Mujeres en las planillas electorales

 

Por: Gustavo Zelaya Herrera

Parece que provoca miedo la presencia de mujeres en las planillas electorales de algunos partidos políticos; y eso ha desatado una sarta de insultos personales y otro tipo de violencias que tocan reivindicaciones fundamentales como la libre participación, el derecho al sufragio de las mujeres, la lucha a favor del aborto y sus causales; en fin, entre huracanes y pandemia, no se oculta la misoginia, el machismo y la censura con sello feudal por esa participación.

Parece que todo tiene su origen en el desplazamiento de muchos candidatos en esas planillas y la participación igualitaria de las mujeres en las mismas. No es nada extraño creer que tal reacción, propia de la derecha política más fanática y religiosa, provenga de las mismas filas de Libertad y Refundación, del partido Nacional y del Liberal. No es raro que así sea, incluyendo voces femeninas de la supuesta izquierda atacando mujeres en las planillas. Se les dice de todo: feminazis, aborteras, representantes del feminismo hegemónico-liberal-destructivo, marihuaneras, quemallantas, oenegeras. feministas extremistas, en fin, todos los elementos del discurso más reaccionario.

En el caso del Partido Libre es importante apuntar que la presencia de mujeres más cuestionada no es en todos los movimientos, sobre todo es en contra del movimiento Fuerza de Refundación Popular. Se supone que es el grupo más de izquierda, más afín a idearios socialistas y feministas. Esa es la impresión inicial. Y aunque alguien tenga dudas de esa tendencia progresista, de la participación en procesos electorales con el virus cachureco por suponer que se legitima al gobierno, etc.,   causa más curiosidad el hecho que no se critique la presencia de narcopolíticos en las planillas de los partidos tradicionales, de lavadores de activos y especímenes semejantes; ni Yani Rosenthal ni CC-4 son censurados, pero si esas mujeres que participan en procesos electorales.

Tal vez no haga la mejor defensa de la presencia feminista en procesos electorales internos, procesos que ni siquiera garantizan la igualdad de género en las elecciones generales; no es esa la pretensión de estas líneas; ellas saben hacerlo y no necesitan de ningún supuesto aliado. Pero si es importante decir algo sobre la necesidad de defender derechos adquiridos después de largas luchas en donde la presencia de las mujeres ha sido esencial para que hayan quedado plasmados en leyes nacionales.

Y, finalmente, dejar algo en claro: el sistema económico y político del capitalismo hondureño, y en general, de todo ese sistema social, tiene en sus fundamentos, no sólo la explotación del trabajo humano y la generación de plusvalía, no sólo se apoya en la violencia, en la lucha de clases, en el expolio y en la narcoactividad, también tiene otros componentes principales como las prácticas racistas, excluyentes, sexistas, misóginas, que hacen posible su funcionamiento a escala local y mundial.

Esos elementos de la estructura económica se manifiestan también en las prácticas de los partidos políticos de todo tipo, la izquierda incluida; por eso no es nada extraño que en grupos que se dicen progresistas y en personas que parecen serlo, se expresen acciones y propuestas de corte racista, machista y a favor del capitalismo; incluso, supuestos abanderados de la lucha popular y que dicen estar a favor de una sociedad más justa, equitativa y humana, se pronuncian por la defensa del Estado de derecho. Defienden la vigencia de las instituciones del Estado burgués, explotador, extractivista, patriarcal. Eso defienden y, aunque tengan cierto barniz izquierdista, también censuran planillas electorales compuestas por feministas.

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