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¿Qué tan sostenible es la deuda externa de Honduras?

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Por: Pedro Morazán

El gran escritor francés Honoré de Balzac, quien vivió y murió seriamente endeudado, decía que en la vida de un ser humano pueden haber tres situaciones: 1. Gozar de buena salud y no tener deudas. 2. Gozar de buena salud y tener deudas y 3. Estar muy enfermo y fuertemente endeudado. Solo la tercera situación es relevante para los acreedores. En tal situación ellos harán lo posible porque el deudor recupere su salud y pueda así estar en capacidad de cumplir sus obligaciones. Decía además algo que se puede aplicar a los países endeudados y de bajos ingresos como Honduras: “En principio, debe intentar hacerse amigo de todos sus acreedores, y cuando digo amigos, pienso en amigos que verdaderamente le quieran y que así se lo demuestren dándole más crédito. Por lo tanto tiene que actuar de manera tal que ellos —los acreedores— estén más interesados que cualquier otra persona en conservar y prolongar su estancia en la tierra, que se preocupen cuando esté enfermo, aunque sea con un simple catarro, y que tiemblen cuando pille una pulmonía” (Honoré de Balzac, 2018).

Por eso, a la hora de analizar cuán solvente es un país y cuál es su estado de salud, es de suma importancia conocer su nivel de endeudamiento, quienes son sus acreedores y cuál es su capacidad de generar ingresos para poder pagar sus deudas. La deuda externa es uno de los pilares del llamado “sector externo” de la economía que incluye además del comercio exterior, la llamada balanza de pagos, entre otros indicadores. Existe una estrecha relación entre todos los indicadores del sector externo. Así por ejemplo, para poder importar una serie de bienes electrodomésticos es necesario contar con divisas fuertes como el dólar. Dichas divisas ingresan al país por dos canales principales, entre otros: 1. La exportación de productos como café o bananas y 2. Las remesas de hondureños residentes en los Estados Unidos y otros países. Para no complicarnos tanto la vida, vamos a intentar hacer aquí una somera radiografía de la deuda externa, sin adentrarnos en los otros aspectos del sector externo e la economía.

¿Cuál es el peso de la deuda externa de Honduras?

Hay países y países, de la misma forma que hay personas y personas. Los hay muy pobres, como Burundi que con apenas 770 dólares de ingreso per cápita, ocupa el último lugar de una lista de 226 países y territorios. También los hay muy ricos como los paraísos fiscales Liechtenstein, Luxemburgo y Mónaco que ocupan los tres primeros puestos de la misma lista, con un ingreso per cápita promedio de unos 120 mil dólares. Honduras es considerado por el Banco Mundial como un país de ingresos medios bajos, con un promedio de 5,700 dólares per cápita. En el contexto latinoamericano, solamente Haití tiene menores ingresos que Honduras.

¿Cuál es el estado de salud de la economía hondureña? Para decirlo llanamente, la economía hondureña, a pesar de estar seriamente deteriorada, aun no ha tocado fondo. Esto significa que, de no prestar la atención necesaria se puede ir de mal en peor. Dos choque externos y dos choques internos son la causa de tal deterioro. Por un lado la pandemia del Covid-19 y las tormentas tropicales llevaron a una contracción seria de la actividad económica que ha llevado a cientos de miles de personas a caer bajo el umbral de la pobreza. Agregado a ello las dos tormentas tropicales dejaron destruida gran parte de la infraestructura productiva del país. La corrupción y la debilidad crónica de las instituciones son consideradas las causas endógenas más importantes del deterioro de la situación económica.

