Guardias de seguridad del Hospital Escuela continúan abusando de pacientes y empleados

Por: Redacción CRITERIO.HN

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Tegucigalpa. –Los guardias del Hospital Escuela continúan abusando de los pacientes que a diario llegan a ese centro asistencial en busca de atención médica, sin que ninguna autoridad del Estado enmiende esta situación que por años se ha venido denunciando.

Este lunes CRITERIO.HN ingresó al principal hospital público de Honduras y constató los vejámenes que comenten los guardias contratados por la empresa CNK S. de R.L. de C.V, que a partir del 1 de agosto de 2018 recibió un honoroso contrato.

Los abusos observados por este medio de comunicación van desde obligar a los pacientes y a sus acompañantes a formar una fila y tenerlos hasta una hora sin justificación alguna, revisar con la mirada inquisitiva a quien desea entrar, hablar por radio para preguntar, supuestamente, a sus superiores en lenguaje militar, si procede o no el ingreso de las personas.

Ante el temor a que no se les permita la entrada, la mayoría de las personas consienten los abusos e incluso hasta los empleados son afectados por la conducta autoritaria.

Una mujer, que pidió el anonimato, confesó que uno de los guardias le propuso llevársela a la cama como pago para dejarla entrar a ver a su madre que se encuentra hospitalizada.

La mujer teme a denunciar a su agresor porque cree que nadie hará nada, pues sabe que en Honduras no existe la aplicación de la justicia.

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CNK fue contrata en un proceso de licitación en el que participaron tres empresas más, pero anómalamente fue beneficiada con el contrato, que supera en 4.4 millones de lempiras a la empresa que hizo la menor oferta.

Un informe de la Asociación por una Sociedad Más Justa señala que el contrato con la empresa CNK es de 19,209,600 lempiras y que en virtud que el proceso se llevó a cabo de manera anómala una comisión evaluadora solicitó subsanaciones legales y técnicas, pero la Junta Directiva del Hospital Escuela Universitario (HEU) para evadir la responsabilidad cambió a los integrantes de la comisión evaluadora.

El contrato estipuló inicialmente la prestación de servicio de 98 guardias de seguridad tanto para el Hospital Escuela como para las clínicas periféricas, ubicadas en las colonias capitalinas, el Hato de En medio, El Sitio y el barrio Las Crucitas de Comayagüela.

CNK presta además los servicios de seguridad a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Fue contratada en el Hospital Escuela por las denuncias de abuso por parte de su antecesora Service. Sin embargo, a casi dos años de su contratación la situación sigue en similares condiciones.

Hospital Escuela
Un guardia de seguridad se refleja en una ventana de la sala de espera del Hospital Escuela, mientras se coloca una mascarilla para entrar a una de las áreas del hospital. Los guardias de seguridad y el supervisor se molestaron ante la presencia del fotógrafo de CRITERIO.HN a quien intimidaron y recogieron sus datos, sin que hasta este momento se conozca las razones.
Hospital Escuela
Una mujer, empleada del área de salud espera un ascensor en el Hospital Escuela. 
Una mujer sale por el portón de acceso vehicular del Hospital Materno Infantil. Al fondo cuatro enfermeras encargadas de tomar la temperatura a las personas que entran, como parte del protocolo de bioseguridad.
Hospital Escuela
Un hombre espera, con la receta médica en la mano, que un familiar le entregue por una rendija su billetera. El paciente salió de la sala de emergencia para comprar su desayuno.
Hospital Escuela
Un nutrido grupo de personas espera sentado en la acera del acceso al área de emergencia del Hospital Escuela. Este grupo se compone de familiares de pacientes que están solos en consulta externa y deben esperar para comprar medicamentos o para estar atentos a cualquier situación que se presente.
Hospital Escuela
Una señora de la tercera edad espera dentro del Hospital Materno Infantil que un familiar más joven le compre lo solicitado. En los accesos de este hospital hay varias casetas de venta de comidas, frutas e insumos de higiene.

