El reto de Bukele

¿Se acerca la paz en Ucrania?

Por: Rodil Rivera Rodil

La guerra de Ucrania lleva un año y medio de duración. Y como todo en la vida, para bien o para mal, está pasando de actualidad. Pero no tanto porque la gente la esté olvidando como porque en Occidente y, sobre todo, en Europa, los medios ya casi solo la recuerdan cuando el ejército ucraniano se apunta algún triunfo. Y ello no obstante que se trata de la contienda más crucial para la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial, puesto que se inscribe en la pugna global por la consolidación del próximo orden mundial, esto es, si este será multipolar o continuará bajo la hegemonía de los Estados Unidos.

En este escenario se conjugan motivaciones geopolíticas y militares, sin contar que toda guerra, más que militar, es fundamentalmente política. Así, en lo que concierne a la geopolítica, la causa primordial de la… estriba en la pretensión de Ucrania de ingresar a la OTAN. Si esta se concreta, será suficiente que esta instale proyectiles nucleares en su territorio, a 4 o 5 minutos de vuelo de Rusia, para que este deje de ser la única rival en este campo de Estados Unidos, y China, a su vez, pierda el único aliado que le permite compensar esa superioridad, al menos mientras consigue equipararla. Para el primero, Rusia, por consiguiente, no es más que un obstáculo a remover y estar listo para imponer a la segunda su supremacía, por la fuerza si fuere necesario. Y para Rusia, el asunto es de su directo interés, en tanto que para Ucrania es del interés de un tercer país que halla a más de 9 mil kilómetros de distancia.

En lo que toca al curso de la guerra, la estrategia que puso en práctica Putin desde el comienzo de la invasión para forzar a Ucrania a renunciar a la OTAN no puede ser más clara: ocupar, con la máxima rapidez, el territorio ucraniano, principalmente en la región de Dombás, en el que la mayoría de sus habitantes es de habla y sentimientos prorrusos, y la que, además, ha estado desde el 2014 en un continuo enfrentamiento de carácter separatista con el gobierno central de Kiev, con lo que el mandatario ruso tiene asegurado su apoyo. Y, casi simultáneamente, reconocer la independencia de las repúblicas asentadas en dichos territorios, Lugansk y Donetsk, lo que tuvo lugar en el mismo febrero del 2022.

La toma de Dombás se alcanzó en 54 días con la caída de la ciudad de Mariúpol el 20 de mayo del 2022 y abarcó más de cien mil kilómetros cuadrados, alrededor del 20 por ciento de la superficie de Ucrania. Pero ante el fracaso de las negociaciones que siguieron, Putin decidió subir la apuesta, y previa celebración de sendos plebiscitos, declaró la anexión a Rusia de las regiones de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia.

Como puede apreciarse, el mandatario ruso se ha ceñido a la clásica doctrina militar de los grandes tratadistas de la ciencia y el arte militar, Sun Tzu y Carl von Clausewitz, que establece que la mejor forma de hacer la guerra es combinando sabiamente el ataque con la defensa. “En situaciones de defensa -afirma Sun Tzu-  acalláis las voces y borráis las huellas, escondidos como fantasmas y espíritus bajo tierra, invisibles para todo el mundo. En situaciones de ataque, vuestro movimiento es rápido y vuestro grito fulgurante, veloz como el trueno y el relámpago, para los que no se puede uno preparar, aunque vengan del cielo”.

Sin embargo, en ambos autores se percibe la coincidencia en que, por regla general, la defensa es más ventajosa. Clausewitz escribe: “Recalcamos nuestra afirmación de que la defensa es la forma más poderosa de hacer la guerra”.

Del desarrollo de los acontecimientos, se puede fácilmente deducir que al anexarse esa parte de Ucrania y convertirla en una extensión de Rusia, lo que en realidad logró Putin, en siete meses, fue transformar una guerra ofensiva en defensiva, con lo que invirtió los papeles y obligó a aquella a ser la atacante al tiempo que Rusia asumía la defensa “patriótica” del Dombás. Rusia cuenta con un ejército regular de más de 3 millones de hombres, de los cuales, según el propio Kiev, ha enviado a la guerra 150 mil. Las fuerzas armadas de Ucrania suman 1.3 millones, pero tiene a casi todos empeñados en acciones ofensivas, hasta ahora fallidas.

Y Clausewitz advierte, con gran lógica, que “todo ataque que no conduce de modo directo a la victoria debe terminar inevitablemente en defensa”. Pero si en la frustrada ofensiva de Ucrania se comprometieron medios de combate que también eran necesarios para la defensa, esta será mucho más débil: Si todos los elementos defensivos utilizados en atacar son debilitados por su naturaleza, o sea, por pertenecer al ataque, entonces esto deberá también ser considerado como una desventaja general de la ofensiva.

Y esto es lo que las noticias internacionales dan cuenta que está ocurriendo después de la contraofensiva de Ucrania de finales del 2022, en la que consiguió recuperar algún territorio, pero no de la relevancia que se adujo. Y ahora es innegable que su último esfuerzo de junio de este año, pese al gigantesco apoyo militar de Estados Unidos y la Unión Europea, valorado en más de 165 mil millones de dólares, no ha conseguido ningún éxito importante: “El Pentágono filtró la semana pasada a The Washington Post información clasificada en el que se da por hecho que las tropas de Zaluzhni no conseguirían ningún objetivo significativo en 2023, en especial, reconquistar la ciudad de Melitópol, en el sureste del país”…“En dos meses y medio, el único avance significativo ha sido un corredor de unos 12 kilómetros de largo en el frente de Zaporiyia. Y Melitópol todavía está a 65 kilómetros de las tropas ucranias”.

