Mientras el relax perdure: Un collage al dictador y sus mastines

 

Por Ernesto Soto

Estimado lector, deje de lado sus anticipados juicios, su tendencia a etiquetar para auto engañarse, para quedarse con la cáscara y tirar la nuez. Que lo diga un gringo, un católico, un comunista, uno de la derecha, bien, eso importa, pero ¿recibimos el mensaje o matamos al mensajero?

La que sigue es una frase de John F. Kennedy: “Cuando el poder lleva al hombre hacia la arrogancia, la poesía le recuerda sus limitaciones. Cuando el poder reduce el área de preocupación del hombre, la poesía le recuerda la riqueza y la diversidad de la existencia. Cuando el poder corrompe, la poesía limpia”.

Juzguemos el contenido de este mensaje a la luz de unos ejemplos.

 “Eres el dios de un gran circo / donde solo hay sitio para tus payasos, (………)/ tus falsas promesas te oyen gritar,/ pero cierras los ojos a la verdad/ porque solo persigues el poder…” (Fragmentos de “Dictador” de Ramón Bonachi, mexicano).

“Morazán te amenaza;/ la bandera te mira con vergüenza/ y el himno nacional los tímpanos te araña, / Hirohito mestizo,/ Mussolini de lata./ Mi pueblo inerme, pero unido,/ Espera su aurora de venganza (….)/ tomará su Bastilla un medio-día, que tu miopía a vislumbrar no alcanza;/ hundirá más tu figura en los fangales;/ recogerá sus leyes pisoteadas/ y dirá lo que quiera en toda parte/ sin temor a prisiones ni a matanzas./ El justiciero instante se aproxima,/ Hitler de mi sangrante Patria,/Hirohito mestizo,/ Mussolini de lata” (Fragmentos de “Tiburcio Carías” de Jacobo Cárcamo, hondureño) “Ese, / el más pálido de los mercaderes de Nuevo Templo y su relámpago/ –dueño y señor del pánico total—/ esconde el tamaño de sus actos/ detrás de la palabra Democracia” (Fragmentos de “Caen en el vacío dos palabras mayores” de Roberto Sosa, hondureño).

“El llanto está escondido como una planta/ cuya semilla cae sin cesar sobre el suelo/ y hace crecer sin luz sus grandes hojas ciegas. / El odio se ha formado escama a escama,/ golpe a golpe, en el agua terrible del pantano,/ con un hocico lleno de légamo y silencio./ (Fragmento de “Los dictadores”. Pablo Neruda).

Viene al punto de lo que aquí se argumenta el siguiente comentario, encontrado en el mismo anaquel de la inmensa biblioteca cibernética que archiva el poema completo del bardo chileno:

“Teniendo muy en cuenta la simpatía de Neruda por Stalin, que muy cara le costó años después, ¿a cuáles dictadores se refiere en este poema, “a los de derechas o a los de izquierdas”? Como la poesía adquiere dimensiones universales sin importar las inclinaciones de los mismos autores, nos atrevemos a afirmar (aún a riesgo de pisar algunos callos) que se refiere a TODOS los dictadores, no importa la ideología. Sus iracundos y certeros versos le quedan a la medida a todo aquel gobernante que, cediendo a la tentación del “poder absoluto”, se “corrompe absolutamente” reprimiendo, aislando y asesinando a su propio pueblo con el fin de mantenerse perpetuamente en la cúspide de la pirámide. La sangre de las víctimas no tiene color de ningún partido, es “mancha carmín de tinta muy brillante” y grita en el aparente silencio su reclamo de justicia (Alfredo Jiménez G. Comentario al poema “Los dictadores” de Neruda. https://www.poeticous.com/neruda/los-dictadores?locale=es).

Si –Mr. Kennedy– la poesía limpia, pasa la cuenta. Si el implicado es inteligente, si sabe recordar –Mr. Kennedy– su otra frase célebre: “No preguntes qué puede hacer tu país por ti… pregunta qué puedes hacer por tu país”. Seguro ese implicado preferirá renunciar, hacerse a un lado, volar lejos, a continuar persistiendo en la maldad de sus actos. Más aún, si tiene en cuenta que constituciones como la hondureña, inspiradas en la francesa posrevolucionaria, ordenan a sus pueblos responsabilizarse por sus destinos al convocarlos a la insurrección frente a las tiranías que los oprimen. Si, por supuesto, cuando los implicados son inteligentes, cuando algunas de sus neuronas todavía escapan de la seducción del poder, de la caricia abismal de las serpientes y del insaciable apetito de la codicia

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