Para poder salir de sus problemas, el gobierno anterior, emitió algunas leyes que permitía endeudarse más, autorizando la contratación de deuda por un monto de hasta 2.500 millones de dólares durante los ejercicios fiscales de 2020 y 2021, con un límite máximo de la deuda del sector público no financiero del 55% del PIB. El límite del déficit del sector público no financiero se extendió del 1,0% al 5,6% y el 4,0% del PIB para 2021 y 2022, respectivamente. Asimismo, se promulgó un decreto para la reducción y reorientación del presupuesto del sector público no financiero con el fin de fortalecer las acciones orientadas a la prevención de los contagios y el control de la pandemia de enfermedad por coronavirus (CEPAL 2021). Las medidas de gasto público para enfrentar la pandemia representaron un 1,8% del PIB. Según los datos del Banco Central, el saldo de la deuda externa de los sectores público y privado ascendió a 11.3 mil millones de dólares a finales de 2021. Sobre esa cifra se pueden decir muchas cosas. Unas de mucha relevancia y otras de menor pertinencia. Quizás la más importante aquí se refiere a que más de cuatro quintas partes de esa deuda, es decir el 82% son deudas del sector público. En otras palabras, deudas que les toca pagar a todas las hondureñas. El 18% restante son deudas del sector privado de la economía, es decir deudas que les toca pagar a una minoría de los hondureños.

Esa cifra por si sola no dice mucho, especialmente si tomamos en cuenta que de hecho, todos los países del mundo unos más que otros, tienen deudas. Para poder determinar si la deuda que tiene el país es una carga preocupante, es necesario hablar de los llamados “umbrales de la deuda” definidos por las instituciones financieras internacionales. Es decir por nuestros acreedores predilectos. Solamente conociendo dichos umbrales podemos afirmar si la situación de endeudamiento de un país es “cosa seria”, o si se trata de una situación manejable y de bajo riesgo.

En abril de 2005 los directorios del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI) lanzaron el llamado “marco de sostenibilidad de la deuda” (MSD) que sirve de guía tanto a países e instituciones acreedoras como para países endeudados. Vamos a utilizar ese marco, no sin una mirada crítica, para ver la situación de Honduras en cuanto a la carga de sus deuda externa. Los acreedores multilaterales, muy preocupados por “la salud de los países endeudados” para decirlo en palabras de Balzac, han elaborado una serie de parámetros de la carga de la deuda que se resumen en la siguiente tabla:

Umbrales y parámetros de la carga de la deuda según

VA de la deuda como porcentaje de Servicio de la deuda como porcentaje de VA de la deuda pública total como porcentaje de
1 2 3 4 5 6
PIB Exportaciones Exportaciones Ingreso fiscal PIB
Política débil 30 140 10 14 35
Política intermedia 40 180 15 18 55
Política fuerte 55 240 21 23 70

Tomado de FMI (2018).

Esta tabla es el intento de establecer una relación entre el nivel de endeudamiento externo y la fortaleza institucional de los países en consideración, definida en la primera columna. Así, por ejemplo, el umbral para medir el grado de solvencia de un país con una institucional débil es con un 30%, mucho menor que el umbral de sostenibilidad de un país con instituciones “fuertes” que podría alcanzar un 55% del PIB como máximo. La misma lógica es aplicable para el resto de los indicadores.

¿Cómo se mide la institucionalidad? El Banco Mundial cuenta con instrumento muy difundido para medir la capacidad de gestión macroeconómica de los países, conocido bajo el nombre de la Evaluación Institucional y de Políticas por País (CPIA)[1]. Se trata de un índice agregado que incluye 16 indicadores divididos en cuatro grupos. Las calificaciones se pueden dar en un margen de 1, bajo o deficiente hasta 6, alto o muy bueno. Para el año 2020 Honduras había descendido hasta un 3.3 que podría resumirse como intermedia o regular.

La deuda y la solvencia

Si dividimos el monto total de la deuda del país entre el producto interno bruto (PIB), que no es otra cosa más que el valor de todos los bienes y servicios producidos en un año, y esa división la multiplicamos por 100, obtendremos el indicador general de solvencia. Según los datos disponibles hasta la fecha el saldo de la deuda externa en Honduras representa el 55% del PIB a finales de 2020[2]. Esto significa un fuerte incremento de más del 8% comparado con el año anterior. Remitiéndonos a la tabla de más arriba, podemos llegar a la conclusión de que Honduras ha sobrepasado en más de 15 puntos porcentuales el umbral de sostenibilidad de su deuda externa con respecto al PIB. Esto significa que el país tiene fuertes riesgos de caer en una situación de insolvencia, según los propios criterios de las instituciones financieras internacionales. Por eso resulta sorprendente que en su último análisis el FMI, hable de que existe un bajo riesgo de tensión de la deuda (“external debt distress”) (IMF 2021).