 

Hospital Escuela
Dos empleadas del área de limpieza, con trajes de bioseguridad, realizan la limpieza cerca del área de emergencia del Hospital Escuela. Tras una fuerte lluvia que causó daños, el domingo, en varias unidades del centro asistencial
Hospital Escuela
Una empleada de la Alcaldía Municipal del Distrito Central realiza el aseo de un tramo del bulevar Juan Pablo II, justo debajo del puente del bulevar Suyapa.
Hospital Escuela
Una mujer dentro del Hospital Materno Infantil busca a su familiar para pedirle apoyo, porque si sale no podrá volver a entrar, pues así son las reglas impuestas por los guardias de seguridad.
Hospital Escuela
En el portón de acceso al área de emergencia del Hospital Escuela, un guardia -con voz altisonante- pregunta el o los motivos para querer entrar a la emergencia, ya que el no tener un documento que autorice la entrada o una enfermedad que se manifieste de manera visible es imposible el acceso. La respuesta, muchas veces, es cerrar la puerta e insultar a las personas.
Hospital Escuela
Un doctor de la Sala de Emergencia le da indicaciones a una paciente que llegó este lunes en busca de atención médica
Hospital Escuela
Un empleado de salud se refleja en los vidrios de la sala de espera del Hospital Escuela, hoy lleno de camillas para enfrentar la Covid-19.

Crisis de hospitales en Honduras toca fondo, cancelan cirugías infantiles por falta de medicamentos e insumos

Crisis de hospitales en Honduras

Hasta el mes de agosto, el Hospital Escuela Universitario tenía acumulada una mora de diez mil intervenciones quirúrgicas, de las cuales el 20 por ciento, unas dos mil, corresponden a pacientes en estado grave.

Por: Redacción CRITERIO

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Tegucigalpa,-Mientras el gobierno nacionalista de Juan Hernández enfrenta un masivo éxodo de migrantes que no puede controlar, la crisis de los hospitales públicos se profundiza ante la falta de medicinas, insumos y de pago a médicos y enfermeras.

La crisis se sientes más en las instituciones asistenciales de Francisco Morazán y Cortés, donde en el Hospital Mario Catarino Rivas de San Pedro Sula y el Hospital Escuela Universitario se han suspendido primero las cirugías para adultos y ahora las cirugías para menores porque no hay medicamentos ni insumos para operar.

Además, por falta de medicamentos fue suspendido temporalmente el programa de trasplante de riñón en la población de pacientes infantiles del Hospital Mario Catarino Rivas de San Pedro Sula (SPS).

Especialistas en nefrología confirmaron dicha especie e indicó que el establecimiento asistencial no cuenta con fármacos utilizados para prevenir el rechazo de un órgano trasplantado o enfermedades que pueden ser de origen inmunitario.

Mientras tanto, la Asociación de Médicos Especialistas del bloque médico quirúrgico del Hospital Escuela se han declarado en alerta ante la situación crítica de la principal institución asistencial pública del país.

En un comunicado emitido este fin de semana, los facultativos exigen a la Secretaría de Salud la intervención urgente de Hospital Escuela, crear los mecanismos para dotar del material faltante y la toma de medidas que corresponden.

Finalmente, los doctores demandantes han logrado un acuerdo preliminar dirigido a restablecer las cirugías selectivas, a excepción de las que corresponden a ortopedia y neurología, las cuales continuarán canceladas.

Hasta el mes de agosto, el Hospital Escuela Universitario tenía acumulada una mora de diez mil intervenciones quirúrgicas, de las cuales el 20 por ciento, unas dos mil, corresponden a pacientes en estado grave.

Ministerio Público interviene el Hospital Escuela Universitario en medio de crisis

Por: Redacción CRITERIO

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Tegucigalpa.-En medio de la crisis generada por la falta de insumos, medicamentos y hasta de alimentos, el Ministerio Público (MP) intervino esta tarde el Hospital Escuela Universitario.

Hospital EscuelaEn la intervención participan elementos de la Fiscalía para la Transparencia y Combate a la Corrupción Pública (FETCCOP) y de la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC), quienes de acuerdo a una publicación en las redes sociales del MP, decomisan documentación que sustente supuestamente ilicitudes en autorizaciones de plus salariales y falsificación de documentos públicos.

La intervención ha causado sospechas en el Colegio Médico de Honduras (CMH) porque ocurre casualmente cuando el centro hospitalario atraviesa una crisis por la deficiente gestión administrativa.

La presidenta del CMH, Suyapa Figueroa, denunció esta tarde que la crisis está siendo provocada por el gobierno para entregar los hospitales públicos a la empresa privada.

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Figueroa apuntó que las irregularidades que ocurren en el centro asistencial deben ser investigadas por las instancias correspondientes para que se deduzca responsabilidad penal a los involucrados y no quedarse únicamente en un escándalo.

En mayo del año pasado, la presidenta de los médicos solicitó a las autoridades del Tribunal Superior de Cuentas (TSC), que intervinieran el hospital para evitar irregularidades administrativas.

