Vacunar a la mitad de los pobres del mundo cuesta menos de lo que ganan las compañías farmacéuticas en 4 meses

Por: Redacción CRITERIO.HN

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En los días previos a la Asamblea Mundial de la Salud que se celebrará la próxima semana, Oxfam está instando a los Gobiernos y a las compañías farmacéuticas a que garanticen que las vacunas, pruebas y tratamientos estarán libres de patentes y se distribuirán equitativamente a todas las naciones y personas. A la reunión virtual del lunes 18 de mayo asistirán los ministros de salud de 194 países.

La Fundación Gates ha estimado que el coste de la adquisición y distribución de una vacuna segura y eficaz a las personas más pobres del mundo es de 25 000 millones de dólares. El año pasado, las diez principales compañías farmacéuticas obtuvieron 89 000 millones de dólares de beneficios, un promedio de poco menos de 30 000 millones de dólares cada cuatro meses.

Oxfam ha advertido que los países ricos y las grandes empresas farmacéuticas, impulsados por intereses nacionales o privados, podrían impedir o retrasar que la vacuna llegara a las personas en situación de vulnerabilidad, especialmente las que viven en los países en desarrollo.

La UE ha propuesto en su proyecto de resolución para la Asamblea Mundial de la Salud la puesta en común voluntaria de patentes para vacunas, tratamientos y pruebas para el coronavirus. Si este hecho se hace obligatorio y extensible a todo el mundo, aseguraría que todos los países puedan producir o importar versiones de bajo coste de cualquier vacuna, tratamiento y prueba disponibles. Sin embargo, algunos documentos filtrados revelan que la administración Trump está tratando de eliminar las referencias a las patentes conjuntas y está lanzando un mensaje contundente sobre el respeto de las patentes de la industria farmacéutica. Esto daría a las empresas farmacéuticas derechos exclusivos para producir y fijar los precios para cualquier vacuna, tratamiento y prueba que desarrollen, incluso si se ha utilizado el dinero de las personas contribuyentes para financiar su investigación y desarrollo.

José María Vera, director ejecutivo interino de Oxfam Internacional, declara:

«Proporcionar una vacuna a 3700 millones de personas podría costar menos de lo que las diez mayores compañías farmacéuticas ganan en cuatro meses. Todo lo que no sea trabajar para garantizar una vacuna gratuita para todo el mundo sería obsceno.

«Las vacunas, pruebas y tratamientos deben distribuirse según la necesidad, no subastarse al mejor postor. Necesitamos vacunas seguras y sin patentes, tratamientos y pruebas que puedan producirse en masa en todo el mundo, y un plan claro y justo de cómo se van a distribuir».

Una vez que se desarrollen vacunas o tratamientos, existe también un alto riesgo de que los Gobiernos ricos y poderosos superen las ofertas de las naciones más pobres y se abran paso a la fuerza para ponerse los primeros de la cola, como lo hicieron en la lucha por otros suministros médicos esenciales como los equipos de protección individual (EPI) y el oxígeno.

En marzo, el laboratorio farmacéutico Gilead intentó ampliar su monopolio de un posible tratamiento para el virus y únicamente lo retiró tras una protesta pública. Gilead ha donado todo su suministro actual de remdesivir al Gobierno de los EE. UU., pero algunas noticias sugieren que la empresa podría obtener importantes beneficios de su producción posterior. Algunos analistas de Wall Street esperan que Gilead cobre más de 4000 dólares por paciente por el medicamento, aunque el coste del remdesivir puede ser solo de 9 dólares por paciente.

Muchos países pobres no tienen acceso a vacunas y medicamentos esenciales debido a las normas sobre patentes que otorgan a las empresas farmacéuticas derechos de monopolio y el poder de fijar los precios muy por encima de lo que estos países pueden permitirse. La neumonía es la mayor causa de muerte de los niños y niñas menores de cinco años, con una tasa de mortalidad de 2000 niños al día. Durante más de una década, millones de niños y niñas no han tenido acceso a las vacunas patentadas contra la neumonía producidas por Pfizer y GlaxoSmithKline debido a su elevado coste. Tras años de campaña de Médicos Sin Fronteras, ambas empresas bajaron sus precios en 2016, pero únicamente para los países más pobres, dejando a millones de niños y niñas todavía sin acceso a dicha vacuna.

Ante esta situación, Oxfam propone un plan global de cuatro puntos en el que pide:

  1. Compartir obligatoriamente todos los conocimientos, datos y propiedad intelectual relacionados con el COVID-19, y el compromiso de condicionar toda la financiación pública a que los tratamientos o las vacunas estén libres de patentes y sean accesibles para todos.
  2. El compromiso de disponer de una capacidad adicional de fabricación y distribución de vacunas a nivel mundial con la financiación de los Gobiernos de los países ricos. Esto significa construir fábricas en países dispuestos a compartir e invertir en los millones de trabajadores y trabajadoras sanitarios adicionales que se necesitan actualmente para ofrecer prevención, tratamiento y atención tanto ahora como en el futuro.
  3. Un plan de distribución equitativo, acordado a nivel mundial, con una fórmula justa asegurada, de modo que el suministro se base en la necesidad y no en la capacidad de pago. Las vacunas, los tratamientos y las pruebas deben producirse y suministrarse al menor coste posible a los Gobiernos y organismos, idealmente a no más de 2 dólares por dosis, y deben proporcionarse gratuitamente en el punto de entrega a todas las personas que la necesiten.
  4. Un compromiso para reparar el actual sistema y fomentar la investigación y el desarrollo de nuevos medicamentos. El sistema actual prioriza los beneficios farmacéuticos por encima de la salud de las personas en todo el mundo, lo que significa que muchos medicamentos necesarios pero no rentables nunca se desarrollan, y los que sí lo hacen, con demasiada frecuencia tienen un precio fuera del alcance de los países y las personas más pobres.

Vera concluye: «Contar con una vacuna asequible para todo el mundo requerirá una cooperación mundial sin precedentes. Los Gobiernos deben romper con lo establecido y dar prioridad a la salud de toda la población mundial por encima de las patentes y los beneficios de las empresas farmacéuticas, asegurando así que nadie se quede atrás».

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