Los fracasos del sistema impuesto

Por: Marlin Oscar Ávila

Un sistema, con sus programas estratégicos para el desarrollo, se consideraría exitoso sí los indicadores sociales y económicos generales mejoran, es decir, son superiores a los de años anteriores. Si su pueblo los tolera, fortalece y fomenta. De lo contrario, son un fracaso, demostrando el pueblo su disgusto con movilizaciones constantes.

Hasta donde podemos observar, en los países latinoamericanos, uno de los países que está presentando anualmente resultados positivos y significativos en lo social y económico, es Bolivia. No nos referimos al conocido índice de crecimiento general sobre el PIB, y los indicadores de inversiones industriales e intercambio comercial globales, pero a la calidad de vida de la ciudadanía.

Según el PNUD quien utiliza tres variables para definir el índice de desarrollo humano:

1) la esperanza de vida al nacer, 2) el nivel de alfabetización adulta y nivel de estudios alcanzado; y, 3) el producto interno bruto por persona y su acceso a recursos económicos, calificando de 1 a 0, siendo éste 0 la más baja y 1 la más alta.

PNUD clasifica así tres categorías de países: Los países con IDH muy alto; los países con IDH alto; los que tienen IDH medio y, los con IDH bajo. En grado muy alto, se enlista a Chile, Argentina y Uruguay. En grado alto, la lista está encabezada por Costa Rica, Panamá y Cuba; el grado medio lo encabeza Bolivia, El Salvador y Nicaragua, terminando la lista con Haití con la categoría de IDH bajo.

Esta clasificación nos puede ayudar a comparar los países un tanto académicamente, pero debemos incluir una mirada sobre su desarrollo político también. No sorprendería a nadie prever una caída en el IDH en el caso de Argentina, por las políticas económicas implementadas últimamente por su gobierno, además de las permanentes movilizaciones de su ciudadanía protestando. El crecimiento sin precedentes de su deuda externa, los recortes de los servicios públicos y el creciente desempleo, hace ver esa probable caída.

El caso de Costa Rica, es menos grave, pero, su situación es de un alto riesgo. Ya está publicada la última encuesta de hogares de julio del presente año, se confirma un aumento de 1.1% en la pobreza y de la extrema pobreza en 0.6% entre el 2017 y 2018. Si las amenazas de implementar medidas impopulares, es decir, en contra de las mayorías sociales, se ejecutan, es muy probable que Costa Rica, caiga más debajo de la escala establecida por el PNUD, el próximo año.

Los demás países centroamericanos están en peores condiciones de vida, no solamente por las medidas neoliberales implementadas por sus gobernantes durante el último quinquenio, pero por el crecimiento de la corrupción y la impunidad de sus gobernantes. Es en el caso salvadoreño donde su actual gobierno se ha librado de acusaciones públicas de alta corrupción.

La imposición de círculos mafiosos dentro de los gobiernos, con altos niveles de nepotismo y corrupción, así como de sus vínculos con el crimen organizado, hacen que sus pueblos se dispongan a organizar caravanas masivas de migrantes en busca de mejores condiciones de vida. Son pueblos que dejaron de creer en los discursos vacíos de la clase política. Pueblos que están viviendo los resultados de políticas neoliberales donde si no hay negocio, no se invierte en los servicios públicos esenciales. Honduras encabeza a estos gobiernos del área centroamericana, donde queda muy poco por concesionar y licitar, como recursos y servicios que antes le servían al pueblo empobrecido. Durante los últimos ocho años, su pueblo ha aprendido a sobrevivir con miedo y terror. Los carteles de la droga, del tráfico humano, el negocio del sicariato, del soborno, la extorsión

, de las pandillas en complicidad con autoridades, etc., hicieron de este país un paraíso centroamericano para la delincuencia.  No solamente han coexistido con las autoridades locales, pero con las agencias de los EUA, quienes, desde el golpe de Estado en 2009, han convertido a este país en su aliado estratégico, para experimentar todo tipo de negocio sin obedecer un marco jurídico alguno. Desde luego, históricamente Honduras ha cumplido los dictados de Washington, pero entre 2007 y 2009, ese pueblo tuvo la esperanza de ver una luz de su autonomía y soberanía. Algo intolerable para el imperio yanqui.  

Después de ocho años de protestas, demandas y esperanzas, el pueblo catracho se ha dado por vencido. Con más de un 63% de pobreza (6 millones de personas), un 80% de empleo precario y sub empleo arriba del 50%, el pueblo está convencido que no hay medio lícito y “democrático” que permita rescatar un sistema de gobierno y de institucionalidad democrática que priorice a su pueblo. Dejando alrededor de 25 mil víctimas asesinadas, muchos presos políticos y muchas personas con daños laterales, dejando sus barrios abnegados de inseguridad social, de instituciones cadavéricas y altos niveles de desempleo formal, mejor se va. Su emigración es un hecho, aunque sea con pocos Lempiras en su bolsillo, dejando atrás a seres queridos y amistades, se ha dispuesto a tomar la última medida de salvación para cualquier ser humano: abandonar su propia patria, la tierra que le vio nacer y donde tuvo sembrada sus esperanzas de vida.

