Pesca artesanal del sur de Honduras amenazada por el cambio climático

En el 2019 los bivalvos desaparecieron de las aguas, manglares y humedales de la zona del Golfo de Fonseca

Hipótesis de expertos en medio ambiente atribuyen la problemática a los efectos del cambio climático y a la instalación de proyectos extractivos y a la agroindustria.

 

 

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El sector conocido como la Isla de Cuba, en San Lorenzo, está habitado en su mayoría por pescadores. Aquí se evidencia los altos niveles de pobreza que hay en este sector del Pacífico de Honduras.

Texto: Signy Fiallos

Edición: Emy Padilla

Fotografías: Jorge Burgos y Emy Padilla

Gráfico: Guillermo Burgos

San Lorenzo, Valle. –Reconocida por su rica sopa marinera y por los apetecidos platillos de camarón, esta ciudad de encanto en el Pacífico hondureño muestra un bello rostro a nacionales y extranjeros que llegan a hacer turismo, pero al adentrarse se descubre una dura realidad que golpea sin piedad a decenas de hombres y algunas mujeres que se dedican a la pesca artesanal.

San Lorenzo es una ciudad- puerto catalogada como la capital turística del sur de Honduras, ubicada a 110 kilómetros de Tegucigalpa, con un desarrollo turístico y una agroindustria en auge, con bellos atardeceres y muchas atracciones, pero que también contrasta con la pobreza de su población por la falta de fuentes de trabajo.

Muchos de sus habitantes se dedican a la pesca artesanal y a la extracción de bivalvos, una especie de moluscos con caparazón con dos válvulas laterales, que se cierran por acción de uno o dos músculos aductores. En los últimos años estas especies, entre las que se encuentran los curiles, almejas, churrias, ostras, ostiones y cascos de burro, han sufrido un fuerte descenso por la contaminación y la destrucción de los manglares.

Muy cerca del muelle, en un sector conocido como la Isla de Cuba se evidencia la pobreza de la zona. Pequeñas casas de ladrillo y otras de madera, con estrechos pasos que terminan en quineles en donde los pescadores colocan sus lanchas de motor fuera de borda y esperan cada amanecer para comenzar su faena.

A lo lejos se divisa a un grupo de pescadores, con sus rostros curtidos por el sol, que recientemente regresaron del mar y disfrutan a la orilla jugando y bebiendo aguardiente. Cuando les preguntamos cómo les fue con la pesca, uno de ellos, quien se identificó como Tonis Mauricio Funes Alvarado (42), manifestó que no muy bien debido a la disminución en la producción de los peces y los bivalvos, hecho que, según su relato se viene registrando desde hace varios meses.

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Tonis Funes muestra la ruta que a diario realiza en el Golfo de Fonseca para pescar.

Con un lenguaje coloquial explicó que entre los pescadores se contaba que hace más de un año un barco se dio vuelta y se produjo un derrame de combustible que contaminó las aguas, lo que habría provocado la muerte de los curiles, cascos de burro, churrias, ostras y almejas, los que ellos sacan y son comercializados por los dueños de las lanchas.

Este pescador, quien tiene 32 años de ejercer su oficio, trabaja para otra persona porque él no tiene la dicha de tener su propia lancha y motor. Sus ingresos dependen del volumen de la pesca, es decir, si no logra pescar no gana nada.

Tonis contó que con lo poco que saca del mar mantiene una familia de tres hijos en edad escolar y sostiene que hay días buenos y otros tan malos que sólo incrementan sus deudas.

“La vida de un pescador es triste, más en el invierno, porque uno anda bajo la lluvia, hay truenos y uno no puede pescar; cuando me va muy bien gano 200 a 250 lempiras, según lo que uno saque, si saco 50 libras me dan doscientos lempiras, pero si el Señor me bendice y saco 70 libras, ya me quedan 250 lempiras”, relató.

En otro sector cercano al muelle, entre gritos y algarabía de sus compañeros, y cuando eran las 7:30 de la mañana, llegó “El Rey del Bagre”. Cruz Aníbal Baca (50) y su hijo Lester Samael Baca (8) llegaron después de 21 horas de faena con muy poco producto en su embarcación y con sus caras cargadas de cansancio luego de medio dormir a decenas de millas náuticas.

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Este niño es hijo de Cruz Aníbal Baca, «El Rey del Bagre», quien por la pobreza que se vive en su hogar tiene que acompañar a su padre en la pesca. Durante el 2020 desertó de la escuela porque, con la nueva modalidad virtual a consecuencia de la pandemia, no tiene acceso a internet. Este año probablemente su historia se repita.

A pesar de su desdicha este pescador contó entre sonrisas que le dicen el “Rey del Bagre” porque hace 15 años sacó 325 libras de bagre, récord que ni el mismo ha logrado superar, y así se ganó su apodo.  Cruz Aníbal relató que es pescador desde los ocho años, tiene seis hijos y aseguró que, aunque la pesca no es muy buena es la única fuente de ingresos con la que mantiene las demandas básicas de la casa.

