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Por: Jimmy Eduardo Bermúdez Perdomo

Aquella fatídica mañana del 3 de marzo, el mundo recibía la terrible noticia. Un grupo de personas habían irrumpido en la casa de Bertita, obedeciendo la tarea encomendada por las azules y siniestras aves de rapiña: silenciar bajo cualquier método a la mujer guerrera, quien lideró junto a las comunidades lencas la lucha en defensa de los ríos y la vida.

Bajo un articulado y sofisticado plan elaborado para dar seguimiento, hostigar, acosar, criminalizar y asesinar las voces del río, bajo la complicidad del Estado y la banca financiera nacional e internacional, desarrollaron vínculos de participación y autoría intelectual los cuales quedarían al descubierto a lo largo de los años en diversos informes[1] investigativos sobre la causa Berta Cáceres.

Las instituciones encargadas de investigar e impartir justicia configuraron un acto circense al servicio de las azules aves de rapiña en un intento de negar las verdaderas motivaciones del crimen.  La misma complicidad que hoy se configura ante el crimen de Keyla Martínez en las celdas y manos policiales en La Esperanza, Intibucá.

Frente a este escenario de impunidad, se escucharon las voces del río, con sus consignas de “Justicia para Berta”, “Castigo para los Atalas”, “El crimen vino DESA empresa”, “La justicia no acaba con una sentencia”. Las consignas se entrelazaron con personas valientes como doña Austra Berta, Olivia, Bertita, Laura y Salvador, quienes con lágrimas en el rostro sembraban a Berta e iniciaban el largo camino en búsqueda de una verdadera Justicia.

Las azules aves de rapiña que planificaron, organizaron y ejecutaron el crimen contra Berta Cáceres se asumieron inocentes, creían que la institucionalidad que han mantenido a su servicio les procuraría para siempre impunidad. Pero se equivocaron. La voz del pueblo y sus mecanismos de hacer justicia han sido más efectivos, han ido desvelando el poder financiero y político que se confabula para asesinar y criminalizar a quienes defienden los ríos, el agua y la vida.

Cinco años han pasado. Parece que fue ayer y aunque el tiempo es efímero, tantas cosas han cambiado en estas Honduras. Hoy Bertita no está físicamente, pero sus ideales, su lucha y su estampa está más viva que nunca. Berta Cáceres representaba la defensa y la resistencia indígena contra toda forma de dominación, era una mujer insobornable.

En el caso Berta Cáceres hay 2 luchas: La lucha formal en los tribunales de la República, en la cual se han enjuiciado a los autores materiales, donde se le sigue un proceso a David Castillo por ser enlace y coautor y donde las azules aves de rapiña se esconden y ocultan su rosto.

En paralelo hay otra lucha. Esta no conoce de tribunales terrenales. Es la lucha que Bertita, Tomas, Nelson y el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras COPINH iniciaron en el roble en la comunidad de Río Blanco y con ella han dejado todo un legado a los hondureños y las hondureñas, legado que se manifiesta en la lucha de las comunidades en resistencia desde el norte hasta el sur, en la lucha de los campamentos en defensa del agua y la vida, en la lucha que se articula en las alternativas unificadas para rescatar la dignidad, en la lucha contra todo pacto de renovación institucional de un sistema corrupto y al servicio de las élites. En definitiva, la verdadera lucha por la liberación de los pueblos.

Será desde esas luchas con sus aciertos y contradicciones donde se construye la nueva Honduras con justicia y paz, la cual mediante un tiro certero acabará de una vez por todas con el vuelo de las azules aves de rapiña.

 

[1] Grupo GAIPE. Informe represa de violencia: El plan que asesino a Berta Cáceres, 2017.

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