Por ahora se habla de 4 a 5 mil personas en caravanas, de todas las edades y en diferentes condiciones, pero con el común denominador: POBRES y MISERABLES. Su disposición voluntaria de llegar a cumplir su meta, les ha obligado a saltar obstáculos que pueden hacer temblar a los más valientes, pero siempre con esa voluntad férrea de seguir avanzando.

Este fenómeno es otra prueba más de que los sistemas políticos de libre mercado y desregulación impuestos por algunos gobiernos, agencias internacionales y multilaterales son un fracaso. Este fracaso, evidentemente no es de un gobierno izquierdista como el venezolano. Ese fracaso denunciado por la OEA (Almagro y Grupo de Lima) del cual se conocen sus causas, como las fabricadas por Ronald Regan en Nicaragua en los ochenta, pero con intereses mucho más económicos ahora con relación a Venezuela, esta demostrado por la voluntad de estos pueblos empobrecidos de Centro América.

Los nicaragüenses huyen hacia Costa Rica, los hondureños y guatemaltecos hacia México, Estados Unidos y Canadá, además de España. Los catrachos podrían hacer lo que hacen los nicaragüenses, huir hacia el Sur, pero su razonamiento es que en Nicaragua hay otra dictadura, con una pobreza igual o peor que en Honduras. Así que no se trata de ir a vivir a un contexto con ideología (dis que izquierdista) determinada, pero en mejores condiciones políticas y económicas. El mito de que EUA es el “sueño americano” sigue calando en las mentes de estos pueblos. Pero queda la esperanza de unas condiciones mejores en México con un nuevo gobierno más democrático. Es de esperar a diciembre próximo.

Intelectuales mediáticos, las voces cómplices del sistema

Por: Dennis de Moraes

En uno de sus textos más imprescindibles, el gran geógrafo brasileño Milton Santos delineó el escenario que hoy se consolida: “la instrumentalización por los medios de comunicación” de intelectuales que trabajan dentro de las organizaciones del sector, o que, vinculados a la academia, al mercado o a instituciones específicas, con ellas se entrelazan por convergencias político-ideológicas y motivaciones otras. No escapó a la aguda percepción de Santos que la reputación del intelectual ya no depende del valor de su obra y de la fuerza de su toma de posición; ahora, se confunde con la consagración por los engranajes mediáticos, basada en la visibilidad alcanzada por la inserción en los vehículos. De ahí la reacción del autor contra el declive de la figura del intelectual crítico en la sociedad de pantallas y monitores: «Nuestro trabajo no es producir flashes, frases, sino ayudar a producir conciencia. La cautela del intelectual ante los medios televisivos no significa rechazarlos, porque él necesita difundir su trabajo. Pero es necesario ser prudente, prudencia que viene solamente de la conciencia plena del papel que tenemos para ejercer.

En efecto, la mayoría de los espacios de opinión en los medios hegemónicos está actualmente ocupada por dos tipos de intelectuales: aquellos formados dentro de las propias empresas o por ellas proyectadas (articulistas, columnistas, comentaristas, guionistas, etc.), en sintonía con sus principios y prioridades; y los seleccionados externamente por las corporaciones a partir de sus especializaciones profesionales o académicas, y, sobre todo, por sus perfiles ideológicos.

En el primer caso, el politólogo brasileño Carlos Nelson Coutinho observó que «los medios de comunicación crean su intelectual orgánico», es decir, cuadros que hacen su aprendizaje y ascienden según patrones fijados por los propios medios, con menos autonomía y creatividad. «Son orgánicamente constituidos como intelectuales mediáticos, como productores culturales de los medios. Esto empobrece el proceso de creación. El potencial crítico disminuye en la medida en que el intelectual ya no es la figura que, aún limitada por el universo estético y político de los medios, mantenía un cierto distanciamiento crítico.

En el segundo caso, los conglomerados mediáticos eligen una especie de fuerza-tarea de analistas que congrega a economistas, consultores financieros, ejecutivos de bancos, politólogos, juristas, sociólogos, diplomáticos jubilados y empresarios, entre otros. Sus intervenciones, legitimadas por el desempeño en sus áreas de actuación, no se apoyan solamente en razones técnicas, pues se alinean a idearios políticos, económicos y culturales tendencialmente conservadores, en grados distintos.