“Mire no traigo ni 30 libras de pescado, pero así es este trabajo a veces se come y otras veces no, por eso le pedimos a las autoridades que, si pueden ayudarnos que nos ayuden a todos los pescadores, porque aquí dicen que han venido las ayudas, pero a los pescadores no nos llega nada, a nosotros nos gustaría que nos ayudaran con lanchas y motores para trabajar lo propio”, manifestó.

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La plantas camaroneras han ganado terrero en los últimos años en San Lorenzo, pero no todos tienen la suerte de conseguir un empleo.

LA MUERTE DE LOS BIVALVOS

El histórico estancamiento económico de la zona sur, aunado al impacto de la pandemia de la Covid-19 y el creciente número de pescadores, ante la falta de empleos permanentes, es otra de las razones para que la pesca se haya convertido en una actividad poco atractiva.

La pesca artesanal en Honduras ha tenido su escenario en la costa del Pacífico, en la zona del Golfo de Fonseca, específicamente en los departamentos de Choluteca y Valle, donde hay más de 16 mil familias dedicadas a esta actividad, según las estimaciones del Comité para la Defensa y Desarrollo de la Flora y Fauna del Golfo de Fonseca (Coddeffagolf).

El coordinador del Componente Económico de Desarrollo Local del Coddeffagolf, Ely Gutiérrez, cree además que la pesca se ha visto afectada en la zona, además de la extracción masiva, a la alta contaminación generada por la agroindustria en general que, a su juicio, ha causado un daño drástico en los sitios de reproducción.

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Ely Gutiérrez de Coddeffagolf dice que esa institución está realizando trabajo de concienciación en la población infantil para evitar la contaminación de la costa del Pacífico de Honduras.

En Valle y Choluteca hay varias empresas agroindustriales dedicadas a la producción, cultivo y exportación de camarón, melones, sandías, caña de azúcar y hortalizas

“Es crítica la situación, en realidad hay múltiples factores que están afectando los medios de vida de la población, uno de ellos es el fenómeno de la muerte de los bivalvos que en este caso se produjo desde el 2019 y no ha habido respuesta de las autoridades sobre qué fue lo que pasó, qué generó este fenómeno de la muerte de los bivalvos”, manifestó Ely.

La situación a la que hace referencia Ely es un fenómeno que hasta el momento no se ha podido descifrar porque el gobierno no ha realizado un estudio que establezca las razones que podrían estar relacionadas a la contaminación y a los efectos del cambio climático, según algunas apreciaciones.

Aproximadamente hay entre cinco a seis mil familias que se dedican a la extracción de curiles, almejas, cascos de burro, ostras, churrias y otro tipo de bivalvos en el Golfo de Fonseca, quienes fueron directamente afectadas por este fenómeno.

Para la investigación de este fenómeno se formó una comisión interinstitucional integrada por la Dirección General de Pesca y Acuicultura (Digepesca) dependiente de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), Coddeffagolf y líderes comunitarios, pero aún se sigue esperando los resultados científicos, que permitan emprender estrategias a mediano y largo plazo.

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Juan Matute confecciona, en una calle de San Lorenzo, un trasmallo para pescar y ganarse la vida.

Para el experto en cambio climático, Luis Beltrán, la muerte de los bivalvos puede tener varias explicaciones, ya que la región sur ha sido altamente afectada en los últimos años por el cambio climático, la degradación de los humedales y por la instalación de proyectos extractivos, relacionados a la minería y la agroindustria.

Beltrán dice que los bivalvos son especies altamente susceptibles a cualquier contaminante, por lo que no descarta la presencia de contaminantes y neurotóxicos, como resultado de las actividades de la agroindustria. “Cuando se hace uso irracional de productos agroquímicos en un río, cuando llueve, todo eso lo arrastra hacia la parte baja y las especies de bivalvos viven en la parte baja, en la parte de los humedales”.

“Este podría ser un enfoque interesante porque recuerde que si nosotros dragamos o hacemos una excavación en alguno de los humedales—los humedales son como el colchón del manto acuífero que conserva el agua en la parte baja—por lo tanto, desde el momento que dragamos estamos disminuyendo esa cantidad de agua de ese ecosistema cambiando por completo su ecología, provocando que todas las especies que interactúan en ese ecosistema se vean afectadas”, acotó el experto, quien agregó que esta es una hipótesis porque para estar seguro habría que realizar un estudio en la zona sobre el particular.

Otro de los puntos de vista del experto es que la zona sur se encuentra en el corredor seco, una de las áreas del país que presenta menos precipitaciones pluviales durante el año, lo que provoca un escenario catastrófico para los humedales que son vitales para la vida marina, terrestre y acuática.

Honduras es considerado como el segundo país más vulnerable del mundo ante el calentamiento global, según un informe de 2019 de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR) debido, entre otras cosas, a que se ubica en plena zona tropical de huracanes.

