Por: Efraín Bu Figueroa
La humanidad ha sido azotada a través de los siglos por numerosas epidemias y pandemias. De las más comentadas en la historia ha sido la epidemia de peste negra en el siglo XIV (1347-1353) que terminó con el 25% de la población europea de aquella época.
Allí surgió el termino cuarentena, que consistía en aislar por cuarenta días, en sitios apartados a personas que procedieran de regiones donde se estaban dando casos de la muerte negra. En tiempos modernos cuarentena se convirtió en un término genérico para designar los días en que una persona estará aislada durante el periodo de incubación de una enfermedad infectocontagiosa.
La pandemia más devastadora que ha tenido la humanidad ocurrió en 1918 cuando el virus de la «Influenza A» acabó con 50 millones de personas alrededor del mundo. Hoy, más de cien años después de aquella “gripe española” la humanidad se ve enfrentada a un nuevo virus letal, nunca conocido; el SARS-CoV-2 que produce la enfermedad denominada COVID19 y que a la fecha según la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha producido 2,074, 529 casos con 139,378 muertes, involucrando más de 190 países alrededor del planeta.
En Honduras según cifras oficiales se han producido 442 casos con 41 muertes desde que se detectó el primer caso el 11 de marzo, lo que llevo al gobierno a instalar tempranamente medidas de contención, mitigación cuarentena y aislamiento. En la actualidad el país se encuentra en fase IV de la epidemia, aunque algunos departamentos estarían en fase I, II, y III.
El Departamento de Cortes se ha convertido en el epicentro de la epidemia en Honduras. Múltiples proyecciones de distintas instituciones y grupos han surgido a la publicidad y agencias como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) hablan de un pico máximo de casos en mayo en tanto la UNAH lo ubica en Junio; otros investigadores epidemiólogos plantean ese pico para dentro de 7 meses si solo lográramos disminuir la transmisión en un 30%.
Lo objetivo es que el número de casos aumenta día a día, independiente de las cifras equivocas que brinda el Sistema Nacional de Gestión de Riesgos (SINAGER), producto de la escasez de pruebas moleculares, la ineficacia y el excesivo centralismo del laboratorio de virología de la Secretaría de Salud (SESAL).
La pandemia en todo el mundo, y particularmente en países pobres como Honduras, ha puesto en evidencia los estragos que las políticas neoliberales, han causado en los sistemas de salud, con los recortes presupuestarios, privatizaciones y que en nuestro país ha destacado además por su incompetencia, inequidad, carencia de liderazgo técnico-administrativo y nula confianza. La SESAL, que de acuerdo con nuestra Constitución es el ente Rector de la Salud en Honduras, ha tenido un papel mediocre en la crisis, vergonzosamente desplazada por el SINAGER, entidad esta última, que a todas luces no entiende la sustancia del problema.
La mencionada incompetencia de la SESAL y el SINAGER, ha tenido consecuencia directa en los trabajadores de la salud, quienes debido a la escasez o carencia de insumos médicos y equipo de protección personal han comenzado a infectarse y enfermar, algunos de gravedad y ya se reportan dos médicos fallecidos.
La caída de la actividad económica del país ha comenzado a pasarle la factura a la población hondureña, sobre todo a los pobres – el 70% de los hondureños – quienes has comenzado a salir a protestar por hambre y por la lentitud y politización de los suministros de víveres, la cancelación de centenares de empleos, el acaparamiento y encarecimiento de los productos básicos. El pueblo ya exige regresar al trabajo.
El gobierno ha sido incapaz de formular y lanzar a la consideración de los sectores productivos nacionales, un plan donde equilibre la protección a la salud de los hondureños con la sostenibilidad de la economía del país. Políticos vernáculos, de trayectorias opacas están manejando la comisaria y vocería de la epidemia, hablando disparates y medias verdades, sin dejar de lado que las fuerzas de la corrupción enquistadas en el régimen, ahora sin la MACCIH, se han fortalecido y no desaprovechan el momento para seguir haciendo de las suyas con creces y cinismo, caso de COPECO y posiblemente otras que aún no sabemos.
La epidemia le ha resultado el mejor escenario al mandatario actual para recuperar imagen perdida, en un necio protagonismo de tediosas y aburridas cadenas que no abonan nada a la estrategia para el control de la epidemia ni al resurgimiento de la actividad económica. La falta de visión y entendimiento de la magnitud del problema tiene a la administración del país dando “palos de ciego”, en un laberinto de confusiones que parecen perpetuar la peste y la cuarentena.