Jean-Paul Sartre analiza el papel destacado de muchos expertos como «técnicos del saber práctico». Pertenecen a una categoría de intelectuales que ejercen sus actividades conservando relaciones próximas con el orden vigente, lo que significa establecer confluencias con concepciones de mundo de clases e instituciones hegemónicas. Según el filósofo francés, al validar la ideología dominante como eje de autoridad y poder, los expertos abdican de cualquier sentido contestatario y ponen los intereses universales al servicio de ambiciones particulares. Su función es «implícitamente transmitir valores (cambiándolos, de acuerdo con las necesidades, para adaptarlos a las exigencias de la actualidad) y de combatir, cuando necesario, los puntos de vista y los valores de todas las demás clases, argumentando con sus conocimientos técnicos «

Sartre se refiere al carácter elitista de intelectuales de la burguesía en su propensión a apoderarse de la palabra y de la opinión en la arena de la sociedad civil – un ámbito de múltiples relaciones de poder, lugar de disputas entre fuerzas sociales en la formación de las mentalidades y la definición de agendas públicas. Estos intelectuales intentan realzar visiones que contribuyan para mantener las hegemonías constituidas; por lo tanto, toman partido en la batalla de las ideas frecuentemente en defensa del establishment. Para el cumplimiento de su misión, se valen de los instrumentos de elaboración discursiva de los medios, así como de la exposición pública, «siempre de acuerdo con los raciocinios admitidos por la burguesía».

Los sectores preponderantes de los medios manifiestan preferencia por expertos que, por sus trayectorias y posicionamientos, no representan riesgos de contra-facción ideológica. Ellos buscan construir narrativas que expliquen los acontecimientos asumiendo perspectivas afines con los intereses del mercado, de las jerarquías políticas, de los lobbies empresariales y de las corporaciones mediáticas, alimentando la espiral de reproducción del sistema. «Por lo tanto [el experto] no puede ser un inquisidor notable, un cuestionador que traiga nuevos ángulos a la discusión o entonces un intelectual que desmitifica el glamour de determinado tema», resume el periodista Luis Nassif, que fue columnista y miembro del consejo editorial del diario Folha de S. Paulo.

No es difícil verificar, principalmente en el noticiero económico, el descarte de críticos del neoliberalismo en favor de analistas que priorizan el examen de temas como las tasas de interés, la rentabilidad de las inversiones y los índices de las bolsas de valores. En sus discursos, utilizan abundantemente palabras y expresiones del léxico neoliberal: «ventajas competitivas», «flexibilización», «optimización», «gestión del negocio», «racionalización de costos”.

Conviene dejar claro que el problema en sí no es lo que piensan los expertos, inclusive porque varias de sus interpretaciones encuentran respaldo en algunos segmentos sociales. Si no fuera así, Fox News, perteneciente a la colosal News Corporation, del magnate Rupert Murdoch, no estaría liderando desde hace casi dos décadas, incluso en la era Donald Trump (a quien Murdoch apoyó en la campaña presidencial de 2016), la competencia entre los canales de noticias de la televisión paga en los Estados Unidos. A lo largo de la programación diaria, los comentaristas, con evidente sesgo conservador, abordan temas políticos y cuestiones polémicas (en el vídeo aparece el hashtag #FoxNewsSpecialists). Lucy Dalglish, directora de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Maryland, atribuye el éxito de Fox News a la falta de competencia dentro del nicho de audiencia en que se concentran sus espectadores fieles: «Ellos saben cómo alimentar el apetito de la audiencia conservadora» .

Los economistas del poder, de la academia o del trade financiero son entrevistados sucesivamente en programas de radio y televisión, periódicos, telediarios, revistas y portales de Internet, la mayoría de ellos diciendo, en esencia, la misma cosa, sólo con atajos argumentativos propios. Esta previsibilidad evidencia los criterios que orientan las pautas, siempre que los expertos son llamados a opinar. No pasa desapercibida la opción deliberada por asuntos que hacen relucir la doxa neoliberal: Estado mínimo, autonomía de los mercados, ajustes fiscales, privatizaciones, contención de gastos públicos, reducción de las inversiones sociales, supresión de derechos laborales, etc.

Dependiendo de las intenciones de cada programa, de vez en cuando son invitados opositores de las políticas neoliberales para compartir la mesa de debates. Pero debemos cuestionar si esa esporádica inclusión de expresiones disonantes representa una apertura circunstancial al pluralismo, o si, tan sólo, es una manera de disimular la insistencia del pensamiento único.

Cuando, por ejemplo, se aprueba una ley de alcance social que afecta la lógica excluyente del sistema económico, no tardan en aparecer expertos para alertar sobre los «maleficios», los «enormes costos», “los graves riesgos», los «desequilibrios» supuestamente provocados por las medidas. Si, al contrario, las grandes empresas son favorecidas con reducciones tributarias, renuncias fiscales o financiaciones a bajo interés en bancos públicos, la fuerza-tarea es de inmediato accionada para enaltecer los «impactos positivos» y los «beneficios productivos». En cualquiera de las hipótesis, interfieren como elementos de presión permanente.

