Ciudades de Honduras crecen bajo caos de la espontaneidad

Ciudades de Honduras crecen bajo caos de la espontaneidad por corrupción, pobreza y falta de planificación urbana

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Redacción: Viena Hernández

Tegucigalpa. – La espontaneidad, con ausencia de normas, orden, congruencia, estilo, ritmo y, sobre todo, faltante de funcionalidad con la cual están extendidas las ciudades de Tegucigalpa y Comayagüela, son otro de los resultados de las malas gestiones, la politiquería, la intromisión de los grupos de poder, la pobreza y falta de interés en las autoridades por diseñar ciudades aptas para todos sus usuarios.

Los estudios urbanísticos no forman parte del establecimiento de las ciudades de Tegucigalpa y Comayagüela, pese a ser el rostro del país, carecen de los más básico para erradicar otros muchos problemas que repercuten del montado caos urbano, como ser la escasez de agua, las inundaciones, derrumbes, hundimientos, entre otros.

El arquitecto y expresidente del Colegio de Arquitectos de Honduras (CAH), Juan Carlos Rodríguez, hizo un análisis para Criterio.hn, en el cual compartió que, ante la falta de análisis, estudios profesionales y planificación en el diseño y construcción de las ciudades, en Honduras, siguen reproduciéndose perfiles urbanos del siglo XVII y XVIII, tanto en colonias como en zonas residenciales.

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Las decisiones que se van tomando en una ciudad dependen de los criterios políticos del momento, cuyas decisiones toman personas que no tienen la capacidad técnica para describir cómo manejar una ciudad, lo cual genera que se desarrolle de manera desordenada.

Las alcaldías de los años setentas a la actualidad han sido manejadas de una forma sumamente empírica, politizada, a corto plazo en cuanto a lo que significa el desarrollo de proyectos para una ciudad.

Tegucigalpa y Comayagüela, en su desorden, se componen de calles estrechas, pocas áreas verdes, postes en las aceras, aceras estrechas o inexistentes, sin paso para las personas con discapacidad, entre otras deficiencias.

Lo anterior provoca también accidentes viales, muertes por accidentes de tránsito y atropellamiento.  El 23.4% de los incidentes de tránsito son de atropellamiento, aquí repercute directamente el caos por la falta de diseño urbano, según datos del Observatorio de la Violencia a de Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

TODO A CORTO PLAZO Y POR INTERESES POLÍTICOS

En conversación con Criterio.hn, el arquitecto Óscar Hernández resaltó lo importante de la planificación, diseño urbanístico y un plan maestro para la ciudad, puesto que desde 1974, en la época de Henry Merriam, un equipo de trabajo elaboró el Plan de Desarrollo Urbano “EDOM”.

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El EDOM, -explicó- era un plan maestro para el desarrollo de la ciudad, en el cual se establecía claramente la zonificación, ubicación y extensión de calles principales, zonas industriales de la ciudad, zonas de trabajo, zonas de vivienda, zonas de oficinas gubernamentales y otras.

Ante ese contexto, Rodríguez dijo que faltó planificar a largo plazo las ampliaciones debido al creciente número de habitantes y obtener el hábitat para contener toda la cantidad de personas que vivirían en las ciudades, puesto que no solo nacen en estas, también hay un gran aumento de personas que vienen de otras zonas del país hacia las ciudades.

Lo anterior también genera cordones de pobreza al contorno de la ciudad, debido a la ausencia de laguna política municipal para determinar cómo recibir a las personas y cómo hacer la convivencia decorosa y ordenada.

 “Tegucigalpa está creciendo de forma desordenada, nadie sabe para dónde crece, sino que los mismos desarrolladores de proyectos lo definen”, apuntó el arquitecto Rodríguez, quien a su vez mencionó que esto repercute negativamente en las posibilidades de abastecimiento de agua potable y los servicios públicos básicos necesarios, sumado a eso, se desarrollan proyectos habitacionales de alta densidad en lugares que no cuentan con las características correctas para uso de suelo.

Es común ver construcciones que no son prioritarios, como la entrada de un centro comercial, a un edifico o un desarrollo industrial, el cual no responde a un plan, sino un interés.

Lo que sucede en las ciudades de Honduras también son el claro espejo de la efervescente pobreza, cuyas calles y avenidas se ven invadidas de vendedores ambulantes debido al crecimiento del empleo informal. Estas personas no cuentan con un proyecto estratégico bien establecido para ubicarlos en sus propios puestos de trabajo y liberar las zonas peatonales.

“El futuro de nuestras ciudades lo podemos observar hoy, no tiene una brújula correcta, por ejemplo, el alcalde anterior (Nasry Asfura) se puso a desarrollar una serie de proyectos de infraestructura que, si lo analizamos, pese a haber gastados miles de millones de lempiras en estos proyectos, no han tenido una verdadera incidencia ni resultados en beneficio del desarrollo la ciudad”, razonó Rodríguez.

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Los problemas de Tegucigalpa siguen igual, tan latentes como siempre, debido a la falta de interés de las autoridades municipales en trabajar está situación de manera coherente, puesto que las ciudades deben manejarse técnicamente y sin injerencia política. Misma situación se está acentuando en Santa Lucía, Valle de Ángeles, Ojojona y otras zonas cercanas a Tegucigalpa.

En las ciudades del mundo, son especialistas técnicos en urbanismo, arquitectos, ingenieros y profesionales en el orden interdisciplinario quienes se hacen cargo de la planificación de las ciudades, excepto en Honduras, dijo Rodríguez, quien también es el presidente de la Coalición Patriótica.

