, una idea que viene de lobbies conservadores ligados a la nueva derecha norteamericana. El análisis geopolítico indica otra cosa; la correlación de fuerzas existente, tan diversa y contradictoria, como hemos visto, es tan zigzagueante, tan difusa, que no da la talla para que haya una sola fuerza burguesa que pueda dominar al resto y le imponga su orden de las cosas.

En lugar de un “Nuevo Orden” lo previsible es que en este periodo las fuerzas en disputa establecerán un “Nuevo Desorden Mundial”, es decir, un periodo de aguda confrontación, inestabilidad económica, social y política en la que lo viejo no ha muerto y lo nuevo no termina de nacer, tal como lo anuncio el gran analista Immanuel Wallerstein.

UNA NUEVA OPORTUNIDAD PARA EL INTERNACIONALISMO REVOLUCIONARIO

Esta es una buena noticia para los pueblos del mundo. Tenemos una oportunidad, de hacer nuestro propio orden, si lográramos unirnos alrededor de nuestros ideales para sepultar de una vez por todas el capitalismo salvaje, fuente de tanto sufrimiento para la humanidad.

Nunca como ahora desde hace un siglo, el enemigo había estado más débil que nunca. Y en muchas décadas es la primera vez en la historia que la realidad ha unificado a los pueblos alrededor de un desafío común: sacudirnos la opresión burguesa en todo el planeta. En otras palabras, llego una nueva época para el INTERNACIONALISMO REVOLUCIONARIO

Si no nos unimos para extirpar el mal del capitalismo depredador salvaje y extractivo, el mundo capitalista seguirá avanzando hacia el precipicio de una nueva Gran Depresión, hacia la debacle ecológica, hacia guerras privatizadas, hambrunas, desempleo masivo, violaciones a los derechos humanos masivas, el retorno de nuevas olas pandémicas, dictaduras corruptas y convulsión social.

Si no resolvemos esta tarea, la crisis no tiene más posibilidades que profundizarse. La tarea está en nuestras manos.

CITAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1.-Uno de estos talleres fue el patrocinado por la Fundación Rockefeller y la Global Bussines Network, que describieron un escenario muy similar al de la actual pandemia, en el ensayo: «Escenarios para el futuro de la tecnología y el desarrollo internacional» (2010), prevista en ese entonces para 2012, con un virus de la Influenza que acabaría con la vida de 8 millones de personas.(9). El segundo fue un taller de simulacro internacional el 18 de octubre de 2019 sobre el comportamiento de una pandemia de un coronavirus, conocido como “Evento 201”, operado por el Centro Johns Hopkins, con financiamiento de la Bill and Melinda Gates Foundation, realizado apenas un mes antes del brote en Wuhan. Por otro lado, Gates patento cierto tipo de la Coronavirus bobino (no el actual, como se especula) en julio 2015 en el Instituto Pirbright, una institución británica dedicada al estudio de virus veterinarios y al estudio de la interacción con seres humanos, como parte de una estrategia de sacar ganancia de las vacunas y medicamentos por venir.

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