Policías y militares de Honduras pasan de reprimir y matar en las calles a venerar a la virgen de Suyapa

 

Por: Emy Padilla

redaccion@criterio.hn

Tegucigalpa.-A pocas horas de haber reprimido y gaseado a los ciudadanos que protestaban para impedir la toma de posesión de Juan Hernández, la policía y los militares de Honduras se han trasladado a la aldea Suyapa para participar en las actividades del Día de la Virgen de Suyapa.

Durante las últimas semanas los uniformados han sido acusados de cometer crímenes y de reprimir al pueblo que se ha manifestado en las calles denunciado la imposición de la dictadura de Hernández.

Aunque la Constitución señala que Honduras es un Estado laico, los dogmas y principios religiosos son impuestos a través de la aplicación de la justicia, en las decisiones sobre asuntos públicos y no digamos en actos oficiales, como la celebración del Día de la Virgen de Suyapa, máxima festividad de la iglesia católica, el 3 de febrero de cada año.

En 1925, el Papa Pío XI la declaró Patrona de Honduras bajo el título de Nuestra Señora de Suyapa y declaró el 3 de febrero como su día festivo, día que hasta por decreto Ejecutivo fue declarado por el gobierno de Porfirio Lobo Sosa (2010-2014) como asueto para los empleados públicos, e incluso es proclamada como la “patrona de las Fuerzas Armadas”.

El pastor de la Confraternidad Evangélica de Honduras, Evelio Reyes Hernández, quien dicho sea de paso es pariente de Juan Hernández, siempre ha estado plegado al gobernante.

Honduras es un país donde la mayoría de su población profesa el cristianismo, unos a través de la iglesia católica y otros que siguen la iglesia evangélica, dos cúpulas que siempre han estado al servicio del poder político y económico.

El cardenal Óscar Andrés Rodriguez Maradiaga ha estado siempre cerca de Juan Hernández.

Ambas jerarquías religiosas han estado apoyando de manera directa al gobernante, sin importarles que su reelección es prohibida por la Constitución e incluso han desoído las protestas de una gran mayoría del pueblo hondureño que desde finales de noviembre del año pasado está en las calles denunciando el robo de las elecciones por parte de Juan Hernández.

En virtud que los medios de comunicación, en su mayoría,  pertenecen a las corporaciones empresariales, su contenido es parcializado a favor del régimen de Hernández. Dicho escenario ha orillado a la gente a informarse por las redes sociales y a través de algunos medios alternativos.

Sn embargo el grueso del descontento se cataliza a través de las redes sociales donde es palpable la frustración y los sentimientos de impotencia e incluso hasta de rabia,  y eso no significa que la gente esté llena de odio porque es mala, como muchos lo dicen, incluyendo los religiosos.

Ahora es casi probable que el próximo 3 de febrero y la noche del 2 de febrero durante la acostumbrada alborada, los verdugos del pueblo converjan en la basílica de Suyapa, rodeados de la opulencia y de la hipocresía, pero convencidos que lo que pasa en Honduras es lo mejor para su democracia y para el fortalecimiento de la institucionalidad.

Creen tener dominado el pensamiento de la colectividad, que hasta en su nombre hablan y se erigen como los representantes de un pueblo que a gritos les está diciendo que paren ya con la manipulación, pero desgraciadamente parece que están ciegos, sordos y mudos.

Son tan cínicos y perversos que es casi un hecho que en la misa que  presidirá el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, no pedirán perdón por toda la maldad que hay en su corazón y por todo el daño irreparable que le han hecho al pueblo, sino que más bien, le darán gracias a Dios por “cuatro años más”.

Ojalá y ese Dios al que alaban, que seguramente no es el mismo al que aferra su esperanza el pueblo, pueblo, ese pueblo que ha sido reprimido a punta de balas y gases, les haga reflexionar y eviten un desbordamiento descomunal y violento por parte de quienes hoy están conminados a la extrema pobreza y a la exclusión total.

Cruzo los dedos y espero que esa advertencia que les hiciera a través de una carta, el expresidente de los empresarios Adolfo Facussé, no se concretice. Facussé les advirtió que si siguen con ese empecinamiento, todos aquellos que viven en extrema pobreza, pronto bajarán de los cerros a romper y saquear los negocios. 

 

policias y militares de Honduras
Escenas de la represión militar durante la protesta del 12 de enero realizada por seguidores de la Alianza de Oposición Contra la Dictadura.
La otra cara de los militares. Se arrodillan y le imploran a Dios para que bendiga sus acciones.

Me preguntó, en esa misa del 3 de febrero, que históricamente y tradicionalmente, asisten los titulares de los tres poderes del Estado (bueno ahora es una sólo persona), las Fuerzas Armadas, Policía Nacional y la cúpula empresarial,  todos ellos partícipes de la violación a la Carta Magna y del fraude electoral, ¿qué pasará si llega una manifestación de ciudadanos, gritando “fuera JOH, fuera JOH”? ¿Le darán orden a los policías y militares para que disparen sus fusiles y para que les lancen las bombas lacrimógenas de Pennsylvania?

Probablemente ya tienen listos al menos unos “cinco anillos de seguridad” y los brazaletes con códigos digitales, para evitar que la “chusma” se acerque o se infiltre. Ah… y los panes con mostaza para saciar el hambre de todo aquel humilde hondureño que llegue de tierra adentro y caiga como manso cordero en sus prácticas diabólicas, disfrazadas de una falsa paz, porque hasta el mismo Juan Pablo II, dijo que no puede haber paz sin justicia y en Honduras justicia es lo que menos hay y eso es lo que hoy reclama la gente en las calles.

Las cúpulas poderosas deben entender de una vez por todas que lo que está pasando en Honduras ya se salió de lo meramente político-electoral y ha pasado al escenario de la conciencia, esa que ya se dio cuenta que le han robado las oportunidades, que han saqueado las instituciones del Estado, que han  vendido las empresas del Estado y los ríos, que le han robado las conquistas sociales y laborales, que la corrupción y la impunidad va creciendo a pasos agigantados y que están a pocos días de comenzar a vender el país en pedacitos con las dichosas Zedes, y que en esas condiciones nadie, nadie que tenga cinco dedos enfrente, va a venir a invertir.

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