Desde el año 2010, el HEU es administrado por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

En las últimas horas el rector interino de la Alma Mater, Francisco Herrera, declaró que el principal centro hospitalario de Honduras enfrenta problemas en la compra de medicamentos porque muchas licitaciones han sido declaradas fracasadas en virtud de no haber oferentes.

UNAH nunca tuvo base legal ni jurídica para cobrar en el Hospital Escuela (vídeo)

Por: Redacción CRITERIO

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Tegucigalpa. – La profesional del derecho, Georgina Sierra, quien presentó el recurso de amparo contra los pagos en el Hospital Escuela Universitario (HEU) explicó que fue un esfuerzo de los miembros de Convergencia Ciudadana y más de 6 mil firmas de hondureños que respaldaron la petición.

Los amparos iban encauzados en la defensa del derecho a la salud pública como un derecho fundamental y enfocados en la normativa internacional en contraste con la Constitución de Honduras que prevalece ante toda norma y las leyes, explicó Sierra.

Además, se hizo una investigación previa donde descubrieron que la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), no cuenta y nunca ha contado con ninguna normativa ni base legal, ni jurídica para cobrar por los servicios en el Hospital Escuela Universitario (HEU).

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Esto no solo es una violación al derecho fundamental, sino que, además, cualquier cobro es ilegal dijo Sierra.

El fallo de la sala tampoco es parcial como se ha pretendido hacer creer, el fallo de la sala es bien claro y se otorga a favor del Amparo interpuesto que contempla los cobros y la elevación de los mismos.

Vea la entrevista completa….

Fallo de la corte sobre Hospital Escuela, da lugar para que no se cobre en ningún hospital (vídeo)

Por: Redacción CRITERIO

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Tegucigalpa. – “El fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre los pagos en el Hospital Escuela Universitario (HEU), constituye un hito importantísimo para el pueblo hondureño y nosotros no podemos dejar de reclamar la salud como un derecho fundamental”, dijo Suyapa Figueroa, presidenta del Colegio Médico de Honduras (CMH).

Este fallo de la Corte debe ser utilizado no solamente para impedir el cobro en el Hospital Escuela, sino para impedir el cobro en todos los centros hospitalarios públicos del país donde debe garantizarse el pleno goce de la salud, dijo Figueroa.

Agregó que se debe exigir al gobierno que derive los fondos que sean necesarios para garantizar el goce del derecho a la salud, porque con esta sentencia van a justificar las carencias en los centros hospitalarios.

Figueroa dijo que, ya lo demostró el CNA, el país no hay medicamentos, no hay médicos, no hay asistencia porque se roban más de la mitad del presupuesto del ramo de la salud.

No hay pretexto en este país, hay que manejar los fondos de manera transparente, hay que darle al pueblo hondureño lo que ya pagó con sus impuestos.

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Figueroa señaló que,  si a las personas les cobran en el Hospital Militar o en las clínicas de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) le cobran a la gente, están abusando del poder porque ambos usan los fondos del Estado y que son las aportaciones del pueblo a través de sus impuestos.

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Sentencia es clara y contundente, los pacientes del Hospital Escuela no deben pagar (vídeo)

Por: Redacción CRITERIO

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Tegucigalpa. – La sentencia emitida por los tribunales de justicia, es clara y contundente y los pacientes no deben pagar por ningún servicio de salud obtenido en el Hospital Escuela Universitario (HEU), manifestó este día, Juliette Handal, coordinadora de Convergencia Ciudadana.

Handal quien compareció en una conferencia de prensa para explicarle al pueblo que no se debe pagar y que quienes están realizando cobros están violentando la ley y están cometiendo delito.

Señaló que le da tristeza que las autoridades del HEU, fueron invitadas a la conferencia de este día, pero no llegaron y ayer publicaron un comunicado donde se comprometieron a respetar el fallo, pero igual siguen cobrando, lo que da a pensar que solo lo hicieron por salir del paso, acotó Handal.

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La expresidenta del COHEP, manifestó que las autoridades manifiestan que con las aportaciones de los pacientes se recaudan 30 millones de lempiras y en otro informe dice que son 49 millones, pero el gobierno se gasta más de mil millones en el alquiler de dos fragatas y en el centro cívico están gastando más de 155 millones de dólares.

