Reflexiones sobre la pandemia (34)

 Por: Rodil Rivera Rodil

 Siempre había estado convencido que en los Estados Unidos sí se cumplía con el principio constitucional de la separación de poderes, por lo que estaba seguro que Trump no podía influir de ninguna manera en las decisiones de carácter judicial, concretamente, de la fiscalía de Nueva York, que conoce de los casos de los narcotraficantes criollos, incluido el del hermano del presidente Hernández.

Ahora, no obstante, abrigo serias dudas de que esto sea tan cierto. La justicia estadounidense parece haber estado casi igual de subordinada al presidente Trump que lo está la hondureña al presidente Hernández. Eso, al menos, es lo que se desprende del “pacto” del pasado mes de noviembre del 2020 entre el gobierno mexicano y el norteamericano por el que la fiscalía de este último retiró los cargos de narcotráfico y lavado de activos contra el general Salvador Cienfuegos, ex secretario de defensa, y lo devolvió a México para ser investigado y eventualmente juzgado.

El tal “pacto” no pudo ser más burdo e indignante. La investigación se llevó a cabo a la velocidad de la luz y en apenas dos meses, navidad y pandemia incluidas, el general Cienfuegos fue absuelto por la fiscalía de México con el respaldo del presidente López Obrador. En otras palabras, se trató de una burla completa tanto para la justicia mexicana como para la estadounidense.

Si mi anterior apreciación es correcta, la reciente denuncia de la fiscalía de Nueva York contra el presidente Hernández formulada casi inmediatamente después de la derrota de Trump y hasta ahora la más directa y contundente, solo podría entenderse como que aquella se sintiera liberada de su injerencia y se estuviera preparando para hacer algo contra JOH. ¿Qué podría ser? ¿Qué se propone enjuiciarlo como lo hizo con su hermano Tony? Se ha dicho que no puede hacerlo porque goza de inmunidad mientras sea presidente. Si esto fuera cierto, que lo dudo, cabe preguntar: ¿desde cuándo Estados Unidos han respetado ninguna inmunidad de funcionarios de otros países?

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De otro lado, pienso que, tal como lo ha reiterado no sé cuántas veces, JOH no se va a presentar como candidato en las próximas elecciones. No porque no quiera. Sino por la sencilla razón de que la embajada se lo prohibió. Lo que tampoco quiere decir que no va a hacer lo imposible para seguir en el poder, ya sea a través de un testaferro, de una constituyente o hasta por un golpe de Estado. Jamás, quizás, desde la dictadura del general Carías, el ejército ha sido tan servil con un gobernante como con él. Solo el general Romero Vásquez ha reaccionado por las Fuerzas Armadas apoyando el juicio político y pidiendo al mandatario que “dé la cara y se defienda en Nueva York”.

Veamos ahora la respuesta de JOH a los cargos de la fiscalía. Sus argumentos siguen siendo los mismos que esgrimió desde la primera vez que su nombre salió a relucir en este bochornoso asunto. A saber. Que él fue quien promovió la aprobación de la extradición, que los que lo acusan son delincuentes y que su gobierno es el que más ha luchado contra el narcotráfico.

El primero es una descarada mentira. No ha pasado tanto tiempo como para que los hondureños no recordemos cómo fue obligado el presidente Lobo y él a hacer un viaje relámpago a Estados Unidos a recibir la perentoria orden y que al día siguiente de su regreso corrieron a decretar la extradición. El mismo Porfirio Lobo se ha encargado de confirmarlo. Si JOH está atenido a que la fiscalía de Nueva York ignora este hecho, menudo susto se puede llevar.

El segundo. Que los testimonios de los que van a declarar en su contra son las únicas pruebas de la fiscalía y que no son válidas porque se trata de narcotraficantes y asesinos confesos. También es una falacia. La fiscalía, igual que pasó en el juicio de su hermano, cuenta con varias otras evidencias. Pero, además, ¿Quiénes más pueden servir de testigos en estos juicios sino los mismos narcos que tienen la información de primerísima mano o fueron coautores? ¿Acaso el cardenal Rodríguez o los miembros de la Conferencia Episcopal?

