La razón en tiempos de peste, bitácora de la peste

Este mundo raro

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

                                    a mis compañeros, en la trinchera

Mientras platicamos aquí, las ambulancias van y vienen aullando, y no hay cupo en los hospitales. Pero hay que seguir siendo capaces de ubicarnos en el fulcro. Por marcar el camino, te recuerdo que remití el lector a los modelos matemáticos de predicción del contagio desde el 12 de marzo. Para exigir que se impusieran las medidas de distanciamiento que correspondían, para achatar la curva del contagio de tal manera que nos diera un poco más de tiempo. Eso fue hace 16 días. Ya cumplimos una quincena de cuarentena en las ciudades afectadas, aunque la gente sigue deambulando (algo que siempre ha hecho en tiempos de peste) y arremolinándose, porque es ignorante, culpa de quien no la educó, y porque así se defiende, como en la caravana, como una escuela de peces del tiburón. El tiempo se cumplirá a los 21 días registrados de incubación, y también se acaba.

No cabe duda de que si relajamos, después del 6 de Abril la cuarentena, el contagio continuará avanzando más de lo que podría si pudiéramos mantener a toda la gente encerrada hasta fines de Abril. Pero no vamos a poder mantenerla encerrada hasta entonces, no se si se pueda una semana más. Por el tipo de nuestra economía de sobrevivencia. Y relajar más pronto la estrategia de distanciamiento agravará el déficit institucional, rebasándolo, más allá de lo que ya está rebalsado, aunque una vez que se quedó corto, no tiene salida. Escojan bien, ya que no hay mejor opción

JOH no debe seguir jugando al chivo con la miseria de Honduras. Un Frente Amplio y no un dictador debe determinar el fin de la cuarentena dentro de una semana. Y luego podemos, aunque sigue siendo difícil, mantener a la gente más vulnerable, a los mayores de 60 años, no aislados ni enjaulados pero separados del resto de la población por una eficaz barrera al contagio, acompañados y sustentados. Entonces gradualmente, la demanda de cuidados intensivos disminuirá, y se estabilizará la mortalidad. Digo con candor, que es espantoso. Pero ese es justo el punto, que ¡hay que escoger lo menos malo! Contemplar es privilegio de intelectual, el estado debe actuar, y escoger, muchas veces cosas muy difíciles. Porque también estoy consciente y lo manifesté desde hace cuatro días que estas medidas drásticas de cuarentena rígida no solo tienen limitaciones inherentes, si no que son -objetivamente hablando- insostenibles en nuestra circunstancia y contexto.

Simplemente no se puede, no somos Cuba ni China. No esta organizado el abasto y es lógico que la gente se rehúse a cooperar. No se puede cerrar la economía informal sin matar a la gente. Aquí antes que llegar el virus ya estaba la desigualdad abismal. Puedes como decía Ponce reprimir a tres mil que reclaman fraude, pero no se puede militarizar a todo un país hambriento que pronto empezará a hacer, como le gusta decir a JOH, lo que tenga que hacer para comer. Y entonces, vamos todos al caldero del diablo.

Hay desesperación. Ahora mismo en los bordos de San Pedro y los barrios calientes de Tegus pero también en San Francisco y Juticalpa, Olancho, en Tocoa, en Lempira y en Choluteca, en Villanueva y Comayagua hay motín, gente que pide comida y tiene miedo, gente tomándose las vías, gente asaltando gente aquí en El Carmen y en Choluteca, que exige alimentos, que quiere transitar para buscarlos, para volver a la rebusca o a la chamba y defiende a los buseros parados,  que no quiere dejar pasar a los transportes que llevan a los enfermos, o no quiere que regresen los hijos del pueblo que se fueron a las ciudades y hoy buscan refugio, como la comparsa de Boccaccio en el campo. Y no es nada para lo que puede terminar de suceder, explosivo.

Agrego, cuando además del caos, empieza a asomar el miedo social, la histeria frente al marginal, la mas fácil respuesta de la represión fascista (un pobre médico desquiciado por la presión llama a sacar las tanquetas y disparar contra la gente sublevada en la calle) que esos prospectos son inhumanos y tendrán tantas o más víctimas como la enfermedad. Y que el continuado cierre del país tendría un efecto catastrófico sobre su vida material y también sobre la condición anímica de la gente. Aquí va haber locura, si esta regla continúa incólume después de una semana más. Ya esta desvariando la gente a todo nivel.

Pero comete la peor locura el gobierno militarizando el barrio, sacando a la calle a los militares que ya están haciendo un triste papel en las carreteras, deteniendo a proveedores de alimentos, porque no tienen una certificación del ministerio de agricultura, que ¡lo único que produce desde hace años es corrupción! Sin hacer nada de lo que se tiene que hacer, para proteger el empleo, y menos para sostener el ingreso de los estratos mas desprotegidos, nada para garantizar la producción estratégica o ayudarle a la clase media a flotar sobre los rápidos rocosos de la crisis. Nada

Entonces, ya no se trata de anticipar si la flexibilización de la cuarentena va a rebasar al sistema de salubridad infame, como me pregunta un amigo, por supuesto que eso ya sucedió. Ni hace falta preguntar si va a empeorar ese déficit del servicio, porque los déficits que generan muerte no son relativos. Si no más bien hay que escoger lo que hay que hacer para que esta situación no rebase del todo la articulación que permite la vida sin violencia explosiva, el tejido social que queda y aun la capacidad de sobrevivencia de la sociedad. Porque si se rebasa ese límite, nos convertiríamos entonces si, en un país fallido, enfrentando la disolución de toda posibilidad de convivencia pacífica. Los cobras negros y los policías en fatigas no van a alcanzar. Esto se va a aparecer a Haití, entre la horda de zombi y el tonton macoute, con el agravante de que no habrá cascos blancos disponibles, y no querrán venir. Hay que sacar las escopetas o flexibilizar las restricciones. ¿Cómo? Pues con la inteligencia de la ciencia. La gente joven al trabajo, los niños al aula y los viejos a casa válidos.

Cuando- en el ágora- se me ha reclamado la índole violenta del marero que defiendo, he respondido preguntando ¿que esperan Uds. que haga, si debe salir del hogar, no hay trabajo ni escuela ni perspectiva para el? ¿De creen que se va a sentar en la banqueta a morirse de hambre y tristeza, tranquilamente? Permítaseme aquí reproducir la lógica de esa pregunta en paráfrasis. ¿Qué esperan, los radicales del toque de queda y del sitio militar que hagan los miserables? ¿De verdad creen que pueden sitiar al país, para que se mueran de hambre, dentro de los cinturones de miseria, sin molestar? No se trata de abrir el país al negocio, si no dejarlo que produzca lo que precisa para respirar. Es mala ciencia y política encerrar niños y gente sana a la que no le va a pasar nada si se enferma, más que generarnos la inmunidad que nos permita después salir del encierro a los demás.

Un amigo conservador insistía ayer en recordarme que, si los gobiernos fueran democráticos, responderían al interés general. Hoy queda mas claro que nunca que el poder publico responde a la clase dominante, dentro de la cual los viejos gringos como JOH -hoy aterrados- detentamos un poder desproporcionado.

Un comentario en “La razón en tiempos de peste, bitácora de la peste

  • el marzo 30, 2020 a las 7:43 pm
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    A veces los argumentos de muchos hay que leerlos con mucha rapides por lo que dicen o dejan saber ya que no vale la pena ni comentar de estos,no hay sustancia que tenga ningún valor de todo tipo,vanidad de vanidades dice El Predicador.

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