La estrategia del ventilador

Por: Thelma Mejía

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Tegucigalpa. De un tiempo a acá, en especial desde que se presentó el caso Pandora, una estrategia de desmontaje en contra de los esfuerzos de lucha contra la corrupción se ha instalado en el país bajo la “operación ventilador” orientada a salpicar y descalificar a cualquier personaje de relevancia que ose levantar la bandera de la transparencia y lucha contra la impunidad.

No es casual que la estrategia del ventilador se centre contra ex fiscales, fiscales, jueces, dirigentes de sociedad civil e incluso líderes políticos con cierta beligerancia a fin de enlodarlos y sembrar en el imaginario colectivo que si ellos salen de frente contra los corruptos, es porque les mueve un interés particular y no de país. “Quieren ser presidenciables”, “buscan protección”, “son igual de impunes”,  se afirma sin el mayor tapujo, pues la consigna es sembrar la duda y neutralizar a la ciudadanía frente a los procesos de lucha anticorrupción.

El caso Pandora que salpica a políticos, funcionarios y ex funcionarios públicos, además de empresarios, ONG y personas particulares, aceleró la estrategia de desmontaje a los esfuerzos institucionales contra la corrupción, máxime cuando trascendió que todos los implicados en el requerimiento fiscal presentado por la Ufecic/MP-MACCIH habrían perdido su principal tarjeta de identidad: la visa americana.

Muchos, incluso, corren el riesgo de ser nominados a dos listas: la de corruptos y narcotraficantes que está elaborando el Departamento de Defensa a petición del senado de Estados Unidos, y la otra conocida como la “Ley Magnitsky” que castiga también a corruptos y violadores de derechos humanos. Esta ley se le conoce como “muerte financiera” pues congela cuentas bancarias y aunque no tenga dinero en bancos estadounidenses no podrá hacer ninguna operación financiera o mover una tarjeta de crédito cuya banca tenga conexiones con bancos estadounidenses.

En Nicaragua, el ex presidente del Consejo Supremo Electoral fue objeto de esta ley y los bancos en Nicaragua y los bancos en Costa Rica y Europa donde manejaba cuentas le devolvieron su plata, porque no podía tenerlas ahí so pena de ser sancionados por Estados Unidos. Las caletas son la opción de guardar dinero y seguro eso pasará en algún tiempo a muchos en este país. De hecho, ya algunos lo están viviendo.

Es probable, incluso, que Washington analice fundir ambas listas para los llamados países del triángulo norte: Guatemala, El Salvador y Honduras.

Los acontecimientos en Guatemala, donde el gobierno ha declarado la guerra a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) al grado de decir en la reciente asamblea de la ONU que la CICIG les “alteró la paz” y se volvió “dañina” para ese país, han inspirado a las elites corruptas e impunes hondureñas, que agazapadas, fabrican y aprueban acciones orientadas a desprestigiar la lucha contra la corrupción.

La estrategia del ventilador, no es entonces aislada. Tiene implícito pactos bajo la mesa, reparto de cuotas, torpedeos intensivos al diálogo político, invisibilización de hechos trascendentales como la recalificación de delitos por presuntos hechos de corrupción, la dilatación de procesos y la lluvia de amparos, entre otras acciones, que de pronto, dan la impresión de inmovilizar incluso a los mismos operadores de justicia.

No en vano el nuevo vocero de la MACCIH, Luiz Guimaraes, dijo recientemente que la lucha contra la corrupción tendrá éxito en la medida que los operadores de justicia hagan lo suyo y sean despolitizados. El vocero dijo que toda su vida ha trabajado a favor de las víctimas y que en Honduras espera hacer equipo con el Ministerio Público para trabajar a favor de las víctimas.

Y las víctimas de la corrupción, en el caso Pandora o la Red de Diputados, por ejemplo, son los pobres a quienes nunca les llegó el dinero de los proyectos para evitar la hambruna que todos los años golpea a los pobladores del corredor seco donde iban destinados 12 millones de dólares.

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Las víctimas no son quienes se repartieron con cuchara grande esos 12 millones de dólares para pagar tarjetas de crédito, desviar fondos de un lado para pagarse préstamos  así mismos en cuentas particulares, o campañas políticas, etc. Esas no son las víctimas de la corrupción, sino sus victimarios. Esos deben rendir cuentas en la justicia, pero es tal su habilidad, que están tratando de colocar en el imaginario colectivo que no son “tan malos” como parece; sino que “son otros” los que les tienen envidia. Y entra ahí la estrategia del ventilador.

Mientras esa estrategia acelera sus blancos, la ciudadanía sigue en pausa, esperando que Washington actúe por ella, a veces aplaudiéndole, otras cuestionando, pero sin reaccionar por sí misma.  La polarización y la desconfianza la está devorando, mientras las elites de la corrupción y la impunidad se regodean y celebran tanta pasividad, porque da aliento a su reino, creyendo que los cimientos seguirán tan fuertes como en el pasado, sin darse cuenta que el miedo los exhibió y que el ventilador no cubrirá su desnudez eternamente.

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