Entre la querella y la cárcel

Por: Jaime A Flores.

“Los estudiantes despertaron, hoy luchan por sus sueños”.

Debe ser destituida; de rectora se convirtió en jefa de escuadrones de la muerte.

La contratación de paramilitares para  reprimir y torturar a los universitarios que tienen tomados algunos edificios del campus central, sólo demuestra que la señora de mirada fiera, torva y esquizofrénica, perdió la legitimidad para continuar al frente de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), por lo que el Congreso Nacional debe destituirla de inmediato  aduciendo: “muestras inequívocas de  desequilibrio en sus facultades mentales”.

“Estas muestras inequívocas de desequilibrio en sus facultades mentales” las ha dejado al descubierto a través de la toma de decisiones erráticas  a lo largo del conflicto;  ha privilegiado, sin un atisbo de vergüenza,  las acciones de fuerza, sin importar que pongan en peligro la vida de las y los universitarios, un buen número  no supera los 18 años, por lo tanto están en la categoría de  niñez.

Anteriormente para reprimir, por lo menos lo hacía dentro  de una endeble  legalidad, usaba para sus propósitos represivos a las fuerzas de seguridad del Estado; en un principio a la Policía Nacional con sus agentes “normales”, y después  aumentó el nivel de letalidad, fuerzas especiales, “tigres y cobras”, entre otras bestias.

Como la utilización de tropas especiales no le  dio los resultados esperados y a través de estos agentes de represión no doblegó la voluntad indómita de los estudiantes, ahora les lanza jaurías de paramilitares, no sólo con el propósito de desalojarlos de los edificios, sino que de torturarlos y quien sabe que otras aviesas intenciones.

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Otra muestra de que la señora no está en su mejor momento de lucidez para la solución de este ya largo conflicto, son  las acusaciones realizadas en contra de los organismos defensores de derechos humanos, tanto internacionales, como nacionales, a quienes ha llamado metidos e ignorantes y hasta los mandó a estudiar historia nacional.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) y el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH) le hizo  un llamado a la cordura y  a la sensatez,  para que cese la represión en contra de los estudiantes, que privilegie el diálogo para la resolución del conflicto y que cumpla con los acuerdos firmados con los estudiantes. En tono diplomático le sugieren que se comporte como rectora y no como chafarote vulgar y prepotente.

Este llamado a la cordura y a la sensatez tuvo un efecto contrario, aumentó su desequilibrio mental y su nivel de ansiedad y  en un comunicado oficial descarga toda su furia  en contra de estos organismos humanitarios,  que tienen como único mandato velar por el cumplimiento de los derechos humanos en todas aquellas ejecutorias de gobierno.

Ante la escalada del conflicto, -en la que sólo hace falta el asesinato de estudiantes en el campo universitario- le compete al Congreso Nacional proceder de inmediato a la destitución de esta señora y ahora no sólo por  incompetente en la resolución de un simple conflicto, sino que por sus decisiones erráticas, producto de sus desequilibrios mentales que ponen en peligro la vida de los estudiantes, tal como lo han demostrado los sucesos recientes.

Una vez destituida, el mismo Congreso  Nacional debe nombrar una comisión interventora o un gobierno mixto, para que  de inmediato facilite toda la documentación a los operadores de justicia para incoarle  un proceso a la señora de mirada fiera, torva y esquizofrénica, por múltiples violaciones a los derechos humanos a la comunidad estudiantil universitaria.

Permitir al Tribunal Superior de Cuentas realizar una auditoría forense a cada una de las obras  realizadas durante el mandato de Julieta Gonzalina Castellanos Ruiz, para determinar si en las mismas ha habido corrupción o si los recursos se manejaron con la probidad requerida.

Posterior a estas acciones,  proceder a nombrar un rector/a bajo un escrutinio público y que cuente con el beneplácito de los estudiantes, como una manera de reivindicarse ante ellos, debido a la represión y estigmatización de que han sido objeto y de valorar  su lucha que demás estar decir, es sumamente democrática.

Se debería, y es tarea estudiantil,  hacer un mapeo de todos aquellos docentes y personal administrativo que apoyaron y acuerparon a la señora de mirada fiera, torva y esquizofrénica en toda esta cruzada represiva y solicitar su renuncia o su despido, no importa si se  van las viejas y los viejos gurús de la izquierda de antaño.

Un comentario en “Entre la querella y la cárcel

  • el septiembre 7, 2019 a las 8:05 am
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