Pandemia complica delicada situación de la comunidad LGBTI de Honduras

Por: Signy Fiallos

Edición: Emy Padilla

Portada: Reynaldo Raudales

Gráficos: Guillermo Burgos

Fotografía y vídeo: Jorge Burgos

Tegucigalpa.- “El encierro casi me volvió loca, estuve más de dos meses con depresión, porque no podía salir, no tenía trabajo,  no sabía cómo iba a pagar el cuarto y qué iba  a comer, pues no tenía nada y luego con el paso de los huracanes Eta e Iota el panorama fue más oscuro, mi  cuarto se vino abajo y me quedé en la calle, viviendo en un albergue, mientras lograba solucionar mi situación”, narró Dolly, una persona transgénero que contó a Criterio.hn la difícil situación que ha vivido durante los últimos nueve meses.

Dolly es parte de la comunidad de la diversidad sexual más conocida como Lesbianas, Gay, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (LGBTI), uno de los sectores poblacionales con mayor vulnerabilidad durante la pandemia por Covid-19.

En su cuarta entrega de la serie especial de reportajes de profundidad “Los marginados de siempre viviendo en pandemia”, Criterio.hn muestra la difícil situación de la comunidad LGBTI, como grupo históricamente excluido de la sociedad y que durante esta situación de crisis por la pandemia y efectos de los fenómenos naturales ha sido más vulnerado en sus derechos. 

DOLLY, SU HISTORIA

Al llegar al lugar donde se realizó la entrevista me sorprendí al ver a un chico un poco tímido, vestido con un pantalón caqui, corto y apretado, camisa roja y zapatillas de ese mismo color, pelo corto colocho, portando una bolsa negra en la que guardaba su vestuario de mujer. Me identifiqué y comenzamos a platicar y antes de iniciar nuestra conversación me pidió unos minutos para vestirse, media hora después, vi aparecer a una mujer un poco nerviosa que procedió a contarme su historia.

Narró que, al nacer hace 37 años, su madre lo nombró Cesar Adolfo y hace unos 13 años, cuando venció parte de su miedo y adquirió mayor seguridad en sí misma cambió su nombre y se convirtió en Dolly. Desde niña no estaba conforme con su identidad de género, por lo que desde ese entonces se identificaba más con su yo femenino y comenzó a ser discriminada, humillada y estigmatizada, comenzando por su madre que le gritaba: “yo tuve un hijo varón no un maricón”, frase que asegura le dolía mucho.

“Estoy acostumbrada a vivir con la discriminación y el estigma, pues lo he sufrido durante toda mi vida, pero con la pandemia del Covid-19 la he sentido más”, aseguró mientras nos contaba que al inicio del confinamiento no tenía dinero para comprar equipo de bioseguridad, porque las organizaciones con las que colabora cerraron sus puertas, por lo que se quedó sin fuente de ingresos.

Dolly, quien es la primera de cuatro hermanas más, cuenta que su vida no ha sido fácil sobre todo cuando comenzó a inclinar su identidad de género. “Desde niño me gustó vestirme de mujer, me ponía los vestidos y zapatos de mi mami y a escondidas tomaba sus maquillajes y me pintaba”.

Relata que su forma de vestir y de actuar le acarrearon problemas en la escuela donde cursó la educación básica, ya que su formación estaba basada en el cristianismo y eso hacía que en ese lugar la tildaran de “raro”, e incluso llegaron al extremo de expulsarla por tal motivo.

En ese centro educativo, Dolly sufrió mucho por la falta de aceptación de sus compañeros y compañeras, pero fue de cierta forma afortunada porque los sicólogos y orientadores del colegio le ayudaron a superar el bulling y el estigma, aunque para ella siempre era doloroso. Pese a la adversidad, logró graduarse de contadora, carrera que nunca ha podido ejercer porque siempre fue discriminada por su identidad de género.

Fue después de graduarse que inició un proceso hormonal para transformar su cuerpo—contó— porque quería convertirse en una verdadera mujer. Tomó por un tiempo hormonas femeninas, pero debido a que no contaba con el dinero suficiente para costearse el alto costo del tratamiento se vio obligada a dejarlo a medio término.

 

LGBTI Honduras
Dolly accedió a contar su historia y que esta sea conocida por una población extremadamente conservadora que rechaza cualquier indicio de separación de la heteronorma.

INVOLUCRADA EN POLÍTICA

Dolly también se involucró en la política, espacio en el que también ha sido estigmatizada. En año 2017, cuando participó como precandidata a diputada por el Movimiento 5 de Julio en el partido Libertad y Refundación (Libre), cuenta que fue cruelmente humillada cuando fue a tomarse la fotografía para la papeleta electoral.

