La «canallocracia» no amedrenta al periodismo

«Nunca el filo de un machete corta el perfil de una pluma»: Paulino Valladares.

Por: Lorenzo García Santos

Sin duda, que el ejercicio profesional más delicado y peligroso en esta Honduras de pinos humillados es el periodismo. Ejercer el Derecho en determinadas circunstancias, explotar el rubro del transporte, defender los derechos humanos o reivindicar los derechos laborales puede ser un riesgo; es el periodismo diáfano el que provoca los anticuerpos del Estado.

La vileza en esa profesión suele cosecharse con emolumentos, premios y regalos con que los poderosos ungen a sus favoritos. La delación, la perfidia, y el oportunismo son materiales de primer orden con que se amasa la materia prima de la complacencia oficial y con los que se combate a quienes se niegan acatar las directrices del poder. Los resultados son fatales.

El domingo 17 muy de mañanita y en el barrio «La Ceiba» de Nacaome, Valle, un asesino disfrazado se aproximó al periodista Gabriel Hernández acribillándolo indefenso de seis certeros balazos con los que le cobró la independencia de sus opiniones, la valentía de su actuar y la no alineación a la perorata de la mentira estatal que demolía a diario a través de «El pueblo habla», noticiero televisado en Valle TV bajo su dirección y en la transmisión de su corresponsalía autorizada por Radio «Globo». Su periodismo de denuncia y la fijeza en el rescate de los valores cívicos y culturales del Sur no era del paladar del status quo, Los cuerpos de seguridad secretos se alimentaron con los «informes» de sapos y de orejas que calificaron la acción del periodista como de verdadera labor insurgente y por ende peligrosa para quienes eran tocados con su denuncia o comentario.

No comparto con quienes aseveran que el periodismo catracho está de rodillas ante el poder. En esa posición genuflexa están los charlatanes del periodismo, lo mercaderes que apestan el templo cuyo pago es la machaca asquerosa y engrillante, complacientes tarifados de los medios de comunicación masiva televisados, radiales e impresos de la oligarquía poderosa. Los cronistas populares, los enhiestos y orgullosos de pluma y de micrófono asumen el riesgo y desafían al destino en aras de mantener un pueblo informado cimentando con ello la conciencia nacional. No se detienen, viven y actúan en toda esta Honduras irredenta sin ser amedrentados por la barbarie ni aún con la advertencia que el siguiente «serás vos» (como fue avisado Gabriel Hernández) porque su fin es demostrar que la verdad es eterna y de valor inmutable: caiga quien caiga.

Congratulemonos de nuestros paladines forjadores de opinión. De su honor e hidalguía, que como ayer enfrentaron dictaduras feroces que con sus medios fabricantes de mentiras y amenazas pretendieron opacar las luchas populares y justificar las ilegalidades del acceso al poder tanto como la persecución, cárcel y exilio de los opositores. Hoy, el riesgo del ejercicio decente se traslada a una cantidad exagerada de asesinatos de periodistas que desde 2009 a estos días no se han resuelto, querellas y denuncias, imposiblidades de ejercer «in situ» por el abuso de policías y militares, etc, etc.

Aún con todo el riesgo que conlleva tal profesión los periodistas nacionales envían luz al pueblo, iluminan con sus verdades y forman opiniones con su reguero de conciencia ya que como dijo aquél monstruo del periodismo nacional conocido como Paulino Valladares: «Nunca la canallocracia enmudece al periodista».

Un comentario en “La «canallocracia» no amedrenta al periodismo

  • el septiembre 7, 2019 a las 10:17 am
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