Handal advirtió que lo más seguro es que van a decir que el Hospital Escuela va a estar en crisis debido a la sentencia que la Convergencia ciudadano promovió y que ahora tendrán que despedir personal y que ya no hay medicinas, porque ya no se puede cubrir las necesidades.

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Hospital Escuela sigue haciendo cobros a pacientes pese a sentencia de la Corte que lo prohíbe

Por: Redacción CRITERIO

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Tegucigalpa.-Las autoridades del Hospital Escuela Universitario (HEU) siguen haciendo cobros a los pacientes, pese a que la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) emitió la semana pasada un fallo que prohíbe dicha práctica.

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El 19 de abril pasado el Poder Judicial respondió a un recurso de amparo interpuesto en marzo de 2017 por la agrupación Convergencia Ciudadana, que lidera la empresaria farmacéutica Juliette Handal, ante los cobros al margen de la ley que se han venido haciendo en el principal centro hospitalario de Honduras.

El fallo judicial establece la protección al derecho a la salud que tienen todos los hondureños establecido en el artículo 145 de la Constitución y refiere que el centro asistencial no tiene fuerza legal, ni facultad, ni normativa para hacer cobros, por lo que se deberá suprimir cualquier recepción de recursos económicos que se aplique a los pacientes, explicó la abogada recurrente del recurso de amparo, Georgina Sierra.

Las autoridades del Hospital Escuela se resisten a dejar de hacer los cobros, argumentando que la Corte no les ha remitido ninguna notificación sobre la sentencia.

En tanto fuentes ligadas al Poder Judicial alegan que la sentencia solo surte efecto a los incrementos en las tasas vigentes de 2017 a la fecha y que los cobros solo pueden ser abolidos en su totalidad con un nuevo recurso de amparo, porque en el centro asistencial se aplican recepciones monetarias desde hace 30 años.

Ante los argumentos, la abogada recurrente Georgina Sierra, manifestó que la sentencia es clara y debe aplicarse desde el día que se emitió y advirtió que quienes la incumplan están incurriendo en sanciones penales.

“El fallo de la sentencia es bien claro, la sentencia dice que por unanimidad de votos se otorga la acción de amparo interpuesta y lo da todo en su totalidad, es decir todo lo que se pidió en amparo”, manifestó.

La especialista en derecho constitucional recordó que la Convergencia Ciudadana pidió mediante el amparo la aplicación de cualquier cobro, lo que significa que la Sala de lo Constitucional ordenó desde el pasado 19 de abril que no procede ningún cobro.

Sobre la postura de las autoridades del Hospital Escuela Universitario, dijo que no pueden alegar que no tienen la sentencia en sus manos para abolir los cobros, porque es algo que se dio a conocer desde que se emitió y fue algo que trascendió a través de los medios de comunicación, lo que convierte la acción en “un hecho notorio y público”.

Sierra apuntó que cualquier información diferente es una distorsión a la sentencia de la Sala de lo Constitucional, por lo que quien insista en hacer cobros está incurriendo en diversos delitos.

Por su parte la coordinadora de la Convergencia Ciudadana, Juliette Handal, lamentó, que tanto las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), como de la secretaría de Salud, hagan caso omiso al veredicto de la Corte.

Handal apuntó que inmediatamente a que se conoció el fallo judicial comenzó a llamar telefónicamente al rector de la UNAH, Francisco Herrera y al secretario de Salud, Octavio Sánchez, sin embargo, ninguno le respondió.

Las integrantes de la Convergencia Ciudadana informaron que en los próximos días se reunirán con fiscales del Ministerio Público para explicarles el alcance de la sentencia a fin de que ésta instancia del Estado comience a deducir responsabilidades a quienes están desobedeciendo el fallo.

Colegio Médico pide intervención del Hospital Escuela Universitario

Por: Redacción CRITERIO

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Tegucigalpa.- El Colegio Médico de Honduras (CMH), a través de su  presidenta, Suyapa Figueroa, solicitó a las autoridades del Tribunal Superior de Cuentas (TSC), que intervengan el Hospital Escuela Universitario (HEU), para evitar irregularidades administrativas.

La presidenta de los galenos  es del criterio que con una intervención del Tribunal Superior de Cuentas (TSC), a este centro de atención médica, se podría evitar una situación similar a la que vivió el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS).

Figueroa propone esta iniciativa por ser miembro de la sociedad civil debido en parte al incremento en el precio de los servicios médicos creando mucha especulación,  por esa razón el CMH solicitó los estados financieros a las autoridades del Hospital Escuela, pero se los  negaron.