“Lo más horrible para mí fue cuando participé como precandidata diputada de Libre en las elecciones pasadas, pues todos los miembros de la diversidad sexual que me apoyaban me dijeron que participara con el nombre que adquirí como transformista y cuando llegué a tomarme la foto para la papeleta lo hice vestida y maquillada como mujer y las personas que me atendieron en el ex Tribunal Supremo Electoral me dijeron: ¿y vos por qué venís vestida así? Yo les respondí que iba, así como me conocían, que era mi personalidad”.

Continuó narrando que después de hacerla esperar por más de tres horas y de un largo interrogatorio, le pidieron que se quitara la vestimenta de mujer y la obligaron a tomarse la fotografía como hombre, porque era como su persona estaba inscrito ante el Registro Nacional de las Personas (RNP). Dolly accedió a las exigencias, pero molesta denunció que le estaban coartando su libertad de expresión.

Durante los últimos años la comunidad LGBTI de Honduras viene construyendo un proyecto de ley para establecer la identidad de género para las personas transexuales y transgéneros. El borrador de la normativa se fundamenta en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en los derechos contenidos en otros convenios y tratados internacionales, de los cuales el Estado de Honduras es signatario.

De haber sido electa diputada, Dolly manifiesta que uno de sus principales objetivos era luchar por los derechos de la diversidad sexual, luchar por reformas legales y obtener la identidad de género, “especialmente porque las mujeres y hombres trans y las transformistas tenemos el derecho de ponernos el nombre que queramos sin ser humillados o pasar por procesos engorrosos, que nos incluyan a la hora de tomar decisiones sobre la comunidad LGBTI”.

Dolly cuenta que fue instada recientemente a que participara en las elecciones de 2021, pero que rechazó las propuestas porque no está en las condiciones físicas, mentales y económicas para hacerlo, porque este “año ha sido muy difícil para todos los hondureños, pero mucho más para nosotros de la diversidad sexual”.

La situación de esta persona transgénero es muy complicada, pero gracias al apoyo de amigas, amigos y de algunas organizaciones que le han donado alimentos y dinero pudo salir del albergue en el que se encontraba luego de haber sido afectada por los fenómenos naturales.

La comunidad LGTBI no ha recibido atención integral en el área de salud, de hecho, muchos de ellos necesitan medicamentos para algunas enfermedades que no están siendo atendidas en los diferentes centros asistenciales del país, como el caso de las personas que viven con el VIH/SIDA que requieren de antirretrovirales, pero desafortunadamente el Estado no se los está proporcionando.

En Honduras se estima que entre el 7 al 10 % de la población pertenece a la diversidad sexual, lo que significa que entre 650,000 y 930,000 habitantes son miembros de la comunidad LGBTI. Sin embargo, los defensores de derechos humanos que trabajan con esta población manifiestan que creen que esta cifra se queda corta, porque existen miles de personas que no revelan su verdadera sexualidad por temor a la discriminación y la marginalidad y sólo es una minoría la que se expone a sufrir la exclusión social. 

 

POBREZA Y POBREZA EXTREMA

Sandra Zambrano de la Asociación para una Vida Mejor de Personas Viviendo con el VIH/SIDA en Honduras y el albergue Casa Renacer (Apuvimeh), estima   que la mayoría de las personas LGBTI viven en pobreza y pobreza extrema, aunque existen algunos grupos que, como en toda sociedad, viven más solventes, pero son menos.

En agosto de 2019 el defensor de los derechos humanos, Erick Martínez, dijo a Criterio.hn que el nivel de pobreza en la comunidad es del 86.10 % y el acceso a la educación superior anda en 26.8 %, pero sólo el 8.9 % egresa de las universidades, lo que pone en balanza la relación que existe entre la pobreza y el acceso a un empleo digno.

Sandra dice que en la comunidad LGBTI hay muchas personas que son emprendedoras, que se dedican a actividades relacionadas a las ventas en los mercados y al reciclaje de desechos sólidos, sin embargo, la pandemia y los fenómenos naturales les han complicado la situación económica y a ello hay que sumarle la discriminación por su identidad de género.

Con relación a los niveles de violencia, explicó que debido al confinamiento se incrementaron las denuncias por violencia al interior de los hogares de personas que viven en parejas LGBTI y en el seno familiar, porque muchas han sido expulsadas de sus casas por el hacinamiento y otros que, por el paso de las tormentas tropicales Eta e Iota, han tenido que irse a albergues donde pasan mucha discriminación.

En un comunicado emitido en abril pasado por el Comité de la Diversidad Sexual en Honduras, se informó que la mayoría de la población LGBTI se encontraba en calamidad por la pandemia de la Covid-19, en los departamentos de Cortés, Francisco Morazán, Atlántida, Colón, Comayagua y Choluteca. Además de la pandemia esta población también resultó afectada por los efectos de los huracanes Eta e Iota.

