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¿Qué si sabremos olvidar? (Manifiesto en torno a la mujer)

Por: Irma Becerra

El Principio Esperanza de la relación histórica se expresa en la Máxima de Convivencia Ética siguiente: “Enamórate ENTERAMENTE del alma de tu compañero o compañera, no de su apariencia física, su olor o su color de piel o su riqueza material y financiera, porque solo así surgirá la magia del crecimiento conjunto que aleja los mayores problemas y conflictos”. El lema pues no es ni será nunca: “Lo miro y lo quiero”, sino “lo admiro y me gusta la persona vista de forma integral cósmica”.

El lema tampoco es: “Soy más fuerte que tú y te lo demostraré dándote golpes”, sino “Más fuerte que más molesta, y ¡que la joteen!”. Estas son las máximas, aforismas y axiomas éticos biunívocos para una Mínima Moralia Convivencial. Se desprenden de la experiencia de vida y no solamente de un estudio teórico ciego que no sabe interpretar hermenéutica-mente el mundo.

Por eso si deseas suicidarte no lo hagas y recuerda siempre: “Permanece con vida, RÍE y vive para hacer rabiar y enojar a los que te agredieron o a los que no te comprendieron”.

La vida es una dialéctica biunívoca de la esperanza y que se deriva y desprende del Principio Esperanza por lo que la historia no se repite simplemente y así no más, sino que avanza en su dirección evolucionista y evolucionaria desde el Principio de un Tango de la Esperanza, aprendiendo lenta y esforzadamente a sostener dicho principio como fe inalienable e innegable del mundo y del mundo histórico.

Su utopía no se encuentra en ningún lugar localizado, sino en todos los lugares posibles de la esfera y avanza cada día más a pasos agigantados hacia una noosfera lista para eliminar la frialdad emocional y de sentimientos, la dureza de carácter, la rigidez de las normas, el desconocimiento de la inteligencia y la hipersensibilidad individual, así como la negación terca deliberada y no compartida del amor mutuo universal y la amistad verdadera. En este sentido, la utopía rescata en primer término la simpatía y no la atracción física y corporal de la relación humana, y la trasciende hacia un máximo poder de creación lograda compartidamente y comprendida para liquidar todo momento o situación cuadrada.

Es una posibilidad de reencuentro y reinterpretación mutua comprensiva desde el pasado hacia el futuro histórico, en el que se pueden lograr extraordinarias obras de arte totales para hacer de toda la raza humana una raza blanca de corazón y mente, no de color de piel, cabello u ojos.

Su comunicación es directa, clara, limpia, transparente que habla a través de una vista y visión agudas, certeras, firmes, suaves y calurosas como los ojos del águila y un vuelo que rodea a la montaña, acercándose con ello a la divinidad, pero estableciendo los límites necesarios a los dioses y a Dios para que no lo vean todo y para que respeten el libre y autónomo desarrollo del hombre en su comprensión y conocimiento de sí mismo. Se trata de una hierofanía de la libertad de la existencia humana que puede hablar directa y sin problemas con Dios y el ser humano, tal como estos son.

Desde esta anterior breve y profunda perspectiva, tenemos, por convicción política y moral, que encauzar a las mujeres violentas, que también las hay, o aquellas que pegan golpes, hieren, matan, acosan, violan, son emocionalmente duras y frías, maltratan y no desean comprender a su familia, desafían a sus seres no queridos, y niegan la mayor inteligencia en sus hijos, etc., para que aprendan a respetar so pena de un castigo más profundo del cual no hay marcha atrás. ¡Iremos de individua en individua, de sujeta a sujeta, para lograr que la Ética de la Convivencia se vuelva una realidad práctica realizada en la vida cotidiana para cuidar la especie y las especias, como máxima universal!

Seguimos un protocolo de la justicia y estaremos presentes invisible, pero firmemente allí donde no llega la ley. Las mujeres no serán más rivales de otras mujeres, la violencia no las podrá alcanzar entre ellas porque reinará una nueva empatía y solidaridad de la amistad universal, para lo que no hay precio, solo decencia natural del universo. ¡Seguro que sí!

Sabremos olvidar a aquellas que nos quieren enseñar constantemente su puño, infringiendo dolor, heridas y sufrimiento. Y sabremos olvidarlas porque la historia avanza siempre hacia adelante, no hacia atrás, y porque siempre son los pueblos y no los individuos los que tienen la última palabra en el destino relativamente manifiesto de la verdad en el mundo. ¡Alta es la noche y Morazán vigila!

  • Irma Becerra
    Escritora y filósofa hondureña. Doctorada en filosofía por la Universidad de Münster, Alemania. Es directora de la Editorial Batkún, fundada por su padre, el escritor e historiador hondureño Longino Becerra. Su mas reciente libro “En defensa sublime de la mujer” Ver todas las entradas

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