Las lecciones del covid-19 alias coronavirus

 

Por: Rosamaria Ghidinelli

Vivir en una zona afectada por el coronavirus no es fácil, pero deja tiempo para pensar y nos hace aterrizar sobre la pequeñez de este mundo en el que temporalmente vivimos.

En la Lombardía yo estoy en zona amarilla. En la zona roja están todos los pueblos y ciudades en cuarentena, el amarillo significa que estamos circundados o cercanos a los pueblos donde el el virus ha golpeado con más fuerza.

En la zona roja está prohibido salir y severamente restringido el entrar. Es zona blindada porque la mayor parte de contagios han tenido lugar ahí. Mi ciudad está a 90 Kilómetros del epicentro lombardo, del contagio.

Las escuelas de las dos zonas están cerradas desde hace una semana y seguirán igual está semana; también a los bares y restaurantes se tienen acceso limitado para evitar la excesiva concentración de personas. Funcionan eso si el transporte público, las oficinas privadas, en mi oficina se permite el ingreso de cuatro personas por vez para evitar concentraciones, yo me he procurado un gel porque me es difícil utilizar el teclado de la computadora con los guantes. Algunas oficinas públicas están cerradas y otras comienzan a abrir esta semana.

Las pruebas para identificar a los contagiados son gratuitas, la seguridad social en Italia abarca a todos los ciudadanos y el servicio médico de la zona donde vivo goza de gran fama. El hecho de que la prueba sea gratuita permite que se pueda testear el mayor número de personas con síntomas; Hasta ahora se han procesado unas 800 pruebas, que aquí llaman “tamponi” porque hace referencia la confección que se aplica para obtener la muestra que se analiza en el laboratorio. Los positivos crecen día a día, algunos están en terapia intensiva, otros aislados en casa y otros no pudieron resistir la invasión del virus.

En todas las provincias de mi región hay casos positivos, en la mía hasta hoy día no; pero sabemos perfectamente que el momento llegará, como sabemos perfectamente que también en Honduras el Covid entrará para quedarse y, esto es altamente preocupante en un país en donde el servicio sanitario público es de poco interés para el gobierno.

El arribo del coronavirus a Centroamérica, como en África, podría ocasionar una pandemia y la exhibición dada la semana pasada por nuestro personal de salud demuestra la poca preparación para enfrentar la situación, sobre todo el impacto que tendrá en la mortalidad y la multiplicación de contagios.

Los efectos colaterales son enormes. Aquí ya se están aprobando ayudas para las empresas, dilataciones de pagos de impuestos para ejercicios comerciales y trabajadores, el teletrabajo y el seguro de desempleo para los obreros que por efecto del cierre de tiendas y fábricas donde trabajan no pueden presentarse. Los hoteles, restaurantes, líneas aéreas y agencias de viajes fueron las primeras actividades que sufrieron el impacto del Covid-19.

En Honduras sufrirá la importación porque China es hoy el segundo proveedor de mercancías., eso repercutirá en los precios que van desde prendas de vestir hasta artículos usados en la construcción y suministro de energía.

Honduras le dedica a la salud aproximadamente el 2,37 del PIB, menos que el resto de los países centroamericanos. Olvidan los que gobiernan que la salud es el bien principal y el más alto recurso para la sociedad. La buena salud es esencial para el desarrollo económico y social y es de importancia vital para cada persona, para todas las familias y para la comunidad. Un mal estado de salud se traduce en desperdicio de energías, desesperación y pérdida de recursos en todos los sectores.

Ninguno de los países del triángulo norte, con excepción de México, estará en grado de responder a la difusión del coronavirus. Honduras es uno de los países que tendrá una capacidad de respuesta débil, lo dice el gasto en salud que siendo muy bajo limita las intervenciones urgentes para contrastar la epidemia, aunque la preocupación está haciendo que haya reacciones a veces descoordinadas y no debemos olvidar que estamos frente a un aumento del gasto para la vigilancia, para montar los laboratorios que puedan testear los casos sospechosos, la apertura de centros de aislamiento para los eventuales infectados, todos costos hasta el momento no cuantificados, así como ante una disminución de las entradas por el golpe económico  que recibirán los que sostienen la economía nuestra: los migrantes.

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