En su momento demandaron una respuesta afirmativa de las diferentes solicitudes que distintas organizaciones LGTBI del país realizaron para pedir alimentos, mascarillas, gel de manos, guantes, cloro, y demás beneficios sociales que el Estado está obligado a brindarles por ser parte de la población.

Denunciaron además que el Decreto Ejecutivo PMC-021-2020, que suspendió las garantías constitucionales desde el 15 de marzo de 2020, contribuyó al aumento de las violaciones de derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad del Estado mediante el uso desproporcionado de la fuerza contra personas LGBTI, juventud, mujeres y personas adultas, que se tienen que desplazar a buscar cómo llevar el sustentos diario a sus hogares.

También lea: Sobreviviendo: la situación de las mujeres trans en el confinamiento

SITUACIÓN REGIONAL LGBTI

Según el estudio de Human Rights Watch ,“Vivo cada día con miedo” Violencia y discriminación contra las personas LGBT en El Salvador, Guatemala y Honduras y obstáculos al asilo en Estados Unidos, publicado en octubre recién pasado, el Triángulo Norte de Centroamérica continúa siendo una de las regiones más mortales para las poblaciones LGBTI del continente y Honduras es uno de los que más muertes reporta en la última década.

La violencia en esta región está asociada con factores económicos, violencia de pandillas y violencia policial. El informe establece que las entrevistas que mantuvo Human Rights Watch sugieren que algunos policías creen que pueden ser abusivos con las personas que viven en situación de pobreza u otro tipo de marginación, o ignorar sus necesidades, sin que haya consecuencias.

Las personas de la diversidad sexual en esta región pertenecen a distintos sectores económicos, sin embargo – dice el informe—que algunas de ellas, sobre todo las personas trans y género no conforme, son empujadas a los márgenes sociales y económicos tras una vida de discriminación. Esta marginación sistemática suele empezar con el rechazo y el abuso por parte de sus familias.  En sus testimonios muchas de estas personas manifestaron que sus padres y otros familiares los sometieron a agresiones físicas y los expulsaron de sus hogares.

Este Estudio también señala que la discriminación en la educación y en el empleo por motivos de orientación sexual o identidad de género agudizan la marginación económica y, con el tiempo, dejan a muchas personas LGBTI sin medios de vida estables y con pocas opciones habitacionales que no sean en vecindarios de bajos recursos, a menudo controlados por pandillas.

Un número considerable de mujeres trans en el Triángulo Norte –agrega el informe– que con frecuencia no pueden conseguir otra clase de empleo, se dedican al trabajo sexual, una actividad para la que suele ser necesario interactuar habitualmente con miembros de pandillas y policías y, a veces, las expone a la violencia.

Ninguno de los gobiernos del Triángulo Norte ha criminalizado las relaciones entre personas del mismo sexo desde el siglo XIX, sin embargo, no se adoptan suficientes medidas para proteger frente a la discriminación a las personas LGBTI.

Honduras prohíbe en su Código Penal la discriminación en el empleo por razones de orientación sexual e identidad de género. No obstante, activistas en Honduras indicaron a Human Rights Watch que no tienen conocimiento de ningún caso en el cual se haya hecho cumplir esa disposición

ESTADÍSTICAS                 

Honduras tiene una de las tasas de homicidios más altas del mundo con 42 por cada 100 mil habitantes, según el Estudio Mundial sobre el Homicidio de 2019, publicado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) en julio de 2019.

Las organizaciones defensoras de derechos humanos, en su recuento al 31 de diciembre de 2019, contabilizaron al menos 67 crímenes de odio en contra de la población LGBTI en la región del Triángulo Norte de Centroamérica, la mayoría de ellos en Honduras con 34 casos, 36 % más en relación con el 2018.

La lista es seguida por Guatemala con 24 casos y El Salvador con nueve. De estos sólo El Salvador ha judicializados dos casos.

La Red Lésbica Cattrachas reveló que la mayoría de los crímenes cometidos en el 2019 fueron en contra de hombres gays con 19 casos; nueve mujeres trans y seis lesbianas, cuyas muertes fueron de forma violenta. Hasta julio de 2020 este mismo Observatorio registró 16 muerte violentas, ocho hombres gays, siete mujeres trans y una lesbiana

Honduras es uno de los países donde se centra la mayoría de los crímenes de odio, en los últimos 10 años (2010 al 2019); el Observatorio de Muertes Violentas de la Comunidad LGBTI en Honduras de la Red Lésbica Cattrachas registró 317 crímenes de odio, de los cuales el 92 % están impunes. De los casos registrados, 180 son hombres gays, 100 personas trans y 37 lesbianas.                                                  

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