La negligencia ante el medio ambiente y el falso dilema de desarrollo o conservación

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

  (A mi madre y a M)

Paradójicamente –quizás la manipulan más-  hoy la gente es más permisiva. En otro tiempo los daños provocados por fenómenos -interpretados como providenciales- eran juzgados severamente como responsabilidad de la autoridad que no había tomado las previsiones, rituales y prácticas. ¡La incapacidad para paliar las consecuencias era evidencia de la pérdida del favor divino!

Los daños que, en los últimos días, han sufrido las ciudades y el campo en el Litoral por un primer frente frío de temporada se emparejan ya a las tragedias de la capital, largamente clasificada como más vulnerable y bajo el azote de otra tormenta. Tuvimos varios sustos. Los ríos retomaron sus cauces en las calles sin drenajes y saltaron los boquetes en los bordos…y colapsaron los canales. De modo que se planteó ya una crisis nacional, otra. Por dos días brillará el sol. ¿Nos salvamos? Pero pudiéramos, el fin de semana, tener tres días de lluvia. Cuando ya empezó el invierno polar, falta un mes de disturbios tropicales. Veamos como nos va.

Por ahora, miles lloran enfermos a una cincuentena de muertos en la cuenta que se incrementa. De colonias y  barrios enteros inundados, cuyos residentes perdieron sus haberes. Miles de damnificados desplazados a la intemperie. Y aunque lo ocultan, miles de manzanas cultivadas bajo el agua, de palma, de banano, de plátano, de caña de azúcar y de potreros, desde el Valle de Sula hasta Colon y Gracias a Dios, pasando por Atlántida y Yoro. Suelos destruidos. Plantas, animales y personas enfermas. Infraestructura dañada, carreteras, puentes ¿Dónde esta la CNVS?

Se publica mucha noticia anecdótica, poca reflexión seria. Sobran los demagogos. Por supuesto, que el agua volverá a su nivel, dice un analista, y el chino asegura que es ¿una oportunidad para crecer?  Los términos de la discusión incluso son neutros o victimistas, como cuando, casi con pena, se habla de la vulnerabilidad, como algo irremediable o culpa del sujeto. La victima -otra vez- es la culpable. ¿Qué estaba haciendo ahí? ¿Se podía poner en otro sitio? Un editorial de Radio Progreso anteayer aclaraba que la vulnerabilidad no es natural como nos la quieren vender. Como cuando se achaca el daño derivado a la naturaleza.

Estos daños no son productos de un fenómeno insólito, ni menos un mal tiempo. ¡De donde han sacado que la lluvia es mal tiempo, estos presentadores de la noticia, tan urbanitas! La lluvia abundante es lo que nos permite en El Litoral Atlántico producir 80% de lo que produce el agro de este país. (En muchas geografías abarcadas por este fenómeno reciente había habido un déficit de lluvia, se estaban secando las fuentes de agua, que se empiezan a recuperar.) Las tormentas al fin y al cabo son tan naturales como las enfermedades, que tendrían que haberse controlado con los medicamentos adulterados, vendidos por empresas de maletín al Seguro cachureco, por las que murieron miles de victimas. ¡Pero no culpamos a las enfermedades!

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La corriente no arrasa lo que no le opones.  La destrucción que han causado y volverán a causar estas aguas de temporada es producto directo de la erosión descontrolada por deforestación y concentración urbana, de una mercantilización abusiva del suelo con que le quitamos al agua la esponja de la raíz en el suelo y le obstaculizamos al agua su camino, sin haber construido -después de 4 décadas de saber que las ocupamos- las obras hidráulicas necesarias. Hace décadas también tenemos estudios de uso del suelo y del ordenamiento territorial necesario. Pero ningún gobierno hace nada y cuando damos tímidos pasos para establecer  normativas, viene el poderoso señor de siempre y les da vuelta. Porque quiere optimizar la ganancia de su especulación.