Por esa razón, la doctora Figueroa acudió al Instituto de Acceso a la información Pública (IAIP) y al TSC para solicitar una auditoria para evitar las especulaciones, pero con evidencia y con ello evitar una situación similar ocurrida al IHSS.

Otra de las razones por las que se pide la intervención es  para que este centro de atención sanitaria ofrezca servicios médicos de calidad, porque ya que le cobrarán más a la población que acude en busca de atención médica entonces devienen obligados a brindar excelencia en la atención a los pacientes.  

 

Setenta de cada 100 hondureños con sobrepeso y obesidad

Por: Redacción CRITERIO

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Tegucigalpa. Comer mucho no significa comer bien.- ¡Cuidado! Si usted es de las personas que se alimenta sin saber qué se lleva a la boca, ponga atención. Primero, debe saber que en la edad media la obesidad era símbolo de riqueza y salud. Desde el punto de vista social, las personas pasadas de carnes se las calificada de élite; tenían valoración positiva, prestigio y poder social. En 1363 ser gordo fue calificado de nefasto.

La obesidad es considerada, seguida del estés y diabetes, una epidemia global. La Organización Mundial de la Salud (OMS), asegura que mil millones de personas padecen sobrepeso y más de 300 millones son obesos. En el caso de Honduras, 30 de cada 100 padecen esa condición. Y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), advierte que la tasa aumentó al 70 por ciento.

La pobreza, la falta de políticas públicas de nutrición, el consumismo y la proliferación de comidas rápidas o chatarra, han sido factores para tener una población con problemas de peso. Francisco Soto (45) es mecánico; durante 25 años devoró hamburguesas, tortas, refrescos de botella y “toda la grasa que uno puede imaginar porque sabia riquísimo y, sin darme cuenta, aumenté”.

Admite que se malacostumbró a comer mal, que la tentación venció la razón y le provocó diabetes. Bajar de peso ha sido monumental: llegó a pesar 540 libras o 245 kilogramos y el doctor le advirtió que se sometiera a dieta o se arriesgaba a morir. Además del trastorno que altera la producción de glucosa, el obeso es proclive a padecer hipertensión arterial, colitis, cáncer de páncreas, de colon y en mujeres se han reportado cáncer de de mama.

Por su parte, el Hospital Escuela Universitario (HEU) revela que cada mes se detectan 80 nuevos y unos 800 mil hondureños padecen la enfermedad. Las cifras locales no se desconectan de la realidad global. Para 2035 se estima que los casos se incrementaran a 9,592 millones.

Mirna Díaz (47) comenta que el año pasado comenzó hacer ejercicios. Y es que la principal razón que la motivó fue el desempleo. “Me miré al espejo y estaba gorda, en el trabajo pasaba sentada y comiendo. Cuando uno se casa olvida quien es, porque se dedica a los hijos, al esposo y uno no se autocuida; cuando me despidieron me deprimí y no hallaba qué hacer, entonces decidí hacer ejercicios y ya llevo dos años y he visto los resultados, me siento saludable”, añade. Quiere que el esposo salga a correr, ya que padece sobrepeso, pero ha sido difícil convencerlo.

«Creo que es la mala alimentación, la comida chatarra es barata, no hay tiempo de cocinar algo sano. Trabajo y estudio y no me da tiempo de hacer ejercicios por eso aumenté”, explica Linda Zúniga, estudiante universitaria. Para Elvis Santos (28) su vida ha sido dura. Ser obeso le ha causado muchos problemas, entre ellas, la falta de amor propio o autoestima. Y cuenta que “una vez entré a un taxi colectivo, estaba sentada una muchacha bien bonita, me gustó y lo feo es que ella me miró con asco. Iba incómoda en todo el camino (…) cuando salimos, se limpió el sudor que dejé en su brazo y murmuró que rebajara”. “A veces –prosigue–, cuando la gente lo trata mal, más se hunde en el problema en vez de cambiar o mejorar”.

Malos hábitos alimenticios, empleos donde la persona esta todo el día frente a un escritorio sin hacer ningún tipo de actividad, falta de tiempo, baja autoestima, no tener voluntad de cambio y cubrir las necesidades de otras personas, dejando de preocuparse por uno mismo, esas son las causas del porqué muchos hondureños pierden el control de su peso.

