La política como compromiso

Por: Moisés Ulloa

¿Quién en su sano juicio desea incorporarse a la política en estos días? Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que nos encontramos ante una de las polarizaciones sociales más severas en los últimos 40 años; así mismo, esta lucha de posiciones desemboca ante la realidad que existe una incertidumbre completa sobre el futuro inmediato que tenemos como nación.

La polarización social producto del desencanto con una clase política tradicional que ha abusado de la confianza del pueblo ante el incumplimiento sistemático de los ofrecimientos públicos establecidos y ante la evidente corrupción, han desbordado el vaso de la paciencia y crea un ambiente de descalificación automática ante cualquiera que asome la cabeza en las arenas políticas del momento: ”Golpista”, “Cincuenta pesero”, “Ñángara”, “Aquí te va tu pan con mostaza”, “Paulina”, son algunas de las frases que se tiran al aire. No existe entonces ya la lucha de ideas, el consenso, el bien común.

Esto ha dado paso al síndrome de “La verdad absoluta”, en donde cada quien se considera dueño de esta. Esta triste realidad de “o estás conmigo o eres mi enemigo”, está realizando más estragos y profundizando las diferencias en una sociedad que lo que añora es unidad, solidaridad y respuesta a sus necesidades inmediatas.

Estos son los pilares corroídos en donde pretendemos asentar un diálogo político que cada vez se siente más cuesta arriba, pues no existe un ambiente de mínima confianza que permita por lo menos el intento; además, los intereses de cada grupo, incluyendo a los que ni siquiera tienen la voluntad de someterse a este, pesan más que los intereses colectivos de país. Es por eso que también, aquellos que gritan a los cuatro vientos “diálogo con el pueblo”, nos ofrecen una vez más el engaño de una actividad de simple proselitismo.

Este individualismo nos está matando como sociedad. No existe el compromiso, se ha confundido el camino y lo que antes se consideraban máximas importantes para forjar el comportamiento humano como son la lealtad, el sacrificio por la causa y el entendimiento mutuo, ahora han dado paso a la traición, al ventajismo y a la desconfianza. Así nacen los extremos en una sociedad y eso brinda vida lo peor que una colectividad humana puede engendrar: la actitud extrema de las personas en las que no se permiten los disensos.

Leamos un poco el pensamiento de Felipe González, socialista y ex presidente del gobierno español refiriéndose a este tema “No es sólo un problema de los políticos, ni siquiera fundamental de ellos. La política refleja un estado de ánimo general y, como hemos visto antes, es cada vez menos comprometida y más dependiente de cada sondeo de opinión. Más in-mediática. En este contexto, lo que me preocupa es que haya dejado de significar un compromiso con un proyecto para el propio país en el que uno crea y que no siempre se ha de desarrollar a favor de la corriente, como pasa, por otra parte, con cualquier actividad humana comprometida.” (Felipe González en Busca de Respuestas, página 247).

El destacado ex presidente español González tiene toda la razón, ha logrado ver, después de sus años fuera del gobierno, la realidad humana que impide el avance verdadero de la política como compromiso: es por eso que es más fácil, más práctico (como lo manifesté en mis letras en mi escrito “IGNORANDIA” publicado en este mismo digno medio)- más interesante construir pozos, que escuelas; más interesante las fotos de los delincuentes en chachas que de niños recibiendo diplomas; más interesante la creación de una nueva fuerza de tarea militar, que invertir directamente en la comunidades con espacios dedicados a las ciencias, al deporte, a las artes; más interesante comprar el voto con bolsas solidarias que dar una educación que nos permita tener la capacidad de elegir-.  Por lo tanto, hemos caído en la trampa de convertir a la política en hacer lo que es individualmente urgente, ignorando lo que es colectivamente importante.

Nota relacionada La crisis política de Honduras ya se hubiera resuelto sin necesidad de diálogo: Igor Garafulic

Es por estas razones que no nos deberían de sorprender entonces una declaración tan absurda, ridícula e hiriente como la vertida por el usurpador al decir “Hoy la gente puede salir sin temor de sus casas, porque hay seguridad”. Es por estas razones que no nos deberían de sorprender que ante nuestra vista y paciencia se erigen lujosas torres para albergar a los burócratas, mientras nuestros hospitales y escuelas son inexistentes en calidad y servicio. Es por eso que la palabra indignarse se queda corta ante la realidad que hemos permitido que hoy nos gobierne un despiadado.

Al final de la evaluación realizada sobre la política como compromiso nos evidencia que el fundamento esencial radica no en algo abstracto como lo es la política misma, que ha perdido su rumbo, sino en los hombres que la ejecutan.

Es por ende imperativo que, aunque la desacreditación del ambiente es la norma del día, que los ciudadanos honestos y sinceros del país comiencen a involucrarse de manera directa en el actuar político de la nación. No podemos, ni debemos permitir que los espacios de cambios que se generan a través de la administración pública estén bajo el mandato de los injustos, de los no comprometidos con la colectividad, de los que únicamente pretenden el fortalecimiento de su economía individual y de aquellos que ya, durante tantos años, han hecho del estado sus haciendas y del sufrimiento de las mayorías, su negocio.

El futuro de Honduras no está, por lo tanto, en congraciarse con los grupos tradicionales que han ostentado el poder público dentro de cada componente partidario, esos que durante generaciones se han beneficiado en abundancia y llevado a la decadencia a nuestro país; esos que hoy, contra viento y marea se aferran al poder. El presente y futuro inmediato de Honduras está en la capacidad que tengamos de hacer la mezcla perfecta entre encantar a la juventud junto con aquellos que ya pintamos canas pero que jamás se han involucrado en la vida pública. Una nueva generación honesta, justa, con valor y valores que desplacen a los delincuentes públicos y reclamen el poder, no para beneficio de unos pocos, sino de las mayorías.

La política como compromiso inicia con cada uno de nosotros.

Un comentario en “La política como compromiso

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.