Los Pecados del Padre

PANDEMONIO

Por: Moisés Ulloa

Todo lo malo que sucede en el país es producto del “bipartidismo”, al menos eso dicen algunos que lo gritan a los cuatro vientos; incluso aquellos que se han beneficiado y son un producto precisamente de lo que hoy critican. Una teoría simplista, llena de politiquería y de demagogia; pero entendible, estratégicamente inteligente y fácil de mercadear mediáticamente. Tanto así que nuevos empaquetados del producto han salido al mercado, como el “trendy” concepto “PAULINA” (partido unión liberal nacionalista).

Conjuntamente con ese principio pegajoso se comienza a allanar la realidad que algunas personas nunca abandonan la campaña. En toda táctica política partidaria, es vital establecer un rival claro y los partidos tradicionales son el manjar predilecto en un mundo con sed de antisistema, pero no necesariamente de cambio verdadero en su organismo.

La verdad es que en los últimos diez años se acentuó la relación, compadrazgo, sociedad y hasta mafia, creada por un grupo de personas con el interés común de controlar de manera absoluta la fuerza del poder y toda la economía que esta genera; sin embargo, este círculo va mucho más profundo que el ambiente partidario: empresarios, clero, militares, estrategas, gremios y partidos temporales, han servido como parte del colectivo que han dominado las esferas del poder en nuestra Honduras. También podemos deducir que la UD, La DC y hasta el PINU, han sido e incluso en gran medida siguen siendo parte del bipartidismo, acompañados ahora del PAC, de la Alianza Patriótica y de los solapados que hacen maniobras fuera de la vista de algunos. Es imposible desconocer la realidad que los que han controlado los partidos, lo han hecho más con el objetivo de satisfacer sus provechos personales y de sus grupos inmediatos, que los intereses del país.

Manuel Zelaya Rosales,  dio su giro a la izquierda y se cobijó con la sábana del socialismo del siglo 21, un terrateniente privilegiado de familias de derecha, parte integral del statu quo hasta ese entonces, vio la oportunidad política y hábil de entrar al club liderado por Hugo Chávez, quien a su vez vio en Mel su delfín en Honduras, una aparente presa fácil para extender su nefasta estrategia geopolítica que incluye por norma, aferrarse al continuismo disfrazado en democracia. La jugada no le salió, pero se pagó un precio caro, pues en ese camino se rompió el orden constitucional a través de un golpe de Estado que inició la destrucción del Partido Liberal de Honduras.

El ganancioso de la crisis generada desde entonces, ha sido el Partido Nacional y los mismos grupos de poder fácticos, quienes han logrado hacer y deshacer a su entero capricho y antojo. También Mel Zelaya ha ganado en esto, su figura política se consolidó en los izquierdistas. Mel lleva en la arena política muchas décadas ya, pensar que ha estado en llanura y que no influye en las decisiones políticas del país es tan absurdo, como lo es no reconocer su habilidad de ser un verdadero animal político; así mismo es un craso error no reconocerle a Manuel Zelaya su liderazgo.

Mel se llevó con él, el brazo de lucha y beligerante del Partido Liberal, contribuyendo junto con el partido Nacional (mediante un pacto realizado entre olanchanos) a que el partido más antiguo de Honduras, el progresista y de las grandes reformas en pro del pueblo, perdiera su identidad. En esto también han sido cómplices aquellos que se creen dueños del liberalismo y los soldados del lado oscuro, quienes vieron más fácil plegarse y jugarle la comparsa al hombre en el poder a cambio de las tranzas.

Así se participó en el golpe, así se negaron en reconocerlo, así bajo la excusa de “la gobernabilidad” se cedió el Congreso Nacional, así se han negociado las cortes, así se han pagado deudas personales, así ha llegado la reelección ilegal e impuesta, así encontramos un liberalismo sin ánimo, destruido y acomplejado; reducido a un simple conserje de los mandados del partido en el poder. Sin embargo, esas acciones, fueron realizadas por personas con nombre y apellido, las que poco a poco están saliendo para el conocimiento claro de todos, esos que utilizaron al Partido Liberal como plataforma para sus propios intereses.

Sin embargo es fundamental hacer una pequeña pausa antes de seguir y profundizar en las aguas turbias del “Pacto entre Olanchanos”:  Hugo Rafael Chávez Frías sufrió en Honduras su derrota mayor, sus tentáculos continuistas fueron cortados, pero ese esfuerzo duró poco, un líder nacionalista con enseñanzas izquierdistas, regresó a la vida a su vecino de las pampas, lo sacó de su trinchera brasileña, lo acompañó al avión privado con pasaje a Dominicana y para ponerle un chongo de oro, perdonaron las culpas de esa carrera fallida continuista en el bello puerto de Cartagena. Ese “bipartidismo olanchano” le dio vida a Libre, formalizó la izquierda radical y tiñó las camisetas blancas con el color del continuismo azul. Así de fácil se doblan convicciones.