Pero hay más, los altos mandos militares estadounidenses, agrega la información, critican fuertemente al ejército ucraniano “por dispersar sus fuerzas en exceso en múltiples frentes en vez de concentrarse en el de Zaporiyia. Solo con un cambio de táctica y un giro drástico puede cambiar el tiempo de la contraofensiva. El avance ucranio se está basando en una estrategia equivocada en la que se prioriza no tener bajas elevadas, algo que es inevitable cuando un ejército ataca”.

Destaco esto último, porque aquí radica una de las razones de las posibilidades de una negociación que le ponga fin a la conflagración. A los oficiales norteamericanos parece no interesarles las bajas de los ucranianos, olvidando, por lo visto, que ese fue, exactamente, uno de los motivos de las grandes protestas de los estadounidenses durante la guerra de Vietnam que condujeron a su humillante retirada del conflicto. Pero es evidente que a los mandos de Ucrania y, desde luego, a los ucranianos, sí les importan sus muertos. Un corresponsal de Diario El País, de España, reportó “que entrevistó a una mujer de Ucrania partidaria de expulsar a los rusos de todos los territorios ocupados, hasta que una pregunta la dejó fuera de juego y se sinceró pidiendo anonimato: ¿Aceptaría una guerra de liberación que dure una década si eso implica que su hijo tenga que ir al frente? “Prefiero que los rusos se queden con [la región del] Dombás que ver a mi hijo combatiendo”.

¿Y si la negociación se tarda? John Mearsheimer, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Chicago, reconocido experto en relaciones internacionales, y quien desde 1993 previno a Occidente de los riesgos de expandir la OTAN a las fronteras de Rusia, ha declarado que los rusos tienen la fuerza necesaria para aumentar su presión apoderándose de cuatro “oblast” (regiones) más del territorio de Ucrania, al oeste del ya ocupado, incluyendo Odessa y Kharkiv, “que tienen hablantes de ruso y rusos étnicos”, con lo que su control se extendería al 43 por ciento de la superficie total del país y a una proporción similar de su población.   

¿Y cómo podría terminar la guerra? También lo dice el canal de televisión NBC de Nueva York: “Cada vez más voces advierten que el desgaste de un conflicto a gran escala como el de Ucrania es insostenible en el largo plazo. Sintomático de ello fue la reunión secreta que mantuvo el pasado julio en Nueva York el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, con veteranos diplomáticos estadounidenses. El fin, establecer un canal diplomático que permita abrir negociaciones en el futuro para terminar con la guerra, afrontando aspectos como el destino de los territorios que Ucrania no será capaz de liberar”.

Otra circunstancia que estaría acelerando las negociaciones se halla en la proximidad de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, a las que el presidente Biden, que busca la reelección, no puede darse el lujo de llegar cargando la responsabilidad por los graves perjuicios que la guerra le ha ocasionado a sus compatriotas, comenzando por la más alta tasa de interés que les ha tocado pagar en veinte años y la mayor inflación que han sufrido en más de cuarenta, ambas derivadas, en buena medida, de las sanciones impuestas a Rusia por el propio Biden. Y esto, sin tomar en cuenta que su eventual adversario, Donald Trump, ha anticipado que si gana reducirá sustancialmente la ayuda a Ucrania.   

Y también lo alerta un análisis de The Economist del 20 de agosto: “La ausencia de resultados en el campo de batalla está provocando ansiedad en la sociedad ucraniana, pero también entre los aliados de Kiev, en especial, en Estados Unidos. El cansancio de la población empieza a ser una preocupación para el gobierno. Y así es como acostumbran a terminar las guerras, con la gente tan cansada que acaba aceptando cosas que al principio no habría aceptado”.

Por tal razón,llegados a ese punto, a mi parecer, el acuerdo final, en lo toral, será muy simple: Ucrania no entra en la OTAN, Occidente levanta las sanciones, Rusia retendrá Crimea y dejará sin efecto la anexión de las repúblicas del Dombás, pero estas conservarán su independencia. Y una cuestión que podría quedar pendiente, aunque no por mucho tiempo, será el destino del presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky, cuya popularidad empieza a declinar, y a quien, como suele acontecer, muy probablemente su pueblo le atribuirá la mayor culpa del desenlace de la lucha.

Y es que, sin duda alguna, la historia registrará que jamás una guerra de tanta trascendencia pudo haberse evitado con más facilidad. Ya que bastaba con que Zelenski hubiera aceptado que su país no ingresara a la OTAN y se mantuviera neutral, como efectivamente lo había insinuado en una entrevista que brindó en Suiza poco antes de la invasión rusa, pero que rápidamente retiró a petición del presidente Biden.

Tegucigalpa, 31 de agosto de 2023.

  • Rodil Rivera
    Abogado y Notario, autor de varios ensayos sobre diversos temas de derecho, economía, política e historia; columnista por cuarenta años de varios diarios, entre ellos, EL Pueblo, El Cronista, Diario Tiempo y La Tribuna, y diputado por el Partido Liberal al Congreso Nacional de 1990-1994. test3@test.com

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