La Última Entrevista con Kalton Bruhl

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Todo lo que escribo tiene que ser creíble, incluso lo increíble

Por Óscar Urtecho

Tegucigalpa.-El profesor alemán Paul Johannes Brühl llegó a la India en 1881 a impartir clases de botánica y a estudiar musgos, orquídeas y esporas extrañas. Allí, bajo el dominio del Imperio Británico, se casó con la inglesa Annie Betts Fox y tuvieron un hijo que 44 años después, en 1925, llegó a San Juancito, a trabajar en las minas de oro hondureñas.

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Este minero inglés y alemán, criado en la India, engendró al padre de Kalton Harold Bruhl, el escritor hondureño que entrevistamos hoy para Criterio.hn.

Kalton Bruhl es un narrador extraordinario de gustos sencillos: la brevedad, la psicología, la sorpresa y el terror. Con estos elementos hace que el lector descubra los torcidos caminos de su propia imaginación, con frecuencia lo engaña o lo obliga a presenciar escenas que erizan la piel.

Sus relatos son senderos cuidadosamente diseñados con un final donde el lector cae, empieza a repensar lo leído para encontrar las pistas que lo llevaron hasta esa hondonada donde la realidad se transforma en otra cosa, en lo inesperado, en miedo.

Con estas ideas sobre el destino del lector y la constancia de un artesano minimalista, desde 2013 hasta 2020, Bruhl ha publicado nueve libros de cuentos y una novela. En 2022 sacó a la luz Rituales (28 relatos oscuros y aterradores). Este último libro es su punto de partida para contarnos algunas interioridades de su narrativa y sus ideas literarias.

Empecemos hablando de Rituales, tu más reciente libro…

Como los últimos dos libros que he hecho en colaboración, el primero con Dennis Arita y el segundo con George Millar, el tema central de Rituales es el terror. Siempre fue mi género favorito. En algún momento lo hice a un lado, no porque considere, como mucha gente, que es un subgénero menor, que no es literatura. Siempre se ha visto de menos a la literatura fantástica, pero siempre ha sido lo que me gusta. Si sigo escribiendo, será relato fantástico, definitivamente.

¿Por qué escoger el terror como expresión literaria?

Siempre me ha gustado crear emociones en lector. Tal vez lo he logrado, tal vez no, pero eso intento. La emoción más fuerte o la más primitiva que tenemos es el terror. Es la que nos ha permitido al final existir. Si no tuviéramos miedo no existiríamos. Si ves en la naturaleza siempre hay depredadores y presas y la presa siempre está con miedo, alerta. Está comiendo, levanta la cabeza, mira a todos lados, aguza el oído, vuelve a comer. El miedo nos ha permitido evolucionar y mantenernos vivos.

¿Cómo entendés el terror y qué diferencia hay entre el real y el literario?

El terror es una amenaza que puede o no suceder. Es la posibilidad de un daño físico o emocional. Porque no necesariamente es que te destruyan el cuerpo, una lesión o que te quiten la vida, incluso un daño emocional te puede causar pánico. Que descubran algo tuyo; el escarnio público te puede causar pánico. Hay algunas cosas en tu computadora que no querés que nadie sepa y de repente las van a publicar, esperar ese momento en que aparezcan y se vuelvan públicas, eso es terror.

Esto es lo mismo para la literatura que para la realidad. Solo que en la literatura lo recreás. En la literatura no te va a suceder a vos, sino que a otros. La idea es crear empatía en el lector, porque para sentir terror tiene que existir empatía entre vos como lector y el personaje, porque si vos sabes que le va a pasar algo malo a alguien que se lo merece, ya no hay terror, estás esperando que suceda, necesitás que suceda para que haya justicia. Pero si es a un inocente, ya es terror.

En tus libros encuentro dos constantes: el terror y la brevedad. ¿Qué retos representa generar terror en textos narrativos tan breves?

Creo que lo he logrado con la práctica. Cuando comencé no lo hice escribiendo microrrelatos ni relatos sumamente breves. En ese momento pensaba que la historia necesitaba un poco más de desarrollo.