En tal contexto, crece el poder de un restringido número de periodistas cuyos puntos de vista guardan proximidad con las directivas editoriales y políticas de los medios. Los nombres, digamos, «confiables» (que no representan el conjunto diversificado de la categoría profesional) disponen de un verdadero arsenal de canales, incluyendo aquellos vinculados a oligopolios, para diseminar sus veredictos. Actúan simultáneamente en la televisión y en la radio; tienen columnas en diarios y revistas; mantienen blogs en internet: publican libros; participan de eventos empresariales y académicos; y están presentes en redes sociales, donde sus páginas atraen a miles o millones de seguidores. Si sus apreciaciones refuerzan constantemente las líneas de análisis de los editoriales de las empresas que los contratan, tenemos una pista para entender el lugar privilegiado que los intelectuales mediáticos ocupan en la cadena productiva. Percibimos también por qué ellos ocupan espacios multiplicados de divulgación. Es un intercambio de conveniencias: a la sujeción de los autores a las prescripciones sobre los contenidos que deben o no ser difundidos corresponden retribuciones ventajosas, a comenzar por el prestigio y la visibilidad en el primer plano de la escena mediática.

Podemos concluir que las voces autorizadas por los grupos mediáticos están lejos de ofrecer variedades argumentativas. Aunque sus discursos tengan la pretensión de, hipotéticamente, reflejar la «voluntad general», en verdad operan, en diversas ocasiones, como voceros informales del poder económico y del conservadurismo político, a los cuales se ligan por intereses cruzados y complementarios.

El fin último del trabajo ideológico-cultural de los medios y sus epígonos intelectuales consiste en influir, en la medida máxima de lo posible, en los modos de conocimiento de los hechos por parte del público, o de sus fracciones más susceptibles, con los énfasis e idiosincrasias de cada vehículo. El propósito subyacente es persuadir a la audiencia a incorporar determinados prismas de revelación de la realidad, por más imprecisos, distorsionados o facciosos que puedan ser.  

Cuando los mecanismos de control de la opinión se exacerban, sobresalen la intolerancia al disenso y el ocultamiento de discordancias, que caracterizan la falta de diversidad. Como resaltó George Orwell, «quien desafía la ortodoxia dominante se ve silenciado con sorprendente eficacia» .

  Cambio de sistema, más que de actores

 

Por: Marlin Oscar Avila

Cotidianamente vemos como nuestras sociedades en Latinoamérica viven peleando, acusando a uno u otro actor social, político o religioso de ser responsable de los efectos de sus decisiones. Particularmente si tiene bajo su responsabilidad algún cargo público. Se condena al funcionario por una u otra cosa, demandando generalmente que abandone el cargo para el cual ha sido electo o, en el mejor de los casos, logró ganarse una titularidad mediante un concurso que diera valor a sus méritos, sin embargo, la ciudadanía a la cual sirve con la institución en que labora, le condena por los malos resultados institucionales. Normalmente, los individuos y grupos sociales buscarán a alguien a quien acusar por no lograr los servicios esperados.

Desde luego, las instituciones están compuestas por humanos y es a los humanos a quienes se señalan como responsables. Pero ¿acaso son las individualidades las principales responsables de los fracasos de un proyecto, de un programa, de una política establecida, de un gobierno local, regional, nacional o multinacional? Sabemos que generalmente sus actos y decisiones las toman en consenso institucional y en el peor de los casos, cuando se trata de una persona que irrespeta las normativas institucionales, lo hace arbitraria y soberbiamente.

Por ejemplo, nos resistimos a creer que ¿Sea al Juez Sergio Moro, del Brasil a quien hay que responsabilizar exclusivamente por mantener al ex presidente Lula da Silva en prisión sin probar objetivamente sus delitos?, tampoco es al juez Julian Ercolini, el único responsable de perseguir a Cristina Fernández, ¿ex presidenta de Argentina? Inclusive, uno se interroga sí ¿Será el Presidente actual de Ecuador, Lenin Moreno y asesores más cercanos, los únicos responsables de perseguir al Ex presidente Correa, y está promoviendo a Ecuador para integrar la OTAN y además, introduciendo al Pentágono a su territorio? ¿Será la pareja Ortega, la única responsable de la represión existente en Nicaragua? ¿Será Jimmy Morales y su partido político los únicos responsables de la corrupción en la administración del gobierno guatemalteco? O ¿Serán Renato Alvarado, Rodrigo Wong Arévalo y Alfredo Villatoro, responsables directos de noticias en TV y radio, que alienan la conciencia colectiva de los hondureños?  O ¿Será el magistrado Fernando Cruz, nuevo presidente de la Corte Suprema de Costa Rica, responsable de no resolverse la prolongada crisis del poder judicial? O ¿Será Nicolás Maduro el responsable de la crisis económica y política de Venezuela? Estos y otros muchos actores en el escenario de nuestra región, normalmente son centro de ataques por los diferentes medios de comunicación.