En el proceso del debilitamiento liberal, una funesta dinastía dictatorial azul se ha consolidado, pero también ha dado nacimiento a nuevas fuerzas partidarias: una bajo la estructura del Melismo y la otra bajo la figura popular de Salvador Nasralla. Una vez más quedó demostrado la teoría que nada es eterno, únicamente el cambio es una constante. Cuando de descubrir la realidad se trata, el sentido común muchas veces nos engaña y este concepto en mucho más cierto en la política y mucho más certero en la política vernácula. Por lo tanto, en política, no existen absolutos.

Los errores cometidos en esta última década por el partido liberal, hoy han sido asumidos por el nuevo liderazgo que ese instituto político sostiene en la persona de Luis Zelaya, quien con digna valentía ha dado el paso al frente en la lucha para recomponer un partido que está rodeado de campos minados. Esta batalla desigual y la mochila de los pecados del padre hacen una carga enorme para un grupo de neófitos políticos; sin embargo, el reto ha sido aceptado. La convicción de Luis Zelaya va más allá incluso de su propio partido, el objetivo es reformar a Honduras y nada mejor que hacerlo con un hombre al frente con manos limpias, con honestidad, sin las manchas de lodo que han producido la práctica de la repartición de las cuotas de poder a cambio de favores.

Pero para activar este proceso evolutivo, se deben de tomar decisiones difíciles, muchas de estas con costo político, como lo fue la elección del fiscal y ahora la determinación por llevar a cabo un diálogo que solucione la actual crisis; se deben de realizar actos contundentes que definan que hoy el PLH, no es más de lo mismo. Estas actuaciones deben de ser en el plazo inmediato, se debe marcar un punto de diferenciación entre lo que ha existido y lo que verdaderamente Honduras se merece. También en mi opinión, se debe de hacer la lectura correcta del ambiente sociopolítico en que vivimos, que pide a gritos una fuerza de oposición unida y congruente, capaz de dejar a un lado las ideologías que nos separan y convertirlas en causas en común:  sacar el adversario quien hoy usurpa el poder, hacerlo mediante una solución pacífica y teniendo como objetivo la búsqueda de la verdad y la exigencia de la justicia.

La piedra angular que motiva al PLH a buscar en el diálogo la salida a la crisis que la reelección ilegal de Juan Hernández ha causado en el país, es exigir la liberación de los presos políticos y por, sobre todo, la justicia para aquellos compatriotas que murieron durante las acciones de protesta. Honduras merece la verdad sobre los eventos ocurridos antes, durante y después de las elecciones del 2017. En contraposición al diálogo, el expresidente Manuel Zelaya me escribió a través de su cuenta de twitter y dispuso lo siguiente: “La 1* OPCIÓN pacífica e insurreccional, NO violenta es organizar la OPOSICIÓN del pueblo (todos los sectores) contra la DICTADURA de #JOH y élite perniciosa que lo protege. Hay que derrotarlos en todos los campos. NO dar tregua y NO avalar el diálogo FALSO que lo legitima”.

Por lo tanto, se acerca una batalla que tiene muchos frentes, los pecados del padre conllevan una dura penitencia. El liderazgo actual del PLH reconoce esto y sabe que su lucha no es únicamente contra su lado oscuro y/o contra el usurpador del poder; también hay una lucha contra aquellos que son perfectos en descalificar opiniones sin construir soluciones, aquellos que hablan del “bipartidismo” pero buscan hacer negociaciones jugando a las escondidas o pretenden en el caos encontrar el sustento a sus exigencias. Existen luchas inmediatas y otras que se llevarán a cabo en un mediano plazo, pero ante cualquier otra posibilidad, debemos agotar la instancia civilizada del diálogo, siempre y cuando el acompañamiento internacional lo avale y todos sus acuerdos sean vinculantes. En este sentido, Juan Hernández debe firmar inmediatamente “El Compromiso por Honduras”, caso contrario, no hay caso.

Si, efectivamente los pecados del padre han sido muchos, estos no se perdonan únicamente con arrepentimiento, implica un cambio de pensamiento y de actuación alejado de todo aquello que en principio lo hizo convertirse en pecador. La reivindicación de un pecador es acercarse a DIOS, la de un partido político es la de acercarse a los anhelos de su pueblo que busca la verdad, la libertad, la justicia, el progreso y la paz.

Un comentario en “Los Pecados del Padre

  • el agosto 13, 2018 a las 4:07 pm
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    Acuérdese, sus mismos correligionarios lo sacaron del país, junto con sus íntimos amigos del nacionalismo, de empresarios que no aguantaron pagar el salario mínimo por tacañeria, los empresarios del combustible que les trastoco la formula y otros que sacaron provecho del golpe, esos son los responsables de todo este conflicto de intereses que hay, ni liberales, ni nacionalistas van a solventar el problema de Honduras por si solos, es necesario una cuarta silla para el dialogo y sin Mel no hay nada, aunado a eso hay que desmilitarizar la sociedad. Un abrazo mi distinguido amigo.

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