© Gráfica: Elaboración propia en base datos del Banco Mundial 2022 y FMI (2021). Las columnas muestran la evolución del monto de la deuda externa desde 2009 hasta la fecha mientras que la línea roja (cuyos valores están en el eje secundario a la derecha) describe la evolución de la carga de la misma respecto al PIB.

Es importante hacer notar que la colocación de bonos a 10 años por 600 millones de dólares en junio se utilizó casi en su totalidad para pagar la deuda externa de 500 millones de dólares de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE).

Los principales acreedores de Honduras son los tenedores de bonos internacionales, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y el Banco Mundial. Todas las instituciones multilaterales conceden préstamos a plazos relativamente largos. La deuda pública interna, que está en manos principalmente de los bancos comerciales nacionales, tiene un vencimiento más corto -aunque creciente- (más de 4 años) y conlleva un tipo de interés real más alto. Esto refleja una estrategia más amplia de las autoridades para desarrollar el mercado de deuda nacional y aumentar la dependencia de la deuda denominada en lempiras con vencimientos más largos, mantenida cada vez más por los fondos de pensiones y otros inversores institucionales (IMF 2021).

La deuda y la liquidez

Para medir la relación entre deuda externa y liquidez se utiliza la relación entre el servicio de la deuda externa y las exportaciones. Este criterio indica la proporción de los ingresos de exportación (aquí se incluyen las remesas) dedicadas al pago de la deuda externa. Evidentemente que este indicador no puede sobrepasar el 100% ya que no se puede pagar más de lo que se recibe.

© Gráfica: Elaboración propia en base datos del Banco Mundial 2022 y FMI (2021). Las columnas muestran la evolución del monto de la deuda externa desde 2009 hasta la fecha mientras que la línea roja (cuyos valores están en el eje secundario a la derecha) describe la evolución de la carga de la misma respecto al PIB.

En la tabla de más arriba el tema de la liquidez se refiere a la columna 4. Partimos también de que en base al valor de 3.3 de la CPIA para Honduras el servicio de la deuda externa no debería pasar el umbral del 15% de los ingresos por exportaciones. Según los datos del Banco Mundial este indicador también se ha disparado en los últimos años (ver gráfica) alcanzando el valor de 24% en 2020. Esto significa que un cuarto de los ingresos de divisas por concepto de exportaciones y remesas es dedicado al pago del servicio de la deuda externa.

Estos serían unos 9 puntos porcentuales por encima del umbral de sostenibilidad definido más arriba. Al tercer trimestre de 2021, el valor de las exportaciones FOB de mercancías generales se situó en 3,975 millones de dólares. Según las cifras del BCH, al tercer trimestre de 2021, el ingreso de divisas por concepto de remesas familiares fue de 5,384 millones de dólares (BCH 2021b). Por su parte hasta el septiembre de 2021 se pagaron en total 2,211 millones de dólares como servicio total de la deuda externa. De esos 483 millones de dólares corresponden al sector público y 1,728 millones por parte del sector privado. En base dichos datos del BCH, Honduras pagaba hasta septiembre de 2021 un 12% de las exportaciones como servicio de la deuda pública y 56% de las exportaciones como servicio total de la deuda. Haciendo unas proyecciones simples el servicio de la deuda pública ascendería hasta un 16% de las exportaciones. También este indicador sobrepasaría el umbral del 15% definido en la columna 4 de la tabla anterior. Cabe mencionar que aquí no se incluye ni la deuda del sector privado ni la deuda interna.

La deuda y el marco institucional

En los últimos años el gobierno de Honduras basa su política de endeudamiento público en la llamada “Ley de responsabilidad financiera (LRF). Dicha ley es, de hecho, un instrumento muy difundido en las economías modernas, pues establece restricciones y reglamentos que limitan un endeudamiento descontrolado de las instituciones del sector público no financiero. Sin embargo “no se le pueden pedir peras al olmo”, dicha LRF puede limitar el endeudamiento externo, pero no está elaborada para combatir la corrupción y el manejo indebido de los recursos del Estado. Debido a la Pandemia y a las dos tormentas tropicales las restricciones definidas en dicha ley fueron reducidas para permitir al Estado endeudarse más y compensar así los daños causados por los choques externos mencionados. Podrían hacerse algunas críticas en torno al marco institucional, eso sobrepasaría el espacio de este artículo. Baste decir que es bueno que exista la LRF y que sería un error eliminarla en algún arranque de populismo, como los que abundan en nuestro continente.

