Por miedo a Trump no envían más caravanas

Jaime Flores

Por: Jaime A Flores P.

Si no fuera por la postura extremista anti-migración del desquiciado mental que hoy por hoy ocupa la Casa Blanca, los éxodos humanitarios no solo hubiesen sido ignorados, sino que a su vez incentivados y alentados por el gobierno y por la oligarquía, porque su mejor negocio es que los miserables se vayan como esclavos para el imperio.

La salida de los miserables para juan orlando sólo es ganancia y tiene múltiples ventajas para su corrupta administración; entre ellas, deshacerse de los pobres, ya que de acuerdo al discurso oficial y las políticas de seguridad militarista “son los responsables de la violencia y la inestabilidad en la que se encuentra el país”.

Otra de las ventajas es que una vez fuera de las fronteras patrias los migrantes no reclaman las migajas que desde el gobierno les tiran como si fueran perros, como la indigna  bolsa solidaria o el bono diez, que lo único que buscan es mitigar pero no quitar el hambre, mucho menos el dolor que significa ser pobre.

Para el gobierno todo es ganancia, menos niños y niñas van a la escuela, menos meriendas escolares, menor demanda en los hospitales, menos mujeres preñadas, menos pastillas de harina que repartir entre los que no “producen nada”, solo votos en tiempo de campaña electoral. En otras palabras, más para robar.

Otro de los grandes ganadores con este éxodo de la miseria y la desesperación es esta maldita, inservible y rapaz oligarquía, para quien el dolor es una posibilidad de aumentar de su riqueza; más remesas, más empresas de esas que hacen eternos los pagos de los artículos en mini cuotas, de esas que hacen de la miseria su negocio.

Si a este gobierno le interesaran los miserables no hubiese hecho el torpe abordaje militar y policial que le dio a la caravana del dolor, cuya finalidad no era detenerlos: era decirle y demostrarle al dueño del imperio el empeño puesto para detener a los miserables y a su vez demostrarle su servilismo extremo.

Hasta ahora los pobres y los miserables caminan, otros se les han unido y nadie los va a detener, son “más tercos que el izote”. Los miserables no llevan más que incertidumbre, pero sé que encontrarán la fórmula para saltar el muro, porque si algo le sobra a estas masas es hambre, y el hambre es astuta por excelencia.

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