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Cuando la pobreza azota una población enferma

Por: Redacción CRITERIO
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Tegucigalpa. Por más guardias de seguridad que coloquen a la entrada del vetusto Hospital Escuela Universitario (HEU), siempre hay cómo entrar. Una sonrisa y hablar con aplomo basta para doblegar miradas y conductas militares. Se me olvidó el carné al salir de casa. Nada me hubiera costado regresarme a traerlo o haber contestado a lo militar al guardia de turno, porque a ellos se les formó para obedecer y para decir sí o no. Sé que ese no es mi estilo y opté por hablar con firmeza para entrar al hospital.

Ingresé. Eso era lo que quería…

Me encontré con José Estrada, uno de los portavoces de este hospital. De pronto, trae a la mente varios recuerdos, como el incidente de la Feria del Agricultor, que ha dejado 10 personas muertas. Faltaban medicinas para controlar fallas orgánicas de los pacientes. Otros fallecieron porque la condición en que se encontraban les comprometía la vida. «Cuando nos avisaron que hubo un incendio en la Feria del Agricultor y que venían muchas personas con quemaduras de diferentes grados nos alarmamos, el hospital entro en un caos, el personal corriendo de un lado a otro, de inmediato nos pusimos a colaborar en todo lo posible, ese día atendí a muchos colegas periodistas, para darles información». Ese día –viernes 20 de febrero–, tan trágico para todos, el hospital había recibido a más de 70 personas con quemaduras de grado II y III, el más grave, las víctimas fueron trasladadas en unidades de la Cruz Roja y Cuerpo de Bomberos a los hospitales disponibles, algunos privados. Otra vez, queda confirmado que el sistema sanitario es nefasto, cansa repetirlo, pero es cierto.

Las salas son insuficientes; no hay equipo médico quirúrgico y medicamentos. En teoría, son importantes para una óptima asistencia médica. En Honduras es mucho pedir. Cansa repetir que el hospital no tiene capacidad de recibir a tantas personas heridas, los días transcurrieron y los familiares denunciaron a través que tenían que comprar los medicamentos, que no había atención. Pasar

Ya han pasado casi dos meses de ese viernes oscuro, hago la cuenta mentalmente mientras José Meza me relata el suceso. Nos encontramos sentados en una banca cerca del pasillo de la sala de ginecología, donde hay varias mujeres esperando su turno para ser atendidas, todas en tranquilidad y cada una hundida en sus pensamientos. Me percato que hay tres jovencitas embarazadas, en la línea contraria de la banca, sus rostros delatan su juventud, la mirada confundida y cansada. Una de ellas ya tiene avanzado su preñez, tiene su brazo apoyado en su barriga ya pronunciada. En ese instante una mujer un poco robusta, de tez trigueña, se acerca, camina con paciencia porque tiene el pie vendado, saluda a José y le comenta que ahora la cesárea está más cara, que su costo es de setecientos lempiras; él le responde que en el Hospital San Felipe cuesta mil lempiras. Ella hace un gesto de asombro y se acomoda el cabello, se despide y abre una puerta.

Recorro los pasillos del hospital con José. Me explica que hay áreas donde no se puede entrar, porque ahora es mas estricto, que las cosas han cambiado, por cuestiones de seguridad, han habido robos de bebés, asaltos, hasta los pandilleros han entrado para venir a ver a sus compinches u otras razones. También hay algunas zonas están restringidas, por contagio, o por la salud del paciente. Le pregunto como hacen los familiares de los pacientes, para poder estar con ellos, en caso que necesiten algo “tienen que sacar un permiso para quedarse a dormir, los guardias lo exigen en el momento de inspección, si no lo tienen los sacan, también existe un lugar, que esta saliendo del hospital donde se pueden quedar, les dan comida y aseo personal, pero tienen que cumplir ciertas reglas”. Avanzamos por diferentes áreas, el andar de José es rápido, lo cual impide observar detalladamente todo el entorno. Llegamos a la sala de odontología, donde se encuentran varios médicos, no estoy muy segura si están jóvenes, ya que sólo se les pueden ver sus ojos y brazos porque están cubiertos de pies a cabeza. Trabajan con esmero en sus pacientes, uno de ellos está con una joven, el ruido del pequeño taladro me llama la atención y me fijo en el gesto de ella, que casi puede soportar mientras el doctor está enfocado en su boca.