Y el tercero. Que durante su gestión ha reducido el tráfico de droga del 87 al 4 por ciento. Muy loable. Pero puede haberlo reducido a cero. ¿Y qué tiene ver eso con los delitos concretos que le imputa la fiscalía de Nueva York? Este razonamiento no es más que un vulgar sofisma. Como si un jefe de policía hubiere asesinado a alguien y cuando lo descubren pretenda que no lo juzguen porque después de su crimen apresó a decenas de delincuentes. O, mejor aún. Porque, arrepentido, se convirtió en sacerdote. Como abogado que es, debería saber que esta línea de defensa únicamente podría servirle como atenuante para que le rebajen la condena.

En todo caso. Es allá, en Nueva York, a donde JOH tiene que presentarse, él o sus abogados, a desvanecer las pruebas que existen en su contra. No tratar de convencernos a nosotros, intento que, por lo demás, ya es misión imposible. Y no olvide que también lo acusan de corrupción. Así es que ya basta, señor presidente. No puede seguir machacándonos con la misma cantinela y derrochando enormes recursos en campañas publicitarias cada vez que la fiscalía de Nueva York lo menciona.

Yo sé que muchos compatriotas sostienen que pedir a un gobierno extranjero que haga lo que nosotros no hemos podido hacer es humillante para nuestra soberanía. Y tienen razón. Pero, en lo personal, preferiría pasar por esta vergüenza que aguantar otro período de Juan Orlandismo, con Juan Orlando o sin él. 

No seré yo, pues, quien va a a protestar porque la fiscalía de Nueva York pida su extradición o, para usar su frase favorita, “haga lo que tenga que hacer” con él. Porque pensar que el ministerio público de Honduras lo va a investigar y enjuiciar o que el Congreso Nacional va a incoarle un juicio político constituye una absoluta ingenuidad. Por supuesto, mientras él y su partido sigan aferrados al poder. Otro gallo cantará cuando las cosas cambien. Sin embargo, considero muy importante la iniciativa legislativa que en tal sentido han presentado algunos diputados. Ya que debemos, sin descanso, luchar contra la dictadura en todos los frentes. Los felicito por ello.

Y por último. Me ha sorprendido que un miembro de Libre insinuara en una entrevista que el Partido Nacional podría ganar las próximas elecciones casi limpiamente, principalmente, porque está mejor organizado que los demás partidos. Discrepo por completo. A mi parecer, contra una alianza de toda la oposición, sin excepción, esto sería casi imposible. La mejor evidencia de lo anterior se halla en que en los pasados comicios JOH tuvo que recurrir a la burda trampa de apagar el sistema informático del tribunal electoral para manipular el resultado. Y aun así, su “triunfo” fue pírrico, de apenas 50.000 votos, equivalentes al 1.5 por ciento de la votación. La que hubiera sido sobrepasada con creces si el Partido Liberal hubiera participado en la alianza. La diferencia a favor de esta hubiera sido de más de 430.00 votos, o sea, del 13.24 por ciento. Ni la embajadora de Estados Unidos se hubiera atrevido a revertir ese resultado.

Agréguese a esto, el desprestigio que JOH, su gobierno y su partido han sumado en estos cuatro años. El desastroso manejo de la pandemia y los huracanes. La descomunal corrupción jamás vista en la historia de Honduras. Y, para remate, las gravísimas acusaciones de la fiscalía de Nueva York por narcotráfico y uso de dinero ilícito en la compra de votos para agenciarse, primero, la presidencia del Congreso Nacional, y después. la de la República. ¿Cómo, entonces, podría resultar electo otra vez?   

Pero no debe correrse ningún riesgo. La oposición debe ir unida a las próximas elecciones. Sin excluir a nadie. Por tal motivo, me preocupa un poco que el ingeniero Luis Zelaya haya omitido al Partido Libre en sus declaraciones sobre la alianza. Pero, seguro que ha sido eso, una involuntaria omisión. Solo piénsese en la tragedia que sería para Honduras que continúe la corrupción y el desbarajuste de este gobierno u otro de la misma calaña por cuatro años más.

Tegucigalpa, 19 de enero de 2021.

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