Así como la inteligencia estadounidense creyó que, con desaparecer a figuras políticas como Hugo R. Chávez, desaparecería la conciencia revolucionaria de la ciudadanía venezolana; muchas personas creen que destituyendo a figuras controversiales como Donald Trump, o Xi Jimping, o Theresa May, van a producirse cambios sustanciales (impactos) en el contexto nacional e internacional. Creer que quitando a Christine Lagarde, como Directora del FMI, se acabaría la caída estrepitosa de la economía argentina, sería muy ingenuo, puesto que habrían más de una docena de candidaturas iguales o peores que ella, para asegurar que lo negociado con Mauricio Macri se cumpla al pie de la letra, hasta poner de rodillas al país frente a los intereses de las grandes tras-nacionales financieras y demás negocios mundiales.

Lo cierto es que estas personalidades, algunas mucho más relevantes que otras, no se han generado por procesos de metamorfosis individual o familiar. Son el resultado de procesos colectivos sociales y políticos del medio en que conviven y de las redes globales del modelo neo liberal o del liberalismo internacional. Si se llegaran a defenestrar, a quitar o fallecieran por muerte natural, sin lugar a dudas, van a ser sustituidos por alguien similar o peor. Como es el caso del gobernante más poderoso del continente americano: Donald Trump. Este magnate de los bienes raíces, xenofóbio, neo-fascista, considerado por muchos como el peor gobernante de la historia estadounidense desde lo ético, moral, político y económico, si fuese impedido (empechement) de seguir gobernante, sería inmediatamente sustituido por su vicepresidente Mike Pence, probablemente sería peor gobernante que Trump, es decir, los riesgos de destrucción de la “única nave espacial en que viajamos” será mayor. De todas maneras, los “águilas del Pentágono” tienen mayor control del Estado ahora que cuando estuvo Barack Obama y otros antecesores.

El pensar que estos actores son quienes generan los hechos que producen mayor sufrimiento humano y, que al no estar ellos/ellas en sus puestos actuales, se concluirá con buena parte o todo ese sufrimiento que “producen”. Así que muchas son las personas que buscan cómo derrocar o sustituir a estos poderosos personajes, quienes son reconocidos con nombre y apellido.

Pero algunos sectores sociales creen que, insultando, ofendiendo, denigrando y hasta produciendo mayor desprestigio a su oponente, va a lograr cambios sustanciales además de lograr una terapia psicológica colectiva. Por ejemplo, en Honduras, desde el primer fraude electoral para elegir a Juan Orlando Hernández, posiblemente el presidente menos popular de Centroamérica, han circulado miles de mensajes por las redes sociales, con críticas fuertes, muchas sustanciales, sin producir un solo paso al lado de este señor. Como circula un video internacionalmente, es una persona sumamente cínica que no se inmuta ni para mentir y menos por ser fuertemente criticado. Hemos escuchado que desde el movimiento de “Los Indignados”, antes de su re elección, le han recordado a su madre en todos los desfiles, pero nada ocurre ni ocurrirá con él.  Muy parecido a la actitud de Jimmy Morales en Guatemala. Y así al Secretaria General de la OEA, don Luis Almagro, muy recomendado inicialmente por políticos de gran prestigio, luego, rechazado por la mitad de ellos, se sostiene allí desde el 2015, pese al creciente desprestigio internacional ganado. Es decir, han fallado las protestas y medios de crítica utilizados, sus objetivos apuntados a personas, más que a estructuras. Si Almagro, o Theresa May, o Donald Trump salen del poder, nadie puede asegurar que eso producirá cambios importantes y significativos para la ciudadanía.

Si hay algo inquietante son nuestros sistemas de justicia, generalmente controlados por un grupo reducido de abogados con títulos de magistrados, propietarios y suplentes, quienes integran diferentes Salas, concejales, y otros, elegidos por el poder legislativo. Es decir, un poder define quiénes van a integrar otro poder, y este poder legislativo es un órgano esencialmente político partidario. Consecuentemente, el Poder Judicial, difícilmente se libera de las influencias de los partidos, especialmente por los que dominan el Poder Legislativo. Eso está teniendo graves consecuencias en la vida política de la mayoría de los países latinoamericanos. Pero, no se escuchan propuestas para reestructurar esta modalidad para evitar estas influencias, los altos grados de impunidad, de mora judicial, las graves decisiones de jueces que favorecen el mercado ilícito, además de los enormes privilegios de Magistrados, como si fuesen una casta superior dentro de nuestras sociedades. Estas intocables instituciones son protegidas, por las élites políticas y económicas que se aprovechan de una tradición histórico cultural y de la creencia que esta es la mejor forma de manejar la “Justicia Ciega” heredada por los europeos.

