Los flagelos de Honduras hoy

Por: Marlín Óscar Ávila

El más grave de sus flagelos ha sido tener un gobierno cívico-militar, después de creer que eligió (aunque fraudulentamente) un gobierno civil, con tres poderes independientes uno del otro y con instituciones de control autónomas, con un Congreso que representaría a sus votantes.

Este primer flagelo va ligado a el segundo, cuando, por investigaciones de la Corte Suprema de Nueva York, EUA, se confirmó que el gobierno ha sido elegido y comandado por un cartel de la droga cuyo distintivo son dos letras «TH».

El tercer gran flagelo es haber sustituido los carteles liderados por colombianos y mexicanos, los que, al menos en México, están construyendo escuelas y hospitales de concreto (InSight Crime, 30 de Julio, 2020) mientras el gobierno «TH» hace todo lo contrario al robarle los fondos definidos para combatir la pandemia. Ya han recogido cerca de los 5 mil millones de dólares, incluyendo los créditos que constantemente le entrega la banca internacional, sin ningún escrúpulo.

El cuarto gran flagelo, es provocado globalmente, pero sus consecuencias son más graves por la índole del gobierno que tiene y ha venido teniendo desde hace 11 años. Es la mortandad de su población trabajadora, pobre y abandonada a su suerte, enfrentada a un virus agresivo desde hace más de cuatro meses. Desde luego, se espera, como fue planificado (reunión 201), hasta la llegada de la vacuna, mientras esa no llegue, se suspenden derechos constitucionales, se mantiene a la población encerrada y atemorizada, aún más de lo que ya estaba.

Para colmo de males, el sector de salud no solamente no supo responder con contundencia desde un inicio, pero sus vínculos con la salud privada les debilitó en la constitución de un frente único y fuerte, ante los hechos corruptos y criminales de los gobernantes, contra la vida y salud pública.

Esto de la salud se parece mucho a la religión. Después de haber sido bombardeados tanto por los medios masivos, desde muy temprana edad, sobre la existencia de la santísima Trinidad, no hay manera de creer que no exista, aún cuando no las vio, tocó, ni sea de utilidad alguna, más que por fe.

Con los médicos pareciera algo similar. Si la farmacéutica («médico visitante) no le dice que puede recetar un medicamento con tales dosis, no aplica ninguna alternativa. Se convierten en sus mejores intermediarios en las cadenas de producción, comercialización, consumo y aplicación de los medicamentos químico-farmacéuticos.

Es tanto así que, prefieren ir muriéndose graneaditos, día tras día, por el Covid-19, que romper con el «Credo» dictado por las farmacéuticas. Muchos se sienten endeudados después de los paseos de lujo fuera de Honduras.

Existen medicamentos que no los recetan y promueven las químico farmacéuticas, porque no les generan grandes fortunas, pero le resuelven la salud a la población, sin embargo, por no estar en la larga lista de medicamentos autorizados por las grandes corporaciones dueñas de laboratorios mundiales, no los aceptan, arguyendo que no son producto de investigaciones serias. Al contrario, los boicotean y establecen campañas de desprestigio contra quien se atreva a producir medicamentos alternativos, con todas las evidencias científicas.

Esto se evidencia ahora mismo con el CDS o Dióxido de cloro. Se ha demostrado hasta la saciedad que previene y cura el Covid-19, pero, dicen muchos de ellos que «no hay evidencia científica alguna», sin colocar al frente las pruebas. Así han montado una campaña de desprestigio internacional.

Está es otra de las contradicciones del sistema de salud que sale a flote con la pandemia actual y, que se convierte en un flagelo contra el pueblo. Su interés no es evitar muertes y curar la infección, es engrosar las utilidades económicas en las gigantescas corporaciones de las farmacéuticas.

«Quién con una luz se pierde, ya no hay cómo salvarlo»

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