“Lamentablemente, esa falta de planificación urbanística -como todo en este país-, como si está en el ADN desde la época de los mayas, construimos obras sobre las que hizo el otro gobernante y empezamos de cero, es un hábito y una cultura, sumado a esto, hay un desorden porque se manejan intereses para desarrollar un proyecto, aunque no sea de importancia o prioridad”, expresó Hernández.

Sin embargo, Rodríguez sostuvo que nunca es tarde para empezar a actuar, por lo cual se podrían corregir -aunque sería un tanto complicado y costoso – enderezar algunas partes rescatables de las ciudades, lo cual vendría a apalear un poco las condiciones que se han perdido en cuanto a la calidad que debe tener una ciudad.

El arquitecto Hernández, quien también integra Frente Nacional Para Elecciones Limpias (Frenael), señaló que ha habido planes, por ejemplo, el Mercado Perisur, otro en la zona de la Torocagua de Comayagüela y varias salidas principales de la ciudad, pero quedan a medias, sin seguimiento.

No se trata de hacer puentes a desnivel, derivaciones, rotondas, solo por montar un elemento urbanístico, lo necesario es una planificación general de la ciudad antes de ejecutar el gasto de millones de lempiras.

El arquitecto Hernández, destacó que hay muchos problemas en las ciudades de Honduras, mencionó que el ciudadano tiene derecho al espacio físico, abierto, pero las alcaldías nunca han tenido capacidad para darles mantenimiento a las áreas verdes, en todas las colonias, la alcaldía exige el 15% de la urbanización para áreas verdes, pero se han mutilado, por lo general son vendidas para construir más viviendas o parqueos.

“Dennos el usufructo de las áreas verdes a la comunidad para poderlas desarrollar y cuidar, si las tiene abandonadas la Alcaldía Municipal, permítannos a los patronatos empoderarnos de esas áreas para que no estén descuidadas”, manifestó.

DE INICIOS DEL URBANISMO A CIUDAD CAÓTICA

El arquitecto Ricardo Calderón Deras, especialista en restauración urbana y arquitectónica, utilizando el contexto histórico, adentró a Criterio.hn en la historia del crecimiento de las ciudades, contó que el urbanismo en Tegucigalpa comenzó desde el periodo republicano, cuando aún las calles no estaban pavimentadas.

Ricardo Deras Calderón

No obstante, cuando Tegucigalpa obtuvo el título de capital de Honduras, no estaba apta para ser una ciudad capital por ser demasiado pequeña. Además, no tenía la extensión urbana que la compone ahora.

Las calles eran de tierra, luego algunas fueron cubiertas de piedra, más adelante, otras fueron asfaltadas y algunas como los bulevares se revistieron de concreto hidráulico.

Fue el Arquitecto Henry Merriam quien comenzó a cambiar la ciudad en los años setentas, ahí empezaron a crecer las largas calles que llamamos bulevares y puentes a desnivel, lo cual trajo crecimiento urbanístico.

Las aldeas que se ubicaban en aquel entonces en la periferia de la ciudad, es decir, la parte sur de Tegucigalpa, lugar donde se encuentra actualmente Loarque, se unió con los bulevares y el Anillo Periférico.

Luego de unos años, se creó la oficina de Plan de Desarrollo Urbano Metropolitano (Metroplan). No obstante, Calderón lamentó que, como en Honduras es costumbre cada cuatro años arrancar con una nueva alcaldía y dejar atrás proyectos pasados, aunque sean de beneficio, no se siguió con el desarrollo urbano propuesto por esa planificación.

En la década de los ochentas empezó el crecimiento acelerado y totalmente desordenado de Tegucigalpa y Comayagüela. Esa ampliación carente de orden, ocasionó la construcción de barrios y colonias en lugares de riesgo.

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De ahí, también se acrecentó el caos vehicular, principalmente en Comayagüela, lo cual también imposibilita la construcción de infraestructura. Las ciudades carecen de varios elementos urbanísticos, además de eso, hace falta la construcción de represas para el almacenamiento de agua potable para eliminar tanto racionamiento y escasez.

Actualmente Tegucigalpa está creciendo de forma horizontal, es decir, en torres de apartamentos, pues hay pocas tierras para urbanizar y los disponibles para que la ciudad crezca se ubican a inmediaciones de la carretera a Olancho y la carretera al sur.

Los proyectos de vivienda social resultan caros y no hay suficiente agua disponible para desarrollarlos. Todo lo antes mencionado, provocó la ciudad caótica y hacinada de Tegucigalpa y Comayagüela.

Los parques casi fueron eliminados del desarrollo de la ciudad y, los pocos que quedan, son mínimamente visitados debido al control de la delincuencia sobre estos espacios.

La mayoría de los capitalinos no cuentan con lugares para distraerse los fines de semana, por lo cual, si no visitan otras ciudades y pueblos turísticos, optan por acudir a los conglomerados centros comerciales, solo para distraerse en lugares aparentemente seguros.

Tegucigalpa fue un real de minas, por esa razón es que se compone de altas cuestas y colinas. “El 80% de la población capitalina vive en cerros y, aunque hay energía eléctrica y luz, no se dispone de agua potable, además, son lugares altamente inseguros”, dijo el arquitecto Calderón.

Por otro lado, valoró que ciudades como San Pedro Sula, Choluteca, Comayagua, Siguatepeque, cuentan con planificación urbana ordenada, sumado a eso, tienen la oportunidad de visitar plazas y lugares públicos para convivir y disfrutar de conversaciones y café.

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