La cuestión de la brevedad vino después, como un experimento, digamos. Yo escribía una historia, un cuento de unas 600 palabras, y después comenzaba a podarlo, como a hacer un bonsái… y decía: si le quito esto, la historia sigue, es la misma trama. Solo le quito esto que al final es innecesario, la historia siempre está allí.

Al final un cuento de 600 palabras, unas tres páginas, lo podríamos convertir en un párrafo, dejando siempre la misma historia. Así lo fui haciendo como un experimento. Después ya mentalmente no requería hacer un cuento más largo y luego reducirlo, sino que de entrada salía una historia breve.

Los cuentos largos se prestan más para crear una atmósfera. En la brevedad que practicás, ¿te interesa crear una atmósfera?, ¿la creás? y, si lo hacés, ¿cómo?

Sí puede crearse. Te voy a explicar: mucho de lo que se logra con el microrretalo es sugerir, todo está sugerido, y le dejás un poco la tarea al lector, pero está sugerido. Yo no me voy a un microrrelato como una escena porque no considero que deba ser como una estampa, para mí es un cuento completo. Y tal vez lo que adquiere mayor preponderancia es la trama, en la que llegás al desenlace de un solo, no tenés mucho tiempo para crear un nudo, tenés que llegar casi de inmediato al desenlace. En estos relatos la atmósfera está en la mente del lector, en lo que le das para que la cree.

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¿Y los personajes qué papel juegan en esto?

Otra carrera que me hubiera gustado estudiar es psicología, porque para mí todo viene por una motivación, siempre tiene que haber una razón para que algo suceda.

El ser humano no actúa al azar, incluso en la locura hay lógica. Si una persona tiene un desorden psicológico, en su mente todo tiene sentido. Tal vez vos no lo comprendás, es otra realidad, pero en su mente todo tiene sentido. Encontrar la motivación de esa persona o personaje es interesante.

A partir de esto, yo hago que los personajes se definan a sí mismos por sus acciones. Al leer mis cuentos notás que no me detengo en las características físicas o los lugares donde están, pero sí en lo que hacen. Al final vos sabés si es bueno o malo un personaje por sus acciones o por sus palabras.

Muchas veces tus cuentos se basan en una sorpresa final, son clásicos, digamos. ¿Seguís alguna técnica? ¿Sabés hacia dónde va la sorpresa desde el inicio del relato? ¿Cómo funciona?

Precisamente ese es mi sistema de creación: lo primero que imagino siempre es el final, siempre tengo en mente cómo va a finalizar la historia, incluso muchas veces ya tengo ese párrafo completo en la memoria, no solo la imagen de lo que sucederá, sino también las palabras que voy a utilizar. Al final lo que hago es trazar una ruta para llegar a ese final, a veces requiere más palabras, a veces requiere pocas, pero como ya sé hacia dónde voy a llegar, elijo el camino más corto.

Por supuesto, como decís, a veces es necesario desarrollar un poco más algo, porque a mí siempre me gusta que la historia tenga sentido, cuidar los detalles. Aunque sea algo corto, tiene que haber detalles, tiene que ser algo creíble, porque esto es una forma de respeto al lector. Todo lo que escribo tiene que ser creíble, aunque sea increíble.

Algunos escritores (¿artistas?) tienen la intención de crear siempre una obra de ruptura, de generar nuevas estructuras narrativas. A vos parece que esto no te interesa, ¿por qué?

¿Nuevas estructuras narrativas? En algún momento lo pensé, cuando comencé a escribir sí lo buscaba, sí intentaba crear algo novedoso, buscaba la técnica. Pero eso solo demuestra que sos ingenuo, que nos has leído, porque si comenzás a leer de verdad te das cuenta que todo lo que creés que estás creando, en tu ignorancia juvenil, ya lo hicieron 100, 200, 300 personas antes que vos y bien.

Vos solo agarrá el Quijote, allí hay metaficción, autoficción, Cervantes entra como personaje, mete poesía, cambia de género, de novela a poema; allí ves que Cervantes hizo todo. Llegó un momento en que dije: vaya, ¿yo qué estoy inventando? Nada. ¿Qué descubro? Ya todo lo hicieron antes, desde el Siglo de Oro español. Todas las técnicas que yo creía que inventaba ya las habían usado.