En el contexto general de cada país, el público puede pasar rápidamente de la adulación al odio con facilidad. Es esta manipulación de la subjetividad social, de los principales logros en los medios tarifados y algunas redes electrónicas. El odio lleva a la población a buscar desahogarse con fuertes expresiones, manifestaciones multitudinarias, memes y demás medios de las redes sociales, que producen un efecto terapéutico de alivio y relajamiento al estrés que producen los mandatarios que gobiernan para su propio beneficio, para las élites locales y para actores extraños al país que contribuyeron a elegirles. Son otros los dueños del poder, el denominado poder fáctico. Este es quien finalmente determina cuánto dura un gobernante “elegido por sufragio democrático”, mientras que los y las votantes, solamente sirvieron para validar un proceso, muchas veces amañado.  y de la satisfacción de fuerzas mayores, en general externas. En otras palabras, existen actores invisibles que manejan los hilos de un sistema de explotación, extorsión y violencia contra los modelos democráticos quienes manipulan las fuerzas sociales, aun cuando sean de la oposición, para neutralizarla, con significativo éxito.

Se ha venido observando el caso de Honduras desde que el Departamento de Estado en Washington, encabezado por Hilary Clinton decidiera que el ex presidente Manuel Zelaya Rosales debía salir del poder aliándose para sacarlo con la oligarquía criolla, incluyendo a líderes religiosos. El pueblo hondureño ha tratado diferentes fórmulas políticas para recuperar la democracia liberal que tenía y ha venido fracasando en todas. Una de sus debilidades ha sido concentrar sus baterías en personas y no en sistemas y metodologías. Además de llorar los innumerables asesinatos por el régimen y sus aliados, gritando con mucha fuerza para que se haga justicia y procurar procesar a los actores del partido político en el poder, esa oposición se ha desgastado en pleitos contra personalidades, desahogándose en un mar de críticas, insultos, pleitos y acusaciones. Nueve años han estado con diversas tácticas contra el gobierno, pero éste, que no tiene escrúpulo alguno para utilizar el principio de “el fin justifica los medios”, les ha ganado una y cien batallas. Recientemente, se notan suspiros de esperanzas en lograr justicia, porque el Senado de EUA ha exigido a la Casa Blanca tomar medidas contra el grave estado de corrupción, impunidad e injusticia que se vive en Honduras. Sin embargo, internamente pareciera haber una oposición desmembrada, agotada y sin una estrategia clara, más que ese desahogo terapéutico de expresiones de enojo, justificado, pero inutilizado o mal canalizado.

El caso de Honduras es importante verlo en su forma y metodología de dominio, porque nadie puede apostar que esto no le ocurra a alguno de los países vecinos. En Nicaragua se dice que en tres meses ha habido más de 300 víctimas mortales, un buen número de presos políticos y un millar de heridos. En Honduras, en nueve años hay acumulados más de 12 mil asesinatos, mucho más heridos y aún hay presos políticos, sin incluir los exiliados políticos. Esto es un promedio de 1,333 homicidios cada año o 111 por mes.

En otras épocas, cuando no había tanto medio electrónico de comunicación, cuando existía una clase trabajadora organizada, fuerte y crítica, los cambios no se esperaban tanto de afuera. Los casos más ilustrativos fueron los grandes movimientos de lucha contra las dictaduras de Argentina, Chile, Perú, Uruguay, Brasil, Ecuador, Nicaragua, El Salvador, y Guatemala. La clase trabajadora y clase media baja, no concentraba sus energías en el individuo que gobernaba, Pinochet, Videla y demás comandantes militares, sino en el sistema dictatorial y sus alianzas con el imperio estadounidense. Un general pudo haberse cambiado, pero la lucha se mantenía hasta ver derrotada la dictadura militar, algunas, como la de Brasil, tardaron dos décadas en caer. Se dirá que esto ha cambiado y son otros los parámetros los que existen. Desde luego, pero el arte está en saber adecuar los medios y las estrategias a las nuevas condiciones y no en lamentarse constantemente por perder una y otra batalla frente a actores visibles, ignorando a los invisibles, que seguramente son más influyentes. 

La sociedad civil legitima al sistema neoliberal

Por: Jaime Flores

A partir de los años 90 surge con fuerza avasalladora la denominada sociedad civil, con la intencionalidad manifiesta de desplazar del escenario nacional a los actores sociales que en ese momento histórico eran los representantes legítimos, en la generalidad de los casos, de las grandes mayorías; como los sindicatos, las centrales obreras, campesinas, patronatos  et al.

A estos actores sociales el sistema necesitaba exterminarlos, ya fuera a través de la desaparición física o a través de la cooptación vía la “compra” de sus dirigentes, debido a que su posición dicotómica de interpretar la realidad, que se enmarcaba dentro de la teoría marxista de la lucha de clases, le era incómoda al imperialismo y a la oligarquía criolla.

No del azar aparece para este propósito un Gustavo Álvarez Martínez, un Billy Joya y un Oscar Álvarez y otros que por ahora prefieren estar ocultos, agazapados, para que se no les recuerde como criminales, torturadores de estudiantes y de líderes sociales en los cercanos años 80. Escondidos están, olvidados nunca.