La tragedia es fruto de la negligencia y de la avaricia. En Lima no se habían reparado los bordos ni dragado los canales (el Maya)… en casi dos años. En cambio se había permitido a una constructora abrir un boquete, por medio del cual la correntada se introdujo a la residencial. Nadie impide a todo tipo de ignorantes destruir infraestructura hidráulica, entapiar cunetas y drenajes en las carreteras, para su conveniencia o para estacionamiento.

¡No es un problema del desarrollo, la conservación, si no su mejor fundamento! La preservación de un medio físico amigable con la creatividad y la producción social es una garantía para nuestra inversión y requisito de un adelanto sustentable. Que requiere efectivamente planificación con reglamento y después vigilancia efectiva. Y mantenimiento. La mejor manera de conservar es desarrollar inteligentemente, con criterio técnico e ingenio ilustrado, la desidia y la inacción en cambio ponen todo en riesgo.

La culpable por ende no es Natura, es ignorancia, negligencia y colusión de la autoridad central y local, cuando un congreso o una corporación municipal reducen la protección en la falda o el piemonte y se despreocupan de los cauces por los que debe salir libremente, y no puede, por la mina o la ocupación informal, la irresponsable disposición de deshechos. Presos debería haber a estas alturas. Y entonces, ¿culpa también de la Fiscalía? ¿Cuántos procesos contra infinitos abusos escandalosos ha incoado en los últimos veinte años? Nadie se atreve contra la mafia. ¡Omerta!

Negligencia entonces también de la sociedad, porque todo esto ha ocurrido a vista y paciencia suya, sin protesta de los ciudadanos. De los estudiantes y profesores, de los múltiples clubes sociales y deportivos, de artistas y pensadores, de empresarios y políticos. La misma comunidad científica, la primera obligada a hablar se queda callada por colusión o por miedo. Es delicada la situación, se habrá dicho. Estos al fin y al cabo son problemas de larga data. Pero ¿acaso no es cierto y no es Honduras uno de los sitios mas peligrosos del planeta también para los defensores del ambiente?

Así, en la política, candidatos que han atentado contra el medio ambiente se ofrecen, reclamando a otros las consecuencias de sus propias acciones. Y paradójicamente, la autoridad responsable de políticas publicas, de conducir el ordenamiento, de vigilar y proveer es la primera que figura conmovida en el caos de la tragedia. Juan Hernández repite un viejo ritual cuando sobrevuela las aguas estancadas en helicóptero y chaleco. Pero ¿es el mismo que extinguió el ministerio del medio ambiente? Los y las candidatas a diputar circulan con pipas y bolsas solidarias de papel higiénico, guineo y  banderín. Pero ¿donde están las leyes? ¿Las instituciones? El agua y aire limpio, el suelo drenado y el sol filtrado, que da vida y vitamina, en vez de cáncer, un medio ambiente sano es un derecho humano. Que el estado debe garantizar. Y a los ciudadanos compete… exigírselo.

2 comentarios en “La negligencia ante el medio ambiente y el falso dilema de desarrollo o conservación

  • el noviembre 1, 2017 a las 10:37 pm
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    Es que el «desarrollo» para muchos es construir tuneles y puentes a desnivel tirar cemento en las cuidades y si usted le contradise es porque tiene idaeas obsoletas y es comunista..mi opinione es que deben hacerse escuela de formacion politica economica, que se entienda lo que realmente es desarrollo..ir a los barrios a organizar la gente y esto tenga un efecto multiplicador…yo por ejemplo soy miembro de una pequeña cooperativa que nos ayudamos mutuamente con pequeños proyectos…encontrar organizaciones que podamos compartir experiencias en otros campos del desarrollo..

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  • Maria Diaz
    el noviembre 1, 2017 a las 7:26 pm
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    necesitamos instituticiones fuertes e independentes Que. hagN una Honduras fuerte, no necesitamos clientelismo político . La responsabilidad
    Es de los que quitaron las instituciones para quedarse con el dinero. Qué pasa con el plástico en Roatan ¿ eso debió de ser previsto ..?

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