Volviendo a la famosa tabla de más arriba. El marco institucional debería ayudarnos a manejar los indicadores por debajo del umbral de tensión de 18%, definido en la columna 5 de la tabla. Es de hacer notar que las cifras fiscales presentadas por la Secretaría de Finanzas (SEFIN) para 2021 no incluyen el impacto de las tormentas tropicales Eta y Iota (CCP 2021). Es evidente que hubo una caída en los ingresos y un aumento en los gastos que incurría cubrir los daños y pérdidas para la reactivación y reconstrucción de las zonas afectadas en el país. Es aquí donde al parecer fallan los análisis de sostenibilidad de la deuda pues no son elaborados con la transparencia necesaria conduciendo a la definición de escenarios color de rosa que indican que Honduras no tiene actualmente un problema de sostenibilidad de la deuda.

Tanto los acreedores multilaterales, como el nuevo gobierno deberían tomar muy en serio por lo menos tres riesgos macroeconómicos para no profundizar la actual situación de insolvencia soberana provocada por un sobreendeudamiento externo. En primer lugar, la recuperación económica dependerá fuertemente del restablecimiento de las cadenas globales de valor relevantes para Honduras de tal manera que las expectativas de crecimiento económico para los próximos cuatro años son más que inciertas. En segundo lugar, la Pandemia del Covid-19 aún no ha sido superada y existe un fuerte déficit de vacunación de amplios sectores de la población, lo que puede conducir a mantener el nivel de aislamiento. En tercer lugar, debido al cambio climático, los fenómenos meteorológicos tienden a repetirse más frecuentemente que en el pasado aumentando su virulencia con impactos serios en: (i) la producción de granos básicos, (ii) en la infraestructura productiva y (iii) en la industria manufacturera (CCP 2021).

Por otro lado, para nadie es un secreto que las medidas para mejorar las recaudaciones fiscales en la época postelectoral (hay que cumplir las promesas) son caís tan sombrías como en la época prelectoral (hay que repartir regalos). Es decir que la reducción de los gastos del Sector Público No Financiero es muy difícil de concretar ante una población cada vez más agobiada por la pobreza. Agregado a todo esto está el grave problema del endeudamiento de la ENEE. La lista riesgos institucionales es verdadera larga. La verdad es que se necesita una fuerte dosis de optimismo para elaborar escenarios positivos de sostenibilidad de la deuda como el que presentó la CCP (2021).

A manera de conclusión

Uno de los caminos que pueden tomar los acreedores, para poder dormir tranquilos, es el hacer un diagnóstico menos optimista de la situación de países fuertemente endeudados como Honduras. El primer paso sería renunciar al “discreto encanto” del lenguaje optimista de análisis de sostenibilidad de la deuda que se concentran exageradamente en variables de liquidez, dejando de lado los impactos sociales de los procesos de endeudamiento. Al subestimar los riesgos del endeudamiento del país, se puede llegar a la conclusión de que Honduras se encuentra en una posición sólida respecto a su endeudamiento externo. La deuda social en Honduras es enorme y por ello el escenario de base no puede ignorar la deuda con los objetivos de la Agenda 2030.

La tendencia a ignorar el impacto social de, podría tener su justificación en el hecho de que, como se ha visto antes, el grueso de la deuda externa del país es con los acreedores multilaterales, como el BCIE. Esto implica que, dado el caso en que se concluya que el nivel de endeudamiento es insostenible o inviable, los acreedores multilaterales estarían obligados a realizar una reestructuración de las deudas muy costosa. Esto sería sumamente preocupante pues significaría una hipoteca para las futuras generaciones ya que los costos de actuar demasiado tarde podrían ser mayores. Se trata pues de reducir las pérdidas para el país y para los acreedores.