Pero otra forma viable y más duradera que encuentra el sistema para apartar a los líderes sociales del escenario social y político es a través del fortalecimiento del “liderazgo” de una supuesta sociedad civil, que no son más que empleados de las organizaciones no gubernamentales, ONGs, que se apropian del discurso social, pero ahora “desideologizado y despolitizado”, aparentemente.

Las oenegés se enmarcan dentro de la lógica neoliberal y tienen como propósito oculto desprestigiar al Estado. Su nombre ya lo dice, “no gubernamentales”, nacen de lo negativo, pero no sólo tratan de negarlo, si no que además lo sustituyen, realizando algunas funciones principalmente de salud y educación con lo que ganan reconocimiento y legitimidad.

Las oenegés surgen con el apoyo de la no tan noble, ni tan buena, ni tan honesta cooperación internacional, que se encarga de financiarlas y a sus directores o empleados altos,  potenciarlos y visibilizarlos como un nuevo liderazgo y de alguna manera legitimarlos, ya que por ser impuestos carecen de reconocimiento social y en algunos casos solo son conocidos por su madre.

Es así como estos nuevos actores sociales, actúan diferente; ya no hacen huelgas, lo que hacen es incidencia política; ya no tratan a los funcionarios de Estado como representantes del poder oligárquico, sino como sus iguales; los empresarios ya no son explotadores, son filántropos, apoyan el desarrollo del país a través de la “política responsabilidad social empresarial”.

Las oenegés se cuidan de no tocar temas sensibles, andan por las ramas, por ejemplo no abordan la temática de despojo de las tierras de comunidades ancestrales y campesinas, no se pronuncian por el desplazamiento de comunidades enteras por los mega proyectos y si lo hacen,  se enfocan en el efecto y no en las causas, por ende los problemas subsisten.

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Desde su irrupción en el país siempre han tomado partido y este precisamente es estar cerca del poder y de los poderosos y muy lejanos del pueblo, aunque hagan proyectos, el pretexto que han utilizado es la incidencia política y el lobby, son “expertos en ello” y que la incidencia no  es más que una vulgar metodología creada por el departamento de Estado.

Para el sistema el papel que han jugado las oenegés ha sido el perfecto, lo han legitimado y lograron desplazar y sacar del escenario nacional a esos actores sociales que quiérase o no tenían arraigo popular y respondían a sus bases, para el pueblo hondureño ha sido nefasto, no por algo ahora el 70 por ciento de la población vive en la pobreza. Continuará.

Chinchilla continuará en la Fiscalía porque es parte del sistema y le conviene a la clase política

Por: Redacción CRITERIO

redaccion@criterio.hn

Tegucigalpa.-A juicio del analista político, Raúl Pineda Alvarado, es prácticamente un hecho que el Fiscal General de la República, Óscar Chinchilla, continuará en el cargo porque es amigo del sistema y por ende es quien le conviene a la clase política.

Chinchilla
                                                                     Raúl Pineda Alvarado

“Los políticos quieren un fiscal amigo, no un fiscal que ponga en riesgo sus intereses de naturaleza económica o política”, expresó Pineda Alvarado, al tiempo que manifestó que ese hecho hay que aceptarlo, porque no se ha presentado otra  figura que lo sustituya  y “entonces hay que dejar el menos malo”.

Sobre el papel de la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH) en la reelección del Fiscal, dijo que esta instancia de la Organización de Estados Americanos (OEA) ha optado por impulsarlo porque es el más amigable a la clase política, pero aclaró que no necesariamente el más amigable tiene que ser el más eficiente.

Amplió que después de la salida del vocero Juan Jiménez Mayor, la MACCIH tiene que demostrar que está haciendo su cometido, aunque reprochó que la instancia hace poco y únicamente tiene que justificar su presencia en Honduras.

En la reelección de Chinchilla, manifestó que se ha cometido un error al impulsar su candidatura, queriendo imponer una imagen de que la sociedad hondureña cree en los esfuerzos del  Ministerio Público para combatir la corrupción.

Según analista dentro los esfuerzos de querer maquillar la continuidad de Chinchilla hay diversos actores, algunos, extremadamente cínicos, como algunos representes de la sociedad civil que en el pasado reciente se retiraron de la junta proponente junto a la UNAH, porque se oponían a la elección del actual fiscal, pero ahora extrañamente lo presentan como si fuera “una maravilla, como si en Honduras las cosas están cambiando”.

Chinchilla
Recientemente el Fiscal General de la República, Óscar Chinchilla, presentó un informe de su gestión ante el Congreso Nacional. En primera fila junto al jefe de gobierno, Juan Hernández, con quien mantiene vínculos políticos y de amistad.

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“Entonces he visto con mucha sorpresa que gente que antes hablaba muy mal de Chinchilla, hoy que hay una línea de gobierno para que continúe en la Fiscalía, cambia su posición, se vuelven incoherentes y empiezan a hacer el papel de activistas”, criticó.