Te voy a decir algo muy interesante: a veces la gente menosprecia el relato fantástico. Solo tenés que leer escritores de ciencia ficción de los años 70, estadounidenses o ingleses, ellos ya utilizaron las técnicas literarias que la gente cree que son novedosas ahora. Podés leer a Lester del Rey o al mismo Harlan Ellison. Todas esas técnicas literarias, todo lo novedoso en la literatura o esa búsqueda del lenguaje solo es una señal de que no has leído o de que no has leído a las personas correctas.

¿Qué es lo importante al momento de escribir?

La historia. Yo puedo meterte 25 metáforas y no decir nada, y qué logré. Al final lo que busco es interesar al lector y crear una emoción. No te lo voy a negar, yo puedo leer un texto, un cuento de William Faulkner, y voy a disfrutar el talento. Lo disfruto porque yo escribo, pero eso tal vez distraiga de lo que está leyendo a un lector que no es escritor.

Es como la música. Hay música para músicos, que no vende nada porque nadie más la entiende, es para gente culta. Eso va creando una élite, o sea, “esto lo escribo para gente que estudió literatura”. Esto me trae al gran error de algunos colegas escritores que piensan que necesitás haber estudiado letras para ser escritor, cuando al final ves que pocos grandes escritores estudiaron letras. Pensá en los más famosos, ¿quién de ellos estudió letras o literatura? ¿Uno?

Desde tu primer libro a este, ¿cómo has cambiado como escritor?

El primer libro que terminé fue La mente dividida. Así que te diría la brevedad, porque pasé de la novela al microrrelato. La concepción de que las ideas podés condesarlas, que no necesitás tantas palabras para decir algo. Al final lo que siempre he buscado es transmitirle imágenes al lector. Siempre he pensado que si vas guiando al lector con imágenes lo vas a capturar más rápido, lo vas a atrapar más rápido. Así es más fácil crear emociones, porque si te imaginás algo que está sucediendo te va a dar miedo.

Incluso tengo cuentos diferentes. Como decía Borges, soy desagradablemente sentimental, así que tengo cuentos sentimentales que los puedo hacer de una página, recurriendo a imágenes tiernas, universales. Por ejemplo: la imagen de una madre moribunda crea compasión en todos.

¿Podemos de decir que parte de tu trabajo como escritor es encontrar arquetipos para provocar emociones?

Todo es arquetipos. Siempre hay imágenes que representan algo. Estamos rodeados de símbolos y, si encontrás el símbolo correcto, vas a despertar la emoción correcta.

Parece que tus libros no los vendés como un hecho estético, sino como un evento de disfrute al que todos pueden acceder. Pero ¿por qué leer tu libro y no ver una serie o una película, por ejemplo?

Al final eso pone en tela de juicio a toda la literatura. A mí lo que me diferencia es que busco que el lector pase un buen momento. ¿Por qué no hacerlo con una serie? Porque un cuento al leerlo vos lo vas interpretando, vos podés ser parte de lo que estás leyendo. Desde el momento en que el escritor publica algo deja de ser suyo.

Me sucede con La mente dividida que los lectores interpretan cosas diferentes a lo que yo pensaba al escribir. Y quién soy yo para decirles que no es así. Si cuando lo escribí pensé otra cosa, el libro ya no es mío. Desde el momento en que él lo leyó se apropió de la historia, la desarrolló de otra manera en su mente. Esto es algo que ofrezco a los lectores: la oportunidad de conocer cómo pienso yo y de tener otro punto de vista.

Óscar Urtecho

Fanático del cine serie B y las baleadas. Lector enajenado como el Quijote. Rebelde siempre y sin causa muchas veces. Psicólogo social, investigador, editor y crítico literario diletante, ensayista y columnista de opinión. Ha publicado trabajos académicos y de investigación en forma de libros y en revistas científicas de España, Colombia, Chile y Argentina, entre otros países, pero lo que realmente disfruta es compartir textos en La Otra Orilla, sin otra pretensión que establecer un diálogo con otros (y otras) que disfruten lo mismo: la literatura, el arte y la cultura en general.

Novelista, cuentista y explorador de la psicología humana. Kalton Brühl es uno de los escritores más sobresalientes de Honduras. En esta entrevista exclusiva para Criterio.hn habla sobre su obra y sus ideas literarias

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