Saliendo de las áreas donde se permiten visitantes, pude notar que en los pasillos no había ningún caos, todo estaba quieto y silencioso, debe ser por la falta de pacientes o la hora. Adentro se puede sentir el calor del mediodía, son las 12:30, José se retira para almorzar. Continúo sola, para ver más. Llego al auditorio del hospital donde varias enfermeras y enfermeros tienen una reunión, discuten sobre el nuevo reglamento interno y de como han cambiado las cosas, una dirigente manifiesta que antes se les asignaba el uniforme y ahora se los tienen que costear, “el objetivo es que la enfermera del Hospital Escuela sea la más actualizada, se aplicará una encuesta que según los resultados se buscaran las estrategias”, hay una cifra de 500 enfermeras desempleadas y las que están trabajando tienen que pelear para que se les de su sueldo e incluso implementos se trabajo.

Después de escuchar un rato a las enfermeras, caminé por un pasillo sin saber adónde conducía. Observo unas escaleras, hay un guardia custodiándola pero esta con una fila de gente, les pide permisos. Aprovecho su distracción y subo las gradas. Por casualidad me encuentro en Sala de Quemados, hay una fila de personas sentadas esperando. Al fondo, una farmacia, me siento en una banca, y al lado hay una pareja de señores, en ese momento pasan dos mujeres jalando un coche con unas cajas grandes de medicinas se dirigen a la farmacia, la señora observa y dice en voz alta “y siempre dicen que no hay, a uno se les hace comprar», las personas llegaban con las recetas, de tres medicamentos que requerían y les daban uno o dos; el otro tenían que comprarlo.

Me dirijo hacia la sala de emergencia es imposible llegar por dentro, porque hay guardias en cada escalera de los pasillos. Afuera está fresco y hay más luz. Me llama la atención un colchón que esta tirado en un pasillo cerca del estacionamiento antes de llegar al portón de emergencia cuatro. Me acerco y hay dos jóvenes, están agachados y comen sopas instantáneas, me permiten acompañarlos.

Orlin Hernández es el nombre de uno de ellos y tiene 22 años, y el otro es Carlos de 10 años. Orlin dice que el colchón y una bolsa negra son sus pertenencias, se pone de pie. Es bajito y muy delgado. “Es que allí duermo en aquel palo”, señala un pequeño árbol, el cual sus hojas dan suficiente sombra, hay cartones tirados a su alrededor, y tres personas están sentadas platicando. “Nos quedamos durmiendo, acá porque la mamá de mi mujer está enferma, tiene los riñones ‘picaditos’ y está a punto de morir. En el hospital de Comayagua nos dijeron eso y la trajimos para acá; todavía esta con vida, aunque es complicado que lo dejen entrar a uno, ya tengo tres días de estar acá, mi mujer es quien está con ella”.

–¿Y les piden algún permiso para quedarse a dormir?, –le pregunto.
–¡Qué van a estar pidiendo si hasta ladrones duermen acá! El mismo que está allí parado en el palo nos dijo “acá no
confíen en nadie, sólo en ustedes mismos”, a muchos les ha pasado que los llevan por los pasillos y allí mismo
les quitan las cosas, –me responde.

Carlos saborea la sopa y hace un gesto afirmando lo que dice Orlin. Se limpia el sudor de la frente, se le puede notar el rostro un poco sucio, es tan pequeño e inocente.
–¿Son hermanos?
–No, –responde, calla un momento y vuelve a hablar–. Ando solo, mi abuela, está bien mal y no me han dejado verla,
tengo una semana de estar acá y me vine desde Choluteca.
–¿Cómo te alimentás y te aseás?
–Pido a la gente que me den comida; para asearme voy al baño de acá, pero los guardias son bien malos, no lo
dejan a uno, imagínese una semana y nadie me deja ver a mi abuela.

Según Orlin, los guardias del hospital maltratan a los familiares de pacientes; se aprovechan de algunas situaciones. El tiempo que han pasado en el hospital –cuentan– han visto a gente comprar medicamentos, que casi nunca hay.
En medio de la plática se acercan tres mujeres jóvenes y un muchacho, una de ellas se dirige a Carlos, y le dice que vienen por él, porque un tío los mandó a traer. Me puse a pensar cómo era posible que un niño de 10 años solo, con tanto peligro, velando por su abuela y nadie le brinda ayuda. Casi llora porque no quería irse sin ver a su abuela, intervengo y les sugiero que hagan el intento que la mire, para que le avise que se marcha. Por suerte, entienden la tristeza y le brindan su apoyo. La entrada de la puerta de emergencias está cerrada, ya ningún familiar puede entrar sin permiso, y no permiten más de dos. Un guardia con la cara muy tosca ni presta atención cuando los familiares le ruegan para entrar, le muestran permisos, se hace el indiferente, sólo algunos logran pasar o los llaman por micrófono. En la ventanilla de vidrio de la puerta, se puede observar casi todo lo que pasa adentro, los doctores, caminan de un lado a otro, algunos toman datos de las personas ya penas se pueden ver los heridos.