Ex primera dama

Sobre la captura ayer de la ex primera dama, Rosa Elena Bonilla de Lobo, acusada de liderar una red de corrupción que blanqueó fondos públicos para uso particular, dijo que en este caso hay un elemento político que está  relacionado al proceso de elección del nuevo fiscal, y porque MACCIH está tratando de emular el trabajo que hace la Comisión Internacional Contra la Corrupción y la Impunidad en Guatemala (CICIG).

Indicó que hay que dejar claro que la corrupción no ha terminado con la detención de la ex primera dama, si no que ahora  debe perseverarse  en las acciones contra otros entes de poder o personalidades de los distintos gobiernos que se han visto involucrados en otros actos de corrupción  y a quienes no se les ha hecho nada.

Consideró que hay que celebrar las acciones de la Fiscalía y del Consejo Nacional Anticorrupción (CNA) pero hay que esperar que estas continúen y que se dirijan no contra una especie de “ángeles caídos” o de  personas que ya salieron del círculo del poder, como el caso de la ex primera dama, sino que se conduzcan también a los que ostentan y detentan el poder económico y político en Honduras.

El sistema de corrupción es una maquinaria bien aceitada que funciona muy bien: Raúl Pineda Alvarado (vídeo)

 

Por: Redacción CRITERIO

redaccion@criterio.hn

Tegucigalpa.- “El sistema de corrupción funciona muy bien, es una maquinaria adecuadamente aceitada que se vuelve demoledora frente a los que en algún momento se convierten en una amenaza para su funcionamiento normal”, dijo el analista hondureño, Raúl Pineda Alvarado, refiriéndose al caso de la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH).

Desde que Luis Almagro le envió la carta al jefe de gobierno de Honduras, Juan Hernández, se estaba obligando a Juan Jiménez Mayor a renunciar, “porque si su jefe le dice que es un incapaz que no ha ofrecido resultados a pesar de haberle otorgado los recursos legales y económicos necesarios; por ética y por dignidad, el vocero estaba obligado a renunciar”.

Jiménez Mayor se vio en la encrucijada de perder su imagen o presentar su renuncia y lo obligaron a renunciar. Esta es una renuncia inducida propia del sistema. Así se ha hecho renunciar a dos fiscales generales aquí en Honduras, recordó Pineda Alvarado.

El sistema de corrupción funciona muy bien, es una maquinaria adecuadamente aceitada que se vuelve demoledora frente a los que en algún momento se convierten en una amenaza para su funcionamiento normal.

Dijo no sentirse sorprendido porque desde el año pasado, el señor Jiménez comenzó a tener problemas con la representación de la OEA en Honduras y con algunos asesores del señor Almagro que vinieron a hacer ciertos arreglos en el Congreso Nacional y que hoy desde Washington, cerca de Almagro, se encargaron de moverle el piso al vocero de la MACCIH.

Pineda Alvarado señaló que, Jiménez Mayor no solo ha acusado a Luis Almagro de interferir para que la MACCIH no funcione, sino que también ha acusado a Arturo Corrales de hacer una labor de incidencia para su defenestración. “Y si Corrales está en esto, pues está el gobierno”.

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Hasta los voceros del sistema piden salida de Julieta Castellanos

Por: Redacción CRITERIO

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Tegucigalpa.- La salida de Julieta Castellanos, rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, (UNAH),  es exigida hasta por los con los catedráticos y voceros pro-sistema quienes hoy piden su salida de la máxima casa de estudios.

El catedrático y analista político defensor del sistema,  Edgardo Rodríguez, lamentó  lo que ha sucedido en la UNAH donde las autoridades contrataron a un grupo de matones y fortachones que solo se miran en la lucha libre.

Agregó que es lamentable que la rectora a dos meses de irse de la universidad este dejando esta estela de dolor y confrontación al interior de la Alma Mater.

Rodríguez le hizo un llamado diciendo: “señora rectora váyase de la universidad dignamente, ya solo le quedan dos meses. Que sea recordada por un acto de dignidad, un acto humano un gesto de dialogo, de entendimiento”.

Continuó diciendo: “señora rectora cese en esta confrontación y deje de contratar grupos de choque para ir a provocar la confrontación con los estudiantes, esa no es la vía señora rectora. La Vía es el dialogo, es calmar los ánimos  y acompañe a los estudiantes este miércoles cuando van a presentar un proyecto de ley al Congreso Nacional”.

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Más adelante,  agrego que Castellanos debe acompañar al estudiantado para que se busque una salida consensuada en el Congreso Nacional porque ya no hay tiempo ya que en el mes de septiembre la rectora y todo el equipo de dirección se tienen que ir.

Rodríguez manifestó que la ni la ley orgánica ni el consejo universitario contempla una salida a un vacío de poder dentro de la universidad y ahora quien deberá resolver el problema es el Congreso Nacional.

Finalmente hizo un llamado al Poder Legislativo para que busquen una salida salomónica y que no se aprovechen para llevar agua a su molino y que piensen en los mejores intereses de Honduras y de los jóvenes que ahí se forman.