 

Pese a trabajar hasta 24 horas continuas a bordo de una lancha, a varias millas náuticas, los pescadores de la zona sur de Honduras no ganan ni el salario mínimo mensual.

SITUACIÓN DE LA PESCA ARTESANAL

A inicios del milenio la práctica de la pesca artesanal de la costa del Pacífico se atribuía a 11,700 pescadores, pero actualmente, según los cálculos de Coddeffagolf esa cifra se incrementó a 16,000. Estos pescadores viven en diferentes comunidades ubicadas a lo largo del litoral y en las principales islas, siendo las más representativas, San Carlos (Bahía de Chismuyo) y Guapinol en el municipio de Marcovia, Choluteca.

La mayoría de las embarcaciones están construidas de fibra de vidrio o aluminio, y la mayor parte son movidas por motores fuera de borda que tienen entre 15 y 25 caballos de fuerza y su costo se estima entre 120 mil y 150 mil lempiras (US$ 4,900 y US$ 6,100). Este valor es inalcanzable para muchos, quienes al final se quedan con la única opción de trabajar como mozo para otra persona que puede asumir dichos costos.

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Los manglares del Golfo de Fonseca producen cada vez menos bivalvos.

Las ganancias son repartidas entre el pescador que conduce la lancha, su ayudante y el propietario de la embarcación, por lo que los dividendos se ven bastante disminuidos. Esta situación hace que muchos pescadores involucren en esta actividad a sus hijos en edad escolar.

“Uno de mozo difícilmente puede tener una panga (lancha), pues el costo de una lancha usada, no nueva, es de unos 120 mil lempiras, uno piensa en comprar sus cositas, pero, así como está la pesca de qué sirve que ahorita lo obtenga y después se la quiten”, dijo a Criterio.hn César Hernán Sánchez Quiroz, un pescador del municipio de San Lorenzo.

 

Este joven pescador de 30 años y 15 años de dedicarse a la pesca remunerada relató que con lo que gana a diario tiene que mantener a su familia, integrada por su esposa y dos pequeños hijos de dos y cuatro años.

Intentó estudiar para buscar otra fuente de empleo, pero por la falta de dinero en su casa sólo llegó hasta el segundo curso de ciclo común y volvió a lo único que aprendió de su padre: la pesca, sin embargo, debido a la crítica situación de esta actividad, está pensando en migrar.

“Mire, viendo la situación como está, he pensado en emigrar a los Estados Unidos en una caravana, pues aquí no hay ayuda, el gobierno es malo, el gobierno sólo les brinda ayudas a la gente que tiene billete, a ellos si les ayudan”, apuntó César mientras se preparaba para regresar al mar después de haber hecho una faena de doce horas y sólo sacar seis libras de pescado.

El día que hablamos con César fue uno de esos malos en los que no se consigue nada. Durante los días buenos, dice, lo más que le queda son 300 lempiras, ya que la cadena de distribución es grande, porque se reparte con el dueño de la lancha, el ayudante y el costo de combustible que anda en 300 lempiras diarios. En muchos casos, al llegar a fin de mes, lo que consigue no se acerca ni siquiera al salario mínimo.

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Además de las lanchas y los motores, los pescadores deben contar con trasmallos, chinchorros y anzuelos para recolectar las diferentes especies marinas que van desde peces, crustáceos, moluscos y huevos de tortuga.

En otro sector del muelle, mientras reparan sus trasmallos, nos encontramos con Juan Álvarez y Víctor Álvarez, dos pescadores de San Lorenzo que atribuyen la disminución del producto al incremento de los pescadores por la falta de empleo y al nulo interés de las autoridades en apoyar la pesca artesanal.

“Yo tengo 44 años de ser pescador y 53 de edad, comencé a pescar a los nueve años y en todo el tiempo de ser pescador he visto que la situación nuestra va empeorando y esto yo lo atribuyo a que antes eran menos pescadores, pero la falta de empleo ha obligado a las personas a recurrir al recurso del mar y ahora hay más pescadores que pescados, porque es la única actividad que hay”, expresó Víctor.

 

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Mientras reparaba con mucha agilidad su trasmallo, Juan nos contó que en su familia son cuatro hermanos quienes durante toda su vida se han dedicado a esta labor, pero que desde hace mucho la pesca está mala, según él, debido al envenenamiento de las aguas.

Este pescador de 48 años, que comenzó esta labor cuando apenas tenía ocho años, contó que con lo que pesca ha logrado sacar adelante a su familia.

Juan explicó que hay comerciantes locales que compran el producto y lo venden allí mismo y otros que lo recolectan para luego distribuirlo a los restaurantes y comedores locales y otros que lo llevan para abastecer los mercados y supermercados capitalinos.

Las próximas semanas y meses son de temporada alta y de mejores ganancias para los pescadores, ya que durante la época de verano los pescados, mariscos y bivalvos, son de mayor demanda.

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