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Por: Erick Tejada Carbajal

Es imposible ser hondureño de bien y no sentir felicidad por la caída de la ominosa y larga dictadura de Juan Orlando Hernández y compañía a través de la expresión masiva y popular de castigo en las ánforas electorales hacia el Partido Nacional y sus abyectos desmanes durante doce años.  La política —no sólo en Honduras, sino que en el planeta entero— se juega y disputa en un terreno copado de emocionalidad y visceralidad. El domingo en la noche, cuando el CNE anunció la ventaja de Doña Xiomara sobre Asfura, casi creímos que la violencia, la desigualdad y la pobreza iban a desaparecer para el lunes. No, no es así. No, nada en la vida funciona de esa forma. Hay varios factores a considerar que hacen vislumbrar bajo un análisis más frío, las dificultades que tendrá para gobernar Doña Xiomara Castro de Zelaya.

En instancia inicial hay que considerar la conformación del Congreso Nacional. A la fecha que se escribe este artículo, el bipartidismo está obteniendo al menos 60 curules en el hemiciclo legislativo y sólo el Partido Nacional al menos 40. Lo más probable es que al principio de la legislatura del 2022 el Partido Liberal se una en su mayoría al bloque opositor; sin embargo, es probable también, que ese matrimonio no dure mucho tiempo con lo cual el congreso estaría dividido en dos bloques con fuerzas similares.  Imposible de esa forma para el ejecutivo llevar a cabo todas las reformas que ha planteado desde su plan de gobierno o elegir a la nueva CSJ, TSC o fiscal general de la república, ya que dichas instancias necesitan mayoría calificada, esto quiere decir, el voto de al menos 86 diputados.

Otro punto es la estabilidad de la coalición. Por ahora, con Pedro Barquero tomando la batuta de la transición, parece que todo marcha viento en popa. Sin embargo, a mi juicio, el maridaje LIBRE-PSH está condenado a la fractura; por varias razones: primero, las profundas divergencias ideológicas entre ambas instituciones, el conflicto entre el enfoque hacia el movimiento social y popular que le quiere dar LIBRE al gobierno versus el enfoque hacia la gran empresa privada de Barquero; y tres, porque el bipartidismo ha caducado parcialmente y alguien debe de llenar el vacío de la derecha hondureña y asumir la oposición contra LIBRE. El gran reto de la coalición es justamente mantener la estabilidad y eso pasará por los consensos a que pueda llegar el gobierno de izquierda con el capital empresarial de la zona norte.

El ejercicio del poder desgasta, ese será otro factor que a medida pase el tiempo va a ir haciendo mella en el gobierno. La corrupción es un tema de idiosincrasia y de antivalores capitalistas muy bien internalizados por nuestra población, es casi seguro que seguirá habiendo escándalos de corrupción también en el nuevo gobierno. Otro aspecto importante, es que llegar al poder ejecutivo no es necesariamente ejercer el poder; son los poderes fácticos y económicos del país los que irán haciendo presión sobre el nuevo gobierno a medida este vaya tocando sus intereses. No digamos los medios de comunicación corporativos en manos de las élites criollas que todos los días atacarán al nuevo gobierno mientras éste les reduce sus utilidades por publicidad estatal.

No, tampoco quiero ponerme negativo y decir que no hay motivos para la esperanza y la alegría; claro que los hay y son muchos. Se ha vencido a toda una maquinaria fraudulenta y multimillonaria gracias a la voluntad del pueblo. Se ha elegido a una mujer intachable e impecable que tiene el respaldo de la mayoría de la sociedad y que ha inaugurado una nueva etapa en la vida política de la nación. Lo que digo es que nuestro deber ciudadano no culminó depositando nuestro voto en las ánforas del CNE, que tendremos que hacernos un nudo para defender la agenda social de la presidenta y que el pueblo debe de ser un agente activo de su destino. Si la dejamos sola estará en desventaja a la hora de evaluar la correlación de fuerzas que rigen la disputa del ejercicio del poder en el país.

Lo que se viene es un gobierno de transición, cuyos objetivos primarios serán desmontar el orlandismo tanto a nivel legal como administrativo y restaurar el estado de derecho y la confianza en las instituciones si es que alguna vez la ha habido. Soy optimista en cuanto al futuro, pero con cauto, la luna de miel que vivimos en estos días —como todas— no será para siempre. Y hay que prepararse para ese momento.

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