Una mujer está apoyada cerca de la ventanilla, dice que lleva esperando media hora y no le dan espacio para entrar. Adentro está su sobrina de 20 años que padece convulsiones y tiene que limpiarla; pero está preocupada porque no sabe si morirá. “No sé por qué son tan así, si saben que el enfermo necesita que uno esté allí por cualquier cosa, son bien malos, el trato que le dan a uno. Mire, sólo un doctor he visto que trata bien a todos, sean feas, bonitas, viejos, o jóvenes, él es bien paciente”, y señala al médico; él revisa a un herido, lo hace con mucho cuidado. Se mira muy amable tal y como ella lo describe. Unas tres mujeres se acercan, una de ellas usa silla de ruedas, es una señora de bastante edad y con sobrepeso, coloca frente a mí, me mira, se la ve muy mal, no dejo de fijarme en su piernas, porque la bata azul marino que usa es corta, están amoratadas y sus ojos están hinchados; su rostro tiene pequeños moretes, la otra señora que esta a mi par, de contextura muy delgada y bien bajita, comienza a quejarse. Muy frustrada comenta que por culpa de un doctor su hija de 16 años casi muere de apendicitis, porque no la operaban a tiempo y cuando llegó a reclamarle al médico tal negligencia, la ignoró. Dice que amenazó con demandarlo. Hoy está esperando a su amiga, que le dieron los mismos síntomas, pero no sabe si es apendicitis por su edad: tiene 50 años.

–¿Se puede tener apendicitis a esa edad?
–Sí, –responde la señora en silla de ruedas.

Era la oportunidad para preguntarle qué padece porque se veía tan mal. «Tengo diabetes, estoy esperando que me hagan unos exámenes, desde hace 16 estoy acá”, me cuenta. Su hija y sobrina la acompañan. «Mire en este hospital la gente se muere por negligencia medica o por falta de medicamentos, algunos doctores son bien pedantes máximo los que todavía son estudiantes, no se porque estudian medicina y no tienen paciencia”, ¿y a usted la trataron bien durante estos 16 días? Si. Dice la hija pero porque ella es doctora, “si soy doctora, y hasta ahorita me trate porque estaba trabajando” ni te pagan interviene la hija, y guardan silencio.

Todas coincidieron en la mala atención y en la frustración de tener que estar en el hospital, de lo pedante que son los médicos, y casi todo el personal, de la falta de medicinas y su costo. De todo el tiempo que transcurrió escuchando una por una, muy pocas veces trajeron heridos, el mas grave que pude ver era un joven que tenía mucha sangre en la cabeza ,al parecer lo habían golpeado.

La ambulancia llegó cinco veces; cada vez que llegaba, todos los que estaban esperando, pasaban a la expectativa –como dijo una señora, con dejo de resignación–, “de mirar quién era el desafortunado que traían al matadero”. “Aquí llegan mas jóvenes, ayer trajeron tres y dos murieron, por la noche es donde mas heridos llegan, unos peor que otros, y ayer que me quedé hasta tarde, un hombre entró a matar a otro, así de fácil.

Me cuenta la señora que se sentó cerca de mí en la acera, que espera a su hijo porque se turnan. El esposo esta grave y ella tiene que trabajar. “Ojala lo dejen entrar porque esos guardias dejan entrar a quien quieren. Son ‘bien rusos’, acá es triste no tener dinero y estar enfermo”. Mire –me dice– y señala al guardia, una mujer joven, arreglada le esta sonriendo y él también, la deja pasar sin pedirle ningún documento.

Retorna a mi mente imagen de cómo pude entrar al hospital sin ninguna identificación. Ingresé por el portón tres y había un guardia muy serio le hablaba pesado a las demás mujeres, exigiéndoles permiso; ellas eran damas sencillas, que sólo querían visitar al ser querido. Cuando me toco ingresar, me expresé con seguridad, le dije que venia hacer un trabajo, con una organización de médicos voluntarios, que me dirigía a Relaciones Publicas. Él dudó por unos segundos, no me dijo nada, estaba serio, le sonreí y me dejó pasar. Ya eran la cinco en punto y salí por el portón de emergencias, con el firme pensamiento de que la salud es una de las cosas más valiosas que hay.