Organizaciones de la sociedad civil hondureña exigen por ello la generación de un sistema de rendición de cuentas responsable y efectivo. Esta exigencia es muy pertinente en vista de que, hubo una adquisición elevada de financiamiento externo multilateral con elevados índices de corrupción y mal manejo de los fondos destinados a manejar la crisis sanitaria. Como lo enfatiza el Foro Social de la Deuda Externa (FOSDEH) “la adquisición de deuda ha sido continua, y los medios de verificación de estos fondos se han caracterizado por el desfase en su manejo; y es evidente que la población hondureña requiere de información verídica, que proporcione los medios para el análisis de la situación actual” (FOSDEH 2021).

A nivel más general, sin embargo, se requiere un apoyo adicional de liquidez por parte de la comunidad internacional, para que países como Honduras cuenten con un más amplio espacio fiscal para hacer frente a la crisis del COVID-19 y garanticen una recuperación sólida. Es más, un posible alivio de la deuda no sería suficiente ni siquiera para satisfacer las crecientes necesidades de liquidez que se reflejan el fuerte crecimiento del servicio de la deuda. Un posible alivio de la deuda debería considerar también los crecientes problemas de insolvencia estructural.

A criterio de la UNCTAD, es necesario por ello, adoptar medidas decisivas para ampliar el alcance de las iniciativas de alivio de la deuda existentes incluyendo lo siguiente: a) Moratorias temporales de la deuda más amplias y prolongadas para dar un respiro macroeconómico inmediato, b) Sostenibilidad de la deuda a largo plazo en base a reestructuraciones más profundas de la deuda soberana, c) Canjes de deudas por COVID-19 acordando las modalidades específicas (UNCTAD 2020)

La hipoteca de la deuda externa que recibe el presente gobierno es enorme y será muy difícil de manejar sin la asistencia de la cooperación internacional. En un país con enormes índices de pobreza, desigualdad y vulnerabilidad al cambio climático, será necesario redoblar los esfuerzos para implementar la Agenda 2030. Para usar el lenguaje de Balzac, lo que Honduras necesita actualmente son verdaderos amigos interesados en mejorar su existencia sobre la tierra. Es innegable que la asistencia recibida hasta ahora ha sido de enorme valor. Sin embargo, como bien lo ha resaltado el G20, para combatir la pandemia del COVID-19 y al mismo tiempo implementar la Agenda 2030, es necesario multiplicar la asistencia en el futuro inmediato.

Fuentes

Balzac, H. (2013). El Arte de Pagar sus deudas sin gastar un céntimo

BCH (2021a). Informe deuda externa sector público y privado.

BCH (2021b). Comportamiento de la economía hondureña. Tercer trimestre 2021.

CCP (2021). Adendum a la política de endeudamiento público 2021 – 2024. Comisión de Crédito Público

CEPAL (2021). Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2021, Honduras

FMI (2018). El marco de sostenibilidad de la deuda elaborado por el Banco Mundial y el FMI para los países de bajo ingreso.

FMI (2021). Honduras: Fourth reviews under the stand-by arrangement and arrangement under the standby credit facility-

FOSDEH/Latindadd (2021). El antes y después de los procesos de condonación de la deuda externa en Honduras.

UNCTAD (2020). Sostenibilidad de la deuda externa y desarrollo.

[1] La CPIA califica el desempeño político e institucional de cada gobierno en función de 16 criterios divididos en cuatro grupos: Gestión económica, políticas estructurales, políticas de inclusión social y gestión de instituciones del sector público

[2] Para hacer más legible el texto vamos a renunciar, en la medida de lo posible al lenguaje técnico. Lo correcto sería decir, por ejemplo, “el valor actual (VA) de la deuda con respecto al PIB”. De igual manera, renunciaremos en algunos casos a las cifras decimales, el valor actual de la deuda pública y públicamente garantizada es de 49.62%, para ser más exactos.

Un comentario en “¿Qué tan sostenible es la deuda externa de Honduras?

  1. Muy buen analisis, mi amigo Pedro. Como fuente de divisas, aparte de las exportaciones y las remesas, tambien no entraria el turismo, dijo yo. Un abrazo.

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