Nicaragua: los paramilitares y Ortega-Murillo 

Por: Oscar-René Vargas

  1. Es necesario ver la política como una totalidad, desde las perspectivas internas e internacionales, y desde todos los ángulos, analizar las diferentes tendencias que confluyen para producir una nueva coyuntura. No es posible enfrentarse a la dictadura a ciegas, es decir, sin un serio y sistemático análisis de todas las variables del acontecer nacional.
  2. Que los paramilitares están fuera del control total, es un hecho indudable. Se puede constatar una alianza entre los paramilitares con la policía, y con elementos del ejército y la judicatura.
  3. La alianza es tan evidente, y de tanto tiempo, que en rigor se puede decir que los aparatos armados del Estado, bajo el control de Ortega-Murillo, están utilizando a los policías, paramilitares y a las bandas armadas como expresión política de sus intereses.
  4. Los paramilitares son exmilitares, expolicías, policías y grupos lúmpenes, en especial comandos especiales de asalto compuestos de miembros retirados y activos de las fuerzas armadas.
  5. Ha sido documentada de forma fehaciente la participación de miembros de los aparatos armados del Estado en la violencia contra los sectores populares, en la criminalización de las protestas y en los asesinatos de autoconvocados del campo y las ciudades, así como es también evidente la complicidad del sistema de justicia.
  6. Los cuerpos armados son, además, cómplices de los grupos paramilitares que en no pocos casos integran de forma directa. Este fenómeno adquiere perfiles genocidas, lo que indica una tendencia de fondo del régimen. Estamos frente a una dictadura militar-policial, apenas oculta tras el decorado de los otros poderes del Estado.
  7. El hecho de que los paramilitares hayan adquirido, con el correr de los acontecimientos, una cierta autonomía y se encuentran fuera del control total del poder político, no quiere decir en absoluto, que el régimen Ortega-Murillo sea neutral en el proceso de militarización-policialización en curso.
  8. Se trata de una realidad estructural, siendo una de las características del régimen en su fase de decadencia, o sea, en un período en el cual se comporta como un tsunami dispuesto a arrasar a los movimientos sociales para prolongar su decadencia. La camarilla de la nomenclatura quiere conservar el poder. Cualquier otra cosa es para ella una cuestión “técnica”.
  9. Estamos viviendo, también, un proceso de acumulación por despojo-robo de los paramilitares y policías contra la población en general. El régimen se ha transformado en el guardián de esta acumulación/represión; la militarización del campo y las ciudades es la forma de aceitar esa acumulación por despojo.
  10. El régimen no hace absolutamente nada para desarmar a los paramilitares. En general, se ha limitado a seguir la corriente con la aprobación de leyes anti-lavado de dinero. El régimen Ortega-Murillo atraviesa hoy una crisis más profunda que la que siguió a la derrota electoral del FSLN en 1990.
  11. No obstante, el régimen ha creado las condiciones para que los paramilitares y cuerpos armados tengan las manos libres para ejercer la violencia contra los “de abajo”. No saldremos de esta espiral de violencia mientras se mantengan en el poder Ortega-Murillo.
  12. La dictadura sigue en su etapa de infundir terror persiguiendo a obispos, sacerdotes; secuestra todos los días a estudiantes y ciudadanos autoconvocados. Exhibe su fuerza militarizando el campo y las ciudades, asesinando campesinos y jóvenes. Tiene miedo de perder el poder. Le tiene miedo al pueblo que no ha logrado doblegar ni vencer, aunque hostigue, atosigue, tortura y mate.
  13. En la zona de Jinotega, Nueva Segovia, Matagalpa el ejército y los paramilitares están matando a mucha gente. En las últimas semanas estamos conociendo “ejecuciones selectivas”, son ejecuciones bien planificadas. No hay detenciones sino ejecuciones de personas que han tenido que ver directamente en las protestas sociales.
  14. Para finalizar, es necesario comprender a quiénes beneficia la existencia de los paramilitares y parapolicías relativamente autónomos, dispuestos a violentar a la población. Beneficia al régimen y a la nueva oligarquía, que los necesitan para seguir adelante con su acumulación mediante la represión al amparo del régimen.
  15. Algo que han comprendido la nueva oligarquía y sus aliados es que, sólo podrán sobrevivir y crecer, con los aparatos integrados por bandas armadas, más allá del nombre que se les ponga.
  16. El régimen Ortega-Murillo descompuso y degradó a la policía, socavó de la misma manera la legitimidad de la permanencia institucional del ejército. El fascismo tropical o criollo es el producto de este proceso.
  17. El régimen Ortega-Murillo es indudablemente el culpable de la última oleada de terror; tratan de limitarla al marco de la utilidad política, es decir, exterminar a quienes necesitan aniquilar. Mientras tanto, los desorbitados ejecutores, los paramilitares, guiados por su propia lógica, le dieron a la represión una dimensión monstruosa, y por eso ha generado la indignación general.

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  1. Estamos en presencia de la degeneración total de las fuerzas armadas. Sería un error político desastroso, un completo engaño, afirmar que el camino a la democracia no pasa por el desmantelamiento de la policía y la abolición del ejército.
  2. Los Ortega-Murillo, no pueden haber dado todas las órdenes de esos crímenes directamente. Por mucho que este razonamiento pueda calar en sus partidarios y en la gente común, es falso del principio al fin. Ellos tienen la suficiente experiencia para poder determinar qué dimensión debe de tener el exterminio que los paramilitares ejecutan, aparato que contribuyeron a crear, alimentar y formar.
  3. Las ejecuciones realizadas por los paramilitares y las bandas armadas no se trataron de “exageraciones” accidentales, ni de acciones irracionales de los ejecutores, sino de una condición necesaria para el éxito de su plan básico del régimen: permanecer en el poder a cualquier precio.
  4. Cuando el régimen llega a orientar y a favorecer las represiones sin control, seguramente, podrán prolongar su existencia por un cierto lapso de tiempo, pero, a la larga, el propio aparato de represión comenzará a resquebrajarse, apagarse y desmoronarse. El aparato policial y militar de Ortega-Murillo está entrando ahora en esa etapa.
  5. La completa y manifiesta complicidad del ejército y la policía en la represión, tortura y asesinatos de ciudadanos autoconvocados han puesto a la orden del día la disolución y revocación de esas instituciones.
  6. La única manera de eliminar a los paramilitares, parapolicías y lúmpenes armados radica en la derrota definitiva del régimen Ortega-Murillo.

San José/Costa Rica, 19 de julio de 2019.

2 comentarios en “Nicaragua: los paramilitares y Ortega-Murillo 

  • el julio 19, 2019 a las 6:58 pm
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    Señores de Criterio de Honduras, es lamentable que le den cabida a un asaladiado de la CIA, un traidor a los Intereses Nacionales de Nicaragua, un mafioso que dijo hace un año que era necesario «asesinar o matar» a unos 400 o mas Nicaraguenses para tomar el Poder y entregarlo a los yanquees. Ustedes son propagadores de FAKE NEWS-NOTICIAS FALSAS. Los Asesinos de 22 policias fueron los Tranqueros agrupados por los delincuentes comune, actuaron con el sicaritato de los maras salvatrucha y maras19, entrenados en EEUU. Este sujeto es un CRIMINAL SERVIL A LOS INTERESES YANQUES. No sigan dandole cabida a traidores de la PATRIA GRANDE. Honduras debe liberarse del Dictador JOH y este sujeto le pidio ayuda y hasta se reunio con el. NO MAS MENTIRAS TENDENCIOSAS CONTA NICARAGUA.

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